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A B C JUEVES 21 DE OCTUBRE DE 1909. EDICIÓN J. PAG 4. porque ellos no querían quedar sometidos al Roghi, ni querían ser amigos de Francia, y en Febrero ó Marzo (creo que fue en Febrero de 1908) fue ocupado Cabo de Agua, sin disparar un tiro, acompañándonos fuerzas indígenas organizadas allí como policía, y habiendo pasado todo el tiempo en absoluta paz y cordialidad. Oportunamente conoció el Parlamento español este hecho y le conocieron las naciones todas, y de la significación de este hecho hablaremos, si es menester, para decir que España iba allí por no haber ido el Sultán, substituyendo la acción obligada del Sultán, que no respondió á nuestro requerimiento para velar por los intereses españoles que el Sultán debía proteger con las fuerzas que no enviaba. En Cabo de Agua, que está más en contacto que la Restinga con la población de los naturales, en Cabo de Agua hemos tenido asociados á nuestros soldados desde el primer instante á los naturales, y los hemos tenido atmados, y han funcionado con nosotros en cuantas ocasiones ha sido menester que aquel destacamento, aquella fuerza, ejerciese las funciones de policía, de gobierno, de pacificación y de prden á que estaba destinada. Y en Cabo de Agua las organizaciones de los poblados vecinos eran solicitadas por los poblados remotos. A instancia de los mismos moros se reproducían las organizaciones que en las cercanías de Cabo de Agua habían establecido nuestros soldados bajo la inteligentísima y meritoria acción del coronel farrea, que también luego en el curso de la acción militar hizo ilustre otra vez su nombre. Y el día que se celebró el aniversario de la ocupación de Cabo de Agua, con gran fiesta de todos los naturales del país, se inauguraba el Dispensario en Cabo de Agua y se ponía la primera piedra de una escuela. Esa es la política de España, no la teoría, no el propósito; esa es- la realidad que presencian los naturales del país. Por esto la amistad entre los eapañoles y los quetídanas ha sido inconmovible hasta que, bajo la sugestión natural de las hostilidades de estos últimos meses, ha sido menester expurgar aquellas cabilas de un pequeñísimo contingente de gentes que habían quebrantado la adhesión en que antes permanecían. Bien pronto, con una sola excursión de breves días, ha quedado pacificada y amiga toda la gente de Quebdana, como lo estaba á pesar de la guerra vecina. Esa es la política de España; esa la ha practicado año y medio, la está practicando y ahora también subsiste en la vecindad misma de la acción militar. Eso no se ha improvisado, eso no es una cosa de este instante, puesto que os estoy refiriendo sucesos de todo 1908 y lo que va corrido de 1909, sin que la Restinga haya sido objeto de ninguna agresión ni sostenido ningún combate. Aconteció durante aquella dominación de hecho que el Pretendiente ejercitó en Zeluán por espacio de cuatro ó cinco años, quizá más, que nacionales y extranjeros que se entendieron con él, y que también algunas veces se entendieron eón cabüas, y en algunas ocasiones pretendieron asimismo que él Sultán las ratificase y confirmase sus propósitos, iniciaron explotaciones mineras en la zona cercana á Zeluán, hecho que sobrevino como consecuencia de la tranquilidad que había entonces en el país y que ocurrió en total ausencia, puede decirse que fuera por completo de la órbita de la voluntad del Gobierno español. Y es natural, es naturalísitno que estando la autoridad del Pretendiente combatida por una parte de los naturales del país, aquella explotación minera que él había autorizado y de las que él obtenía ó pensaba obtener recursos fuera también el blaa co de hostilidad de sus enemigos. Habiendo surgido en el tiempo en que mperaba el Pretendiente en Zeluán las explotaciones mineras en el Rif, aparecía una cuestión de interés nacional, que vosotros apreciaréis; porque el tráfico que había de despertar esa explotación, tráfico más ó menos llamado á grandes desenvolvimientos, ó se había de operar por el puerto de Melilla, ó se había de operar por cualquier otro que no fuese el puerto de Melilla, en la costa de Marruecos ó en la costa francesa. El Gobierno español, la autoridad española, la Junta de Obras del puerto de Melilla, cuidó con buen éxito de que todo el tráfico de las explotaciones mineras de aquella- región fuese á parar al puerto de Melilla y se verificase por él, y se construyó por la Junta de Obras el ferrocarril desde el puerto hasta los límites de nuestro territorio para recocer, todo ese tráfico y traerle al puerto de íelilla; y, naturalmente, toda esa ramificación de aquellas industrias y empresas estuvo expuesta á los vaivenes, á las agitaciones y á las hostilidades entre unos y otros cabileños. En 5 de Diciembre de 1908 abandonó el Pretendiente Zeluán y desapareció aquella autoridad de hecho, q, ue durante cinco ó seis años había existido en aquella parte del Rif oriental. Para llegar á esto habían ocurrido cien incidentes, en los cuales fue necesario que actuase el gobernador militar de Melilla, para quien todo eran protestad de amistad. Muchas veces teníamos nosotros que vigilar por la seguridad, y teníamos que recoger en nuestro territorio expulsados, fugados y víctimas de las discordias de los rueños, y cuando, por ejemplo, había acabado ya la dominación del Pretendiente en las cercanías de nuestra plaza y los cabileños querían que las Aduanas allí establecidas se transfiriesen á. los que en nombre de Muley Hafid fuesen á cobrar los tributos, tenía que ir el general Marina en