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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CA LE TELÉGRAFO y TELÉFONO tg DE TODO EL DÓ, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO Jg g Y TELEFONO flBrmlraUfliffl i1ili ¡rifr rt. ¿x nln KQ m- XS lili 1 t frmm sm Bt m 6 m, COMBIHADO NO AVANCE t. I E NUESTROS CORRESPONSALES; LOS CAZADORES DE TOVAR CIURTE! GENERAL DZ h DIVISIÓN DE CAZADORES, SO, 9 N. MELILLA, XI, 10 M. (URGENTE. Cobrexcltado y nervioso por las eniocio nes del día, sin calma para discurrir ni tiempo material para ordenar ideas, escribo vuela pluma en el primer momento las Impresiones confusas y desaliñadas que en este día memorable para mí he sentido sobre el terreno. Salimos de la explanada de Rostrog: ordo á las seis de la mañana. En la extrema van- guardia, tras las parejas exploradoras de Caballería iba el batallón de Cazadores de Cataluña; seguía la división de Cazadores con los generales y sus cuarteles; flanqueaba la Caballería, y la columna Del Real cerraba la marcha. Al traspasar los límites, Del Real quedó. á ia derecha para cortar el paso á los benisicar é impedirles que por los barrancos de Mezquita intentasen ganar la retaguardia. La brigada Morales tomó la izquierda para dirigirse á Taxdirt; la de Alfau subió- por la derecha con dirección á Jatel. Biuscamente sonaron tiros á retaguardia en un pequeño caserío, desde el cual, parapetados y ocultos, los moros iutentaban sorprender á nuestras fuerzas. Destacado el batallón Disciplinario, practicó varios é importantes reconocimientos. Los grupos enemigos que salieron al encuentro de los soldados fueron batidos vi- gorosamenté. Nuestras fuerzas avanzaron- con resolución, entrando en las casas de los tnoios y desalojándolas. En una de ellas hallaron los del Disciplinario á una mora anciana que, por sus años, no había podido huir. Los soldados respetaron sus canas, y, en vez de agredirla, la compadecieron, instándola á que abandonase su vivienda. Fue detenida por las f uer- zas de Caballería. También lo fue un jefe notable, TaharBen- Mirrian, principal organizador de la emboscada, que tenía por objetivo, más que oponerse al avance, cerrar el camino de CaBrenzas, evitando de este modo la comunicación entre la plaza y la columna. El brioso ataque de las compañías del Disciplinario y los certeros disparos de Rostrogoido y Cabrerizas anularon el intento Se los moros y dieron principio á la serie de escarmientos que se preparaban. Los Cazadores, mientras tanto, seguían avanzando hasta ocupar las posiciones señaladas. Al llegar al aduar de Abdeb aparecieron sobre los tejados de todas las casas numerosas banderas blancas. 1 Los cabileños adelantáronse hacia las tropas, en actitud pacífica, pidiendo ver al general Marina para someterse. El general aceptó la sumisión, con las usuales condiciones de entrega de armas, pago de multas y auxilio á las tropas españolas. Entre tanto, los moros intentaban correrse hacia el Q- urugú para unirse al grueso de la harca, que estaba en las vertientes del lado opuesto. Los cañones de los fuertes les cortaron el paso La brigada Alfau, con los generales Marina y Tovar, llegó sin ditijáltad á Jatel, donde acamparon. El general en jefe, con dos compañías de Barbastro y protegido su avance por el fuego de las baterías de montaña, llegó hasta la costa para comunicar con el Carlos V, que estaba anclado en frente de ella. Los Cazadores de Gibraltar, al mando del general Morales, avanzaban hacia Taxdirt, después de ocupar tras empeñada lucha todas las lomas dominantes. TARIFA Y CH 1 CLANA T ueño ya del poblado, el general Morales if destacó á los batallones de Tarifa y Chiclana y una sección del escuadrón de Alfonso XII para que practicasen un amplio reconocimiento por la izquierda, hacia el zoco de El- Had. Los moros, apostados en las sinuosidades del barranco de Adelfas, recibieron á los cazadores con un fuego nutridísimo de fusilería. Los batallones se desplegaron en guerrillas y- avanzando por secciones escalonadas, contestando ai enemigo con descargas