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A B C. D O M I N G O 12 D E S E P T I E M B R E D 3909. E D I C I Ó N i. PAG, 14. ttfefeeen nuestra consideración; pero vaya se rió, satisfecha de proporcionar una alenuestra firma cotao un rasgcTde piedad su- gría al alma sincera y candida de Juan. -Si mi padre quiere, te diré una cosa. prema que nosotros, los admirables tene- ¿Qaé cosa? ¡Dila, dila pronto! mos para con ellos. -Más tarde... Pues bien; á esta cerrazón mental de los- -Como quieras, Cecilia. maravillosos escritores, á este desdén olímBalaruc se levantó á las doce. Al pronto pico, á este altivo desconocimiento de lo que es España, nosotros podemos contestar le extrañó ver á Juan, pero poco á poco fue con doble desdén y doble altanería. Quéde- recordando los incidentes de la víspera, el se cada uno en su casa si así se desea. Se- juego, el vino, los cien francos perdidos. remos todo lo modestos y lo pobres que se- ¿Todavía estás aquí? -murmuró entre quiera. Pero aquí, dentro de nuestra mo- dientes, ¿Dónde está mi pipa? destia, tenemos nuestra eseritura, nuestros La pipa se había perdido. Corrió Juaa esInvestigadores científicos, nuestros artis- pontáneamente á Lainalon para comprar tas, nuestra vida mental. Poco á poco va- otra. Volvió sudando, y Balarac s alegró mos marchando y haciendo adelantar á de tener un criado íaa atento y tan barato. nuestro país. Tenemos detrás de nosotros Durante el almuerzo, Cecilia propuso á su una historia de bella tradición literaria y padfi que se quedara Juan. política. Como hemos sido eso, podremos- -Acepto- -contestó el amo. ero piénsavolverlo á ser. Y sobre todo, no necesitamos lo bien; puedes comprometerte. para nada, ni lo queremos, el fingido gesto- -Había previsto la objeción. Considera humanitario- -desdén é ignorancia- -con que tenemos que agrandar el ventorro. que un olímpico escritor, maravilloso y su- Juan, cuando no tenga nada que hacer, editil, pretende redimirnos. ficará un piso más y blanqueará todas las paredes. AZORIN. Juan se reía, pensando que iba á edificar para él después de haber edificado tanto para los demás. Se atrevió á hablar de boda. SECCIÓN LITERARIA- -Pertenezco á una familia honrada- -dijo. -y Cecilia no tiene novio. Yo la querré j DñQ! i l R L r U c C como nadie. -Eso- -replicó Balaruc- -depende de vosCUENTO, POR JORGE 3 EAUME otros dos. Que seas tú ó que sea otro, para III Y ÚLTIMO mí resulta igual. o habían regresado á la hora de cenar. ¿Y si yo le persuadiera á usted de que Cecilia cerró muy tarde la puerta del valgo más que ningún otro en lo que se reventorro. Una mujer menos ocupada que fiere al trabajo y al cariño... ¡Qué contenta ella en los quehaceres de su casa hubiese se pondría mi madre! sentido miedo al verse sola, en una carreteDespués de una oausa, Cecilia se levantó ía solitaria. y dijo: Balaruc, como de costumbre, había juga- -Vete esta noche á Bedaneux. con tus do en la feria de Poujol. Había bebido des- compañeros y tráenos mañana á tu madre. pués sin sed y tan abundantemente que Veremos... hasta las doce no había querido volver á su- -Pero ¿no era utia broma? -exclamó Casa. Juan, que no sabía! o que le sucedía. Sin Juan, que lo sostenía, hubiese rodado La muchacha se filé. Los dos hombres veinte veces por los suelos. A pesar del las- trincaron corno lo habían hecho la víspera timoso estado en que se hallaba, le quedaba en Poujol. Suficiente conocimiento para temer el moLa mañana siguiente una carretela se demento en que se encontrara delante de su tuvo en la puerta del ventorro. Bajó Juan y hija. ayudó á su madre á que bajara. Esta besó á Juan fue quien llamó á la puerta. Cecilia y la tuteó en seguida, como si la co- -Abre, Cecilia. Somos nosotros. nociera hacía tiempo. La muchacha reconoció la voz del albañil Cecilia, encantada, la llevó donde estaba y bajó corriendo por la escalera de madera. Balaruc, que la recibió al principio de mala- ¡Tarde y con daño! -exclamó al ver á gana. Pero la vieja seduj. 0 pronto al amo su padre atontada y desencajado. ¿Cuándo con su charla. Cecilia aprovechó la coyunJe corregirás? tura. Balaruc bajó la cabeza sin atreverse á- -Juan- -dijo, -tu madre se contestar Juan lo acompañó hasta su cuar- quiere en el segundo piso que instalará si vas edifito y luego bajó, y contoneándose para ocul- car. Así mi padre no vivirá solo, á no se tar su timidez, se acercó á Cecilia. aburrirá y pensará menos en las tabernas de- ¿Cuánto ha perdido mi padre? -pregun- Poujol y de Lama- Ion. tó ésla. ¿Y nosotros? -Cien francos. y nada más que- ¡Y yo que tanto trabajo para ganarlos! en- ¡Egoísta! Piensas en ti tienes el pajar. ti. Mientras tanto, ahí -Trabajas mucho porque estás sola. compraremos- -Claro está que... Y tú, ¿qué vas á