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kA B C. M A R T E S 9 D E N O V I E M B R E Dñ i 9 o 9 EDICIÓN i. PAG. l amanecer de ayer en Madrid fue ve. uadeiainente siniestro. Desde los puntos más apartados de la población pudieron ver los madrugadores un resplandor rojizo que, partiendo del centro, teñía el cielo de púrpura. Densas columnas de humo cuajadas de chispas brillantes entoldabab y enrarecían el ambiente. 1 Pronto cundió la alarma por la corte, sin que el vecindario acertase á saber dónde era el fuego espantoso que el resplandor denunciaba. Funciono el teléfono con febril repetición, trepidaron los edificios de las calles céntricas al rod r precipitado de los carros y maquinaria del servicio de incendios, y, con los bomberos, las autoridades se apresuraron á acudir al lugar del siniestro, precisamente á la hora que se disponían á vestir sus uniformes para recibir en la estación del Norte al soberano de Portugal. No tardó en circular la noticia de que el edificio incendiado era el teatro de la Zarzuela, En bandadas corría la gente por la Carrera de San Jerónimo y calles de Alcalá y Cedaceros para desembocar en las que afluyen á la de Jovellanos. El espectáculo era aterrador. El teatro de la Zarzuela estaba convertido en una inmensa hoguera. Como un horno formidable se ofrecía á los ojos la sala ó patio de butacas El riesgo era inminente para las casas medianeras de las calles de Zorrilla y los Madrazos, que ceñían aquel volcán. É Por lo que respecta á María había sufrido quemaduras ea la cara y manos. Desafiando el peligro y ganando tiempo, aquellos hombres generosos sacaron en brazos á las desventuradas mujeres y las trasladaron al portal del núm. 5 de la calle de Jovellanos. Allí se encontraba el doctor Farínós, que habita ea la casa núin. 3 de la misma calle y que había sido de los que primeramente se dieron cuenta del suceso. El distinguido facultativo asistió sin demora á la joven y asa madre, ayudado por los médicos de la Craz Roja del distrito del Congreso, que se instalaron en el portal dicho. 1 as primereo víctimas. La madre sufría quemaduras de seguado y tercer grado en la cara y manos, y fue llevada en una camilla á la Casa de Socorro primero, y después al Hospital de la Princesa, en cuya sala segunda quedó instalada. La joven María, que sufría contusiones y presentaba síntomas de asfixia, fue recogida por los Sres. de Aguirre, vecinos en el piso segundo de la referida casa núm. 5, y allí se la prodigó solícita asistencia y quedó en estado relativamente satisfactorio. I os bomberos. A los pocos minutos v! L, ibirse el aviso del incendio, fue movilizado el parque segundo, al mando del Sr. Alvarez Naya. En vista de las enormes proporciones que el siniestro había alcanzado, fueron llamados los parques tercero y cuarto, que, á las órdenes de los Sres. Monasterio (José y Joaquín) el Sr. Carnicer y el delegado, señor Martín, llegaron á poco. Todos ellos trabajaron denodadamente en lucha con el voraz elemento. Dirigieron sus primeros esfuerzos á localizar el fuego en el teatro, aislándolo de las casas medianeras, que ya empezaban á ser lamidas por las llamas. También se logró salvar la fábrica de electricidad, que, como saben nuestros lectores, está enclavada en la parte derecha del escenario y á la cual le daba también acceso por la calle de los Madrazo. A las nueve de la mañana, merced á las hábiles maniobras de los bomberos dirigidos por sus jefes, quedaba localizado el incendio. Fuerzas de Segundad y Guardia CJU I. ésta procedente del cuartel de Bellas ÍKTSS y al mando del capitán Caminero y el teniente Agustín, acordonaron las cercanías del teatro, conteniendo al público, que, como río desboidado, acudía por todas las bor calles inmediatas. orno empezó el fuego. En la hora que escribimos estas líneas se desconoce en absoluto la causa y principio del siniestro; sobre ello hay distintos pareceres. Sólo se sabe que en la madrugada anterior, próximamente á las tres y media, el conserje del teatro, Florentino Rodríguez, hizo como de costumbre su requisa en todas las dependencias, sin advertir nada que pudiera alarmarle. Serían las siete menos cuarto cuando llamaron á la puerta del coliseo, como acostumbraban diariamente, las encargadas de la limpieza, y acudió á abrirles la mujer del conserje, María Germán. Apenas se habían internado en el teatro cuando salieron despavoridas pidiendo auxilio, porque la sala estaba ardiendo. 