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A B C MIÉRCOLES 3 DE NOVIEMBRE DE 1909. EDJCION 1. PAG. variado de opinión y hoy creen lo misma que entonces. Pero perjudicábala la historia de sus amores... Una mujer que había tenido que ver cpn un presidente de la República, con vaapenas á lo que es un juego para el otro. rios ministros y con la mayor parte de los -Aquí está, en definitiva, la razón de por altos funcionarios, forzosamente tenía que qué un hombre no es jefe y lo es otro. La estar protegida... Y como perros rabiosos la aita capital, esencialísima, de quien no es acorralaban constantemente... Dos perioJefe reside en una ligerísirna variante ceredistas, para alcanzar un éxito personal, la bral, en un lóbulo, en una circunvolución. metieron en la cárcel... Un juez, acusado de parcialidad, fue destituido... La opinión esAZORiN taba satisfechaPero ahora se publica í ¡ei acta de acusa 1 AHJSTORIADE MEG, CuantosconoACTUAL 1 DA oen á mada- ción, y vemos que los cargos que se hacen á me Steinheil afirman que desde su más tier- Meg no descansan sobre base ninguna na infancia era embustera y comedianta. firme... La opinión reacciona y piensa: La linda Meg. tuyo amantes á porrillo, con ¡Esta mujer es inocente! STEINHE 1 L los cuales recorrió todas las chambres meu- No obstante, las personas iraparciaies son blées de París. Un de ellos; fue nada menos ahora las que desconfían. ¿No será todo esto POR TELÉGRAFO que Félix Faure, y el nombre de Meg co- una habilidad? ¿No habrá sido elaborada el FAIÍJS, 2, I I rrió unido á varias de las infinitas versio- acta de acusación á propósito para hacer ANTECEDENTES El 31 de Majo de 1908 nes que circularon á la muerte del presiden- resaltar la absoluta carencia de fuerza de amanecieron asesina- te de la República. Primero se ocultaba de los eargos que pesan sobre Meg No ¿los en su casa el callejón Roussin, núm. 6 su esposo; pero convencida más tarde de hay que olvidar que en este proceso se trabis, ei pintor Steinheil y su madre política, darse por enterado la señora viuda de Japy. Madame Steinheil, que el pintor no quería Y alquiló el Vert Lo- ta de juzgar á Mme. Steinheil... y al juez decidió instalarse Leydet, y que de culpabilidad la esposa del pintor, yacía en su lecho, fuer- gis, delicioso pabellón en los alrededores de sería la pruebaun veredicto que Leydet lleevidente de temente atada. Cuando el criado de la París, rodeado de flores, de árboles y de vaba el sumario por caminos tortuosos, familia, Remy Couillard, entró en la habi- verde. Sobre todo, de verde... En el Verde mientras que una sentencia absolutoria pontación de Mme, Steinheil y se áió caenta de dría á Meg en la calle y á Leydet en su ja tragedia, corrió á pedir socorro, y en po- Logis todo era verde. Cuando Meg comenzaba una aventura cargo... cos minutos la casa se vio invadida de polise la llevaba al Vert Logis. Por el Vert LoNo puede negarse que fioy, en el momencías y vecinos. gis han desfilado ministros, magistrados, cóLa señora viuda de Japy Había sido es- micos, industríales, chauffeurs de automóvi- to de comenzar la vista de este sensacional trangulada en su ¡echo. El pintor Steinheil les y vendedores de periódicos, Y el mari- proceso, una gran corriente de opinión simpatiza con Meg Muchos de los periódiapareció tendido en el suelo, estrangulado do, en la higuera, Si alguna vez también. Ambos habían dejado de existir. se veíatanto, en Meg la adorable Meg cos que antes la combatieron ahora creen apurado, que es inocente... ó por lo menos lo dicen. Bolo Mme. Steinheil vivía. Los cajones de hacía falta? ¿Dine os aniebles aparecieron tirados por el sue- le tranquilizaba... ¿Quétante Lia... tante Ltlí El mismo director de la cárcel no ha vacilaElla iría lo; objetos y ropas, revueltos. Todo parecía ro? el paño deá ver á de la familia. ¡Qué do en conceder interviús á derecha é izera lágrimas hacer creer qme el móvil del delito hubiera buena era! Nadie la conocía, pero... ¡qué quierda para proclamar la inocencia de su pensionista, y habla de Meg con cariño, Sido el robo. buena era... Meg volvía de la Libre de las ligaduras qme la sujetaban, tante LtH con la media docena de visita á con admiración... ¡Diríase que con amor! billetes Todo es complicado, todo es misterioso en Mme. Steinheil habló. Habíase acostado á las once de la noche. A las doce se despertó que se necesitaban en la easa del callejón este sensacional proceso, y 110 sería extraño que todavía surgiese algún acontecimiento sobresaltada. Había sentido que la cubrían Rousin, ¡No fallaba jamás! En estos enjuagues la ayudaba Marie- inesperado. Pero si no es así, si no aparece ¿I rostro con un lienzo y que una mano se ta Wolff, la cocinera... Todas estas mujeres alguna nueva complicación, es seguro, eviposaba sobre su garganta. Luchó, apartó el- lienzo y á luz que despedían dos linternas necesitan ana confidente que las aconseje dente, que el Jurado absolverá á la linda sordas vio en su presencia tres hombres y y las anime... Marieta era la encargada de Meg con gran contento de los innuuna mujer roja. Los hombres vestían larsras llamar la atención á los huéspedes del merables personajes que han temblado ante