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A B C JUEVES 21 DE OCTUBRE DE 1909. ED 1 C 1O M ¡vivir y suicidarse, si eso puede llamarse opción. (Aprobación en la mayoría. Y nosotros absteniéndonos, nosotros omitiendo nuestra acción en trance tal, replegándonos á consentir nuestra cercana eliminación y expulsión, no solamente renuu jábamos á nuestra personalidad y á una de las condiciones fundamentales de nuestra independencia permanente, sino que rene! gábatnos de todo nuestro papel en la histo ria. (Aplausos) No había lugpr á opción, no habíalugar á duda; había lugar p ¿ra una tremenda responsabilidad, la de no hacerlo, si fuéramos capaces de semejante prevaricación, porque era una prevaricación á la cual nos couvi daba nuestro interés. Nosotros sabíamos (que por de pronto nadie nos habría reprochado; habríamos seguido tranquilamente auestro camino, haoríamos evitauo todas las asperezas y todas las dificultades, y todos los dolores y todos los azares de la ac ción militar, y habría pasado el tiempo, y cuando ya quizá nosotros no estuviéramos en la política, se habría sacado la cuenta de quién había sido el que había amputado un órgano esencial á la nacionalidad española. Grandes aplausos. Pero eso nosotros no lo ¡haremos, no podídaaos hacerlo jamás, coscase lo que costase; nuestro deber nos mandaba intervenir, é intervenimos. Pero vamos á ver cómo intervinimos, para qué y cuando intervinimos. No intervinimos como quien desea ¿qué habíamos de desear? la acción militar; no intervinimos como quien desconoce ¿cómo habíamos de desconocer? sus asperezas y dificultades: ¡Si eso está tejido en toda nuestra historia m is- reciente y puede decirse que no vive uno que no tenga de esto cicatrices! ¿No sabe su señoría, no recuerda que yo era ministro con S. S. en la época de que hablaba su se ñoría esta tarde, por lo cual á sus palabra. s itne asocio? ¿Cómo habíamos de ignorar es. tas cosas? Y ¿qué necesidad tenía yo de pre ¡guntar sino a mí mismo, que fui testigo de ello dentro del Gabinete? 1,0 que hay es- que cuando llega el caso de la necesidad y cuando va algo esencial en ello no suele estar en la mano del interesado señalar la ocasión; pero está en su mano perderla, está en su mano malograrla, y luego sobre su conciencia toda la responsabilidad. (Muy bien. Precisamente en esta época á que me estoy refiriendo, que es el mes de Junio y primeros de Julio de 1909 en que vivimos, decían los moros de las cabilas vecinas, á la ¡vez que hacían insuperables protestas de amistad á España, ¡ue si ellos no eran pro- tegidos, que si no hacíamos efectiva la protección, serían víctimas de la agresión de sus enemigos, y nos estimulaban á ocupar el Atalayón y tomar otras posiciones para protegerlos. El Gobierno contestaba al geaeral Marina: Esevidente la conveniencia militar, desde el punto de vista de la seguridad, de anticiparse, de adelantarse, de estar ya en el sitio conveniente cuando venga la agresión que temen estos protegidos de Es- paña, que reclaman la protección de España; pero aunque España les asegura que se la dará, nosotros no tenemos derecho a intervenir mientras no haya motivo. Y tuvimos que ratificar la seguridad de que serían amparados, pero no pudimos anticipar al agravio y á la necesidad notoria una acción militar. Y estos son, Sr. Moret, los antecedentes de 9 de Julio. No es el 9 á. e Julio un suceso que pueda presentarse, como lo presentaba su señoría, como una revelación contraria á todos los antecentes, sumando S. S. á todos los antecedentes que le hacían presumir que no sucedería tal cosa nada menos que i nuestra actitud de reserva, de atención y ¡parsimonia en lo de Casablanca y en el canifiio, ds- soijeranía. de MairucoSj asuntos totalmente divorciados y extraños aL asunto del Rif. Pero aquí el Sr. Moret me decía varias rosas que tengo que contestar una por una. ¿Sabíais que ibais, ó lo ignorabais? Si lo sabíais, ¿cómo no os apercibisteis, como no lo declarasteis? Si lo ignorabais, ¿cómo disculpar el yerro, cómo justificar la imprevisión? A los dos términos de la disyuntiva acudo, Sr. Moret. Nosotros no sabíamos ni podíamos saber, ni era posible lo supiese nadie, qué cantidad de esfuerzo se necesitaría para realizar el objetivo pofítico que os estoy explicando; no sólo porque esto está implícito en las condiciones del Rif y de sus gentes y de su historia, sino porque nosotros no íbamos á tener otra medida que la medida de la necesidad. ¡Pero imprevisión nosotros! ¡Su señoría acusarnos á nosotros de imprevisión! (Rumores. ¡Acusarnos alguno de imprevisión- á nosotros, cuando no olvide su señoría que al fin de Mayo regresaba de Marruecos la embajada extraordinaria, y que mientras no estuviese eu Tánger núes tro embajador extraordinario nosotros habríamos cometido la mayor de las imprudencias dando cualquier paso de preparación! En lns primeros días de Junio el Consejo de ministros resolvía qae en la eventualidad é incertidumbre de los esfuerzos que pudieran ser necesarios en el campo de Melüla, ni se exagerase la previsión gravando el presupuesto y suscitando la alarma innecesariamente, ni se omitiesen aquellas diligencias que permitiesen acudir con la oportunidad debida á socorrer la guarnición de Melilla, si lo necesitaba. Y para eso se habilitó el crédito, para adquirir material y ganado, mas difícil de improvisar que el llamamiento y la incorporación á filas de los soldados. Entonces la gente más enterada y la gente más