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A B C DOMINGO J 5 DE SEPTIEMBRE DE igog. BDICION i. PAG. DE MENCHETA MELILLA, 18, 9 N. DEL PEÑÓN POR CORREO PEÑÓN DE LA CIOMCSA, i 6 I a cabila de Herkañen, ala que impuso el coronel Larrea una multa, á pagar en dos plazos, ha pagado ya el segundo, cosa que jamás había ocurrido hasta ahora en los anales de la morisma. El cañonero Pinzón dobló esta tarde el cabo Tres Forcas, con rumbo al otro lado del Mediterráneo. Mañana le será amputada la pierna al capitán Boirero, hijo del general del mismo apellido, herido en el combate del día 27. EN ALHUCEMAS PETICIÓN DE PAZ MELILLA, I 8 9 N p l vapor correo Sevita, cuya venida an subamos desde hace tantos días, llegó por fin hoy. La noticia oficial que nos lo anunció cayó aquí con inmenso y general júbilo; por to das partes se veía corrillos celebrando la fausta nueva; la alegría iluminaba todos los semblantes. Pasada la mañana con algún que otro disoaro de nuestros vecinos, se divisó al mediodía en lontananza el Sevilla, que remontaba la Punta del Baha, seguido apoca distancia y en aguas á fuera por el Numancia. T Toticias oficiales de Alhucemas dicen que hoy á mediodía se suspendió el fuego entre la plaza y los cabileños enemigos ante la llegada de unos parlamentarios, que deseaban comunicar al gobernador los deSeos de sumisión de varias cabilas. Los comisionados fueron admitidos á parlamento. Ignórase el resultado de la entrevista. OCAÑA DÉ LA AGENCIA FABRA ALHUCEMAS, J 8 l O N fuego. Hoy al amanecer se reanudó, suspendiéndose de nuevo á las dos de la tarde, por haber pedido parlamento los moros, colocando un a bandera en lo alto del castillo de la Playa. Momentos después de izada la bandera blanca se destacó de la costa un bote tripulado por unos cuantos rífenos, con dirección á la plaza. Por cierto que marineros nuestros tuvieron que ir á auxiliarles, porque el bote, que estaba acribillado á balazos, estuvo á punto de irse ápique. Los comisionados moros, que pertenecen á las fracciotíes amigas de España, estuvieron conferenciando con el comandante, señor Cumplido, hasta las siete la tarde, en que regresaron á la cosía. Aseguran, según parece, dichos emisarios que predominan entre las cabilas que nos han estado hostilizando hasta la fecha muy vivos deseos de paz, tanto más cuanto que se hallan imposibilitados para continuar aperando por carecer de los principales elementos. Muéstranse asombrados por la valentía de esta guarnición y creen que tenemos heTidos pero que los ocultamos. Durante el fuego de ayer resultó herido d- e gravedad un cuñado del prestigioso Sbindi, de la cabila Beni Urriaguel, que acostumbrabaá a postarse en el castillo de la Playa para disparar contra nosotros. los moros A yerligeramente. siguieron tiroteándonos Al obscurecer cesó el TELEGRAMA OFICIAL a noche facilitaron en el ministerio de la Gobernación el siguiente telegrama: MEULI. A, 18, IO N. Ai encuentro del guardacosta íué en seguida el bote de la plaza, llevando á bordo al teniente ayudante Sr. Malpartida con instrucciones del comandante militar, señor A cavna, para ponerse de acuerdo sobre la forma y horas de efectuar las operaciones de desembarque de los víveres y municiones que conducía el vapor correo. Luego de acostar al Nuniancia, pasó el bote al costado del Sevilla, con quien comunicó y del que recogió varias sacas de correspondencia, siendo después remolcado por el mismo hasta las proximidades del faro, á fin de proteger la débil embarcación, la que regresó a ¡Charcón sin novedad. Ya en seguridad el bote, volvió el vapor hacia el Numancia, al cual se había unido el Hernán Cotíes, internándose lo tres mar adentro. Los moros, al ver los buques, empezaron el fuego para dificultar las comunicaciones de la plaza; pero fue contenido enérgicamente por nuestros tiradores y baterías. Tan pronto pusieron el pie en tierra los que en el bote venían, viérouse acosados á preguntas por todos, m; ifestando que el Sevilla y el Numancia traían á bordo abundantes víveres diversos y multitud de carneros y municiones; pero que no las desembarcarían hasta la noche, momento en que regresarían los barcos cerca de la plaza, á fin de hacer menos lentas las operaciones. Era curioso en extremo contemplar cómo subían por la empinada cuesta que forma la única calle del Peñón los que conducían el correo, rodeados por todos los habitantes, que, en confuso tropel, trepaban por la calle arriba, llevando casi en volandas á los portadores de la correspondencia. Llegados á la plazoleta del Gobierno, don de se halla la oficina de Correos y Telégrafos, s- e estacionó en aquélla y en el portal de la última tan