Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC. VIERNES i. DE OCTUBRE DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 17. DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL A B C EN LONDRES No son I OS NIÑOS gleses niños los niños ins o n hombrecitos. PASATIEMPOS EL PRIMER CULPABLE Cierta hermosa viuda, que ha contraído segundas nupcias, se pasa la vida llorando. ¡Este hombre me hace sufrir mucho! -decía, -y la culpa la tiene mi primer marido. ¡No comprendo! -Pues la cosa no puede ser más clara. Si aquel imbécil no se hubiera muerto, yo no me habría vuelto á casar. CHARAD 1 TA MUDA, POR NOVEJARQUE. Marchan muy serios, con mucha compostura; rara vez los vemos reir, sus ojos miran á todas partes con una gran curiosidad. Por las tardes, en el paseo, juegan, pero juegan sin raido, sin escándalo, sin dar grandes gritos, sin acalorarse. Estos niños parecen viejos por dentro. Por dentro nada más, porque exteriormente van vendiendo salud. Son agües y fuertes, nerviosos, coloradotes, y al mirarlos se nos antoja que se han escapado de un cromo de colores. Los pobres, como los ricos, van siempre limpios, bien arreglados. En Hyde Park iienenjsus lugares reservados, donde saltan y juegan mañana y tarde, abiertos de par en par los pulmones al aire puro. Cada nitro cuenta con sus pájaros alionados á I05 que diariamente lleva el pedazo de pan, que desmenuza eon sus manecitas. rosadas, repartiendo las migajas equitativo entre los gorriones, las palomas y los patos. Nosotros, los grandes, solemos permanecer mucho tiempo contemplando este espectáculo tierno que nos ofrecen los niños, y sin querer murmuramos con el poeta: ¡Dios á los pajaritos alimenta! Pero cuando los bables ingleses son mayorcitos, ya no se contentan con las distracciones de Hyde Park... Y entonces invaden los Museos de South Kensvgthon... 1 os pequeños hombrecitos se sienten atraisuntuosa Exposición de objetos curiosos y obras de arte de mérito inapreciable. Los niños conocen ya el camino de todos los museos de South Kensigthon, y no los vetéis perderse vagando vanamente por las salas, sino que, decididos 1, acuden al pabe: llón que les interesa. Es éste un Museo instructivo, donde están representadas de modo completísimo todas las armas que hoy emplea la actividad industrial y mecánica. En la sección relativa á los transportes terrestres, halla. mos ios modelos de cuantas locomotoras han existido, desde la primitiva chocolatera que inventara Jorge Stephenson, hasta el último modelo de maquinaria adoptado para sus trenes expresos por la North Eastern Railway, que se traga la distancia jue separa Darhrigton de York, á la velocidad de noventa kilómetros por hora. En la galería destinada á hacer la historia de los transportes marítimos podemos concemplar todos los modelos- conocidos de motores, comenzando por la reproducción de aquel aparato que hacía girar las ruedas colosales del primer barco de vapor, el Clermont, que allá por los años 1807 batía el record de la velocidad andando sus buenas cinco millas por hora. A continuación vemos los modelos que mejoraron aquél, y abarcamos, por último, todo el camino recorrido por el esfuerzo humano al hallarnos en presencia de los modernísimos que en la actualidad imprimen velocidades de meteoro á las hélices poderosas de los nuevos transatlánticos que, como el Mauritania, acaba de hacer la travesía de Nueva York á Londres en poco más de cuatro días. Vienen luego las otras secciones destinadas á exhibir las máquinas de guerra, con sus cañones y sus tubos lanzatorpedos, y los departamentos donde están expuestas las máquinas de imprimir y estampar, las mineras, las agrarias, las metalúrgicas, las hi dráulrcas... Cada modelo es un pequeñísimo juguete exactamente igual á la maquina auténtica. Está eonstruído del mismo metal, funciona del mismo modo, con precisión matemáti dos por el Albert and Victoria Museum, den poner en marcha todas las maquina rías cuantas veces se les antoje; no romperán nada. Las vitrinas defienden los objetos solamente del polvo, pero de ningún modo de las travesuras infantiles; porque e? niño inglés, por un instinto de raza, se acostumbra en seguida á contener y dominai sus impulsos, y delante de una máquina, sobre todo, se le ve siempre respetuoso y cauto. Parece que se- da cuenta de que estos objetos son la representación del predomi nio y la riqueza de la nación, y los contemplan como si fueran armas terribles... Las armas de mayor potencia que existen para luchar por la