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A B C MARTES 7 DE SEPTIEMBRE DE 1909. EDICIÓN 1. PAG. t LAS MONTANAS f u é ptefíere el lector, las montañas vasVe cas, llenas de vegetación, negruzcas, uniformes, de curvas suaves, ó las montañas levantinas, claras, radiantes, peladas, cubiertas tan sólo de plantas bajas, ó las montañas castellanas, nobles, austeras, abruptas, grandiosas. l, a montaña, como el mar, tiene- un encanto indefinible; es Siempre la misma, como el mar, y es siempre distinta. El paisaje de) a llanura es más uniforme, menos sujeto á variaciones. En la montaña, la luz y el cielo van poniendo en cada hora, en cada minuto del día, un nuevo aspecto, un nuevo matiz, un nuevo encanto. La luz, hace cambiar la íisonoruía de los barrancos, de los picachos, de las Ionios, de los oteros, de los altos recuestos. Una montaña no es la misma en las primeras horas de la mañana que ai mediodía, ni al mediodía que é. la tarde. La luz parece que juega y se explaya en las montañas. Son- más espléndidas en ellas las luminarias fuertes y reverberantes del sol, y son más gratas y más apacibles las sombras. Lassombras, en las montañas, ueuen su coloración especial; hay en ellas, como han visto los pintores impresionistas, sombras azules, sombras amarillas, sombras viole. tas. ¿Quién nos dirá el atractivo admirable de una honda y silenciosa cañad J ó torren tera, bañada por una sombra suave, con algún a l zo ó algún olivo silveshre, ó c- i algún hontanar claro y fresco que va manando calladamente, en tanto que allá arriba los picachos cubiertos brillan, refulgen, iluminados por el sol? Existe en las montañas otro elemento que hace juego maravilloso con la luz y con la sombra: el silencio. El silencio es algo que atrae al artista y al ciudadano intelectual; Carlyle lo adoraba, lo ansiaba, y no podía pasar sin él. Sobre el silencio se han escrito modernamente muy, bellas páginas. No todos los silencios son 1 lo mismo. No son iguales los silencios de Ja ciudad y los de la campiña. En la campiña no son lo mismo los silencios del llano que los de la montaña. Hay silencios trágicos, angustiosos, desgarradores; los hay gratos, preñados de satisfacción, de intimo placer espiritual, y los hay, finalmente, indefinibles, ambiguos, silencios, de los cuales no sabemos lo que va á surgir, si la felicidad ó el infortunio. Lo que nos place profundamente en los silencios de las montañas es la segundad en ellos mismos, es decir, la certiau- nbre ín quebrantable de que estos silencios no h n de ser turbados. Los mismos ruidos ligeros de la montaña- -su voz íeve, casi imperceptible é intermitente, -el vuelo de un pájaro, el son sonoro de los árboles, el tintineo lejano áe una esquila, el murmurio de una fuente; estos mismos ruidos vienen á hacer más grato, más profundo, más sedante, el silencio. ¿Qué montañas son las predilectas del lector: las vascas, las levantinas ó las castellanas? Amémoslas todas. Las ínomatias son una revelación moderna (como el niar) Se puede decir que viven en ei arte desdo el libro de Michelet y desde los libros de Ruskin. En nuestra literatura, aparte de las indicaciones y ojeadas episódicas, incidenta es, de Garcüaso y de Fray Luis de León, ¿quién ha sentido las montañas como nosotros i as amamos y sentimos? He dejado aparte el nombre dt Velázquez. El gran pintor ha amado también las montañas. Ha amado una de las más bellas, nobles, austeras, grandiosas montañas de nuestra patria; el Guadarrama. Sobre el Guadarrama acaba de publicar el Sr. Bernaldo de Quirós una bellísima monografía: Guía alpina del Guadarrama. Son estas líneas un anuncio, sólo un anuncio del libro. El Sr. Quirós, educado en la ins- titución libre de enseñanza, y profesor de otra institución análoga (la dedicada á la enseñanza de la mujer) tiene la escrupulosidad, la ponderación y la honradez intelectual que distingue á cuantos han formado su espíritu en aquel admirable centro docente. Algo hubiera yo querido ver en esta linda Guía como apéndice: el muy hermoso estudio que, tomando por base el mismo Guadarrama, escribió D. Francisco Giner eon el título de Paisajt; estudio no coleccionado en los libros del maestro y publicado hace años en la Uttstración Artística, de Barcelona AZOR 1 N. DE NUESTRO CORRESPONSAL Tirol, desde Innsbruck á Bozen, celebran actualmente el centenario de la sublevación de 1809, el movimiento nacional contra el Tratado de Pressbourg, que había anexado el Tiroi á Baviera. Aquel levantamiento es una de las páginas más gloriosas del Tirol, cuyos habitantes, capitaneados por Audreas Hofer, llenaron de asombro toda Europa por su valentía y patriotismo. Por eso estos días, de todas partes del imperio, y principalmente del Tirol, acuden á su capital, Innsbruck, millares de personas para celebrar tan gloriosa fecha y probar una vez más á su Kaiser su amor y patriotismo, Innsbruck, la vieja ciudad á orillas del Inii, perdida entre montañas cubiertas de nieve, presenta estos días un aspecto y golpe de vista magnífico. No me ha sido posible contar los arcos de triunfo que, construídos con madera y adornados con tapices y fio) es, se levantan á la entrada de