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(DE TODO EL p o POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO y TELÉFONO 4 m LA ARISTOCRACIA? EN EL ANARQUISMO igualdad ante la muerte: la vida y lá libertad del obrero deslumhrado por los oropeles de la palabra del aristócrata del anarquismo, la vida y la libertad del proletario, son de poso valor; las de los aristócratas, cosas inestimables qwe deben prudentemente conservarse. ¿Se quieren más pruebas... A. la vista las tenemos en estos días, y elocuentísimas por cierto. Pasada la semana trágica de Barcelona, llenáronse las cárceles, funcionaron los consejos de guerra, se dictaron y ejecutaron sentencias de muerte, de confinamiento á presidio, de extrañamiento; y nadie protestó, nadie habló de represiones crueles, ni de reacción. I,o s periódicos más avanzados daban las noticias sin un solo comentario. Claro es que ni á los simpatizadores más ó menos francos de los horrores de Barcelona, ni á los exculpadores más ó menos vergonzantes de ellos, ni á quienes no los vieron con la misma indignación que nosotros, les parecerían muy bien las sentencias; pero callaban su opinión. Y así ha seguido todo hasta el apresamiento del Sr. Ferrer y el destierro del señor Torner, porque éstos son dos aristócratas de la anarquía. I,o s condenados antes, los centenares de encarcelados pendientes de proceso y sentencia, eran plebe, gente que no valía la pena de ser defendida, á la que los otros aristócratas de la anarquía española y extranjera, no comprometidos directamente en los sucesos, dejaba egoístamente en la estacada, sin decidirse á sacar la cara por ella. Pero desde el momento en que han ido cayendo hombres de fuste, en cuanto se ha temido que un fusilamiento sea el desenlace del proceso de Ferrer, se ha operado un completo cambio de conducta, porque éste ya no es uno de tantos infelices, por las doctrinas que él predica descarriados; porque ya no se trata de n proletario cualquiera; porque ya no es ano de los que agitaban la tea y blandían las armas en las calles de Barcelona, sino de quien en manos de todos puso armas y teas con sus enseñanzas; porque ése no es un cualquiera, smo un aristócrata de la anarquía. Por eso, en cuanto se ha temido por su vida se ha comenzado en España y fuera de ella á hablar de bratal reacción, del horror de las penas de muerte, siendo notable que éstas horroricen á quienes no se espantaron de atentados bestialmente inhumanos; extraordinario y peregrino, que quienes presentan cual panacea regeneradora de sociedades el exterminio de los sacerdotes y el asesinato de lps oficiales por sus soldados, sin proceso, sin defensa, y ejecutado todo ello por turbas que no han menester de sentencias de jueces por tener espontánea vocación de verdugos, se asusten por tan poco. Pero no es esto lo que hoy importa más hacer notar, sino que lo esencial, lo interesante, por si ello sirve para apartar del mal camino á algunos que ya se hallen en él, ó para prevenir á las gentes sencillas contra venideras predicaciones, es insistir en que ni en España ni en el extranjero han hecho ruido los centros ácratas ni los personajes anarquistas ó benévolos con el anarquismo mientras la represión se ejerció contra obscuros obreros ó desconocidos proletarios, mientras que ahora, cuando corre peligro un aristócrata, se poce el grito en el cielo; y no bastando lo que en España se haga, se acude á gentes de países extraños para pintar en ellos á nuestra oatria con horribles coló- DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO k W Y TELEFONO res, y a nuestros gobernantes como sicarios sedientos de sangre, como autores de inhumana represión. Hasta Mr. Anatole France nos dirige un manifiesto enseñándonos nuestros deber... y poniéndose, con todo su talento, en ridículo, al hablar á Í cosas que no sabe y darnos consejos que no necesitamos. Y es que los aristócratas anarquistas, queriendo echarnos encima una autoridad que no invocaron para defender la vida de loj obscuros anarquistas fusilados ó conde nados á cadena perpetua, le contaron i Mr. France que Ferrer era una gloria científica, algo así como un Ramón y Cajal... Y Mr. France lo creyó sin meterse en más qve. riguaciones, Asi, en el documento en que desde su trípode habla diciendo: Me dirijo á los españoles se lee: En el caso de que Francisco Ferrer fuera condenado por un tribunal civil ó militar, se diría en todo el mundo que sus jueces no han obrado con libertad, sino que sacrificaron al justo por órdenes recibí, das y como consecuencia de odio de partido, que no le perdona el haber consagrado su vida á la educación de la juventud. Todo el mundo lo sabe. Ese es el único crimen de Ferrer: ha fundado escuelas. Si se le condena, será por eso. Pero no consentiréis que se eche sobre vosotros tal vergüenza. I a cabeza de