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A B C L M A R Í E S a 6 DE OCTUBRE OE y o 9 ED 1 C 5O N I. PAG, n vado ante la opinión pública; significa que la opinión pública, que la voluntad nacional, que las clases y los intereses nacionales, que los sentimientos y las convicciones de los españoles no pueden inhibirse, y que si se inhiben no podrán quejarse de lo que sobrevenga. Quizá no era menester la serie de crímenes de la semana de Julio en Barcelona para que las gentes estuvieran advertidas de lo que significa esa revolución, tan calurosamente anunciada y tan alegremente preparada; pero ahora, ciego ha de ser quien ignore adonde se va. Pues contra eso no hay más que una defensa, que consiste en actuar con la ciudadanía, con el voto, con la propaganda, cou las manifastdcianes, no contentándose con decir al oído del deudo ó del amigo lo que se opina, siuo interviniendo todos los españoles, os electores y los que no lo son, en la vida pública, para hacer sentir á todos los poderes públicos el verdadero espíriu, el verdadero estado del alma nacional, sin qme sea posible transferir, como á ello propenden muchas veces las clases acomodadas é inteligentes, á instituciones y á órganos constitucionales del régimen político de un país, las funcioKtís de la sociedad, las funciones de ia masa electoral, las funciones, en suma, de e- sa soberanía que se regula más ó roanos, que tiene mas ó menos forma en las leyes positivas, pero que es la única determinante en la vida pública de los pueblos cultos. COINCIDENCIA NECESARIA p l partido conservador tiene que recoger, el partido conservador tiene que re presentar, el partido conservador tiene que servir y servir denonadamente, resueltamente, sin medir el esfuerzo, todo ese sentir de las derechas españolas; y aquí tengo que salir al paso de vina habilidad que tergiversa estos conceptos, buscando cohonestar de esta manera, monstruosas coaliciones. No; yo no llamo ni acepto cinguaa coalición ni organización política fuera del partido conservador; lo que digo es que todos aquellos españoles, aunque tengan particularmente alguna predilección, á la cual no satisfaga el programa del partido conservador, pero que sustancialmente sientan la necesidad de oposserse al triunfo de la revolución, todos esos deben ayudarnos individualmente por sus sentimientos y per sus ideas completamente fuera de organizaciones políticas extrañas á nosotros. (Grandes aplausos. Muy bien. Y si no lo hacen á su cuenta va, no á la nuestra. iandes aplausos. NI TRANSACCIONES NI COALICIONES it a ocasión, teistemente, es más que sobrada para lo que voy á añadir ahora, que sin tal ocasión también lo dijera. Hace mucho tiempo que innumerables amigos de los que están presentes, y otros ausentes, me tienen oído en privado la impaciencia con que yo he soportado la tradición de las inteligencias y transacciones entre conservadores y liberales. Eso es menester que haya acabado absolutamente. (Muy bien, muy bien. cueste lo que cueste, que ya sé que costará, porque muchas costumbres, muchos antecedentes, muchos supuestos de la vida presente, se basan en una tradición de largos años; pero es que la mudanza de los tiempos no exige menos. Notadlo; desde el instante en que resulta rota aquella unidad que antes os decía yo de las. esencias constitucionales, cada inteligencia de esas, sin voluntad ni culpa del que la hace, por una inadvertencia que los Hechos hacen culpable, es una traición, porque esto es dar fuerzas á elementos irreconciliables con todo lo que debemos amar y defender. (Grandes aplausos. Seremos pocos ó seremos muchos. Lo mismo da. No deben venir sino los que puedan venir por sus votos, y por donde no se pueda venir hay que luchar, y la minoría de los distritos donde haya una representación que por ahora no pueda derrotarse ha de luchar, ha de organizarse y ha de aspirar á convertirse en mayoría. COMITÉ PARA LUCHAR orno esto represenca una labor intensa en la dirección del pa- rtido, os pido autorización para asociar conmigo á tres ó cuatro personas calificadas del misino, á fin de q- se, formando una comisión, se ocupe día por día y hora por hora en haeer efectivas estas palabras, en romper estas ligaduras y en emancipar al partido conservador, para que, constituyéndose sobre su propia base, organice la lucha electoral, la propaganda y todo lo que un partido, cuando está en pie de guerra como esta el partido conservador, necesita para salvar á esta, sociedad y á esta nación del baldón y de la ruma, que viene por la izquierda. (Grandes y prolongados aplausos. Oyense varios vivas á España, al Rey, al Ejército y al Sr. Maura. la resistencia de las masas revoltosas y agitadoras, ó dejar el poder á los liberales. El Gobierno, parlamentario, amante de los procedimientos democráticos optó por esto último El Sr. Maura nabia del movimiento de agitación y de subversión iniciado y fomentado para aislar y hacer fracasar nuestra acción militar en Melilla. Unas palabras enérgicas, contundentes, calificando estas sugestiones antipatrióticas, levantan en el auditorio una tempestad de aplausos y de bravos. La atmósfera se caldea y enardece extraordinariamente. El