cerradas, rechazaron á los rífenos y conquistaron el barranco. Los dos batallones, apoyados por el de Cataluña, siguieron el reconocimiento. Pero los moros, rabiosos por la derrota, rehacíanse de nuevo; apostábanse en lo alto de las lomas, parapetados tras las sinuosidades del terreno; los que estaban lejos, atraídos ppr el ruido de los disparos, bajaban á todo correr por las pendientes para engrosar él núcleo; venían de todas partes, de Beni- Sicar. de Beni- Brigafar, de Beni- k Buifrur, bordeando los caminos laterales delk Gurugú. Tarifa, y Chiclana sin perder un momento la línea, comenzaron á replegarse. Con una serenidad y una sangre fríatpasmosas, como si estuviesen en un campo de maniobras iniciaron el repliegue, róchlla en tierra, sosteniendo el fuego enemigo con descargas cerradas, apoyándose escalonadas las secciones las unas á las otras. LOS CAZADORES DE ALFONSO XII A nte la brutal acometida de los moros, se ordenó que cargasen los escuadrones de Alfonso XII. Cargaron de firme por el frente de la columna sobre el grupo nutridísimo, echándose encima de los moros y pasando con denuedo por medio de ellos. El momento fue verdaderamente épico. Sin dar paz al brazo, los nuestros hicieron allí espantosa carnicería. Al volver, aquel grupo enorme nabia que r dado disuelto. La acción fue dura para el enemigo. La confusión entre ellos, indescriptible. Luchaban como enloquecidos. Al caer so- bre ellos el alud de nuestra Caballería, se cogían á las bridas de los caballos, defendiéndose y al par queriendo dar muerte á los jinetes. Pero los soldados manejaban sus sables con tal agilidad y los descargaban co n tal acierto, que en poco tiempo cortaron muchas cabezas y brazos y dejaron sembrado de víctimas el campo. Al volver los de Alfonso XII, los que so brevivieron del enorme grupo habían desaparecido, puestos en fuga por el encuentro. Sin embargo, éstos no tardaron en re? hacerse. Con nuevos elementos trataban de hacer frente, y nuestra Caballería repitió la operación cargando de nuevo contra ellos. Momentos hubo en que la harca, á juzgar, por sus movimientos, trató de envolver la izquierda de la columna; pero advertido el intento, lo rechazaron valientemente nuestras tropas. Entonces cayó herido el teniente coronel de Tarifa, D. Eloy Moreira, que con la voz y el gesto alentaba á los soldados. Estos, furiosos, redoblaron el fuego y dis persaron por completo al enemigo. Poco después cesaba el fuego; el enemigo estaba rechazado y ocupadas las posiciones, que se ccn ervaron hasta el anochecer, en que Comenzó el repliegue para vivaquear y pernoctar en los puntos de antemano designados. El general Marina, con su Estado Mayor, acampó en la ensenada de Charranes; el general Tovar, son los batallones de Arapiles y las ííavas, Artillería, Caballería y las fuerzas auxiliares, en Taxdirt; el general Morales, con su brigada, en Jateb; él coronel Aranda M hura, con el batallón de Fi güeras, en Taurit, y el teniente coroneFPa jarero, con Barbastro, en Masad- it La línea de comunicación con Ja plaza la cubrió la brigada Del Real. Los generales Tovar y Del Real tienen establecida comunicación telegráfica. Los campamentos han sido fortificados y rodeados de alambradas. En el poblado de Tausent fue recibido el general Marina con manifestaciones de satisfacción, ofreciendo los indígenas abundante uva á las tropas Una comisión de aquéllos pasó ai Cuartel general, donde Marina les manifestó que sería bueno con quienes lo merecieran, pero que castigaría duramente á los levantiscos. Uno de los puntos donde los moros se defendieron con mayor tesón fue en la casa del caid Butyeb. Su hermano, muy conocido en Melilla y en las cabilas cercanas, murió en el combate. La harca se defendió admirablemente, aprovechando su gran conocimiento del terreno. La mayoría de los guerrilleros moros eran de aquellas tierras, y el caudillo que dirigía el combate era el propio caid de Beni- Sicar, Abd- el- Kader. En algunos de los terrenos ganados á los moros encontraron las tropas huertos abundantísimos en frutas.