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A B C VIERNES 3. DE SEPTIEMBRE DE 1909. EDICIÓN i. PAG, 18 traba al regresar á su casa, se reía. Todo el mundo se reía del pobre Juan. Un lunes, Juan salió del pueblo antes del amanecer y se situó en un recodo del camino, detrás de una palmera, para aguardar á que se despertaran los habitantes del Souvre. Al poco rato salió Balaruc con la escopeta al hombro. La aurora bañaba ya los contornos del profundo valle y los rayos del sol relumbrabraban en las tejas rojas del ventorro. Cecilia abrió una ventana, y Juan se estremeció. Siempre ocuito, gritó: -jCecilla... ¡Cecilia! ¿Quién llama? ¿Eres tú, Juan? -Sí, yo soy. Terminó el invierno, y pronto me iré... Entonces, tú comprendes... -No, no entiendo. ¿Qué quieres? -Nada. (Estás loco! Cecilia soltó una carcajada. Luego bajó, apareciendo al poco rato en la puerta del ventorro. Juan se acercó tembloroso. ¿Qué hacías ahí? -preguntó ella. -Te aguardaba- -contestó él. Cecilia entró en la cocina, se puso un delantal y se dispuso á trabajar. Juan la siguió. -Sabes- -dijo la muchacha- -que otra que no fuera yo tendría miedo al verse- sola contigo. -No será el hijo de mi madre quien t haga daño. -Si mi padre nos viera sería capaz de romperte los huesos. -No lo puedo remediar. Necesito verte y oírte. La imploraba con tal ternura, que oonsintió en que permaneciera á su lado. ¿Quieres que te ayude? -propuso Juan. -Hombre, sí. De ese modo te entretendrás en algo. Vete ábuscar agua. Obedeció. Ella, al verle tan dócil, tan humilde, se arrepintió de haber tenido miedo. Después de llenar en el jardín los cubos y las jarras, Juan volvió y se plantó en medio de la cocina. ¿Qué hago ahora? -Monda las patatas. Se sentó en na silla y para trabajar con mayor comodidad se quitó la blusa. Cecilia estaba encantada de verle tan razonable. ¡Si volviera Balaruc! En el momento en que Cecilia pensaba en sw padre, apareció éste. La muchacha lanzó an grito. ¿Qué sucede? -preguntó Balaruc. -Nada... es que Juan... -Calla, no lo había visto. Se ha ocultado detrás del armario, el muy pillo. ¿Qué ham aquí? MI amo se dirigió hacia Juan. ¿Qué haces tan temprano en el Rouvre? Juan, atontado, tenía en una mano un cuchillo de cocina bien afilado, mientras sujetaba con la otra su delantal, lleno de mondaduras de patatas. ¡Cacho de imbécil; ¿Quién te ha ataviado de ese modo? Oye, Cecilia... ¿es que es novio tuyo? Te felicito. Juan intentó hablar de sus honradas intenciones, quiso ser elocuente, extendió el brazo, se le escapó de la mano una de las extremidades del delantal y las mondaduras cayeron al suelo en lamentable confusión. ¡La has hecho buena! Balaruc, al indignarse, se dio un golpe en la frente con el cañón de la escopeta y chilló más fuerte. -tVaya, déjale! dijo Cecilia. ¿Lo proteges? -Te advierto que si te da lástima semejante imbécil, las gentes criticarán. -Dirán lo que quieran. No faltará nunca 4 uien me busque por mi dinero y por el ventorro. Balaruc, sin escuchar á Cecilia, colocó la escopeta sn un rincón, se p so su blusa blanca, si situó de nuevo en medio de la PASATIEMPOS EN VÍSPERAS pas. Llegará cansada nada más. Conozco muchísimas que han viajado en iguales y aun en peores circunstancias y nada les ha ocurrido. Eso son aprensiones más que otra cosa. Que vaya sin preocupación. perfectamente. Declárese antes de irse, y más vale que procure quedarse arreglado, ó al menos á medio arreglar. Yo... soy yo. ¿Con que usted me adora? ¡Jesús y qué ganga) iPues no es poca suerte! ¡Caramba! ¡Caramba TJn saldo de novios tengo proyectado. Va os, un desecho áe tienta y cerradol Ricardo se va á casar, pero tiene un mie- l do horrible al matrimonio. ¡Majadero! -le dice su padre. ¡Yo también me casé! ¡Ah! Pero no es lo mismo, l ú te casaste con mamá, mientras que yo tengo que casarme con una persona extraña. QUISICOSA, POR KOVEJARQL. Un alumno de Infantería. -Ha hecho usted Juan Lanas. -Recomiendo á usted Petróleo Gal, de San Carlos. Ignoro las condiciones. No hay de qué. Una rosa. -Eso