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A B C MARTES 5 DE OCTUBRE DE 1909. EDICIÓN J. S PAG. 8. NUEVA DIVISIÓN I eemos en nuestro estimado coleaa La Época: En el Estado Mayor Central se están llevando á cabo coa gran actividad los trabajos para la organización de una nueva división, que probablemente mandara el general Sr. Diez Ordóñez, aunque sobre este extremo ñaua hay acordado hasta la fecha. La movilización comprendera, según se dice, los regimientos de guarnición en Cartagena y Cádiz; y en cuanto á las fuerzas de Artillería, es segwro que serán el y montado, que guarnece Z- tragoza, ó el I2. que se encuentra en Granada, prefiriéndose de estos dos ei que tenga más material Schneider y más caba los de tiro. E 1 regimiento de Caballería afecto á la división será el de Sesma, que se halla ea Valencia. Estas fuerzas quedarán dentro de unos días en pie de guerra y preparadas para cualquier eventualidad. La imoortaticía déla artillería en la guerra moderna ha sido demostrada una vez más en los campos de Mehlla. A no ser pot el fuego de su magnífica artillería, los españoles se hubieran visto bastante apurados en los primeros momentos de ¡a guerra. sNo es posible dudar que en las guerras futuras el triunfo dependerá siempre de la potencia y número de los cañones. España debe mucho en estos instantes a sus baterías Scbneider, que son manejadas por los artilleros con pericia y acierto que no estoy acostumbrado á ver, La campaña hisoano- inarroquí no puede estar meior dirigida. Los servicios militares están hábilmente montados Los transportes, no obstaate la fa ta de un buen puerto en Mehlla, se hacen sin dificultad, desembarcándose hombres, material y caballos mediante el acertado empleo de barcazas enormes. NOTICIAS DE MADRID Majestad decretos del IMPRESIONES SU ministerio firmó ayer dos uno promode la Guerra, general SOBRE LA CAMPAÑA viendo al empleo deD. Daríode división al general de brigada Diez Vicario, 1 A OPINIÓN DE UN Vamos 4 ceder hoy 5l a palabra en estas MILITAR INL. fc, impresionesáurj testigo presencial de fas operaciones, al mayor Richardson, deL Erército inglés, que en el Daily leiegtahp inserta losjuicios que á continuación reproducimos. Y declaramos que no nos mueven á transcribirlos sus alabanzas á la bravura de las tropas españolas, cosa por demás sabida aquí de todo el mundo, sino muy especialmente por sus elogios á otras muchas cosas que. aquí acostumbramos á criticar constantemente, y que demuestra previsión en el mando, cuidado en la oiganización y exce encias en el material, que tanto honran á los que allí mandan como a los que aquí proveen á ías necesidades del Ejército. Véase loque dice el citado mayor: Los ofleíales y soldados españoles se baten admirablemente. Los oficiales, sobre todo, muestran una impasibilidad y una fría indiferencia ante el peligro que dejan asombrado á quien ias presencia. Este heroísmo de la oñciaiid- id es causa de las numerosas bajas que se cuentan entre ella. Además, los oficiales no tienen inconveniente en usar sables, perfectamente bruñidos, que, destellando a ser henuos por el sol, ofiecen un magnífico biauco a lob nfeños. Jb, l umfoTinede las tropas españolas reine inmejorables condiciones para la- uracu a. -í de guerra. Su color es blanc 10 ¡ra as azules, y tiene la ventajé ae adquirir al poco tiempo de su uso u iono gi sace) que. Se confunde por cornpit 10 o n e oei ic re o, hasta el punto de que es muy uif cil ai- L nguir a un soldado iieid; una diiia. ic a re a tivamente coita No es íu- n s practico el calzado de las Uop t- En lu r oe InS p- sa das y recias bota. de mino que u- u lws ejércitos de Inglatena, Aicaiama y Francia, los españoles- calzan cómodas y ligeras alpargatas. Y es de apuntar el techo de que en e Ejército español son muy raros IOSCAsob de molestias ó afecciones en ios. pies. El Soldado español es ademas un notable andarín. ül empleo de loa mulos para el transporte ue impedimenta da otra prueba del buen sentido práctico de los españoles. Los mulos empleados por el Ejército son hermosos aniuiaies de vigorosa resistencia. No conprendo corno el Ejército ingles, que ya tuvo ocasión de fcucer la prueba en la campaña con os boers, sigue sm hacer uso definitivo de e. sta ciase de bestias de carga, que tan -á los t -ñ por méritos contraídos en la acción de guerra en que murió. En el otro decreto se nombra para substituirle al general de brigada D. Juan López Herrero, que procede del Arma de Infantería, que ocupaba en la escala el lu ar inmediato inferior al del general Sr. Diez Vicario. e l Colegio Médico ae ¿i idñd na enviado una entusiasta fehe nación al Cuerpo de Sanidad Militar que presta sus servicios en Mehlla por el brillante y heroico comportamiento que está observando en la campaña. Consideramos justísimo tan merecido homenaje y, á la vez que la noticia del envío, hacemos constar nuestra