Ferrer está bajo ía salva guardia del pueblo español Salud y fraternidad. ¿Q, aé fraternidad? se nos ocurre pregun tar. ¿L, a del asesinato, el incendio, el robo, que enseña Ferrer en esas escuelas que ha fundado? ¿Son éstas las que constituyen un timbre de gloria para Mr. Anatole France? En buena le han metido al candido escri tor sus amigos anarquistas. ¡Él bsurdo parecerá á primera vista el ante rior título, pues ley fundamental (aunque nada más que teórica) de las doctrinas anarquistas es la igualdad absoluta entre ttodos ios hombres, no ya política, sino so cial y económica. K Y sin embargo, hay aristócratas del anar ¡quismo; paes ai los francos partidarios de tales doctrinas, ni los que sin resolverse á confesarlo simpatizan con ellas en mayor ó tüenor grado, practican esa radical igualdad, ni miden con el mismo nivelador rase ro á todos los anarquistas: que también hay castas entre ellos, y también entre ellos se da el caso, corriente en revueltas políticas ¿le todos los tiempos, de que los santones, ¡los directores del anarq ui mo, miren á la masa del pueblo como carne de cañón y carne iIU; de de presidio, buena para lvxhar, buena para morir, buena para formar con sus muertos puerpos escalera gor áonde suban á lo alto los aristócratas del anarquismo. Y si, lo que Samas sucederá, llegaran á triunfar, ellos serían los dictadores, los tiranos de la masa inconsciente que arrastran; ellos los priu i- os partícipes de la mayor y mejor parte ae se botín que ofrecen á los infelices que les jsiguen, hasta que el desengaño del montón anónimo descargara sobre los nuevos déspotas la tormenta de pasiones salvajes por ellos desatadas. De llegar talj imposible triunfo, el horóscopo de los hombres que hoy llevan la dirección de la propaganda anárquica es claro: morir indefectible y prontamente á majiios de las kordas que capitanean, colgados ide los faroles, arrastrados por las calles... (Mientras tanto, tk pocos de esos directores son caudillos que sólo dan la cara en los Itiempos Aepacífica propaganda, con las es paldas bien guardadas por la pusilanimidad x la ceguera de quienes, pensando que interpretar la libertad áe pensamiento como autorización para predicar el exterminio, glorificar el saqueo, el incendio y la violajción, escarnecer á Dios y la patria es absurdo y criminal, no se atreven, sin embarco, á impedir esas monstruosas propagandas. Mientras tanto, los aristócratas de la anarquía, caudillos de los tiempos de paz, vi, yen bien, camoda, regalona, burguesamente; jjr cuando esos hombres de acetan, que todo lo pan á la del puñal y la tea, consiguen empujar al pueblo á una insensata aventura 01110 la de Barcelona, el caudillo, que no Sirve para tiempos de guerra, no da fa cara, como el pueblo, ni compromete su preciosa existencia en la lucha, ó asiste á ella en las ultimas filas, en lugar seguro, acaso con un disfraz; con la retirada preparada y guardada por los de abajo, que caen ametrallados por la fuerza pública, mientras él pone pies eu polvorosa, porque es de los de arnba; para aquéllos no se toman precauciones previas que protejan sus vidas; para los directores, sí. Y una vez sofocada la rebelión, mientras las cárceles se llenan con la plebe apresada en manada cual ovejas, los jefes tienen preparado escondrijo, que á los otros les falta, ó dispuesto dinero y medios de escapar al extranjero. Sólo por casualidad cae preso alguno. Todo ello prueba que esos apóstoles de la Igualdad absoluta, que comienzan por no vivir como los parias de quienes se proclaman redentores, no practican tampoco la te TRIBUNALES OS PRIMEROS JUICIOS De las cuatro seccionesdelo criminal, sólo la primera y la tercera funcionaron en la tarde de ayer. En la primera hubo dos apelaciones y eu la tercera tres juieios de interés escaso. Uíi procesado que en primer termino cotn pareció ante el Tribunal de la tercera llámase José Miguel Chacolí Rubio, y es acusado por el fiscal de un delito de estafa, pues, según parece fuá á cobrar el día de autos una modesta letra de 20 pesetas, y ea vez de hacer entrega al dueño del dinerd guardóse los cuatro duros y se quedó tan fresco. I o más notable ae este caso es tjue el denunciante, citado á declarar como primer testigo, manifestó al ser interrogado por el presidente de la Sala que el procesado era inocente, emprendiéndola á continuación con el juez instructor del sumario, á uien, como dicen los americanos, molestó un tanto. La presidencia y el fiscal, al advertir la excitación del testigo, renunciaron á seguir preguntando, como medio, sin duda, de calmar al deponente. Fuera de esto, nada ocurrió en el juicio digno de mención. El representante de la ley solicitó dos meses y un día de arresto para Chacolí Rubio, y como éste se conformase con la pena, su defensor renunció á informar y se dio por terminado el acto.