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A B C LUNES 6 Pg HPTlEMPKE BBfnON i PAG. 8. El espectáculo, poco grato en verdad, i ha vuelto á reproducirse. Por muy moro que sea, por mucho que á diario se repita en juergas privadas, ei pudor público se ha ofendido de lo que tolera el impudor privado, y el mancebo bailarín no ha vuelto á reaparecer como número de los festejos. Otro día, una mañana, organizóse una procesión singular. Gran grupo de moros, serios, graves, casi místicos, paseó las calles llevando en medio á un negrazo montado en una burra (los lectores no ignoran que Bu- Hamara vale tanto como decir el tío de la burra Llevaba el negro una larga espada eu actitud entre cómica y triunfal, miraba altivo y con orgullo é iba rodeado de aleares servidores que lo tapaban con un quitasol y espantaban con sendos pañuelos á las moscas que pretendían acercársele: ni más ni menos que si fuera el propio Sultán. Buen tropel de montañeses lo seguía, disparando sus espingardas, cargadas con do- ble y triple carga. Al lado de estos festejos populares siguen desarrollándose los de carácter más aristocrático, las grandes comidas, los suntuosos banquetes, en los que el oajá echa la casa por la ventana. He asistido á uno de ellos, y aunque no era njievo para mí una comida mora, debo confesar que me sorprendió grandemente. En el gran patio del palacio del bajá, doa de aun quedan restos de maravillosos artesonados y riquísimos dinteles, iluminando la escena este espléndido sol que hacía brillar las encaladas paredes con luz poderosísima, habíanse colocado varios grupos de colchonetas y de alfombras. El testero de honor era para nosotros, para el Cuerpo consular y para los dos ó tres cristianos que, sin representación alguna, asistíamos á la fiesta. En la galería de nuestra derecha estaba el bajá con veinte ó treinta moros; eu el centro del patio, á uno y otro lado de la fuente, dos orquestas (llamémoslas asi) una de Tetuán, con una guzla, dos violinea, dos laúdes y una pandereta, y otra venida de Marrakés, con un guetnbri, n pandero cuadrado y dos derbugas con la forma y el color de dos antiguos tarros de Talayera, Alternaban una y otra cantando kásidas amatorias acompañadas por los instrumentos, romances de amor que elogiaban los. ojos de fuego, las pestañas de acero, el talle de la amaoa, esbelto como una vela. Los instrumentistas entonaban las estrofas en un éxtasis voluptuoso, con los ojos medio, cerrados, la cabeza echada atrás, moviéndola lentamente de un lado á otro. Los de Tetuan cantaban á gritos; los de Marrakés con una voz gangosa, nasal, producto, sin. duda, de una tradición de virtuosismo, cuya belleza nos escapaba por completo. Cuando llevábamos dos ó tres horas oyen do kásidas y tomando té, los mejasais que nos servían aparecieron por nna puerta rodando por el suelo hasta cuatro soberbias bandejas de cobre de metro y medio de diá metro. Comenzaban los preludios del banquete, Otrosmejasnis fueron colocando cuidadosamente alineadas al lado. nuestro hasta seis palanganas de latón con baño de porcelana, cubiertas con grandes tapaderas de barro, y otras dos fuentes más, la última de las ensiles contenía una pirámide monumental (le arroz; otras tantas palanganas y fuentes fueron colocadas al lado del bajá. Poco dsspués nos trajeron la jofaina y la toalla para lavarnos las manos, nna jofai- na de cobre con un diafragma hacia la mitad para evitar que se vea el agua sucia, y en la que se lavan los dedos á chorro coa el de una gran cafetera qne trae uíi esclavo. La buena educación parece qwe exige no lavarse más que superficialmente loa tres dedos de la mano derecha que sirrea para comer, como signo de jae fe e mano limpia. que se acrecienta más y mas ante el constante y nutrido fuego que los salvajes moros hacen contra aquella aislada peña y sus moradores. e u n a interesante carta escrita á bordo Mucho le agradecería hablase usted algo del Vonce de León, y fechada el 30 de de ellos, pues se lo merecen todo, y cuanto Agosto, que publica el Diario de Cádiz, repro- diga será pálido reflejo de lo que hacen 3 ducimos los siguientes párrafos: cuan patrióticamente sostienen el nombre Ayer, al amanecer, salió el Fonce de León de nuestra amada patria. para hacer el crucero, reconociendo al meTambién le estimaré me remita un núme, diodía, frente á Cabo Negri, dos vapores á ro del Diario en que se ocnpe del comporta los que se les disparó un cartucho de salu- miento de esos anónimos héroes, para á mi do como aviso para que detuvieran su mar- vez remitírselo. cha; á bordo de dichos buques no se enconA nuestro barco, desde el cañoneo del día tró contrabando. 