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ABC. PASEOS POR AMERICA V I E R N E S J 2 D E N O V I E M B R E D B 1909, E D I C I Ó N 1. PAG- 17. LA MUJER PORTEN vida. También se ha repetido muchas veces que la mujer es un elemento decorativo, como las flores, y una fuente de poesía, como el sol, y que las ciudades son tanto más agradables cuanto más bellas y numerosas sean sus mujeres. Aquí, en Buenos Aires, las mujeres son muy bellas; pero son inuy escasas, no se prodigan tanto como los hombres quisiéramos. Se esparcen los ojos por el ámbito de las oa) les, y vemos hombres que pasan, siemore hombres. Y esta exeiusividad del sexo varonil es loque presta á las calles de Buenos Aires un aspecto tan financiero, si vale Ja palabra. Son calles dedicadas al tráfago de los negocios; son hombres vestidos de obscuro que anclan tras de la fortuua. La mujer se queda en el fondo, como algo deseado y recatado. Una vez se comprueba la ley de la herencia y eí rigor del abolengo: quiero decir que la mujer argentina no puede negar su estirpe española. Poco importa que los som breros hayan venido de París, ni que la forma de los vestidos la envíen desde el bulevar; el alma no entiende de modisterías, y el alma de esta mujer se inclina del lado del alma secular de España. Idénticas preoca paciones resaltan bajo las líneas y el color del traje. Como la mujer de Sevilla ó de Valencia, esta mujer argentina pasea la calle con un cierto aire de temor, parece que se previene contra el ímpetu rijoso del varón meridional. Cuentan que en los pueblos del Norte el hombre acude á un baño público y se deja lavar y fregar por una mujer; en nuestros climas, la sangre, demasiado cálida, no peri t i í tales manoseos. Por eso la mujer arg, como la española, adopta ante el hombre una actitud de reserva defensiva. Sale á la calle y marcha prevenida. Como conoce i a condición del hombre, procura no exacerbar los instintos masculinos. Apenas se cimbrea su cintura al andar. Mira con recato, no sonríe ni coquetea. Su rostro tiene ei sello de las cosas que desean ser ignoradas. Es al contrario de lo que ocurre en los países menos soleados, donde la mujer se ofrece más voluptuosa, franca y sonriente; países blandos en que las pasión? s no asoman, como aquí abajo, á flor de piel. La herencia española pesa sobre la mujer argentina, circunscribiéndola al fondo del hogar, inhabilitándola para los riesgos de la calle. Mujer casera, en fin. Pero en una ciudad cosmopolita como es ésta, el acarreo de mujeres francesas, inglesas é italianas hace imposible un juicio terminante y absoluto. Quiero referirme solamente á las mujeres de cepa americana. Cuerpo firme y bastante opulento; elegancia en la línea y en la manera de vestir; color pálido mate de un gran encanto; cabelleras admirables de un tinte moreno prieto; ojos negros, de mirada un tanto grave; aire honesto y reservado: he ahí mi impresión externa de la mujer argentina. Y una pasión desaforada por el lujo. Pasión de lujo que se adivina en esos comercios fastuosos, en esos numerosos maniquíes que pueblan los anchos escaparates y que deben de ser el tormento délas cabezas feme ninas. Verdad que la pasión del lujo no es privativa de las mujeres; alcanza á los hombres también y ataca á todas las clases sociales. Buenos Aires se distingue por un algo de soberbia, de ostentación, de emulación lujosa; la manía de grandezas será acaso una enfermedad endémica de esta rica, opulenta América. Lujo en las casas, lujo en las personas, lujo hasta en los contratos U asta los más graves filósofos aseguran que la mujer es el mejor adorno de la PUBLICIDAD RECOMENDADA K o comprar muebles sin antes visitar la ExposiT ción de A VaUejo. Plaza Celenque, 1. Se hacen proyectos y presupuestos. Export. á provincias. CORRESPONDENCIA PARTICULAR En esta sección se contestarán ¡as preguntas que nos hagan nuestros lectores. Para demozlrar esta cualidad es necesario acompañar cada carta del cupón que publicamos en la sección de anuncios. La Jiirección se reserva el derecho de no contestar á determinadas consultas que exijan gran extensión en la respuesta ó que no sean pertinentes. Paraguas, abanicos, bastones, guantes. M. Vélez, Puerta del Sol, 15. ¡la m oe Carrera ers j JS- Jerónimo, 7 y 9 FRENTE A LHARDY Viuda de P. González y Compañía. Franco 6 e as. ¿No duda usted? ¡Eureka! Procure, cuando pueda jcontrarse con ella, darla una carta al darla la mano, ó enviár ¡sela por alguna de sus criadas. Así sabrá á! qué atenerse en definitiva. otra diciendo que será la última si üo obtiene respuesta, y hacerlo así. Magdalena. -Deben llevarlo un año. ¿Tan poco afecto les merecía? Lavarlos á diario con vinagre caliente, y llevar dentro de la media ácido bórico pulverizado. Ellos. Un lector de A B C enamorado. -Escribir AL CAPRICHO JUAN PADROS Novedades p a r a s e ñ o r a s y niños. Precio fijo. Pídanse Catálogos. Catarros, asina. Inhalador Caldeiro, 3 ítis. Caiie Alcalá, 2 6 moderno ¿Qué soy hombre y barbudo diz que dijiste? ¡Jesús, qué adivinanza! ¡Vaya qué chiste! Una inglesa. -Use con constancia Petróleo Ga cho. -Le advierto á usted que ya no hay sitio para tanto novio, y los voy á liquidar en un saldo, á bajo precio. Gracias. Ya hay. ciertas reuniones y teatros. Es prenda de muy jóvenes. Para calle no. 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No tiene más remedio que procurar hablarla, primero, como amigo, hasta CJEOACSSROS, II. convencerla; después, de el cambio que han sufrido sus sentimientos. Un industrial emprendedor. -No me es perfinancieros. Los soldados visten arrogantemente; los bomberos parecen grandes seño- mitido contestar á esas preguntas. Cándida morucha. -Leche Antefélica. Ese res con ese uniforme negro y esas borlitas rojas en el casco coquetón; en los hombres Instituto desapareció por defunción de la abundan las botas charoladas; los edificios dueña. Si con lo que la digo no obtiene rese construyen según el estilo elegante fran- sultado, consulte usted con un buen especés; las mujeres copian los figurines france- cialista. Luisa. -Más vale que las cosas hayan ocuses con la mayor escrupulosidad. La avenida central del parque de Paler- rrido así; créalo. Demos por bien empleado mo me ha dado á mí la impresión de una el llanto de hoy y el de ayer; sociedad femenina cuya única preocupación porque de habernos amado, consiste en la elegancia. Si á la vanidad lu ¡cuánto hubiéramos llorado josa de la mujer añadís la ambición de forios dos á un tiempo, mujer! tuna en el hombre, ¡considerad la fiebre y el anhelo de esta vida bonaerense... MARIACHO I OSÉ M. a SALAVERKJA. IMPRENTA PRENSA ESPAÑOLA Buenos Aires. ig Octubre. SERRANO, 55. MADRID Irnos za Venus, marca Emiltnat. 2. a Fricciones en el cuero cabelludo con un cepillo mojado en sublimado al i por i.ooo. Una que no se casará. -No puede calcularse; debe usted llevarlo á que lo rellenen delante de usted. Un eminencia deJerez Caballeros- -Me dicen Una constante lectora EA C. -i. Use belle- SALIDAS DE TEATRO ECONOMÍA ÜEUKEKAU