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A B C VIERNES to DE SEPTIEMBRE DE i9o9 EDICIÓN i.8 PAG. 2 0 cuatro extremos del cajón, dan la idea, algo lejana, de una inesa cualquiera... Con la sillería ocurre lo propio: la forman cajones y mantas dobladas, y alguna piedra de regular tamaño que se halla por los alrededores, con lo que cada uno se hace la cuenta de que dispone de unos cómodos sillones Imperio. Dormir, se duerme Sobre un jergón de paja ó sobre una cama de campaña. La manta es una admirable solución, porque ella sola substituye á la ropa d cama y se adapta á todo lo imaginable. K l agua en el zoco. Todos los días se hacen sondeos en los terrenos del campamento para hallar elagua que las tropas necesitan. Aunque en los primeros días nadie se lavaba en el zoco por no derrochar el precioso tesoro líquido, los repetidos trabajos del personal de Ingenieros han dado el resultado que se esperaba. Cada día hay más agua y cada vez sale más limpia y en mejores cendiciones de potabilidad. También la bebí con fruición, y aun sin hallarse bien destilada, puede, á mi juicio, competir con el agua de Melilla. Por esta parte, pues, el abastecimiento de las tropas del zoco parece ya asegurado, BENITO MM 1 N. VICTORIAS DE NUESTRAS TROPAS T e El Popular, de Málaga, llegado ayer á Madrid, transcribimos el siguiente relato que del combate de Lehdara ha hecho un testigo presencial del brillante suceso: Negocios del comercio me llevaron ayer Ká la Restinga, adonde llegué á las cuatro fie la tarde. A esa hora salió un convoy para el zoco de El- Arba, y unido á las fuerzas que lo protegían marché á la nueva posición, adonde llegamos dos horas después. 331 trayecto es bastante molesto, pues hay que pasar- por grandes arenales que dificultan la marcha. En el campamento del zoco se nota mucha actividad. Ivas tiendas de campaña en donde se aloJan las fuerzas háüanse solamente protegidas por una trinchera no muy elevada y una alambrada de escasa resistencia, que se estienden en derredor del campamento. Hasta las diez de la noche, la tranquili dad en el campo vecino es completa. Véome obligado á pernoctar en unión da las berzas que manda el general Aguilera, y aprovecho los ofrecimientos de un alma caritativa que me brinda con un modesto lecho de paja en una de las infinitas tiendas de campaña gue por doquier se levantan. Cerca de las once se oyen varios disparos de fusilería, hechos desde las inmediacioies del campamento. Uno de los proyectiles perfora la lona de nuestra tienda. Yo tiemblo como un azogado. El pánico se apodera de mí, y no puedo conciliar el ¿lueño. I a noche transcurre sin nuevas agresiones. Desde mi dormitorio distingo las hogue- ras que en los montes de Lehdara lucen desde media noche. Entre los soldados ha circulado el rumor de que mañana será atacado el campamento. A las cinco y media varias parejas de Caballería destácanse del campamento para efectuar la descubierta. Poco después percibimos el ruido de una áesc? rga cerrada de fusilería. Me asomo á las trincheras y veo nutridos grupos de cabileños que avanzan en dirección al campamento. Su actitud no es nada tranquilizadora. Las cornetas tocan á generala. Las fuerzas se ponen sobre las arinas, dispuestas á rechazar el ataque, que promete ser duro. Los disparos de los atacantes son cada vez más frecuentes. Los jinetes españoles se han visto obligados á echar pie á tierra. Un momento después, el fuego de los atacantes nos advierte que corremos peligro. El general Aguilera ordena la salida de las tropas x Estas toman posiciones á corta distancia del campamento. Empieza el combate. Las baterías Schneider y de montaña, que ocupan los extremos de la línea de fuego, hacen certeros disparos. Un casco de metralla sorprende á un cabileño que á unos 300 metros de nuestras fuerzas lucha con un entusiasmo digno de mejor causa. El moro cae al suelo para no levantarse más. Un grupo de seis cabileños intenta recoger el cadáver. Cuando se disponen á haserlo, un proyectil perfectamente calculado les manda á hacer compañía al Profeta. El entusiasmo de nuestras tropas va en aumento; los soldados abandonan las trincheras. y á cuerpo descubierto disparan contra los atacantes. Se oye la voz deí general Aguilera, que dice: -Muchachos, no salirse de las trincheras; -pero los bravos infantes del Rey y de León, dispuestos á castigar con rigor las detaasías de los moros, apenas si obedecen las cariñosas advertencias del pundonoroso general, que recorre la