1 os primeros auxilios! Dentro del edificio sólo vivía el conserje con su familia. Con el matrimonio habitaban sus cinco hijos, María, Plácida, Victoriano, Inés y Florentino. Ocupaban habitaciones del segundo piso, sobre la parte destinada á con- I os heridos. Aparte de los dos heridos á quienes taduría. A la hora de estallar el incendio hallában- asistió el doctor tFarinós, los médicos de la Cruz Roja y los de las Casas de Socorro del se todos en su habitación. Congreso y Hospital prestaron los auxilios U eroicos salvadores. A salvar esta familia se dirigieron los facultativos á los siguientes: Encarnación Sanz, de cuarenta años, una primeros esfuerzos. Salvadores espontáneos no titubearon en de las barrenderas que penetraron primeramente en tomper con un martillo y piedras la puerta quemadurasel teatro. Sufría contusiones y en la pierna derecha. y se lanzaron al interior. Los bomberos José Herrero, núm 157; En Llámanse los intrépidos Manuel García rique Ezquez, núm. 47; Francisco Urda, núAlvarez, Felipe Yases, Miguel Fernández, mero 35; Máximo Perales, núm. 13; Pedro cabo de la brigada, obrera, y Pedro Roldan. García Alvarez, todos ellos leves, y Teodoro Estos na hallaron en la habitación más Cortés, 9, que á consecuencia de un que á María Germán y su hija María, joven golpe senúmerofracturado los músculos dorhabía de quince años. El conserje y sus otros hijos, aterrados, sales. habían salido ya por una ventana. Aquellas dos infelices mujeres sufrían ya, f rigeíi del incendio. Las autoridades han pt acurado ante en tales mementos, los primeros síntomas todo inquirir las causas del sii de asfixia. Nada se aa podido precisaí respecto dé este punto; pero algunos vecinos de las casas inmediatas aseguran que á eso de las, seis de la mañana, aproximadamente, fue ron despertados por una formidable expío sión, y seguidamente se vio salir del edifis cío una densa columna de humo que coiskcidió con el hundiimiento de la techumbí. 3 del patio de butacas. Momentos después, grande y atroKarloí llamarada se alzaba, sobre el grupo de casas contiguas al teatro. Alguno lanzó la idea de que el origen del siniestro pudo ser en la fábrica productora de luz eléctrica titulada La Zarzuela, que se hallaba instalada dentro del mismo teatro y á la izquierda del escenario. Pero esta suposición fue tocaímenie desechada al saber que sus máquinas no fua cionaban desde que se hizo cargo del teatro 3 de los conductores para facilitarla flúido la Compañía eléctrica denominada La Ma drileña. Otros opinaban que tal vez algún descuí do en los servicios del escenario ha podido ser la causa inicial del siniestro, que estuvo latente desde la hora en que terminó la re presentación del domingo hasta que las ba rrenderas entraron por la mañana á desempeñar su habitual cometido No falta quien asegura que ei incenfiíiv pudo tener su origen en la máquina de la calefacción Esta máquina comenzó á funcional ÚVL rante la representación de la tarde del démingo. A propósito del origen del incendio, te cordaba un oficial de la Guardia civil qu i el empresario del teatro, D. Rafael Reynofj le manifestó ayer mañana que al terminas la función del domingo practicó aainuciosamente una requisa en todas las dependen cias del teatro, sin encontrar en ellas na IíL anormal. Como dato curioso merece citarse el he cho de que el bombero que por cuenta de la Empresa pernoctaba en el teatro pidió 31 obtuvo del Sr. Reynot permiso para ausertí tarse durante la noche. 1 a venta del teatro. El teatro de la Zarzuela pertenecía et propiedad á los hermanos Sicili Estos lo enajenaron á la Compañía Ma drileña de Electricidad por escritura públí ca, firmada el i. de Julio último, y en ¡9 cantidad de 1.600.000 pesetas. La citada Compañía lo arrendó 3 los señores Sicilia en la suma de 100.000 peseta anuales, y éstos á su vez lo subarrendaros al Sr. Reynot por cinco años. La Compañía tenia asegurado el ble en 600.000 pesetas. as pérdidas. A las siete de la mañana, apenas el se ñor Reynot, empresario de la Zarzuela, tuvo conocimiento de la catástrofe, acudió pre suroso al teatro. Según manifestó á los periodistas qtse a interrogaron, calcula las pérdidas q e Hí experimentado en unas 200.000 pesetas. El fuego ha destruido, aparte del decora do de las obras estrenadas, los de El país da agua, obras próximas á estrenarse, El sastre del teatro, Sr. Vila, calcula sa, pérdidas en unas 100.000 pesetas. De su vas tísimo y rico vestuario no ha podido salva? nada. Del despacho del Sr. Reynot se üan pods do salvar los originales de las partituras de algunas obras nuevas y la caja pde eaMales, que contenía unas 30.00 t ¡ss tas. las hadas, El teniente de Dragones y de Flor fó