hacer? Arreglarás mi cuarto y más grande. una cama mayor, un armario Supongo que no te haría gracia volver ahoPor la tarde, Balaruc se fue de paseo con ra al pueblo. la vieja, que no había salido nunca de Be- -No tengo más remedio. -Vete á acostar en el pajar. Mañana ha- darieux, para enseñarle los alrededores. Cuando volvieron no había nadie en la blaremos. casa. Se separaron sin más palacras. ¿Dónde demonios se habrán metido los El día siguiente, Juan se puso en pie apenas oyó que Cecilia trajinaba por la dos tórtolos? -murmuró el amo. Los encontraron hablando en la huerta. casa. Fue á lavarse en la fuente y se restregó luego las manos con la tierra olorosa del El albañil escuchaba á la muchacha con jardín. Cuando se presentó en la cocina, tí- beatitud. ¡Cuando hayas edificado el piso- -le dettüdo y vacilante, Cecilia fue á su encuentro. cía Cecilia- -nos casaremos, Pasabas por- -Silencio- -le dijo, -mi padre- duerme. tonto, porque eres bueno y porque te da á -En efecto, necesita descanso. Y como Juan hiciera el ademán d e b u- veces por contemplar los astros. Querámotarse, Cecilia lo retuvo tirándole de la blusa, nos. Mientras estés conmigo no pensarás en laá estrellas. y con aire misterioso y resuelto le dijo: -Como te veré siempre, no pensaré más v- -Si quieres, no te irás. Te quedarás aquí. que en ti. ¡Aquí! Se arrodilló y besó con inmensa alegría Juan dio un brinco de alegría, y, envalentonándose, dio un beso á la muchacha. Ella Ja falda de Cecilia. -No los molestemos- -dijo Balaruc á la vieja, que sonreía. Y los dos viejos se fueron á la cocina, recordando su infancia y, sobre todo, su juventud. Balaruc, para no molestar á la madre de Juan, no fumaba tanto como de costumbre. Se puso á charlar al amor de la lumbre, removió sus recuerdos al mismo tiempo que las cenizas y que la leña, y ésta, recobrando nueva vida, ardió con altas y repentinas llamas GEORGES B S A U M E EL DUQLTS DE SOTOMAYOR O n la ciudad de San Sebastián falleció ayer, después de larga y penosa enfermedad, soportada con cristiana resignación y ejemplar entereza, el duque de Sotomayor, jefe superior de Palacio. Era el finado un modelo de caballeros á la antigua usanza española. Dotado de clara inteligencia, de carácter equilibrado y sereno, de maneras y trato social de una exquisita corrección, liego por sus personales méritos á ocupar uno de los más elevados puestos en la sociedad española, sin que jamás utilizase su influencia ni su posición sino en el más estricto cumplimiento de su deber y en hacer el bien escondidamente. sin ostentaciones ni alardes. Desde hace muchos años prestaba ala familia Real sus valiosísimos servicios. Primero con la Reina doña Cristina, en la regencia, como mayordomo mayor, uniendo á este cargo el que ahora tenía á poco de morir el duque de Medina Sidonia, y de jando la niayordomía m y oreando Su Majestad el Rey nombró para tal cargo al caballeroso marqués de la Mina, fue siempre un fidelísimo servidor, un prudente consejero que nada hizo nunca para su medro personal. Desde hace algunos años estaba delicado; pero lo que minó lentamente su existencia fue la terrible pena de haber visto morir hace seis años á su hijo primogénito, á aquel simpático Carlos, marqués de CasaIrujo, llano é inteligente, digno heredero de sus cualidades y uno de los jóvenes de la rancia aristocracia española de más brillante porvenir, cortado prematuramente cuando todo le sonreía. Desde aquella triste fecha el duque de Sotornayor se agravó en su dolencia, y de su semblante, que parecía arrancado de un Leazo del Greco, no se borró un momento la sombra del dolor. En política figuró en sus primeros años ea el partido conservador, y fue diputado por Ciudad Rodrigo y senador por Logroño; pero desde que tuvo alto cargo de confianza cerca dejas Reales personas se apartó por completo de los campos parlamentarios y políticos. El Rey, las Reinas, los Infantes, todos lamentarán mucho, seguramente, su muerte; en Palacio su pérdida será muy sensible porque era la discreción personificada con quien tenía mayor jerarquía que la suya, cortés y atento con sus iguales, asequible y justo con sus subordinados. Descanse en paz el cumplido caballero y ferviente católico y reciba su atribulada, familia nuestro sincero pésame. pión Carlos Martínez de Irujo y del Alca zar había nacido el 5 de Abril de 1846; era en la actualidad sumiller de Corps. guardasellos y jefe superior de Palacio, s e nador por derecho propio, maestrante y vo cal de Zaragoza, comendador mayor de León y dignidad de Trece en la ínclita Orden dei Santiago, grande de España y gentilhombre de S. M. con, ejercicio y servidumbre; poseía infinidad de condecoraciones E N lililí lililí I nilirailliiTniniíi irannninminiroitiinr l i m a r í a n