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A B C. SABADO 3o DE OCTWBRE DE 1009. EDICIÓN 1 PAG, CONTRAPROTESTA ga por teléfono que hagamos constar que 130 es él el D. Baltasar Muro que en unión fie D. Luis Martínez García nos escribió con fecha 22 protestando de las calumnias lanzadas en el extranjero contra España, Queda complacido el presidente del Casino Republicano de Zaragoza. No fue él el que protestó centra aquellas calumnias. Es Otro D. Baltasar Muro. presidente D c nloBaltasar Muro, de Zaragoza, del CírcuRepublicano nos rue- i es recientes acontecimientos de que aca barnos de ser testigos, y cuyas dos únicas finalidades positivas han sido nuestro desprestigio ante el mundo y la caída del Gabinete Maura, h m desatado las pasiones de tal modo, que de seguir por este camino es uiuy difícil prever adonde vamos á parar. Sin valor, sm franqueza para atacar resueltamente el problema en su verdadero punto de partida, todavía hay quieues se empeñan en dar vueltas y vueltas alrededor de él, sin salir del círculo vicioso en que su obstinación los ha metido. Teauios si colocando la cuestión en su verdadeto terreno es posible que nos podadnos entender. ¿De q é se trata aquí? ¿Qaé es lo que se discute? La caída del Gobierno conseivador. ¿Por qué ha caído el Gobierno jj. conservadoi? JDisCi que por tres motivos: por la campaña de Melilla, por lossucssos de Barcelona y por el fusilamiento de Feirei. f Examinemos ia cuestión. El Gobierno que presidía el Sr. Maura se encontró un día coa la áesagradable sorpresa de que unos cuantos rífenos habían asesinado á unos cuantos obreros españoles. El crimen exigía un castigo ejemplar. El general Marina lo realizó tan ejemplar orno inmediato. Las rífenos se rebelaron contra el castigo y ataearon á nuestras tropas. Fue necesario en viar refuerzos y organizar una campaña seria. Lo demandabau nn stro honor y núes tros compromisos con Europa. ¿Se concibe un Gobierno español capaz de faltar al uno y á los otros? Ño fue la campaña de Melilla 1 la que motivó la caída del Sr. Maura. j ¿Los sucesos de Barcelona? ¿Iban los su- cesos de Barcelona contra el Gobierno? ¿Se trataba de un movimiento político perfectamente definido y claro para derribar á un partido y substituirle con otro que realizara desde el p, oder una política más provechosa para el país? Tampoco. El movimiento que originó la sangrienta semana de Julio e r a iodo el mundo lo sabe- -francamente antimilitarista y anarquista. El Gobierno, ante El, hizo lo único que podía hacer: consultar con las autoridades si procedía declarar el Estado de guerra y confiar á la militar la represión del desorden y el castigo de los culpables. Y por lo que se refiere a la sentencia contra Ferrer, eti nuestro número de ayer lo preguntábamos ya: ¿Es que mientras no se reformen las leyes vigentes que rigen en t spaña pueden ent nder en ciertos delitos Dtros tribunales que no sean los militares? ¿Bs que hay alguien que pueda ni siquiera sospechar que no ofecen garantía bastante los tribunales militares? -No; no ha caído tampoco por eso el señor Maura. El Sr. Maura ha caído, porque, como tjecía admirablemente El Mundo hace unos días en un articule lleno de sinceridad y de jDatriotisnio, había una gente que quería snandar fuese como fuese y por los medios pue fuese. sta gente uo podía oponer coatfa él se- ñor Maura ideas, ni programas, til política, porque no las tenía, y tuvo que apelar á las únicas armas que la ocasión le ofrecía, las peores de todas, la injuria y la calumnia. Esta gente, al oir las tempestades que en el extranjero se alzaban no quiso decir: -Estáis equivocados; no sabéis una palabra de procedimientos legales españoles; A Ferrer no se le condena por sus ideas, sino por sus delitos; no le juzga un tribunal excepcional, le juzga un tribunal legal, el único tribunal competente que en España existe con arreglo á las leyes que nos rigen. -Y no quiso añadir: -Ferrer no es lo que suponéis; no es el representante de la intelectualidad progresiva española; no es un Galdós, no es un Azeárate, no es un D. Hermenegildo -iner de los Ríos. Ño dijeron nada de esto. Prefirieron, por el contrario, fomentar la agitación, coatribuir al desprestigio de nuestra patria, sin más móvil ni más objetivo que el de que cayera un Gobierno que de otro modo no podía caer. Y como carecían ae razón y ae argumentos, apelaron á la injuria y á la calumnia, que son los argumentos de que se valen los que 110 tienen razón. Y cuando nosotros, llenos as santa indignación, de sano patriotismo, tratamos de alzarnos para establecer una línea divisoria, justa y honrada y noble, entre los que por única finalidad de su vida tienen el robo, y el incendio, y el saqueo, y el asesinato, la indisciplina, el estarnio á la autoridad y el desacato á los tribunales de justicia, y los que ponemos ante todo y por encima de todo el honor de la patria y el respeto á la ley, se nos acusa de fomentar odios y azuzar pasiones y se nos pregunta: ¿es que es posible dividir á los partidos españoles en dos clases: una la de los honrados, buenos