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DE TODO DO, POR CORREO, C ABLE, TELÉGRAFQ Y TELEFONO 4 y? AYAKCE DE TODO EL DO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFO 4 I Y TELEFONO (DE NUESTROS OOREBSPONSALBS) LOS CAZADORES DETOVAR MELILLA, 2 0 5 T. (URGENTE. A las cuatro y media de la madrugada se tocó diana en los campamentos de la división de Cazadores. A las cinco, los soldados estaban en pie en toda línea del campo, desde el zoco de Triana hasta la explanada de Cabrerizas. A las cinco y media se hallaba la división formada en la pradera de Rostrogordo, con los generales Tovar, del Real, Alfau y Morales, los ayudantes, el Estado Mayor, las fuerzas auxiliares, la impedimenta, todo lo necesario para emprender el tau ansiado avance. El general Morales, jefe, como es sabido, de la brigada del Campo de Gibraltar, lleva los batallones de Chiclana, Cataluña, Tarila y Talavera; los escuadrones de Cazadores de Alfonso XII, una batería del 3 de montaña y dos del grupo de Gibraltar; una compañía de Zapadores, otra de Telégrafos, las dos del tercer regimiento, una compañía de Administración y una ambulancia de montaña. 151 general Alfau lleva los batallones de Arapiles, Figueias, Barbastro y Las Navas, ios Cazadores de Caballería de Lusitania, tres baterías del 2 de montaña, una compañía de Zapadores, otra de telegrafistas, otra de Administración á lomo y una ambulancia ae campaña. El general del Real manda dos compañías del regimiento de África, dos del de Mehlla, dos de la brigada disciplinaria, dos secciones del escuadrón de Cazadores de Melilla, una batería Scbneider, otra de montaña, una compañía de Zapadores de la plaza, otra de Administración y una ambulancia. El general Marina da la orden de avance y las fuerzas se ponen en marcha por el lado izquierdo de Rostrogordo. Destácanse por delante cuatro parejas de Caballería de Melilla con los moros de la Policía y los prácticos del terreno. Tras ellos van los Cazadores de Chiclana y Figueras. al mando de sus tenientes coroneles Alvarez Manzano y Burguete. La columna se divide en dos partes: una va por las lomas altas, sorteando los obscáculos del terreno; otra por enmedio, desplegada. Las baterías cubren los flancos de la derecha y de la izquierda. Los cañones délos fuertes toman la puntería, enfocando los alrededores del camino. Todo está preparado. El general Arizón, con el Estado Mayor y los ayudantes, á caballo, vigila atentamente todos los movimientos de la columna desde el frente de Cabrerizas. Todas las crestas, montes, cañadas, casas están llenas de moros. A simple vista, sin necesidad esta vez de los prismáticos, vemos perfectamente cómo engrosan los gru pos. PROT G 1 ENDO EL AVANCE T 2 fuscamente, un estrépito infernal, un fra gor horroroso que retumba en las concavidades de los montes, como si toda la tierra se viniese abajo, rompe el silencio; son los cañones de los fuertes, que han abierto el fuego; los disparos de las piezas de nuevecentímetrosde Sidi Guariach, Rostrogordo y las dos dé Cabrerizas; las estt uendosas, detonaciones delosobusesde á quince de Camellos; los s- cos estampidos de los Schneider. Las azoteas de Melilla se llenan de gente, que atalaya con los gemelos la extensión del campo; grupos de paisanos, á pie, á caballo, en coches, bajan á los campamentos en procesión inacabable; Desde la línea de las avanzadas seguimos emocioaadísimos el fuego horroroso de las baterías combinadas; vemos á los moros correr desesperados, huir lomas arriba, tirarse como locos por los barrancos. Los proyectiles caen sobre los aduares de Beni- Sicar, arrasando las casas, incendiándolas y barriéndolas. Sobre las que se mantienen en pie empiezan á ondear banderas blancas. Grandes grupos de mujeres y chicos corren desalentados en todas direcciones. Los proyectiles les. cortau el paso; unos caen, otros se detienen como petrificados, los restantes huyen á buscar