poseíd a de los antecedentes en cuestión tomó esto por un exceso de previsión. ¿Cómo es que ahora somos imprevisores? Pero, además, de toda la campaña resulta uii argumento para mi tesis, que es muy breve y por eso lo prefiero. Si hubiéramos sido tan imprevisores no se habría verificado que antes de noventa días de la agresión de Julio estuviera al- canzado substancialmente todo el objetivo de la campaña, y hubiera sido imposible, á pesar del esfuerzo extraordinario, á pesar del número de combatientes que hemos tenido que poner en el Rif; número que, en efecto, ha servido para que los comentaristas y los interesados en suscitar alarmas y aprensiones dedujeran de él propósitos que atribuían al Gobierno español; número, sin embargo, que no ha sido otro que el que sobre el terreno ha necesitado y pedido el comandante general de aquellas fuerzas; número proporcionado á las dificultades y asperezas del terreno, á la fiereza de los combatientes enemigos y á nuestra voluntad de que fuese rápida y decisiva la campaña y de que no marchase con lentitud y languidez. Decía el Sr. Moret que para conocer las intenciones del Gobierno hay que espigar en las columnas d. e la Prensa extranjera, y añadió S. S. que no conocía del pensamieu to del Gobierno más que denegaciones cuando se hablaba de Tetuán y se hablaba de Tazza y se disparataba á caño- liore en las redacciones de los periódicos extranjeros y en las de los españoles. Pero ¿qué culpa tenemos nosotros de que las Notas oficiosas de los Consejos de ministros sean los únicos documentos que no existen para el Sr. Moret cuando se trata de conocer el pensamiento del Gobierno? Eso es lo único que su señoría no conoce, y es lo único que había de definir el pensamiento del Gobierno; no siendo las comunicaciones á las potencias y á los Gobiernos interesados otra cosa que el reflejo y la repetición de los acuerdos que ante Habían conocido todos los espa- 5. en las ocasiones en que fue desvanecer determinadas tergiversaciones. En las Notas oficiosas está expresado desde el primer día lo mismo que digo ahora, sin que haya habido ocasión de duda más que de una panera: olvidando esas Notas en que explícitamente declaraba el Gobierno sus propósitos. Yo creo, señores diputados, hauer explicado por qué hemos ido al Rif y á qué hemos ido al Rif Se nos acusa de que no neinos preparado á la ORinión. Es una acusación muy repetida por personas autorizadísimas, y yo las invito, por lo mismo que tienen tantos títulos á nuestro respeto, á que reflexionen sobre la clase de preparación que se echa de menos ¿Qué preparación es la que tenía que ha cer el Gobierno? ¿Tenía el Gobierno que anunciar propósitos belicosos que no tenía y levantar alarmas y avisar de sucesos qaa no estaban en su intención ni en su propósito, pero sí en las posibles contingencias de ajena voluntad y ajena conducta, ó tenía el Gobierno que afirmar que él estaba resuf t j á hacerse respetar, que no era indiferente k lo que pasara en el Rif? Y esto último, ¿quién ha podido ignorarlo? Pero ¿no advertís, señores diputados, que cuando nosotros desembarcamos en la Restinga 100 ó 200 soldados, si en vez de 6 a moros que disparan y huyen hubieran venido 2.000 rífenos, los habríamos de hacer frente? ¿O creéis que íbamos para retirarnos? (Muy bien. Y si venían 10.000, ¿qué habíamos de hacer sino resistirles, y lo mismo ea Cabo de Agua? Pues eso ¿no fue bien sabido y bien aplaudido? ¿O es que se aplauden los éxitos felices y fáciles, y cuando llega la hora de las responsabilidades viene la censura y la reconvención? (Aplausos. En Barcelona ocurrió el día 26 un episodio, mejor diré, un suceso más intenso alíi que en otras partes, porque lo que aconteció fue que apenas se vio la nación española en la necesidad de prepararse á la acción de Melilla, se divulgó en el oído del pueblo español toda la sugestión antimilitarista de la deserción y de la traición á la patria, y por añadidura se decía que todo esto tenía por objete convertir al Ejército español ea guardián de minas para que unos cuantos burgueses se enriquecieran, pintando al Gobierno como un hato de miserables. No faltó quien para esos fines aprovechara la natural ausencia que del fondo de un problema de esta índole tiene el vulgo y, por eon secuencia, la desagradable sorpresa de verse obligados á un doloroso esfuerzo. De ahí esas escenas, esas lamentables escenas á que aludía el Sr. Moret; sólo que la reac- ción no tardó en producirse más que lo que tardó el pueblo español en enterarse. Entonces fue tan unánime y calurosa la reacción, que bastó para redimir cualquier culpa, si culpa había abajo, que yo creo que la culpa era de los que habían instigado la deslealtad á la patria. (Grandes aplauso: y se demostró una vez mas la sanidad admirable de la masa de este pueblo y la corrupción de las gentes que se llaman directoras, (Prolongados aplausos. -El Sr. Soriano pronuncia palabras que no se oyen bien. En Barcelona la resistencia era mayor, mayor también el impulso subversivo; por eso fue allí intensa y lamentable la manifestación. Allí se aprovechó lo que no era sólo de aquel territorio, el momento crítico de agitación contra el envío de las fuerzas á Melilla, para una revolución política y so cial, para una obra de anarquismo y de republicanismo. Por añadidura, el acto revolucionario di Barcelona acontecía en los instantes mas críticos para la guarnición de Melilla, ba tando para encarecer esto rogaros que p