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A B C JUEVES 2 DETD 1 CIHMBRE DE 1909. EDI CIO H ESPAÑA ANTE EL MUNDO gün autillo para abjuraciones de levi ó de La nueva España, alimentada intelectualmente á los pecíios de la gran Cibeles francesa, no les importa un ardite. Es como si no existiera paia ellos. Políticos, reformadores, ppeias, no fmerecen más que su silencio. Gfautier cita de pasada y muy de oídas ó tres nombres de escritores coetáneos, como Zorrilla ó Bretón de los Herreros, Dumas, ninguno; el propio Ozanam, ninguno del dia; de la misma manera que no había citado ninguno Merimée- con todo y dedicar largas y concienzudas semblanzas á la ñor de los bandoleros, José- María él Tempranilb, y al genio tauromáquico de Ghiclana, Francisco Montes. Así los demás. Sólo Mme. Georges Sand suspende por un minuto la monotonía de sus eternos commerages y triquiñuelas de lavadero sobre las sisas d su proveedor de vituallas ó la rapacidad de áu vecina liaría Antonia, para ensalzar, en medio de tan obscuros personajes, la figura de M ndizábal, declamando de paso contra la estupidez general de los españoles, directamente en su libelo- dedicado á Mallorca y de un modo velado en ías páginas de Spindion. Han pasado los años y todo continúa lo mismo. En vano ha surgido los hispanófilos eruditos ó investigadores, muchos de ellos de loable probidad literaria, pero de escasa ó nula influencia sobre la opinión, á causa, precisamente, de la severidad de sus métodos y del carácter histórico y paleográfico de sus asuntos. Toda la sabiduría de la Escuela de Cartas resultará eternamente ineficaz contra las declamaciones del periodismo atolondrado ó frenético. La ciencia, la historia, la flosofía social, atraviesan un momento crítico en el país vecino; parecen haber bajado de nivel y haber perdiüo no poco de su se- renidad y purez- a. Toman no sé qué aspecto plebeyo de ciencia de club, de historia demitin, de filosofía deiogia p comité de salud pública, Las más nobles disciplinas se convierten en arma directa de combate, de propaganda, de partido. Diríase que no es la verdad, sino el proseiitis- mo, lo que las mueve. Con la muerte de Renán, de Paste- ur, de Taine, de fierfchelot, del mismo Zola, el espíritu francés, e- n todas sus manifestaciones y matices, ha sufrido una d presión risible. La talla de las grandes figuras representaüvas se ha encogido y achicado. La dirección de la cultura va pasando, p. oco á poco, á manos de amateun- -tan exquisitos como se quiera, pero simples amateurs- -6 á manos de agitadores jacobinos Con esta depresión coincide en España un furioso recrudecimiento galicista. Francia ha recobrado su dictadura sobre una gran parte de nuestra juventud. Francia impone la consigna, y aquí es acatada sin reservas ni apelaciones. Se nos habla de la ESpaga, inquisitorial; somos inquisitoriales. Se nos- üapla de la España negra, somos negros. Se nos habla de un país todo entregado á la. sangre, á la voluptuosidad y á la muerte. Tienen razón Barres, Verhacren, Ivés Guyot, Peíletan... Semejantes á las buenas seuoras de procomo articulo de fe cualquier pasmacolada ó indecencia que se nos diga ser la ultima palabra del buen tono en París. Usto es europeo; en Europa no se hace de otro modo. nos dicen, como decía á las ing- enuas provincianas la moza de café- concierto. ¿Es europeo? Basta. Levantamos la pierna, aceptamos el gesto de burdel y, orgullosos de nuestro buen tono, decidimos, aunque coa menos gracia que la Mariani: ¿lira, vía non de papal vincia de La dame de chez Max (m aceptamos HISTORIA 7 LEYENDA IV guando el admirable Ga atier se disponía á pasar la frontera para regalarnos su jibro, tan delicioso como calumniado, encontró una noche, en el concierto Erard, á Enrique íleine, quien, sin más preámbulos le dijo: -Y bien, mi querido Teófilo, ¿cómo os arreglaréis ahora para escribir de España, después de haber estado allí? Til endiablado poeta tudesco conocía el paño y lo había tenido que manosear no pocas veces por lo que á su patria se refería, empezando por la Alemania de Mme Stad, a íespetable abuela de los doctrinarios Gautier escribió una obra llena de color, de encanto de época y de simpatía, que ha tenido hasta hace poco la desgracia inmensa de ir emparejada, e- n las citas y e- n el concepto de las españoles, á la chapucería vanidosa y basta de Alejandrp Damas, proveedor Hato de conserjes y p luqueros sentimentales. Muchísimos escritores extranjeros ban permanecido fieles á la irotua de Heine. Son los más divertidos y, en eierta manera, los más veraces. El romanticismo tuvo un gran carácter de reacción- -artística por lo menor, -contra el espíritu prosaico de la Enciclopedia. Cuando los enciclopedistas se ocuparon de España, le reprocharon su amor del pasado, su intransigencia religiosa, su nacionalismo impenetrable y hostil, su acentuación local, su arquelogía, en suma, tratárase de edificios, de ideas ó de sentimientos. Dócil á todas las enseñanzas de