orador, pasados los aplausos, va pintando y describiendo cómo elementos gubernamentales, constitucionales, hicieron de esta agitación un arma para lograr el poder. ¡Y en esas aguas- -esclama, -en esa cloaca pusieron su turbina para hacer su trabajo! Otra salva de aplausos, unáuime, entusiasta, fervorosa, corta el hilo de su discurso. Luego, más adelante, cuando el Sr. Maura, saliendo de su escaño, adelantándose hacia el pasillo de los bancos, habla de ex ministros del Rey y de ex pre ¿presidentes del Consejo que laboraron en revuelta confusión con revolucionarios y demagogos, los aplausos, los bravos eaarMecedores, frenéticos, tornan á atronar e salón. Se ha tratado de tachar de inexactitud lo motivos de la crisis expuestos en la dimisión del Gobierno elevada á las augustas manos del Monarca, Signo de los tiempos es éste- -dice el orador- -y sólo ha podido intentarse en una vacación del entendimiento. El partido liberal no es el que go bierna. No puede ver el partido conserva dor á los liberales en los hombres que ahora se sientan en el banco azul; ellos rompieron toda relación tradicional y obligada de los partidos. Se halla rota la comunidad en la esencia constitucional No es un partido con una bandera, buena ó mala, aceptable ó no aceptable, tolerable ó no tolerable; son hombres que han logrado el poder sin programa, sin ideas, sin soluciones. El orador ha llegado á un grado de energía y de decisión insuperables. Pocas veces el Sr. Maura ha tenido tales acentos, tales arranques, tales ráfagas de calor y de inspiración. El auditorio, en intensa atención, está suspenso de sus palabras, vibrando al unísono con todas las vibraciones del orador. Ante la conducta de los hombres que ocupan el poder se impone la ruptura total, absoluta, con ellos, del partido conservador. Nada de farsas, ni de arreglos, ni de componendas. Vendrán al Parlamento- -dice el orador- -los que puedan venir por sus votos y nada más. ¡Si somos muchos, muchos; si somos pocos, pocos! Otra grande y calurosa salva de aplausos sigue á estas palabras, Bl Sr. Maura termina pidiendo la confianza de todos para que él, en compañía de otras personalidades del partido, pueda con sagrarse á la campaña de la opssición, á la organización y dirección del movimiento electoral. Al terminar el orador, los aplausos y los vivas se prolongan durante largo rato. Se grita ¡viva el Rey! ¡viva España! ¡viva el Ejército! ¡viva Maura! Todos los concurrentes desfilan ante el ex presidente del Con- o sejo para estrechar su mano. Y los comen, S taricb comienzan. AZOR 1 N LA RUPTURA A las tres, el ancho pasillo y el salón de TM conferencias del Senado están rebosantes de diputados, senadores, periodistas. Todos, los senadores y diputados, van enfundados en sus negras levitas y llevan sobre su cabeza el reluciente tubo. Reina eu todos los grupos una animación extraordinaria. Se charla y se ríe. Se comentan los lances de la crisis. Corren de boca en boca frases ya legendarias, casi épicas, como lt del canto de un duro como la del hambre no escuchan. Llega un grupo de solidarios. Cruzan rápidas, silenciosas, algunas señoras, camino de las tribunas. Muchos de los concurrentes penetran en el salón de sesiones y van acomodándose en los bancos. A las tres menos diez el salón se halla ya casi lleno. De pronto se percibe un fuerte rumor y un grupo compacto aparece en la puerta. Todas las miradas se dirigen allá. Ya está ahí se dice. El Sr. Maura entra sonriente, estrechando efusivamente las manos de todos. El Sr. Maura da la vuelta al estrado presidencial y viene á colocarse en un escaño, detrás del banco azul. En silencio, el ex presidente del Consejo coloca un diminuto papel sobre el pupitre y espera á que el murmullo de las conversaciones cese. Súbitamente, en un instante, se hace un profundo silencio en el salón. Las tribunas están llenas de espectadores. Allá abajo, en la pública, en el centro, sobre el reloj, un fotógrafo aguarda con su máquina el momento oportuno El Sr. Maura comienza á hablar, au voz es queda, insinuante. Hay en la concurrencia, en los semblantes de todos los diputados y senadores, un gesto de ansiedad, de profundo interés. El orador, después de breves frases de preámbulo, anuncia que va á exponer los motivosjde la crisis. Su voz es ya más fuerte, más decidida, más enérgica, más imperativa. El orador entra ya en la alta tensión á que los grandes oradores llegan pasados los primeros momentos del discurso. La crisis se había hecho inevitable. Colocadas las minorías liberal y democrática en la actitud en que se colocaron, no había más remedio, era imprescindible el dejar el poder. El partido liberal había negado su concurso al Gobierno para toda labor parlamentaria. En esta situación, al Gobierno no le quedaba más recurso que ir derechamente al cierre de las Cortes, á gobernar por decretos del Rey, á luchar con SAI A. los señores fotógrafos de profesión y á Los aficionados que envíen á ¡a Be iaccióii úm A 4 J fotografías sobre algún asunto de interés y de palpitante aeíua Udad se Íes abonará. SíllBS PESETAS por cada pvnetoa que pubSiqaesuMss. Al pie de cada totogMíía se in SieaKí el noiasíi- e de ssi amxwt.