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A B C MIÉRCOLES 39 OH SEPTIEMBRE DE 1909. EDICIÓN i- P G 8. RECUERDOS DE BEN 1- SICAR gua fíe monte, el cabo Tres Forcas, con su sauton déla PunulU- i vega de idilio... p n lo más alto de e- aos montes, que en jarle recuerdan Sierra Morena en parte IbiZd, en parte tronos de la huerta de Murcia, tomam s uní posición que vigilan vanos centinelas conveniente ucnte destacados J. RODRÍGUEZ LARROSA. Ta- auret Septiembre 1909. IMPRESIONES DE UN VOLUNTARIO Cfrente á Cabrerizas Altas se halla la bri 1 gada dt Algeciras, que lleva la vanguardia; detras marcha la artillería. Nos permiten descansar un rato. Ha salido el sol, ahuyentando todo amago de melancolía. Corren de un lado á otro jefes y oficiales alentando la tropa. El espíritu de todos no puede ser mas excelente Se oye un ge mido prolongado de corueta, un golpe seco, y entra el general en jefe seguido de su Estado Mayor. Hasta la llanura llega la brisa perfumada como un aliento de la madre patria Un soldado llora sobre el retrato de su madre otro besa un escapulario. otros devoran el chorizo y dan fin a la gall ta Oirá vez en marcha. Una nube de fotógrafos ha caído sobre el monte Se ven fo tógrafos y periodistas por centenares. Toda la fauna se ha diseminado á nuestro alrede dor: franceses, ingleses suecos, italianos, portugueses, hasta Andorra, hasta la republiquita andorrana tiene aquí un representante de su cuarto estado con salacot y traje de sportman. DESPUÉS DE LA BATALLA I J e recorrido parte del campo conrjtrsta io por nuestras tropa- dentro de B ¿ui Sicar, desde el límite de Rosttogordo. adonde acampan las fuerzas du general R- al. El Cuerpo de Ingenieros y el de Artillería no tendrán queja, pues su obra desliuctura ha arrasado intinidad de poblados grandes y chicos. L is c ibas ardían como si sobre ellas hubiese caí 10 fuego Las familias huían en todas direcciones buscando refugio en los a iuares lejanos Entre los cscooibios aparecían envueltos burros, gallinas, ropas, perro y oirás mil Cosas distintas. Algunos paisanos merodeaban por estos sitios, pero los vio el eiern R il, y doce que eran quedaron aeienidos eu el fuerte ae Ro trogoruo A 11 paso por aquella parte vi la palme 11 ra sagrada ante la cual orao n a ites de la o upacidn los moros de oeis poblados proxi uio- Penetramos en una casa de aquellas abando laüa por sus da a s y cu la cua (la aitillena no b ibia causado grandes desperfectos Aquello ap- siaba Ea un rincón haoia uua caatara r ta. Colgido de uti clavo, ea la pared, se vei i ua can lil coa aceite, nn un rincón habla un ped tzo le tela largo que debía hab r si o u i tuibdute, pero estaba que udJu como por una baia y teuia granues manchas Ue sangre i- ste trapo se 10 llev ua a uigo oficial que nos av. Jiupamba en ia ex- ui ion Pasaudo a tío departamento de la casa enconiroiuos restos ae mi fasil m u- ser Tres- Tamas üe cartucuos va- ii ua cargador, uu camastro, uní oaueti de buró, grrfu cautidad de paja en un rincón, a ia cual se le pego faego, y un cedazo de jai que obscuro IUOJ ido. Ha comenzado la conquista. Nuestras tropas, serpeando á uno y otro lado, rodean ya unos cuantos kilómetros de estas montañas, cubiertas de una vegetación fértilísima. Hasta la punta déla bayoneta del primer soldado se extiende nuestra Península. Pa rece que la tierra, cansada de esta monotonía y de esta esterilidad salvaje, se esponja á nuestro paso, ofreciéndose a nuestros brazos con todo el tesoro de sus secretos mas íntimos y todos los arrobamientos de su Virginidad. TM Sigue la marcha de un monte á otro sin n incidente siquiera, hxpiofa ia caballería y en uua loma a la aerectaa descubre ai enemigo. Comienza el tiroteo. Desde la cumbre de un monte próximo observa con sus gemelos el general. Ha desplegado en guerrilla parte de la fuerza y avanza batiendo al enemigo con nn i furia inconcebible. L artillería protege el avance haciendo un fuego vivísimo. Los que flanquean la derecha luchan desesperadamente hasta escalar la altura. Los del frente también arremeten con furor Llega un ayudante del general y ordena do- compañías de Figueras a la izquieid i. Yluchacho ariiba! Cruza entre las compañías un herido pasa otro. á lo lejos se ven otros en cimillas. Oirá vez llega el ayudante; alto el fuego la arti lena; los nuestros han coronado ya las lomas El momento es solemne. No queda otra idea que la de llegar al fin, donde sea, tTo dos arriDd! -iun mas, mas, mas... diez, veinte k. lometros. Hemos corrido veinte kilómetros. Un memento cruza mi cerebro una idea siniestra. Me faltan las fuerzas Uua opresión horrible estruja mis pulmones, y acaricio el anua con un fienesi macabro, cuando otro muchacho me ofrece un traga de vino y continuo adelante. D e m Sicar! Hacemos