numerosa como variada multitud, en la cual se codeaba gente de todas clases y categorías de la localidad, esperando con el consiguiente afán se acabara el apartado y diera comienzo la distribución de la correspondencia. Terminó la operación con relativa brevedad, dada la cantidad de cartas y periódicos que se recibieron, retirándose eon las mismas todos en medio de gran vocerío, provocado por la rebosante alegría de que estaban penetrados. Bien se comprenderá el júbilo nuestro cuando haya añadido que desde hace treinta y cuatro días no habíamos recibido correo alguno. -Fabra. Al ser conducido, una vez íermínada la operación, á las trincheras üel campanieüto, solicitó, comprendiendo la gravedad de su estado, despedirse de los oficiales y clases de su compañía. Acudieron todos, y eí bravo soldado se despidió de ellos uno DO uno. Mientras se le llevaba de las trincheras h una tienda del campamento, pasando por entre los soldados de su compañía, el valeroso Estela iba cantando e! himno del regimiento, siendo admirada por todos su entereza. Soportó la primera cafa con grandísima fortaleza de espíritu, hablando con sus cora pañeros. Luego fue trasladado en una camilla á la plaza. En el cam o cruzós coa las fuerzas que protegen el convoy de regreso á Meli- i lia. José Estela, sin atender las indicaciones de los compañeros que lo conducían, se incorporó para mirar aquellas fuerzas. AI llegar á la segunda caseta habló con algunos compañeros y paisanos sayos. Al ponerse de nuevo en marcha la camilla volvió el herido á cantar el himno de su regimiento Poco después de sahr del Hipódromo el valiente soldado dio el último suspira. LOS PACOS, p ri El Cronista, tratando de los famosos Pacos, escribe Benito Mario: Donde los Tacos hablan con más frecuencia es en torno de nuestra posición de Sidi Musa. Los soldados apenas pueden rebu- llirse, pues siempre hay un Paco de caza. Me ha contado un bizarro militar, perfecto co nocedor de Sidi Musa, cómo se ocu- ltan allá los terribles tiradores rífenos. Hacea, bajo, una piedra enorme, un agujero, llegan á rastras- hasta él, y metidos en el pozo, coa el peñasco encima y con un leve resquicio para que pase el eañóu del fusil, apuntan y disparan, invulnerables en su esconditej Corrientemente, un Paco vive como un topo días y más días; llévase á su guarida provisiones para largo tiempo, y protegido poí su sobriedad, permanece en su- defensa subterránea, casi inmóvil, largas horas. La caza de un cristiano les recompensa de las moi lestias que han de soportar viviendo de tan extraña manera. Y cuando llega la hora de salir del agujero aguardan á que la noch e extienda sus tinieblas para hacerlo impaV neníente, arrastrándos. Comprenderáse lo difícil, lo imposible que resulta truncar el destino de ua Paco hábill Las balas españolas se estrellan contra la piedra que cubre al tirador. Y el tirador, en, el subterráneo, apunta impasible, é impasi ble dispara. Algunavez, sin embargo, se ha lograda dar caza á los que venían á cazarnos. Fue también en Sidi- Musa, y fue un moro quej resguardado tras una piedra, apoyábase ahora á un lado, luego á otro, para tirar á mansalva sobre el primer soldado á quien veía. Las tropas respondían á los tiros con. descargas cerradas; pero el Paco estaba allí vivo, enviando plomo por la derecha y por la izquierda. Hasta que un día el jefe de las fuerzas escogió á los dos mejores tiradores, con encargo de que cada uno disparase sos bre un solo flanco de la piedra. Y á los po- í eos minutos el moro aquel saraudecía defií uitivamente... Los Pacos han vuelto. Vuelven íambiés las diarias escaramuzas de los convoyes, los disparos sueltos por la noche. Los Pacos van, por lo visto, de capa caída. Por la parte de Sidi- Musa más que balas envían pie- j dras, indicios de que ya les escasean las municiones. Además, nuestros soldados, que tienen agudo entendimiento, han aprendí. do también las artes de los Pacos. Y cuando menos se lo figura un moro de esos se encuentra con que PO la cd ¿a corre el peligro de ser cazado... Sin más novedad en Peñón y Alhucemas que tiroteo de costumbre, y en el convoy de esta plazai tampoco ha habido. Globo ha Sido inflaóo en Restinga y transportado á zoco El- Ai ba, regresando sin novedad después de haber efectuado reconocimiento sobre orilla de Mar Chica. Coronel Águila se híi hecho cargo regimiento Rey. COMO MURIÓ UN SOLDADO DE LA AGENCIA FABRA iteuLLA, i S uentan que a- últimos de Agosto fue herí do de gravedad al hacer una descubierta en ¡as inmediaciones del campamento de Sidi- Almed- el- Hach el soldado de la tercera compañía del tercer batallón del regimiento úe Melilla José Estela Martínez.