los dómines ultrapirenaicos, y para complacer á la concurrencia, España puso rápidamente líjanos á- la obra. Comenzó su europeización, es decir, quemó conventos, destruyó Bastillas solitarias, hizo tabla rasa de todo lo que olía á gótica feudalidad, declaró la guerra al traje, á las costumbres, á cuanto Míegraba ese color local tan pronunciado y oíSiffSQi y, como niño con zapatos nuevos, esperó ios aplausos del siempre respetable público. Pero está deJDios, sin duda, que hayamos de ser eíernams- títe anacrónicos. Cuando esto se cumplía, los- vientos habían cambiado por completo en liumna. Las corrientes literarias discurrían traposas en sentido opuesto. Y mientras la piqisía y la tea incendiaria no se daban repose? para nivelar á la europea las desigualdades del Relieve peninsular; mientras andábamos iodos tiznados y polvorientos para dar gusto a Jos señores enciclopedistas del siglo XVIH, Megan los primeros románticos del siglo x- i- x, nos increpan por nuestro vandalismo y se declaran poco menos que defraudados y estafados. Europa desea en aquel instante color local, drama calderoniano, romancero y epopeya. ¿Cómo se entiende? -nos gritan rencorosos. ¿En qué quedamos? -hemos de contestarles llenos de sorpresa. Modernizar á España es entonces un sacrilegio, como antes era un oprobio de la humanidad el mantenerla envejeeida. Para renovarla, nos manda la Enciclopedia en 1808 sus derechos del hombre y los cuatrocientos mil soldados de Napoleón; para volverlo todo á su antiguo ser y estado, el romanticismo delega en 1823 á Chateaubriand y los cien mil hijos de San Luis. Los viajeros artistas ó poetas lloran la pérdida del consabiSo color local. No sufren bastantes vuelcos de diligeneia, se desesperan por no encontrar desde Fuenterrabía á Cádiz la sombra de un mal bandolero, muelen á preguntas á los escopeteros y mayorales y hasta parecen deplorar la abolición del Santo Oficio, que no les permite gozar la nota pintoresca de al- cómo son las represiones y los excesos ea la Europa consciente. Conviene refrescar esta niemona. MIGUEL S. OLÍ VER f icienxbre llega con uaos aires que ya, ya... Por la mañana sopló como ttn condenado. Menos mal que el viento era agrio y desagradable. Por la tarde se humanizó un pace... Se constituyó la nueva Diputación provincial. Presidió el gobernador. Hubo cambio de discursos. Se eligieron comisiones, etcétera, y coloría colorada. Corrieron bueaos vientos- -ya queda consignado qu- e ei día fue ventoso- -para el procesado á quien se acusaba de haber asesinado á sa ex acvia. Se pedía para él cadena perpetua, y se le condenó á 125 pesetas de multa. Por pocOj rosquillas. En cambio, fueron malos loa vientos para un pacífico ciudadano á qaien ¡otro menos pacífico arrebató la capa en la calle del Pez, desapareciendo con ella. Voló, pues, la capa y voló el ratero. Si haría viento! Nos intrigó grandemente una segunda visita, muy larga y muy reservada, que el presidente del Con- sejo celebró con ei jefe superior de la Policía ea el despacho de éste. La gente se dio e- n cavilar, pe o ao acertó á dar con los falos- -De política, poca cosa; porqat aaaqae se celebró Consejo de ministros no se tiene más noticia de él que una nota oficiosa, que más que nota paiece, musicalmente hablando, un silencio. De todos modos, la menor expresión posible de cosas De sucesos, un intento de suicidio. Trátase de un j ven suspendido en los ejercicios de Correos, que bascaba después el suspenso de la vida. Novedades teatrales: inaugurado a del te- atrito del Príncipe Alfonso y estreno de blico no se aburrió La nadie, más templada que ias aateñores. La señorda ss aburre, de Benavente. El pú- Ea breve se celebrará la boda de la bella señorita doña Vicenta Pérez Aloe, sobrias de los condes de la Encin- a ¡con D. Femando Calderón Ceíaelo. Ea la iglesia de la Concepción se celebró ayer, á las once de la mañana, un id: eral por el eterno descanso del alara del que íué nuestro querido é ilustre amigo D. Adolfo Calzado. Con motivo Ie cumplirse mañana el tercer aniversario de la muerte de la ilustre señora doña Eivira Zenaida Fernández! Uaquieira, condesa viuda de Santa Coloca. se aplicaran misas en sufragio por su alma ea varías iglesias. Han regresado; De París, los craques de Andría y la margaesa de Perinat: ce Para, los duqttes de j? as raaa; de Biairiíz, Iss señoritas de Mojarrieta; de Segovia, la coadesa viuda de Revillagigedo; de Avila, los marqueses de Benavites, y áe Orense, den Manuel Ha fallecido la madre del ilustre íenieste coronel D. Ricardo Burguete, á quien damos nuestro sentido pésame. En la iglesia de San Martín han contiaído matrimonio D. Rufino García y la señorita Adjutoria del Casar y Cortés se celebrarán misas por el atoa de la excelentísima señora doaaElisa Paje, Recientemente se nos ha hablado de excesos terribles y de represiones bárbaras, inauditas en E- uropa... Es preciso haber perdido la memoria, para no saber qué son y lliHHFilIHIII! ininiMTITíníinnuil imn