línea de fuego dando acertadas disposiciones. En el fragor del combate todos se muestran ajenos al peligro. El duque de Zaragoza, desde las avanzadas, hace certeros disparos. Cuando pone fuera de combate á algún enemigo, grita á sus compañeru- -Ese lo he matado yo En todos los semblantes se retrata la satisfacción Un numeroso grupo de jinetes moros avanza en desenfrenada carrera. Pronto se ven obligados á retroceder, diezmados por la metralla. Hombres y anímales dan con sus cuerpos en tierra, completamente despedazados por los proyectiles de la artillería. Esta desnace una trinchera tras la que se ocultaban muchos moros. Miembros de hombres y de animales vuelan por los aires á impulsos de la metralla. De vez en cuando se oyen, atronando el espacio, entusiastas gritos de ¡TiVa España! El enemigo, que al iniciarse el combate sumaba un total de más de cuatro mil hom bres, entre jinetes é infantes, presa de inmenso pánico huye á la desbaldada. Un grupo de jinetes, perseguíaos de cerca por nuestros soldados, viéndose en inminente peligro e perecer en nuestras mañ nos, se arrojó á la Mar Chica, en donde muchos encontraron la muerte. A las ouce el fue- go ha cesado casi por completo. Los soldados pretenden salir en persecución de los que huyen. El general Aguilera se opone con muy buen acuerdo, El regocijo invade todos los corazones. Yo no he visto más entusiasmo ni más bravura. El general Aguilera dispone que una pequeña columna avance hasta Lehdara. Al 1 llegar observa que los infinitos aduares que la componen han quedado desiertos. Ancia nos, mujeres y niños, todos corrieron hacia el interior, temerosos del castigo. La columna se apodera de gran cantidad de trigo y cebada almacenada en los silos, y poco después regresó al campamento. Poco antes de las doce, sólo se percibe el ruido de algunos disparos sueltos. A esa hora emprendo el regreso á la Restinga, gratamente impresionado de la jornada de hoy, que supera á cuanto pued? crerr la fantasía. NOTICIAS DEM R 1 N A yer fueron facilitadas en el ministerio de Marínalas siguientes noticias oficia- les, relativas al movimiento de nuestros 1 barcos en aguas de Marruecos: dice desde Tánger: Acaba de íondear, habiendo barajado costa hasta Larache y tocado Arcila; ida y vuelta de noche a muy corta distancia sin novedad. Tengo en Melila viento NO. fresco, marejadilla, del ursino buen cariz. a entrado en Ceuta el María de Molina. IJa fondeado en la Restinga el Carlos? EI general deja escuadra manifiesta que ayer á las seis fondeó en Punta Restinga, donde dejó el segando bote del Carlos V armado y petrechado para ser anclado en Mar Chica. ¿A la una, á instancias del general en jefe, he fondeado en las inmediaciones de, Muley Aliferif para dar agua á las tropas allí acampadas, en cuya faena he estado hasta las doce de la noche, dirigiéndome después á este puerto, donde he fondeado á las diez. En el hospital de Cartagena existen los heridos siguientes: un ofioial y ve te de tropa. Camas disponibles, 241.1 El comandante del Marques de la Victoria COM LEÓN Y CAS l i LLO PAFJS, 8 N. I I n popular diario publica hoy una inter víú celebrada por uno de sus redactores con el embajador de Esnaña en Francia, Sr. León y Castillo. Dijo el marqués del Muui, hablando de la extensión de las operaciones que está llevando á cabo el Ejército español, que el campo de acción se entendía por Q iebdana por ser indispensable rodear el Gurugú para castigar á los moros que allí se albergan y desde allí atacan á los soldados españoles. Afirmó el embajador que el único objetivo de España era castigar á los rífenos, y que las operaciones se efectúan de perfecto acuerdo con Francia. Y terminó la interviú insistiendo en la necesidad de que por la Prensa de ambos países se afiance y no debilite las buenas relaciones establecidas en este asu nto trascendental entre los Gabinetes de París- y Madrid LA PRiSNSA EXTRANJERA I e Te, nps reconoce el derecho de España á vengar el agravio de que fue víctima por parte de los rífenos, pero teme que el retraso en la reprensión aumente la efervescencia y se extienda la agitación entre las cabilas fronterizas. Termina confiando en que España no transformará la legítima operación de policía en una campaña militar, tan peligrosa como inútil, á juicio del autor fiel artículo LOND m s ct, 10 í, PARÍS, 9 1 O N. p l Tunes publica hoy un artículo acerca de -1 la campaña de Melilia, en el que h? ce elogios del general Marina y de su tácci a. ffini i mi mu i m H