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RECUERDOS DE UN NIÑO PLINFIEL MARROQUÍ 1,0 S psicólogos se esfuerzan en averiguar cómo se inieianlas primeras sensaciones infantiles, y en tan curiosa tarea suelen evocar las personales emociones de los primeros años de la vida. Sólo de este modo puede llegarse á deletrear la difícil pedagogía educativa. En estos días, queriendo verla guerra lejana y todos sus episodios, experimentamos algo que hace vibrar intensamente el alma, reproduciendo el excitado cerebro escenas confusas, notas y rumores. Y surgen también antiguos y casi desconocidos recuerdos, algo así como las viejas estampas y las amarillentas fotografías que juzgábamos perdidas: y percibimos las sonatas inconexas de una caja de música que suponíamos desbaratada y muda. ¡Con cuanto vigor oyeron resonar antaño nuestros oídos, en edad en que los labios- aun no acertaban á modular el pensamieuco, el belicoso cántico que por calles y placas entonaban á coro centenares de voces rugiendo: ¡Guerra, guerra al audaz africano; guerra, guerra al iníiel marroquí, que de España el honor ha ultrajado; guerra, guerra: vencer ó morir! Bandas militares ó charangas, pianos, murgas, guitarras, arpas de los italianos, repetían la canción guerrera, destacándose ta estrofa cantada á una sola voz invocando á la Purísima Virgen para que con su manto salvase la vida al guerrero español. Por la noche, la familia rezaba ante un improvisado altar á la Virgen del Carmen, que onrienie ofrecía el milagroso escapulano. Al entrar en el antiguo convento de la calle de la Salud contemplaba la escultura á cuyos pies se postran dos santos de la Orden revestidos con largas capas blancas; el niño creía ver moros vencidos, sin turbantes, y lloraba. Si algún chiquillo mayor se disfrazaba de marroquí tiznándose la cara y envolviéndose en sábanas, el terror y la repugnancia del nene eran invencibles. Un día de sol, como entre sueños, y desde un balcón de la calle Mayor, percibió muchos colores, muchos soldados, muchos caballos; vio un soldadito llevado á hombros y al lado una mujer vestida de cantinera; vocerío atronador saludaba á jinetes barbu- dos que esgrimían sables. Debió llorar también asustado, porque recuerda que zarandeándole le apartaban á lo obscuro. Allí le acalló como siempre, recibiendo gran placer al percibir la aterciopelada mejilla de la madre acariciándole el rostro, y recorriendo la cabecita en toda su extensión, y deteniéndose detrás de las orejillas, produciendo un cosquilleo singular, adormecedor, dulcísimo. En cambio sufría, gimiendo, cuando se acercaba á tiro de beso uu mascarón afeita- do, de cutis rasposo como lija. Pero la alegría era inmensa, inexplicable, al hallarse á sición se inclina el tronco alternativamente horcajadas en los hombros del padre, el ip derecha á Izquierda, teniendo cu l n do de 5 cual imitaba el galopar de un caballo. Al que al efectuar este movun TM se deja caer ia cabeza ni se mueva la peivis, mansufrir las sacudidas reíase á carcajadas algo temeroso, agarrándose con fuerza á las paternales barbas. Durante muchos años (como en la tierra española por espacio de largos siglos) el moro fue para 1 chiquitín un ser diabólico, traidor, odioso. Más tarde, en plena paz, apareció por Madrid una figura popular: el moro vendedor de babuchas y dátiles, inofensivo, sonriente, pacienzudo y sumiso, á quien tiraban de la chilaba la gentecilla menuda, en tanto que él recolectaba y ochavos morunos. Y he aquí que en la mente delj hombre, como en la del muchacho, se entremezclan hoy las imágenes brillantes de antaño, las notas armoniosas, y entre viejos ponchos, roses, caballos y banderas, surge de nuevo el infiel marroquí, temible y odioso unas veces, otras humildísimo y servicial. Entonces, como ahora, espectador insignificante y desconocido en el gran teatro social, observa calladamente cómopasan hombres arrastrados por la pasión popular, Fig. a. cómo acaecen cosas sangrientas y gloriosas muy de lejos, como entre sueños... y el tronco ei misSólo se destaca luminosa é inmortal la teniendo las piernas (Figuras i en 2. Este mo plano vertical. y bella y gallarda imagen de la madre siem- ejercicio se repite 30 veces (30 flexiones de pre joven, que rezaba ante la Santa Virgen cada lado) del amplio manto por la vida del guerrero Otro ejercicio consiste en situarse üe pie español, y sabía convertir con sus caricias en puros deleites los primeros dolores del EJERCICIOS FÍSICOS YJUEGOS ESCOLARES MOVIMIENTOS Colócase el cuerpo n p i T R O N C O b í e n d e r e c h -los pies DEL TRONCO jUntos, tensas las pie ñas y las manos er etas. En esta po- Fig, 1 jon los brazos extendidos y los pies unidos, y en esta posición se vuelve alternativamente el tronco á derecha é izquierda (20 veces de cada lado) describiendo un movimiento de rotación igual á un lado v á otro. (Figuras 3 y 4. El número de movimientos es variable, según los casos, procurando en los comienzos no experimentar cansancio. Deben practicarse al aire libre, es decir, con las ventanas abiertas, y la hora mejor