persona, tenía que enviar destacamentos; y así, sin disparar un tiro, se resolvían aque lias diferencias entre los qué allí eran beligerantes, fuera de nuestro territorio. Sa ausentó el Pretendiente de Zeluán, hubo grandes fiestas, grandes regocijos, muchas protestas de amistad á España. El general Marina contestaba á todo: Está bien, pero no toméis represalias, no turbéis la paz, no hagáis imposible la vida en el país y el tránsito por los caminos, y, sobre todo, respetad á los que están bajo la protección de España, bajo el amparo de España. Ellos lo prometían; sólo que muy poco después empezaban los saqueos, empezaban las depredaciones, las represalias; renovábase la guerra, volvía el Rif a su estado habitual, en ausencia de toda autoridad, y volvía la plaza de Melilla á sufrir los efectos de esta anarquía, sin poderse salir de la plaza, sin poderse mantener tráfico alguno con el exterior, al e- x- tremo de que á fines del año 1908, y cito este hecho porque él sólo es un signo y me excusa de desenvolvimiento prolijo, habiendo la Real Sociedad Geográfica pedido que una comisión de investigación comercial fuese al Rif, me contestaba el general Marina que el estado del campo no consentía semejante cosa, porque ni siquiera podría ir una comisión de explotación mercantil totalmente inerme, totalmente indefensa. Estaba, pues, la plaza de Melilla asfixiada bloqueada, sofocada por las discordias exteriores; y se presntó ante el Gobierno, á principios de 1900, este problema: ir desde luego nosotros prosiguiendo lo que significaba, y era la ocupación de la Restinga y Cabo de Agua, á ha cer efectiva en todo el contorno y en todo contacto de la plaza de Melilla con el 1 campo exterior y con sus naturales, por medio de nuestra fuerza, por medio de nuestra autoridad, aquella autoridad del Sultán que le estábamos redamando en vano que ejer. eiese, según los Tratados, ó todavía intentar un esfuerzo más, y formalizanao y estrechando las reclamaciones, obtener del Sultán que cumpliese al fin las obligaciones tantas veces desatendidas y las reclamaciones tantas veces desoídas. Y como acababa de tomar posesión det imperio Muley Hafid y teníamos nosotros otras pretensiones que tratar con él, nosíesignamos á prorrogar todavía el sufrimietíto de Melilla y á seguir acorralados y bloqueados dentro de Melilla por Jos rifeños enemigos de nuestros amigos; mientras qu 0 llegaba á Fez nuestra embajada y en Fez procuraba obtener del Sultán lo que tantas veces en vano habíamos pretendido. En esa embajada extraordinaria se emplearon los 1 primeros meses de este año hasta fin dé Mayo, y en esa embajada extraordinaria ej Sultán de Marruecos, en el Diario de las S siones del mes de Mayo con toda claridad f repetidamente aparece, el Sultán de Marruecos, no solamente se negaba, no solfi mente no entraba á negociar, no solamente no ofrecía, no solamente no ofrecía cumplir los Tratados y poner su propia fuerza en nuestros límites, sino que como tema previo y como condición preliminar para hablat) exigía que nos retirásemos de la Restinga y de Cabo de Agua. En ese estado se interrumpieron las negociaciones en Fez para renovarlas en Madrid, como en Madrid se están siguiendo. Pero notad, señores diputados, lo que significaba la actitud de España frente á los rifeños, gente recia, bárbara, varonil, fiera, que no podía atribuir á miramientos diplo- máticos ni á respeto á formas jurídicas- nuestra inacción, sino que recordando á su manera todo lo pasado, interpretando en sit lenguaje y en su sentimiento nuestra pasividad y nuestra actitud, los endosos de nuestros agravios al Sultán, para que luego no hubiera desagravio, la impunidad de todas las arremetidas contra nosotros y el sometimiento á su imposición y á su baratería, creían que España era absolutamente impotente y despreciable; y cada día nos notificaban los amigos que no podían estar sin nuestra protección porque les arrollaban sus enemigos, y que si no obtenían la de España ellos procederían por sí mismos, porque nos quedaríamos totalmente solos en el campo exterior. ¿Creéis vosotros que alentado todo, esto con la repulsa del Sultán, con la falta de presencia de soldados del Sultán, creéis vosotros que nos quedaba una verdadera opción? Yo no sé las semanas, yo no sé ios mese que un tal estado de cosas consentía esperar; lo que si sé es que no podía ser larga la demora, ni había verosimilitud de que al terminar la demora no hallásemos alterado el problema por la ausencia de todos los amigos, entonces, ó por la presencia de alguna otra mano que no fuese la manó nues ¡6 a, y contra la cual tuviéramos que luchar. (Muy bien, en la mayoría) Porque no en vano sucedió, señores, en 1904, que se respetase á España su puesto en el concierto de las tres naciones. Eso no se hizo por intrigas, ni por invenciones artificiosas de la habilidad, ni muchísimo menos por terne- zas afectivas, motivo que no suele tener, gran eficacia en ese orden de relaciones; se hizo porque lo imponía una realidad consa grada por la vida de España en los siglos, consagrada por la sola situación geográfica del territorio, reclamad a. por todos los ante- cedentes de la cuestión de la costa africana del Norte; y sí España tenía entonces por ley natural, y según su propia personalidad, tal consistencia que no se podía de ella prescindir, y si á ella se la colocaba como condición esencial del acuerdo franco- inglés, claro es que España no tenía para qué dejar de ejercer su acción en el Rif y eij. toda la costa Norte de Marruecos más que acuella opción que tiene el individuo entre