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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFO Y TELÉFONO I V l mV DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO W y Y TELEFONO nft O LA AGITACIÓN EN ESPAÑA YEL EXTRANJERO muestras de conformidad y ninguna censura; hoy es cuando la censura asoma donde tranjera: la campaña de Melilla y los suce- yo menos podría sospecharlo, porque nunsos de Barcelona. Esclarecen extraordina- ca creyera que el Sr. Moret no estaba conriamente ambos puntos los discursos pro forme con la abstención y la circunspección nunciados por el Sr. Moret, el presidente con que España asistió al conflicto de Ca del Consejo y el ministro de la Gobernación, sablanca y á todos sus desenvolvimientos, en el debate político pendiente. y no sólo á eso, sino á la otra crisis que soSegán nuestra costumbre, no hemos dado brevino luego, al cambio de Sultán; incide ellos sino el escrupuloso extracto publi- dencias ambas, la crisis del imperio y el cado en nuestras informaciones, procuran- conflicto con Francia, en las cuales no tuvo do reflejar con la mayor imparcialidad, cui- el Gobierno pocos cuidados, ni tuvo que dado y fidelidad lo dicho por los oradores. salvar pocos inconvenientes, ni fue escasa Pero como algunos periódicos de gran su acción, ni creía yo que á estas horas secirculación han publicado casi íntegros los mejante cosa estuviese tan desconocida. discursos del Sr. Moret, sin dar sino leves De todas suertes, conste que, desde 1904 extractos de las contestaciones, insertamos sobre todo, hablar del Rif es hablar de cosa hoy lo más saliente del diseurso del señor totalmente distinta de los asuntos que se presidente del Consejo, tomado del Diario ventilaban en la costa occidental de Made sesiones, para que oneciendo el púdico rruecos, teniendo el Rif, teniendo el campo los de ambos contendientes, pueda cada extenor de Melilla y esta misma plaza una- uno formar juicio con conocimiento decausa. historia que S. S. recordaba elocuentemen El PRESIDENTE DEL CONSEJO: te, bien copiosa de episodios, de recaídas, El Sr. Moret no llevará á mal que yo exa- de incidentes que bastan, aun consideránmine los dosjasuntos capitales de su discur- dolos aisladamente, p a r a reclamar toda so por un orden distinto del que adoptó su nuestra atención. señoría. Con alguna sorpresa vi que ante ¿Por qué hemos ido á Melilla? Decía el seponía S. S. lo que hj. bid sido una incidencia ñor Moret que no se contentaba con una al asunto principal. No sé cómo se puede contestación liviana. Ni seria digno del Goapreciar bien y en sus consecuencias todo bierno darla, ni de un diputado cualquiera lo ocurrido en Barcelona y cuanto se refiere recibirla; por eso habréis de tener un poco al orden público interior, sino teniendo en de paciencia. Es, en efecto, punto que ea el cuenta cómo estaban las cosas y cómo ha- comienzo de este debate importa dejar bien bía sido llevado á esta situación el Gobier- esclarecido. no. Cómo primeramente surgió el problema La obligación que el Sultán de Marrue del Rif, cómo primeramente se planteó la eos por los Tratados con España tenía y necesidad de la acción militar en el Rif, por tiene, y que recordaba S. S. con referencia ahí voy á empezar, y luego hablaremos de á un discurso del inolvidable Sr. Cánovas Barcelona. del Castillo, de prestar coa fuerzas marroEl Sr. Moret empezaba su discurso ha- quíes, intervenidas por España, la policía ciendo una exposición sintética que arran- de la frontera en cada una de las plazas escaba desde el día 9 de Julio, como si el día 9 pañolas (hablamos ahora de Melilla) es una de Julio no hubiera tenido precedentes, obligación incumplida hace mucho tiempo, ¡como si los precedentes hubieran estado en obligación cuyo cumplimiento, sin cesar, ha el misterio para nadie y menos para S. S. reclamado el Gobierno, como lo han reclaLa cuestión de Marruecos ha tenido siem- mado sus antecesores. pre, pero tiene desde 1904 totalmente sepaLa situación establecida por los Tratados rados, dos sectores, dos horizontes. El señor con el Imperio marroquí respecto de MehMoret parecía olvidar hoy esta diversidad lla está en esos Tratados, pero no está en la cuando hablaba con claridad bastante para realidad hace muchos años. Durante cinco que no quepa duda acerca de su pensa- ó seis años, los inconvenientes del inmemiento, de que el Gobierno había sido omi- diato contacto de la plaza de Mehlla y de so, ac? 30 había sido omiso, que había res- su campo con las anárquicas, rebeldes é inpondido mal al impulso de la opinión, abs- dómitas tribus rifeñas tuvo una atenuación teniéndose de participar, ó haciéndolo de de hecho, que no dejaba de tener otros inuna manera