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CARTAS A PEPE Si tú sentiste no asistir á la modesta y conmovedora ceremonia, imagínate lo que lamentaría no verte junto á los pequeñuelos, admirando el esfuerzo de nuestros buenos amigos los sevillanos. A la cabeza de ellos figura nuestro amado bienhechor D. Carlos Lacave, que halla dulce lenitivo á sus íntimos dolores ejerciendo la caridad. Una esposa y una hija, bellas y virtuosas, arrebatadas prematuramente al cariño de los suyos, vivirán en la memoria de todos al dar nombre á las dos salas del nuevo pabellón del Sanatorio de Santa Clara, Diez y siete años han transcurrido desde que, para conmemorar el cuarto centenario del descubrimiento de América, se colocó la primera piedra de una obra encaminada á regenerar la raza española. Entonces no habían sobrevenido los terribles desastres que aun lloramos. De entonces acá, ¡cuántas desgracias, cuántos sucesos luctuosos! I a patria atraviesa grave crisis; estamos empeñados en una guerra irregular que ocasiona sensibles pérdidas; los barcos no sólo traen á las costas heridos del combate, sino que en ellos regresan también de lejanas tierras, por centenares, emigrantes desengañados y famélicos. Fueron en busca del oro, que da bienestar, que proporciona placeres, y sólo hallaron la desesperación y el fracaso. Extraño espíritu el nuestro, propenso á la aventura y ávido de alcanzar soñadas ri jquezas lejos del hogar, desdeñando la pobre patria, digna de mejor suerte y, sobre todo, del amor y de la abnegación de sus hijos. Reunidos providencialmente algunos de los fieles amigos de la humilde obra, recordábamos con dulce emoción los tiempos pasados. No se realizaron por completo núes tros planes; aun falta mucho para verlos terminados, pero aquel germen ha arraigado y empieza á fructificar. L, a propaganda ha sido incesante, y á través de tal indiferencia, de las defecciones y de las ingratitudes, aun podíamos estrecharnos las ¡manos con lágrimas de alegría en los ojos. Aquel cuadro no se borrará de por vida de mi mente. Un día espléndido; el sol, luminoso y confortador en pleno otoño; el mar, hermosísimo, mansamente majestuoso, contrastando con la feraz campiña. L, a nueva construcción, blanca, álzase gallarda, flotando en la azotea nuestra bandera, en la cual luce, combinado con los calores nacionales, el lema Sams Infirmorum; ningún elemento oficial, pero en cambio rodeando al Prelado que bendecía las nuevas salas para los niños enfermos, un pueblo respetuoso y entusiasta. I os pequeñuelos que habitan en el Sanatorio, agitando banderitas y coreando la música que ¡esparce sus notas alegres por eL aire, en tanto que repican sin descanso las campanas de la cercana iglesia, No se pronunciaron discursos. Durante la misa que precedió á la ceremonia el señor Obispo de Fessea repitió y comentó elocuentemente las palabras del Salvador, manifestando que El dio en diversas, ocasiones señaladas muestras del tierno afecto que profesaba á los párvulos y pequeñuelos, pues colocandoá un niño en medio de sus asombrados apóstoles, después de estrecharle contra su abrasado corazón, les dirigió estas significativas palabras: Él que recibiese á uno de D INERO Y PLACERES estos párvulos en mi nombre, á mí me recibe; el que me recibe á mi, recibe á Aquel que me envió. Dedicóse después un recuerdo á los bienhechores muertos, á los ausentes, diciendo, en voz alta: Todos cuantos figuran en nuestras listas de socios son acreedores á nuestra gratitud; leedlas en alta voz, repetid los nombres de tan caritativas personalidades, entre las cuales no pocas guardan impenetrable incógnita. Para ellas y para todos imploramos á diario el amparo de Dios. I, a fe en El nos sostiene y nos alentará de por vida, pues estamos persuadidos de que esta obra, como otras semejantes, merecen su protección, ádespecho de frialdades lamentables por parte de la sociedad contemporánea. Esos centenares de inocentes y desgraciados seres á quienes acechan la enfermedad, el vicio ó el crimen (más terribles mil veces que la muerte) es urgente que se transformen en templos vivos donde luzcan la salud y el bien. Él mar nos brinda con los vivificantes gérmenes de la vida; sobre nuestras frentes, el Universo nos muestra la inmortal grandeza de Dios. Pensad si en tiempos de agitación y prueba como los presentes, amenazados los organismos por la tuberculosis, no han de ser en España los sanatorios marítimos (como lo son en otros países) providenciales viveros donde pueden regenerarse física y moralmente los hombres, dando lugar á la floración de una patria nueva, sana, creyente y poderosa. ¡Ayudadnos en esta santa empresa, y propagad y difundid la buena nueva! Estas frases provocaron manifestaciones de entusiasmo. Todos llorábamos de emoción. Creo que también se hubieran humedecido los ojos secos á que me refería en mi carta anterior. IyOs desdichados seres que ao tienen más objetivo en el mundo que gozar del placer y obtener dinero para malgastarlo en fútiles y pasajeros deleites; los que creen que el débil debe necesariamente perecer y le desdeñan, creyendo eterna la fuerza, el poder ó la harmosura, olvidan que todo pasa y se desvanece; llega la, vejez, muchas veces acompañada del dolor y de la miseria, y si no guardó el corazón estos dulces é imborrables recuerdos, la vida se hace penosa y amarga. En cambio, á pesar de las mil penalidades inherentes al humano vivir, si hemos consagrado parte de nuestros esfuerzas y d? nuestra fortuna (que no es otra cosa sino el esfuerzo acumulado) en beneficio de la humanidad; si hemos sabido enjugar lágrimas y atenuar dolores, experimentaremos inefable consuelo, saborearemos placeres purísimos y nos sentiremos siempre consolados. ¡No lo olvides, querido amigo. nos detrás de las orejas; se debe enderezar el tronco con un solo movimiento, sin mover las piernas ni los pies; después se efec Fig. i. túa la flexióu hacia atrás, repitiendo el eiercicio quince veces (figuras i. y 2. a) En los comienzos se pondrá cerca de loa pies un mueble algo pesado que contribuya s. V 1 i t 1 i 1 I EJERCICIOS FÍSICOS Y JUEGOS ESCOLARES 7 LEXIONES DEL TRONCO Como complemento de los ejercicios descriptos en números anteriores, referentes á gimnasia respiratoria, publicamos los adjuntos grabados, que dan perfecta idea del medio de practicar flexiones hacia adelante y hacia atrás en la posición supina. Para ello hay que acostarse sobre la espalda, con las piernas estiradas, colocándose una alinoiiadita en la cintura y las ma- Tig. mantenerlos fijos, pero pasados unos días, rf que se acostumbre el niño á efectuar el ejercicio, se ejecutará con los pies completamente libres, como se representa en las figuras, y sin necesidad de almohada.