vida... Yo no he visto jamás en ninguna parte un Museo como éste... En España no eonozcc nada semejante... Y ya sé que muchos ms dirán que una cosa parecida en nuestro país habría que vigilarla con cien ojos, á fin de defender las diminutas máquinas de las uñas infantiles. Es posible... Pero esto sucedería al principio... Más tarde, cuando hubieran pasado algunos años, las bandadas de pequeñuelos visitarían el Museo con el mismo respeto que lo hacen hoy estos pequeños hombrecitos ingleses... No hay que culpar á los niños Si en ifspaña hiciésemos en la actualidad un Museo como el de South Kensigthon, seguramente tendríamos que temer más que la candida ignorancia de los chicos, el salvaje vandalismo de los grandes... JOSÉ JUAN CADENAS. La solución mañana. Solución al curioso acrósti o B B F L O O O O SO A E J D R FOE HOZ camente exacta. Es una joya que se anima, funciona y vive dentro de la vitrina. Un botón eléctrico pone enjuego el invisible motor y hace funcionar todos sus músculos... Los niños no tienen que hacer sino oprimir el botón y la minúscula máquina se pone en movimiento, mientras los pequeños espectadores la contemplan inmóviles, con los ojos fijos en las ruedas y los volantes que giran cadenciosos y acompasados. Y el montón de cabecitas rubias se apelotona ávidamente y parece que quieren sorprender la razón práctica de aquello que ven. Ceráu distintos los niños españoles de los ingleses? SC. Hoy sí... Porque para los niños españoles, una locomotora de juguete es, sin duda, el mayor de los encantos... si la poseen. Si no es de su propiedad no les interesa gran cosa, y solamente si es suyo, completamente suyo, disfrutan del juguete. En los niños ingleses, por el contrario, la contemplación de las máquinas- juguetes que existen en el Museo de South Kensig thon producen sensaciones indefinibles. Aquellos diminutos objetos no son de su absoluta propiedad, pero ¿qué importa? ¿No pueden haeer funcionar su maquinaria todos los días cuantas veees quieran? Venir á ver cómo marchan, cómo se mueven, cómo agitan sus pequeños tentáculos, cómo muerden con sus dientes finísimos lgs ruedas los complicados engranajes, esto les basta. Y estudiar el por qué, indagar con calma, averiguar el funcionamiento de estas maravillas de la mecánica, es el más encantador de los juegos para los pequeños hombrpoitos ingleses. Nadie los interrumpe cuando visitan el Museo, nadie los vigila, ni los molesta, ni los prohibe que se acerquen y miren. Pue- p n vista de las numerosas consultas qwe diversas personas nos dirigen respecto á quiénes pueden considerarse con derecho á tomar parte en el sorteo de casa para obrero qae A B C sorteará en el próximo mes de Enero, insertamos de nuevo el suelto aclaratorio que sobre este particular dimos en nuestro núciero de 19 áel actual. Desde ltiego puede considerarse, con arreglo al criterio que en tal aclaración se marca, que quedan comprendidos n la denominación de obreros los ¿arteros, los sargentos del Ejército y las telefonistas, clases entre las cuales se hallan algunas de las personas que nos han cónáultado. No podrá serle adjudicada la casa á quien sea abogado, profesor, médico, etc. sega claramente se desprende de las condiciones publicadas. Respecto á otros casos que pudieran dar lugar á duda, por lo humilde de la posición del agraciado, cuando éste no resultara de un modo evidente comprendido en las condiciones publicadas, nos atendremos, como norma, al criterio de considerar obreros no sólo á los que viven de manual, sino de e rporaltrabajo, tales como serenos, depeadientes de comercio, guardias urbanos y rstrales, etc. etc. pero bien entendido pie á los dependientes de comercio, escribiens tes, etc. dejará de considerárseles oom obreros cuando disfruten remuneración superior á cinco pesetas diarias. No se considerará tampoco como obreras á los que pertenezcan á centro ó dependeacia donde exista escalafón que conduzca á situación incompatible con la calidad de obrero, ni á nadie que por razón de su cargo tenga alojamiento costeado por el Estado, provincia ó Municipio. Siendo difícil puntualizar todos los casos que pueden presentarse, advertimos que lo anteriormente expuesto marca el criterio general, que llegado el caso aplicaremos, y que siéndonos imposible contestar el cúnralo de cartas que se nos dirigen sobre este punto, á lo dicho habremos de atenernos y ello servirá de contestación á las cartas que hemos recibido y á las que e lo sucesivo se nos dirijan. LAS CASAS PARA OBREROS