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TODO EL MUNIDO POR CORREO, CABLE. TELÉGRAFO Y TELÉFONO m APERTURA DE TRIBUNALES DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRÁFQ M Y TELEFONO EL ACTO Ayer mañanase verificó en el salón del Pleno, y con las solemnidades de costumbre, ejaacto de apertura de Tribunales. -Presidió ei ministro de Gracia y Justicia, señor marqués de Figueroa, quien vestía de uniforme y ostentaba el gran collar de la Tusticia. A la derecha del ministro hallábanse el Sr. Martínez del Campo, también con el collar de la Justicia; el Sr. Lavíu, presidente dela Sala de lo Criminal del Supremo, y el Si. Ro dán, magistrado de la misma; y en 1 a izquierda de la presidencia, el Sr. Aldecoa, presidente de la Sala primera; el señor Ciudad Aunóles, que recientemente ha sido promovido al caigo de presidente de la Sal? deJo Contencioso, y ei Sr. Pimés. En Jos amplios estrados del salón tomaion asiento todos los magistrados, jueces, fiscales, jueces municipales, relatores del Supremo y la Audiencia, etc. etc. -Él marqués de Figueroa dio lectura de su discurso, y después de citarse por el secretario los artículos de la ley adicional á la orgánica del Poder judicial y leerse el re sumen estadístico que procede al trabajo del ministro, declaró éste abiertos los Tribunales de justicia para el año 1909 á 1910. A) solemne acto asistió numeroso y distinguido público. DISCURSO DEL MINISTRO 1 a justicia municipal. Trajo la nueva ley gran mudanza, ¡pero son muchos los interesados en desconocerla, quizá con la esperanza de builarla. Es humano, y no hay que extrañar- -porque generalmente sucede- -que los perjudicados protestan, los beneficiados no replican, y callan cuantos representan el interés general. No importa que callen si asienten, si cooperan á obra de tan primordial interés, que les satisface en las que son primeras y múltiples relaciones de justicia. Repárese lo que es la ley de creación de Tribunales municipales, como los forma con elección de adjuntos y llamamiento, donde ha lugar automático de jueces (sin olvidar los que descarta) previo informe que mucho vale y á mucho obliga, del juez de partido, para que nombre la Sala de gobierno de la Audiencia territorial, asistida de los decanos del iColegio de Abogados y Notarios, y conociendo ea alzada y resolviendo en definiti, va la Sala de gobierno del Tribunal SuIpremo, 1 Compárese esto con aquella terna del juez y nombramiento unipersonal, que, previa audiencia del señor gobernador civil, hacía el señor presidente de la Audiencia, funciofnario tatnbiéa á merced del ministro, en último término llamado á conocer y resolver de Real orden las alzadas, y dígase si todo ello no era ejerap o vivo de confusión en las Cosas, relaciones y responsabilidades que cubría la superior del Gobierno, sellando con su fuerza y autoridad cuanto era obra de la oligarquía imperante, influencia innominada, quizá vergonzosa, escondido su no confesarle interés en cada rincón del país y calladamente operando sobre fuerzas que, eslabonándose á través de la jerarquía oficial, subían al ministro para descender como mandato de la voluntad centralizada. Y no se sabe qué era peor, si el resultado torpe y malo, ó el camino de zarzales para llegar á él seguido, y en que dejaban- cuantos intervenían con su autoridad tantos jirones, mientras esperaban para aprovecharse, tras las bardas ocultos, los aludidos innominados caciques. Mucho vaa ganando, con sólo apartarse de semejantes andanzas, los Gobiernos y sus representantes, entregada á los de la misma Justicia, cuanto á la municipal se refiere, por lo que pudo recordar, en su comentario y defensa de la ley, ilustre profesor, memorable iniciativa de Salmerón en circunstancia y con resultados efímeros. De los resultados de su nueva organiza, cióa, siquiera sean los informes muy favorables y demostrativos de mejora, no es momento de hablar todavía menos lo es de juzgarla. Tanto valiera tomar cuentas á la ciudadanía por no acudir presurosa, no es ése el paso ni el modo como llegan á prestar su concurso y cooperación las fuerzas sociales. Ni esta ley m la sola relación que determina bastan al logro de mejoras que se han de extender á todo el régiinen para que convalezca, y a u i entouces el revivir, afinando la sensación, acentuará los dolores con impresión pasajera de