no me esta permitido. Sí; debe ir; acercarse, estrechar la mano á ambos, y nada más. No caben mayores explicaciones. A sus órdenes. enhorabuena. A. Un tarjetón de Jos padres que diga: Los señores de X participan el próximo matrimonio, etc. dos meses antes. B. Lo agradezco; pregúntenlo en la Redacción. C. Tiene usted muchísima razón; ese es su deber... siempre que no pida rarezas que la pongan en ridículo. D. De tú, y con gran cariño. E. De palabra, quince días antes. F. No es abusar... pero hay que pagarlo al menos con un obsequio. Las hijas del Cid. i. Si no hubiese el antecedente de que pasa el tiempo, la diría que iniciase usted misma la reconciliación; pero de este modo creo que la es más provashoso dejarlo; si no vuelve, no pensaría formalmente; si vuelve, imponga usted plazo decisivo. 2. Con agua de salvado. 3. aaEl grie- go. Quemándole. 4. Es pronto. 5. Angelina. A sus órdenes. tación á usted los cajistas han colado una errata monumental, que voy á aclarar. La respuesta suya termina en las palabras cerveza y leche. El Kiripihm que sigue es seudónimo de otro comunicante. Luis Páes, h. yl Es una verdad aplastante que la correspondencia, venida á menos, ró oea á tan minúsculas proporciones, pierde mucho... de aspecto. (La modestia me ímpif de decir que de atractivo) ¡Qué vamos á ha cer! No es culpa de Mariacho (antes Secretaria, aunque usted lo dude) sino de quien manda y ordena... y que creerá acertar deeste jnodo. Por lo demás, esperan pacientes en la imprenta un sinnúmero de respuestas, 1 guasoncitas unas, poetizadas (vamos al de cir) otras, y... etc. etc. A mí sólo se me ocurre una ideica para salir de esta situación ¿Les parece á los descontentes que asesinemos a quien tenga la culpa? Uno que vende anttpirina. -Lo primero, no Dos tortolillos que desearían, etc. -Que sea Un pollo recién salido del colegio. -En la calle La solución, mañana. Solución i la figura retórica. PA- RAL 1 P- SE (PARALIPSE) Un alto personaje veraneante. -En la contes- toeina, agarró á Juan, 10 sacudió enérgicamente y exclamó: -Vete ó te meto de patitas en la carretera. (Se continuará. CORRESPONDENC 1 A PARTICULAR esta ucción se contestarán las preguntas que nos hagan nuestros lectores. Para demostrar esta cualidad es necesario acompañar cada carta del cupón que publicamos en la sección de anuncios. La Direcciónse reserva el derecho de no contestar a determinadas consultas que exijan gran extensión en la respuesta ó que no sean pertinentes. se desespere usted, porque la moda es ir completamente afeitado. Después, dése Petróleo Gal ó fricciones de sublimado al uno por mil. Un cualquiera. -Use polvos de resina, Regaterín ¡Ay! No puedo complacer Luisín. -Contesté á usted á su tiempo. ¿No á usted por la sencillísima tazón de que son le vio usted? En la administración. ¿Yo... todas desconocidas, y no sé ni una sola de ¿Y qué iba á hacer con él? ¿Algún cuadro? sus condiciones físicas, sociales, morales, Fricciones de sublimado al 1 por 1.000. etcétera, etc. Aténgase para la voz á lo que le dije ea tai Dos enamorados, respectivamente, afe Henriy anterior respuesta. Gradas. Frideric. -No existen recetas ni en mi poder Encarna. -Agua de hojas de nogal. No se ni en el de nadie. Lo que existe es una her- debe admitir nada de caballeros desconocimosísima voluntad, generosamente donada dos. Hizo bien en guardarlo. Puede escri pof al Sumo Hacedor, y que debe emplear- birme cuanto gaste. se á tiempo. Quiera usted de veras olvidar MARIACHO al ingrato, y le olvidará. Lo de su hermanita no está tan claro. Si ella le quiere, y él parece que también la ama, ¿cual es el impedimento? No me permiten contestar como Pfdast en ultramarinos esto me dicen. Su carta se entendía perfectamenacreditado C H O C O L A T E te, y quedo muy reconocida á sus amables Compafifa Nacional. Manuel Cortina, 3 frases. Un preocupado. -Creo que no la ocurrirá IMPRENTA PRENSA ESPAÑOLA nada por hacer el viaje en una ó en dos etaSERRANO, 55. MADRID AGUSTINOS II1 tti líitlIIXEKlliniSFM l iBlílFimiluniinnsmi tuí