levitas negras y se cubrían con anchos som- Vert Logis acerca de los apuros de la seño- la idea de verse envueltos en la ncausa y de breros blandos. A derecha é izquierda de su ra... Marieta era la que procuraba quitar de que sus nombres figurasen en los interrolecho estaban uuo de los hombres y la mu- la cabeza á la señora ciertos ridículos ca- gatorios: porque los que nG han asistido á jer roja armados de revólvers. La mujer roja prichos que no dejaban utilidad... Cuando las soirees del callejón Rousin... fueron C é s dijo á Mme. Steinheil con el más puro acen- había dinero, Marieta lo administraba; cuan- pedes temporales del Vert Logis. Y antes de tres meses tenemos a Meg to de los bulevares exteriores: Si eres bue- do no lo había, Marieta se encargaba de con hotel en los Campos y auto de sesenta na muchacha y nos dices dónde tienes el buscarlo. á réditos. El fogoso temperamento de Meg Jejos mil francos, figurando en todas las fiestas dinero y las alhajas, no mataremos á tu made languidecer con los años, se encendía... del París mundano y elegante... ¿Que ya es dre ni a tu marido Madame Síeínheil indicó el burean y un En la actualidad, Meg se ensventra en e vieja? ¡Bah! En París ninguna mujer á la armario, y los malhechores, entonces, la ases- instante crítico en que las mujeres no pue- moda es conocida hasta que se hace vieja... taron un golpe en Id cabeza que la hizo per- den perder ¡un minuto... Guapota y de buen Las cocotas de más tronío empiezan á tener- der el sentido. No volvió en sí hasta que ver aún, con una reclame formidable, se dis- brillantes á los cuarenta. Aquí no se quieren mujeres bonitas. muamanecía... Al enterarse de que su madre y pone á aprovechar el tiempo que todavía le jeres frescas... Aquí se quieren mujeres saqueda... su esposo habían sido asesinados pensó que Y es una verdadera ganga esta mujer ca- bias los criminales la habían confundido con Marta, su hija, y habían tenido piedad de prichosa, que lo mismo la da comenzar una AS MUJERES Y SU Inmediatamente que se su juventud... Hay que advertir que la hija aventura de amor en una estación del Meáe. Mme, Steinheil ementa diez y P ete años, tro que flirtear con el chauffeur de un auto P R O O F O P 1 u e e l EL P O O C E S O 1 r Valles magistrado móvil... La cuestión es no perder el tiempo... mientras Mme, Steuheil ha dobla o va á No creáis á la media docena de cronistas cargado de presidir los debates de este sentodo vapor los cuarenta. Sin embargo, insistió en afirmar que la que se esfuerzan en hacer da Meg una sacional proceso, comenzaron á llover so ¡habían tomado por una doneeila de diez y criatura complicada é interesante... Meg bre él las peticiones de billetes. M. Valles es una mujer vulgar, guapa, como lo son se informó... Vio que sólo podría disponer ete primaveras. ¡La pobre coqueta! El juez creyó ó fingió creer, pero nada generalmente las mujeres vulgares, coque- de ciento diez plazas para contentar á mipudo averiguarse... La opinión comenzó á (ta, voluble y generosa... Como la Mainte- nistros, diplomáticos, periodistas, aristócraacusar á Mme. Steinheil, y ésta quiso pri- non, piensa que el amor es una cosa que á tas y damas de mundo... Y adoptó una resolución heroica... Las señoras no serían admero comprometer al criado Remy Coui- los hombres los hace tan felices. mitidas... ¿No os imagináis la importancia ílard, ocultando en ksu cartera una de las excepcional de esta determinación? Pues perlas que decía robadas por los criminales, EG LA O P I N I Ó N ¿Es culpable? En desde y más tarde, alocada por los consejos que la- los primeros días la hasta entonces no se habla de otra cosa, y- -se asegura que muchos personajes dieron dos periodistas, los Sres. La Bruyeuna paríe y Marcel Hutin, se decidió á acusar á Ale- te de laY LA PRENSA opinión yembargo, oficiales han tratado de influir en el ánimo Prensa culpábanla, Sin jandro Wolff, el hijo de su cocinera y con- las personas imparciales juzgaban mons- de M. Valles para que revocase la orden. En efecto, sin público femenil estos deba üdenle. truoso el delito y no creían que una mujer Reconocida la absoluta falsedad de todo sola hubiese podido dar muerte á su madre tes, que empezarán mañana, no ter- ndráu reesto, y habiéndose hecho sospechoso de par- y á su esposo... O era inocente ó había cóm- sonancia; pero las mujeres insisten en precialidad en favor de Ja viuda el juez señor plices, Estas personas imoarciales no han senciar las sesiones porque no Quisieras inútil á éstos el intentar rivalizar con el hombre de un talento espontáneo; el combate será desigual; un trabajo encarnizado, un esfuerzo persistente, les hará llegar cido de que Mme. Steinheil, con sus falsas denuncias, trataba de despistar á la Policía, se decidió á meterla en la cárcel. Ya en la prisión, Mme. Steinheil ha vuelto á sus primeras declaraciones. No acusa al criado Remy Coaillard, no denuncia á Alejandro Wolff... Asegura que al obrar de este modo había perdido la caoeza... La única declaración verdad es la primera: la délos hombres negros y la mujer roja. Y de, ahí no hay quien la saque. 3 a áificuttó Ses inextricables pata los otros. Leydet, nombróse Huevó fuez, que conven- L