cada calle y p a En todas las ventanas ondean ban dera nacionales y de la provincia, que, mezclando sus colores con los de los trajes del país y con lo verde de los árboles y lo blanco de la nieve que en el fondo de cada calle se divisa, forman un cuadro de lo más pintoresco que uno puede imaginarse. El emperador Francisco José no había estado en Innsbruck desde el año 1895, y por este motivo, y movidos por los sentimientos patrióticos que en sus corazones anidan, han venido millares de personas para ver á su amado Kaiser y, con los gritos característicos que los habitantes del país dejan escapar de sus gargantas cuando quieren desear la bienvenida á alguien, coa sus yu... ju... é... e... hacerle una recepción como pocas ha tenido. Cabalgatas, representaciones teatrales, actos patrióticos, conciertos, misas de campaña, revistas militares, fuegos artificiales, bailes... todo lo tenemos aquí. Lo que uno no tiene es la tranquilidad. ¡Quisiera ver al valiente que ha podido cerrar los ojos la noche pasada! ¡Ni el mismísimo Kaiserl DETRATOS r LSBROS I OS escaparates JV- de las tiendas están repletos de fotografías representando al héroe del día, Andreas Hofer, y escenas de la guerra de 1809. En medio de los mismos, el retrato del emperador Francisco José desaparece bajo verdes ramas de encina y laurel. En las vitrinas de las librerías llama la atención un libro blanco con un águila roja. Lleva el título de Tirols Erhebung, y todo el mundo lo compra y lo lee en el café, en el restaurant ó paseando por las calles engalanadas de Innsbruck. También yo lo h- comprado, y sabiendo que geaeisumease esta clase de libros pier- A B C EN INNSBRUCK l. TI ROL EN FIES TA Todas las ciudaE des y aldeas del den su importancia cuando se leea fuera de la atmósfera patriótica en que se han publicado, me he sentado en uno de los bancos que adornan la Marianstrasse, y allí, bajo el estruendo de los cañones, ensordecido por el ruido de la calle, lo he leído de un tirón. Después se 10 he regalado a un viejo campesino que con envidia contemplaba la prenda que yo ¡había adquirido que para celebrar la fiesta había venido á pie de una aldea perdida entre los Alpes, situada á 33 leguas de Innsbruck. Lo ha envuelto en su pañuelo rojo de bolsillo y quería besarme la mano de eontento. Como me rogaba que escribiera mi nombre y dirección en una de sus páginas, saqué mi lápiz y escribí: A. S. Hotel Karl. Cuarto núm. 12. Innsbruck Al ver á estos hombres tan simples, tan buenos, parece extraño que cuando el momento llega sepan luchar con tanto valor. Sólo el patriotismo que vive en sus corazones les da fuerza para combatir hasta conseguir la victoria ó la muerte. La victoria estará siempre á su lado porque ellos son patrióticos, patrióticos de verdad. 1 A REVOLUCIÓN Veamos ahora, para convencernos de la importancia que tiene para ellos esta fiesta, cuál fue el motivo de la revolución y cuáles fueron sus consecuencias. El emperador de Austria, en su proclamación del 29 de Diciembre de 1805, despedíase de su amado Tirol en términos muy emocionantes. Le decía cuánto sentía 10 sucedido y que había obtenido del Gobierno de Baviera la promesa de que nadie tocaría á sus leyes y que sus costumbres continuarían siendo respetadas. El Gobierno de Baviera había prometido lo mismo á una diputación de Innsbruck que había ido á Munich. Pero todos lo sabemos: cEl rey gobierna, pero no reina. Los representantes de Baviera enviados al país anexionado no supieron cumplir las promesas reales. Algunos días después llegó una orden de Munich ordenando hacer el inventarío de los bienes de la Iglesia, objetos de culto, edificios y todo lo que era propiedad privada del clero. El príncipe Emanuel, condt de Ihurn, hispo de Trento y el obispo de Coire fueron invitados á venir á Innsbruck, pero no quisieron obedecer la orden real; debido á esta desobediencia fueron expulsados de su país que había pasado á ser de Baviera, y entraron en Austria. Estas órdenes y otras, como el reclutamiento de soleados y las contribuciones, siempre más crecidas, hacían nacer en el corazón de aquellos nobles montañeses y fervientes patrióticos sentimientos de venganza y rebelión. En Fringert, cerca de Bozen, tuvo lugat una reunión, presidida por Andreas Hofer, y decidieron sublevarse. Las hostilidades empezaron el 9 ae Abril de 1809, y el mismo día el general austríaco Cliasteler entró en el territorio mencionado. Los franceses, al tener noticia de todo esto y de que se encontraban en Fraazeafeste, emprendieron su marcha á Innsbruck, para unirse al Ejército de Baviera. Luego empezó una guerra terrible, una guerra de guerrillas. Los montañeses, mandados por Andreas Hofer, luchaban con un valor admirable. Los sacerdotes, cruz en mano, alentaban á los campesinos. Las campanas tocaban á rebato en todas las aldeas del Tirol, y todos los habitantes, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, luchaban ñor la independencia de su patria. Ya casi habían conseguido la victoria, cuando Andreas Hofer, el héroe hoy tan festejado, fue traicionado por no de los suyos. El traidor, el miserable, fue Pedro RaffU Una noche del mes de Enero de 1 S 10, An