adhesión á los encomiásticos términos en que el documento se halla redactado, bía quien pelease en la columna, y por ello nos choco que al hallarnos á unos dos kilómetros, ya de regreso; oyéramos fuego de fusilería. ¿Q lé será esto? exclamamos; y como nos extrañaba no haber visto al general MariDí, desde muy temprano que le vimos en Tauima preparando los movimientos, nos encaminamos al punto donde se mantenía tiroteo por escasa fuerza, á juzgar por el ruido de las descargas, y á mitad de camino tuve el gusto de saludar á mi muy querido amigo y antiguo compañero r Javier Bategón, de La Época, quien nosj? ró de que el comandante ea jefe hallábase a corta distancia dirigiendo personalmente la retirada de una guerrilla que había tenido cinco ó seis bajas y que acaso hubiera sido copada por el enemigo á no advertir el peligro el general. -WU. muy cerca encontrarás un muerto ó un herido- -me dijo Betegón al despedirse en dirección á la alcazaba, alrededor de la cual se hallaban las fuerzas de la columna. -Con efecto, no tardamos en encontrar un cuerpo bastante fornido, inmóvil y con la cara tapada. jPobre! -exclamamos á la par Loreazana y yo. ¡Recémosle un Padrenuestro! No habíamos terminado la oración, cuándo observé que movía el brazo izquierdo. Me apeé del caballo, le atendí, abrió los ojos, y á mis preguntas, con voz apagada, me contestó: ¡Me ahogo! Se asfixiaba súbitamente; su rostro estaba amoratado. Espoleamos los caballos en busca de un médico que- salvara aquella vida, y apenas llegamos al cuartel general y dijimos lo que ocurría se encaminó allá el médico que con ansias tan vivaSj reclamaba el paciente, y fue en su busca. El general en jefe se hallaba á pie con el j efe de Estado Mayor mientras sus ayudantes comunicaban sus órdenes á la guerrilla, que iba retirándose escalonadamente, pues si hubiese vuelto la espalda habría sido aniquilada por el enemigo, en tanto sus com pañeros celebraban con entusiasmo delirante la ocupación de la alcazaba. Feheité al general Marina por el fausto acontecimiento, y sin prestarme atención y sin quitarse de ios ojes los prismáticos n dirección á la guerrilla, en la cual caía herido en aquel instante un soldado más, se limitó á pronunciar las siguientes palabras: Muchas gracias, D. Francisco. En cualquiera otra ocasión hubiera traducido que era inoportuna mi presentación é impertinente mi saludo; pero los momentos eran difíciles y me hice cargo de que no estaba la Magdalena para tafetanes. Encargué al capitán Bascaran que en cuanto quedase á salvo la guerrilla dijese al general Marina que me había retirado sin despedirme con el fin de llegar á Melilla antes de que anocheciera para telegrafiar á mis periódicos y mi Agencia, y reanu. dé tni marv. ía de regreso á esta plaza por la llanura, dejando á nuestra izquierda, á unos dos kilómetros, el pueblo y monte de Hassao, y á 3 a derecha las orillas del Zeluán y Mezquita de Sidi- Alí- el- Hasani, como á dos kilómetros y medio. No encontramos ni un soldado desde donde se hallaba el general Marina dirigiendo la retirada de la guerrilla antes menciona da hasta muy poco antes que nuestra viste a canzara la colina en cambie vimos que nos observaban dos moros ¿que semejaban gigantes, en tal actituá, que nos pareció esperaban nos aproximáramos más para que ofreciéramos mejor blanca. Retroceder era más peligroso que avanzar, pues sabido es que los moros e síesten más farrucos cuando ven la parte posterior de su enemigo que cuando lo tiecen frente á frente, y decidirnos proseguir después de EPISODIOS D 5 LA CAMPAÑA T e El Noticiero Sevillano reproducimos los siguientes párrafos de una interesante crónica del veterano y distinguido periodista Sr. Peris Mancheta: CMELJLLA, 28. Mi regreso de Zeluán á esta plaza, no exento de peligros lo hice con el Sr. Lorenz ifa, quien con su petóla matUser, al lado a oe) íS guerrillas de Figueraa, disparó mas oe 40 proyectiles. íbamos á paso largo, p ts llevaban andados 28 kilómetros nuest t i dúallos, y no era ¡cosa de galopar sin Jiob r cimido ni bebido ias bestias en toda A n. añana; esta circunstancia rué permitió enterarme de que mi coupañero de fatigas, que tan bravamente luchaba frente al eneíutij j, había sido oficial del Ejercito carlista y fue herido por nuestras tropas en Somorrostro. -Contra los moros no encontrará usted, amigo Men. ch. eta, ningún carlista que no se bata, me decía D. Alberto, y añadió: En cuestiones de decoro nacional, D. Alfonso XIII nos tendrá á su lado, como nos tendría un presidente de República. Nuestra aspiración es bien conocida, pero á patriotismo nadie nos gana. Como cuando nos retirábamos de la alcazaba entraba en ella el general Tovar felicitando á ias guerrillas que primeramente habían llegado y dando vivas á España y al Rey, que contestaron las tropas con entusiasmo delirante, suponíamos que ya no ha- 1 K I lilinillBülFEíIIiriili