aito. Hemos llegado a la aicazaSa En Beni Sicar ondean Uanderasblancas. tCobardes! -ruge mi furia. Ordenan que se nos dé agua. Comienza la tarea, y liega en esto el teniente coronel, echando atrás el salac t en alto la diestra, erguido el busto sobre ei trotón: ¡Cumplaa Su deber ios que deben... Arriba otra vez, mas arriba. á la espa da, Bem- Suar; a la espalda, Ta auiet... Hasta dar v sta al mar Cerca de nosotros, YaOad. Tafias. a la terminación dee esta lea- mosas huertas con arboles frondosos y una vegetación prodigiosa, pero las casas queruadas o destruidas. Apenas llegaban á una casa, ésta ardía como por encantó. Aun ayer mismo, cuando tranquilamente andábamos por aquellos sitios, se veían salir de cada montón de escombros columnas de humo negro que hacían en el aire mil figuras distintas. El espectáculo que ofrecía aquel campo visto c e d e el ceiro de Man Guarai da una idea de la brillante operación que han realizado nuestras tropas. Todo se domina desde allí y se aprecia clarameute el elaño que le hemos hecho a los rífenos. Cuando desde et cerro pasamos al monte dei z ico del Hach. y ua oficial de Ingenieros nos expticarn la situación del monte, quedamos lodos convencidos de que no hay ene uigo que pueda atacar a la posición Des le el cerro de Alan Guarí al del zoco ha que pasar por la parte de la izquierda oor uua garganta que soio tiene de anchura 1 metros. Por los lado esta como cortado a puo y Jesde la altura al fondo del barranco nay unos 3 metros. Por la parte de la derecha uay una vertiente del Gurugú coma de 15 ra iros de fre ite, y ahí están las aVanza las. cual ¡uiera ts el que se atreve a llfegar donae están las tropas. Estas se encuentrau muy próximas al Gurugú ¿Sera ¡a divisi n de Sotomayor la que aili suba a poner la bandera española en el pico d la derecha- que es el mas alto? GAKCtA Dt CAKDfcNAS A ambos lados d e la posición del ¿a f S o t o m a y o r s e v e el m i s m o p a n o r a m a H e r PAÑUELOS PARA, LOS SQLDADOS on este título recibimos ayer las cuarti lias que a continuación reproducimos? Ea tiempos atrás, cmnio se estaba ea guerra, no había hogar encumbrado ó hurunde ea don ie no se reunieran las fami las pira hacer hilas. Al presente ya no es necesario Pero nos nace saoer un periódico que nuestros soldados de Melijla carecen de pañuelos por inberse roto o perdido los que regla rúen t mámeme les correspondíeion; encareciendo las molestias que esto les proporciona fáciles de apreciar. Existen en cada familia montones de sábanas fmas, camisas, de ant es sobrantes de cortes de vesuüos de perca ei. c. rotos y casi olvidados por inservibles. Se venden retoles de telas b ancas y de color, propias al objeto, a precios reducidísimos. Pues bien, ¿no habrá en toda España 100 000 nirUs, j 1 venes, casadd etc. que puedan de estos desechos hacer cada una uno, Jorf, tres, y a lo sumo cuatro p iñuelos, para maadarlos a Ueuila por correo, como nuestras sin valor? L s pañuelos deben ser grandes, de 50 a 6 J centímetros por cada lado (juesoa unos dos palmos y meaio de la uuuo de una mujer) tendrán un dobladillo ancho ó estrecho a gusto de la donante, ser finos fuertes blancos ó de color. Pero el envío ha de sel pronto, inmediato. Cada donante formará nn paqttete coa los pañuelos que envíe, envolviéndolos ea uu papel bianco y asegurado con un corda? o bramante delgado si ia cree neces vrio. Í, A áiiccciou se poudra en esta forma: hn aq lella c isa no h ibía nada mis, pero á os pocos pasos ti es o ca- tero so cía ios que se üabian agregauo al grupo co uo explora clores oyen cantar a uu g ilo. E upieza la persecución de este voiatil cornendo tras e y uno de eUos ie acicita ana pedrada en una pata. El aiHmal cae, y el cazaior le retuerce el pescuezo, liando después el gallo en el uio quero. A pocos pasos de donde nosotros no- encontrábamos divisamos uua huerca, y a eíia nos dirigimos. i o 10 estaba perfectamente culti vado, pero ya no quedaba na a L s íi uta que deuiaa ser uiucnas, habí in clesap irecido con la columna que primero paso por alií. Habla innumerables plantas de patatas y tomates, melones y lecnugis, pero ua la existía La casa de labranza era ua montón de escombros. Un amigo decía que salía mal olor y que allí debía naber aigo enterrado; pero no qui- MUESTRAS SIN VALOR (PAÑU 8 LOS PARA SOLDAUOSV simos ponernos a buscar lo que fuese y Uejauios para otros la exploración. Señor Jefe de Adimnistractón Mihtar encai 1 Más alia había también casas destruidas. gado de tos servíaos aúuuntsíraltvos del ejét Ea las paredes de algunas viviendas se cuo de M L 1 LLA veían incrustados los cascos de las granaPara un paríiielo calculara ue será n o is, y en el sueio se veían los oaliaes de las borabac ce ttrio uu ixrtuyueo de ciuco diez centi