empeoramiento, que no deja de ser peligrosa compartiéndola tantos, y aprovechándola para sus particularísimos fines quienes sólo pueden subsistir ó prevalecer por la recaída. Requiere la reforma que el espíritu de ella se comparta y lleve á los diferentes órdenes y representaciones de la vida pública, cosa que en tanta parte corresponde á las responsabilidades ajenas- -colectivas ó individuales, -cumpliendo coa las suyas el Gobierno al abrir y disponer los cauces por donde ha de circulat aquella savia regeneradora con que se nutren las instituciones democráticas; y no es mucho pedir plazo para que florezcan las que nacen, cuando tanto ó mas lo necesitan para convaleeer aquellas que, como el Jurado, arrastran desmedrada, lánguida existencia. i os Sindicatos agrícolas. -ha. ley de J 90.6 sobre Sindicatos grí- colas reconoce á éstos capacidad jurídica según el art. 38 del Código civil. tíl movimiento general, la lucha económica, es ahora poderoso estímulo á la acción asociada que antes contradijo, y su influjo, extendido á los campos, se apodera de quienes, apartados y como perdidos en el seno de una naturaleza que les atrae y absorbe, llegan á extremo en que semejan, más que participar, identificarse con su inmovilidad y quietud. Enorme tiene que ser la conmoción que les hace sacudir tanta inercia. A bien que si la tierra, en cierto modo, es lo que máb separa, en otro es lo que más. une; y la que fue causa del retardo lo es de la seguridad, propias, inherentes á la vida agraria, estabilidad y permanencia, positivas virtudes de la Asociación, que incomparablemente aseguran fecundidad de consecuencias. Preferente boga de otras formas de la propiedad contribuyó al menosprecio de la inmueble territorial, no conocida y estimada en su verdadero valor, que no es simplemente el material, el de la mera relación en cambio, porque se suma á éste un valor moral de subidísimo interés é importancia para el bien de las sociedades y el orden y la tranquilidad de los Estados. Nervio y- fuerza incomparable de pueblo constituido en democracia, la de sus clases agrarias, al mismo tiempo sujetas por heredados lazos al suelo y á la tradición familiar, amores filiaks ambos que se enlazan y resumen como en uuo solo en la unidad del hogar y del terruño que le rodea. L, a condición del terruño es la de sus cultivadores, seguros, firmes, constantes, que en la serena tranquilidad, en la lentitud misma, ocultan á los distraídos, pero muestran álos observadores el secreto de tan silenciosa como saludable actividad. Son los caracteres que convienen á una verdadera soberanía social los que la aseguran con aleación y lastre, en que pone Naturaleza lo que más han menester las de- mocracias; permanente influjo que vale por lo que es en sí y por lo que modera y corrige, substituyendo, ea buena parte, aquella inspiración fácil, movible, improvisadora, de! a ciudadanía urbana, siempre alterada y cambiante, como en condición, en inclinaciones, según el aire que sopla, ó la voz que la halaga y solicita. D ¿mucho puede valer para ulteriores fines el que ambos mundos, rural y urbano, se aproximen y comprendan, aunque nunca confundan los que son peculiares modos de entender y sentir, en que semejan determinarse, más que por la condición personal, por la de las cosas en que están y se emplean; decisivo con exceso, hasta aquí, el ascendiente de las urbanas Es menester que el suelo no se mude y vacile; que, firme y estable, sirva no para mero sostén de individuos, sino de familias, de hogares, contrapuesto este interés, al egoísta de cada cual, anudados lazos que de tiempo atrás se a ¡ojaronórompieron, víneulos morales y económicos, visibles ú ocultos, que valen para cura de nuevo peligroso nomadismo y dan á la sociedad fuerza, á un tiempo impulsora y resistente, proporcionada á los adelantos y competencias que agrandan y agravan las luchas de la vida. Solidaridad de tierra y hombre, de hombre y familia y de familias entre sí; cuanto constituye la mejor parte del tejido social, que. pudo un punto desconocerse ó no apreciarse, según las estimas debidas á lo que representan y son esas fuerzas, coordinadas conforme á natural tendencia y espontáneo carácter. Retoños y renuevos de árboi secular, instituciones objeto de especial predilección, mayor la que logran las extrañas que las indígenas, biea la merecen cuando sun tan