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A B C MARTES a 6 DE OCTUBRE DE 1909. EDICIÓN PAG. 9 CONSERVADORES Y LIBERALES porque nosotros no consideramos nunca es tado normal ei de suspensión de garantías, 7 aunque habíamos levantado esta suspensión en las otras 47 provincias, no lo habíamos hecho en las de Barcelona y Gerona, y necesitábamos someter á las Cortes la reforma de algunos artículos de! Código penal, para que al volver la normalidad cuanto antes, en Barcelona y en Gerona; no comenzara la sementera y viniera luego la cosecha de nuevas semanas como la úit i ia semana de Julio, (Muy bien, muy bien. BL PROCSSO FERRER Y fuimos á las Cortes, habiendo sobreva nid- entre la fecha de la convocatoria y la de la reunión un suceso ue no puede qmedar olvidado. Con ocasión de una de las sentencias de los Tribunales legítimos, constituidos por nuestros, Códigos, por leyes que no sor. obra del partido conservador ni de ningún partido, por leyes que no son siquiera de fecha reciente, que habían tenido el asentimiento, cuando menos, de los partidos de gobierno; con ocasión de una de esas sentencias se promovió por la divulgación de noticias, no solamente falsas, sino monstruosas, la agitación de eleK entos afines á los que habían actuado en Barcelona, si no eran parte de esos elementes mismos, y se extendió por el extranjero una campaña infamante contra el honor del Tribunal militar, contra el honor del Ejército, contra el honor del Gobierno y contra el honor del último de los ciudadanos espa Boles... que no merecería serlo si tolerara en España régimen de tal vileza, que permitiera las monstruosidades imputadas (Muy bien, muy bien. Ruidosa ovación. LO QUE OCURRÍ O 5 N EL CONGRESO puimos á las Cortes, perdonad la candidez, creyendo yo que ellas solas eran remedio, porque decía yo: entre mis adversarios los tendremos enconados, estarán encendidas las pasiones; pero la probidad, el amor patrio, ¿también eso se habrá perdido? (Muy bien. muy bien. Grandes aplausos. Brv. vo, bravo. En las Cortes sucedió que no se levantaron todas las voces á decir una de dos cos s: ó yo estoy con los que infaman, ó yo estoy para afirmar que mi patria no es una patria de bandidos. (Grandes aplausos. Ovación. No; dijerou las oposiciones que aquello no era contra España, sino contra el Gobierno, 3 en el agua de aquel molino, en el agua da aquella cloaca pusieron la turbina piara hacer su labor. (Ovación prolongada. líecho es este notorio, que no se disimularía con el silencio, en el cual me Geteugo para referir lo que ha pasado en las Cortes, que bien reciente es. y iodos sabéis. DOCUMSNTO HISTÓRICO Y o de ello recojo ahora tan sólo lo qua 3 hubo de decir el Gobierno dimisionario en el documento que depositó en las augustas manos de S. M. ei Rey, siendo uua señal de los tiempos que haya podido haoer alguien que creyese y aun dijese que en tal solemnidad y en tal acto pudiera. un Gobierno verter en aquel documento cosas que no fuesen incontastabl- emente exactas (Muy bien, muy bien. aparte la vacación del entendimiento que así discurre, porque á poco que parpadeara advertiría que si los hechos no fueran ciertos la CUSÍS no habría continuado, puesto que en ello- se fundaba la crisis, y la crisis fue un cambio de Gobierno. Aquel documento es un co Wo, vo más que un espejo, que queda incorpoiaüo á la Historia de España como esas pisaras que en las inundaciones señalan hdata (linde llegó el nivel de las aguas. Vhiy bien, muy bien) ¿Qué acontecía, segú i e! tcx o, que ¿Q fi í confircáo, (ís ese d ocumento: U etpi iLu suUn perficial pudier creer que uua acli p o r su importancia política, verdaderamen te extraordinaria, pues cambia de modo radical las relaciones que de antiguo exis tian entre los elementos gubernamentales, é historia el origen y consecuencias de la mltima crisis, reproducimos taquigráficamente á continuación el discurso que el Sr. Maura pro nuncio ayer tarde en el Senado ante las Mayorías conservadoras, n i entrar en eí s- aión el Sr. Maura se dieron entusiastas vítores á los hombres lirados, al Rey, al part do conservador y su jefe. Todos los vivas fueron contestados m entusiasmo. El Sr. Maura se colocó en el banco de Conisiones, y empezó su discurso en medio Je la mayor expectación. SI Sr. MAURA: Ni la ufanía ai la complacencia de wrme entre vosotros, con ser tan grandes, ni la necesidad de hablaros de la. gratitud que os debo, aunque ello es más obligado en el insolvente, me halarían movido á molestaros. Os he convocado porqae esta última crisis es tan extraordinaria, que siento la obligación de hablaros (y 1 dirigirme á vosotros habl o á todos los correligionarios ausentes y hablo á la nación entera desde este sitio) para explicar el i sflnjo que esta crisis ha de tener en la conducta de las fuerzas conservadoras del país. Reunimos es ya en nosotros señal de que a- lgo extraordinario y excepcional, en mi sentir, ocurre, porque nosotros n solemos necesitar reuniones ni