las cañadas. Un grupo numeroso se refugia en el cementerio moro de Sidi Mohained- el- Neyaen. El público aplaude entusiasmado los certeros cusparos de los artilleros y rompe en exclamaciones de júbilo cada vez que ve una casa que se derrumba, una choza que arde, un grupo que se ve ¿najado en su huida por la exp. osion de una granada. El general gobernador galopa infatigable de un lado á otro, daudo órdenes, seguido de sus ayudantes y el Estado Mayor. La división Sotomayor está preparada para salir, si fuera preciso. Las tropas están formadas frente á la línea del cañoneo. La columna expedicionaria sigue su camino. EMPIEZA. EL COMBATE A las diez de la mañana cesa, el caüoneo de las baterías de los fuertes. Sólo de tarde en tarde una granada suelta va á caer en los barrancos del Gurugú para cortar el paso de un grupo que intenta correrse hacia Beni- Sicar. Desvanecido el humo de los disparos y las nubes de polvo que levantaron las granadas, empezamos a darnos cuenta del efecto del bombardeo. Los aduares de Frajana ya no exisien; los primeros de Beni- Sicar son un montón de ruinas; el célebre café de Man Suari ha desaparecido; en las lomas fronterizas al fortín de la Torrecilla se divisan manchas confusas como de cadáveres. La escuadra está fondeada frente á la cañada de Beni- Sicar, entre Tres Forcas y telilla. A las diez y media empieza á oirse tiros sueltos y descargas cerradas de fusilería. El contacto de la columna con el enemigo se ha establecido ya. La emoción es enorme. Los cañones de los fuertes empiezan de nuevo á menudear los disparos; ala una, el bombardeo se reanuda con todo su vigor, batiendo los caminos del Gurugú y haciendo retroceder y dispersarse á cuantos gru pos quieren avanzar por ellos. Las granadas siguen barriendo casas y aduares. Únicamente se respeta ei cementerio moro, en donde se han refugiado los moros de Frajaua que no quieren la guerra. Las fuerzas del regimiento de Burgos, de la brigada del general Brualla, desplegadas en guerrillas, van coronando una tras otra todas las alturas de los barrancos limítrofes á Rostrogordo y Cabrerizas, Los campamentos están cubiertos por las quintas compañías de reservistas. Además se ha quedado en la plaza un batallón por cada media brigada de Cazadores. De la brigada Alfau quedan Madrid y Llereua. De la brigada Morales, los de Ciudad Rodiigo y Segorbe. En Rostrogordo, en el dormitorio de la tropa, se ha instalado un hospital de sangre, donde se practicará la primera cura á los hsndos á medida que lleguen. Después serán trasladados al nuevo hospital que, según dije ayer, se acaba de instalar en el barrio de la Reina Victoria. Agregados al general Marina van tres marineros provistos de banderas, que se colocarán en sitio adecuado de la costa para hacer señales á la escuadra. A las cuatro de la tarde sigue vivísimo el fuego de las baterías de Cabrerizas Altas. Vemos perfectamente cómo un grupo nunierosísiuio de jinetes moros, que partían veloces por el Gurugú para auxiliar á la harca, quedan cortados en su avance por el fuego de las granadas que sobre ellos re vientan; una nube de polvo los envuelve; cuando el viento la barre y la atmósfera queda de nuevo limpia, el camino está desierto, el grupo se ha dispersado por la cañada sin poder pasar. Los soldados de la división Sotomayor rompen en vivas estruendosos. La gente aplaude. Siguen afluyendo los curiosos á lo alto de los montes próximos á la plaza. Entre ellos se ven muchas seño ras. Ahora, cuando cesa por un momento el seco estampido de las baterías, empieza á oirse claramente el fuego de fusilería de las tropas y de los moros; éstos, con tiroteo gradeado; aquéllas, con descargas cerradas y fuego á discreción. Nuestros soldados están á mitad de camino del zoco de El- Had de Beni- Sicar, que dista más de diez kilómetros de la plaza. Hacia el zoco de El- Arba se oyen muchos cañonazos. Todavía no ha llegado ningún herido.