y ganos, y otra la de los pillos, bandidos y anarquistas? ¡Naturalmente! ¡Como que no es posible que pueáan estar juntos un honrado y un pillo, un bueno y un bandido, un sano y un anarquista! ¡Pues no faltaba más! Y se tuercen nuestras palabras. Y se nos atribuye, como lo hace anoche El Correo, lo que jamás dijimos, por ejemplo, que los bueuttos son los que aprueban los actos del señor Maura, y los malos los otros. ¿Cuándo memos dicho nosotros semejante cosa? Lo (que nosotros hemos dicho- -será preciso repetirlo una vez más, para que todo el mundo se entere, -es que de un lado están los que defienden y disculpan el crimen, y el desorden, y la indisciplina, y el desacato, á la autoridad y á los tribunales, y del otro, los hombres de orden, respetuosos con la ley. ¿Está esto claro? Pero aun hay más. Nosotros, al estaDiecer esta divisoria, que consideramos, insistimos en ello, perfectamente justa y noble, hemos procuiado ante todo no perder la serenidad y el decoro; mantenernos siempre dentro del límite que nos impone el respeto á los demás y á nosotros mismos. Y en vez de contestar lealinente á esta actitud, que podrá ser todo lo discutible que se quiera, pero qiae es noble y digna; en lugar de contender serena y lealmente, con argumentos y razones, se desvía la cuestión, se aparta de su verdadero punto de partida y, con el pretexto de una cuestión política que no existe, qse no pwede existir, parque lo que se debate es una gran cuestión nacional y social, hay periódico que nos dedica las frases, más chabacanas que el desbordamiento de la pasión puede hacer subir á los labios y bajar á la pluma. Conste que nosotros no sabemos ni queremos andar por ese camino. Conste que nosotros no hemos dado el menor pretexto para descender á ese terreno, que nos repugna. Pero conste también que, desgraciadamente para todos, s. e están poniendo las cosas de tal modo, que, -de seguir jíor este ca- mino, la línea divisoria que pretendemos establecer entre los amantes de la patria y los enemigos de ella habrá necesidad de hacerla exteciva á todos los órdenes de! a vida. Ya no se trata de una cuestión nacional, ni siquiera política. Es, sencillamente, una cuestión de educación y de buen gu to. ESPAÑA NUEVA kTo contesta España Nueva á las preguntas TM concretas que ayer formulábamos respondiendo á un artículo suyo. Diee que no hemos desmentido los asertos de la defensa de Ferrer. Eso es sencillamente involucrar la cuestión. El defensor de B errer hizo lo que era su debsr, lo que hacen todos los defensores celosos de su misión: agotar cuantos recursos están á su alcance para salvar á ¡os acusados. Frente á la opinión a el defensor está el juicio del fiscal y de los jueces sentenciadores. Para nosotros, este juicio es indiscutible. La sentencia desvirtúa las afirmaciones de la defensa. No tenemos, pues, por que retutar lo dicho por el Sr. Galcerán. Refutado está en la sentencia. Lacreemos justa, ¿La considera injusta España Nueva? Tampoco nos convence de que la protesta extranjera iba contra Maura y no contra España el hecho de que Heraldo Militar opine como España Nueva- Otros colegas militares opinan como nosotros. Ahí está lo que han escrito. Y de anteanoche es lo que dice el ilusita. do E ércitn y Armada, cuyo texto repioduciinos: Las adhesiones á la patriótica protesta iniciada por nuestro distinguido amigo el Sr. Luca de Tena, en la que se pedía á la Prensa extranjera que rectificase las falsas, calumniosas y ofensivas noticias é informaciones que sobre España insertaban los órganos pertenecientes á los partidos más avanzados, van aumentando en cantidad y en calidad. Adhiéren, se GENBRA. UÍS y ARISTÓCRATAS, y todo hace presumir que estas adhesiones serán la línea divisoria entre los que sienten muy vivo el amor á la patria y la rinden ferviente culto, considerando los vínculos, creencias y afinidades políticas como cosa muy secundaria, y los que desdeñan ó creen quijotescas tales manifestaciones. La adhesión del veterano y cultísimo general marqués de Polavieja no puede ser, por su forma y su fondo, más corréete, ¡aás amplia y más significativa. Dice así: Como soldado de mi patria, felicito á us ted con el mayor entusiasmo por la campaaña hecha contra las calumnias de la Prensa extranjera. -El teniente general marqués de Polavieja. Eu estos cortos renglones está conüeusado el pensar y el sentir del Ejército y de la Armada de España. De la adhesión del Centro del Ejército y de la Armada de Cartagena, cuyo presiden te es un distinguido general de Ingenieros del Ejército, pueden tomar nota los periódicos á quienes pueda referirse, porque nosotros publicamos, entre varias cosas sua ¿ves, un artículo titulado ¿Qué hace el Ejército? que, publicado el 21 del corriente, es la mejor prueba de nuestra actitud. Y conste que en este asunto es unánime la opinión del Ejército y de la Armada, yj por expresarla, ni se falta á la disciplina ni puede establecerse el sistema de fichas oue llegó á dividir el Ejército francés. Aquí no hay más ficha que la s ue nene la siguiente inscripción: ¡Viva España! Í