comunicaciones para permanecer unánimes. (Muy bien, auy bien. Lo habéis visto. A través de todas las circunstancias, sin comunicarnos, cuando ha llegado la hora, unánimes habéis estado al lado del Gobierno y el Gobierno, ha procedido siempre inspirándose en el mismo sentimiento que os ¡nueve á vosotros, seguro en todo instante de teneros á su iado. (Muy bien, muy bien. ¿Por qué? Porque nosotros no atendemos ni á nuestras pas- io. nes ni á nuestros intereses, que son fuerzas divergentes y disgregadoras, sino que fee. nemos un solo ideal y al mirarle tenemos un solo norte y seguimos un solo camino. (Aplauso- OBJETO DE LA REUNIÓN l asunto por el cual se celebra esta reunión voy derechamente. Recordáis todos la situación política del mes de Junio. Acababan de votar las Cortes una ley de amnistía; queríanlos borrar los últimos recuerdos de las discordias. Se celebraron unas elecciones, aplicándose por primera vez la. nueva ley Electoral, y se l gró en ía práctica de la ciudadanía un progreso que no pudo negar nadie, que muchos con asombro y admiración presenciaron. No se pudo formular contra el Gobierno el más mínimo reproche, ni siquiera se pudieron callar las alabanzas en lenguas no acostumbradas á formularlas. Nuestras relaciones con las oposiciones. ¿No recordáis cuan difícil nos era explicar por qué accedíamos á suspender la discusión de la ley de Administración local al cabo de los años? Era tan sólo por guardar á las minorías monárquicas aquellas deferencias en aras de las cuales tanta paciensia se éeírochó y tantos sacrificios se hicieroH. rio surgió la necesidad de una acción militar en el. Rif, y tengo explicado y demostrado también que dicha acción militar no era sino la prosecución exacta, fidelísima, del misma política que habían aprobado todos, no tan sólo los partidos monárquicos, en el Parlamento esp mol. iSsa acción militat en el Ri dio ocasión á una campaña que es más para recordada que para referida, porque escalda la lengua la mención de tanta villanía, de tanta desaprensión, de tanto desamor á la patria (Grandes aplausos. y se predicó y se elaboró y se hizo cuanto se pudo pata deprimir el ánimo nacional, para qwe la guarnición que en Melilla se batía con los rífenos no fuese socorrida y reforzada, para que Es- paña tuviese que capitular, y qsiedara anta Earopay ante todo el mundo como presa, indefensa é ine- rtne á cualquier codicia que se atreviese ó á cualquier conjunto de codicias que se conoertasen para despedazarnos. (May bien, muy bien. Aplausos prolongados. El último incidente, la manifestación suprema, el fr to maduro de aquella campaña, fue la semana final de Juiio en- Barcelona, que tuv -muchos autores directos é innumerables autores indirectos que responderán ante Dios y ante la Historia. (Grandes muestras de aprobación. La fórmula era la fórmula del anarquismo universal, que la revolución impidiese la guerra. QQ 3I SRNO NACIONAL A EJl Gobierno tuvo que prevalecer contra todas estas dificultades acumuladas, y el Gobierno prevaleció; pero no 10 puede decir jactándose de su obra; lo ha de decir en homenaje al alma nacsocal que pronto se rehizo y mosteó ser digna de sus tradiciones y del porvenir que para ella dedeaaios. (Muy bien, muy bien. He recordado, en pocas palabras, estos antecedentes para un solo fin, para que penséis conmigo, como creo que pensará cualquier espíritu desapasionado, que durante el interregno parlamentario el Gobierno no tuvo que ocuparse, íai pensó ocuparse, ni habría podido ocuparse de coea alguna que se refiriese al partido conservador ni á las contiendas de los unos con los otros partidos; no dio un paso en que estuviera el se- lio de nuestra singular característica dentro de la política española. Eramos los ge- stores legitimoSj porque ocupábamos ese banco (señalando al azul) de la causa nacional en lo exterioí y en lo interior. ANTE LAS CORTES mjo sé si antes de lo posible, pero en el pn rner instante en que fue posible, nos apresuramos á convocar las Cortes. No ha faltado quien creyese que habría sido más acertado no convocarlas; puede qae todavía alguien le piense, y acaso el suceso convida á pensar! pero para juzgar hay que reflexionar. I a reunión de las Cortes era inevitable y urgente, y lo era porque nosotros, aun en los días tranquilos y normales, hemos querido gobernar en comunicación constante con la representación del país, y porque había dos llamamientos inevitables y urgentes para el Gobierno. Nosotros necesitábamos las Corles, porque por decreto se podían habilitar ciéditos, pero no arbitrar recursos, y era indispensable que el incidente militar del Rif no interrumpiese la obra magna, nacional, permanente, común, de fortalecer y consolidar y afirmar el estado de la Hacienda y del crédito público; necesitábamos las Corees, ad síaás, LA CAMPAÑA EN EL R 1 F j sí nos separamos, en un discurso recieate, taa reciente que sería impertinencia volver sobra ello; teago explicado cómo y para qué úv. m it. ei inierreguo y