que no sé si parece á S. S. poeo convenientes, pero habíala ventaja de aplaairosa, en los sucesos de Casablanca. zar la dificultad, de hacer llevadera la in Yo quiero recoger esta indicación antes fracción por el Sultán de los Tratados, que de ocuparme del Rif, para recordaros la ab- fue la presencia del Pretendiente en Zeluán, soluta heterogeneidad de las materias y la la dominación de hecho que en aquel terridiversidad radical de los casos, y que tanta torio ejercía el Pretendiente, dominación á abstención allí significaba resolución de in- la sombra de la cual, quietud de hecho mertervención en lo otro, porque son dos tér- ced á la cual, en efecto, se evitaron durante minos antitéticos. Cuando S. S. quiera, ó algún tiempo las complicaciones, los inciquiera algún señor diputado, que ahora se- dentes, las dificultades y los conflictos que ría digresión desproporcionada con la indi- por la ausencia del Sultán y de su fuerza, cación de S. S. no con la autoridad de su sin otra autoridad que una autoridad de señoría, con la importancia que S. S. mismo hecho, masó menos subrepticia, pero positile ha querido dar, examinaremos la conduc- va, habíamos antes de ahora experimentado. Envió el Sultán fuerzas contra el Pretenta del Gobierno en lo que se rcñere á la cuestión general de Marruecos. Claro es que diente al Rif oriental, y ya la lucha entre el Gobierno no se tiene por infalible, pero los imperiales y el Pretendiente renovaba ha perseverado dos años y medio en esta las turbulencias, renovaba las dificultades, política, oyendo muchos aplausos, muchas animaba á las cabilas. T o asuntos preocupan hoy sobre todos os los demás la opinión española y ex- Se suprimió la paz de hecho y se complicaron las ya delicadas relaciones de las autoridades españolas en Melilla, que ha bían de guardar la debida corrección y fidelidad á la soberanía legítima, y que, sin embargo, ausente en realidad esta soberanía, tenían que reeonocer la vecindad de un poder de hecho establecido en el territorio. Cuando nosotros nos encargamos del Gobierno estaban así las cosas. Aquella mehalla imperial no era atendida por el Maghen; estaba desmedrada, descuidada, enervada; no peleaba, ó peleaba rara vez con mala fortuna, y, sin embargo, no abandonaba el territorio. Naturalmente, en el conflicto irremediable de unas cabilas con otras tenía cada uno de los dos opuestos poderes en aquel territorio sus partidarios, y en vez de acallarse se iban encendiendo las discordias entre unas y otras cabilas. España tenía que soportar todos los inconvenientes de ese estado que un tiempo había sido de quietud y ahora era de anarquía y de conflicto; hasta que á fines de 1907, totalmente desamparada y exhausta la fuerza imperial con deserciones constantes, en una inacción forzosa frente al Pretendiente, que estaba en Zeluán, anunció que necesitaba retirarse y deseaba deponer las armas e Melilla. De esta eventualidad se trató, como se había tratado de los perjuicios que á Melilla causaba el conflicto crónico, adormecido, entre el Pretendiente y las fuerzas imperiales, con el representante del Sultán en Tánger; y el propio general Marina, trasladado á Tánger, dijo que si se retiraba la mehalla imperial España tendría que ocuoár la factoría de Mar Chica, la Restinga. Esto era en Octubre, y aunque había muchas promesas y anuncios de refuerzos, la hueste imperial fue desatendida, y en Diciembre, ó á mediados de Enero de 1908, la mehalla imperial fue protegida por las fuerzas españolas, mediante negociaciones del general Marina con las cabilas y el Pretendiente, para que no fueran hostigadas, á deponer las armas en Melilla. Largo tiempo estuvo desarmada y sostenida por España. Esto era en Diciembre de 1907. En Febrero se cumplió el anuncio que había hecho el general Marina al ministro del Sultán. El Sultán no cumplió sus ofrecimientos: la obligación de eolocar fuerzas suyas en nuestros límites, y nuestros soldados ocuparon la Restinga. Sin tiroteo, con 50 ó 60 soldados que tenía allí el Pretendiente, sin una baja ni una gota de sangre, se ocupó la Restinga. Al principio, en el propio Pretendiente y en las cabilas causó alguna emoción el suceso; mas bien pronto vivió la fuerza española en una absoluta amistad y en una paz completa, que no se ha turbado, con los naturales del país. El Parlamento tuvo noticia de estos hechos. Las naciones todas interesadas en lo? asuntos de Marruecos tuvieron noticia de estos heehos. ¿Q, ué culpa tengo yo de que lo hayan olvidado? Antes de verifiearse la ocupación de la Restinga, previendo la retirada de las fuerzas imperiales, ya los quebdanas estaban rogando á España que ocupase cerca de Chafarinas una posición y les protegies e 3