27, de que ya le comuniqué noticias, le tieAl obscurecer dpi misino día 30 nos apro- nen asco, pues como aun les quedan algvinas ximamos al Peñón de la Gomera, que en casas en pie, temen se las derribemos. aquel momento disparaba sus cañones conPor la noche nos sorprendió fuerte viento tra el enemigo, que no cesa de hostilizar á de Poniente que nos hizo dar buenas bandatan sufrida como brava y heroica guar- zas durante todo el crucero. Crea usted que nición. también se pasan malos ratos; pero no hay Los moros, para hacer más eficaz su mor- n ida comparable con los que se pasan en el tífero fuego, habían encendido en parajes Peñón. convenientes de la costa grandes candeladas, con objeto de iluminar el Peñón y disparar sobre él y sus habitantes, los cuales CRÓNICA no pueden salir de sus domicilios sino con gratídes precauciones. DE TETUAN El Peñón, al recibir los reflejos de aque 3 í DE AGOSTO. llas hogueras, suigía del mar en forma fantástica y digna de ser descripta por quien i levamos unos cuantos días en los que tuviera más facultades, nws tranquilidad y -apenas se habla de la guerra. La captura del Roghi ha monopolizado la atentiempo que este sn leal amigo. Al darse cuenta ios moros de la presencia ción, y las fiestas que se celebran para sode nuestro barco cesaron de disparar con- lemnizarla absorben entre pronósticos y cotra el Peñón, y las baterías de la plaza con- mentarios todo el tiempo disponible. Adetinuaron el fuego hasta que consiguieron más, los moros no comprenden que la guerra sea un avance lento, prudente, sin granapagar las candeladas ó fogatas. Entonces destacóse de) fuerte un bote tri- des batallas y muchos muertos y heridos. pulado por individuos de la compañía de Para ellos seguimos hoy lo mismo que esmar, bote que se acercó á nuestro costado, tábamos hace quince días, quietos, sin mocomunicando con nosotros, sin ocurrir con- vernos, porque no nos dejan los rífenos. Mientras la noticia de que estatingencia alguna, pues los moros, temero- mos en lano venga de Zeluán ó en las cumalcazaba sos al castigo de nuestra aitillería, no vol- bres del Gurugú no ha de cieerse aquí que vieron á hacer fuego. Los tripulantes de las embarciones fue- hemos adelantado un paso. Pero si los reflejos de la guerra no dan ron obsequiados por nuestros bizarros co mándate y oficiales, los que además les en- asunto para escribir nada interesante, las tregaron todos los periódicos que á bordo fiestas que á diario se celebran merecen la 1 teníamos, incluso el Diario de Cádiz. En los curiosidad de dedicarles unas cuantas lí blancos de esos periódicos, escribieron dichos neas. Desde el jueves pasado se corre la pólvoi oficiales y comandante sentidos párrafos sa ludando á los valientes y sufridos héroes ra todas las tardes en la Plaza de España. v anónimos, que- desearía conociese usted, Hace el gasto principal la caballería de la amigo Quintana, y pudiese personalmente Policía, que con sus uniformes rojos y la juzgar de su comprometida situación en etta ausencia de toda nota clara en el traje priplaza, constantemente- hostilizada por el fa- va al espectáculo de su característica visualidad. Con la sección montada de la Policía nático ó inculto rifeño. Es, ciertamente, milagroso que el enemi- ha alternado algunas tardes una taifa de go no cause bajasen este puñado de valien- moros con sus caftanes de colores y sus jaites españoles, pues esta posesión no es más ques y albornoces, más vistosa, aunque más que un peñasco que, próximo a la costa reducida. Y así se pasan na par de horas, acantilada, surge del mar, dominado por de cinco á siete, dando carreras y disparanmontañas de considerable altura, en donde do las espingardas, no siempre con perfecta los bárbaros moritos se encuentran perfec- igualdad. tamente atrincherados, desde cuyas alturas Al terminarse las carreras suele haber alfácilmente con piedras lanzadas con hondas gún que otro regocijo popular. Por ejemplo, la otra tarde, un mancebo de diez y siete puede batirse la plaza. Amenazados siempre pasan días y días años, vestido de mujer, estuvo danzando en los denodados españoles que guarnecen el la puerta de la Aduana ante el bajá y los Peñón, los cuales sienten alegría inmensa notables, acompañando su baile la clásica cada vez que se acerca uno de nuestros bar- orquesta de violines, guzlas, laúdes y pancos y con ellos comunican sus dotaciones; deretas. Danzaba al aire libre en el sitio más elealegría tanto más intensa y justificada cuanto que la comunicación es escasa. Por eso vado de la plaza, con movimientos de tango agradecen mucho los periódicos que se les ó de danza del vientre, y de vez en cuando remite, pues por ellos, aunque con retraso, ejecutaba un paso más rápido y gracioso saben lo que ocurre en la querida patria y para venir á caer de rodillas ante alguno de los invitados principales, que sacando unas cómo marcha la campaña de Melilla. Por telégrafo, y para satisfacer su natu- monedas del bolsillo las pegaba con saliva ral deseo y ansiedad, se les dijo que nos pi- en la frente ó en las mejillas de la bailarina. diesen á Ceuta cuanto desearan y gustosos Ella (o él, á gusto del lector) se levantaba se lo llevaríamos. Hoy, muy temprano, re- lentamente, con la cabeza echada hacia cibimos un telegrama del comandante de la atrás para evitar que cayera el dinero, y plaza saludándonos en nombre de la guar- mientras seguía danzando pasábase las manos por la cara, quitaba las monedas nición y agradeciendo nuestras atenciones. tas ó medios duros) y seguía con sus (pesemoviCréame, amigo mío, son los valientes es- mientos típicos, hasta arrodillarse ante otro pañoles del Peñón de Vélez dignos de ad- y repetir la operación. irj racíón por su entusiasmo y patriotismo, LOS HÉROES DEL PEÑÓN