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A B C VIERNES 3 DE SEPTIEMBRE DE J OQ. EDICIÓN i PA 3. Haba expuesto su capitán, quiso correr su mibmasuerte y permaneció á su ladp bas tante tiempo. Este oficial se ha incorporado recientemente al batallón, y ayer demostró que es un bravo. Cua- ido alguna bala silbaba cerca de sitio en que se- encontraba eon su capitán, á pesar del peligro en que se hallaba, conservaba humor para hacer chistes sobre la puntería de los moros. Una descarga cerrada les hicieron en aquel momento desde unas chumberas que distarían unos trescientos metros es casos del sitio en que se encontraban nuestros bizarros oficiales. El capitán Sanjurjo obligó á su teniente á resguardarse en la zanja, continuando por sí solo el reconocimiento del terreno. Iva arriesgada operación que proyectaba consistía en eorrer la fuerza por la zanja que la ocultaba, salir por la espalda de la cabila de Mezquita y destruir é incendiar las casas y ruinas de ésta que aun sirven de guarida á buen número de moros. Por la misma oriHa del barranco del Lobo avanzaba resueltamente el capitán Sanjurjo, recibiendo el fuego así de los moros del barranco como de los que atacaban desde las chumberas más próximas á Mezquita. Sobre éstas mandó disparar á sus soldados el bravo capitán, y los hechos demostraron lo- acertado de la orden. A p 6 co de tiroteadas se vio salir de las chumberas, loma arriba, buen número de moros. A ellos dirigieron sus disparos nuestros soldados. Por su parte, las fuerzas que defienden los lavaderos también hacían fuego por descargas cerradas contra los numerosos moros que pretendían subir por la ladera derecha del barranco del Lobo para disparar sobre nuestras fuerzas. A todo esto, el batallón, con su teniente coronel á la cabeza, se dirigía hacia la loma resueltamente y á la carrera para defender las vidas de aquel puñado de valientes que tan hábilmente había realizado la misma operación que un mes antes costó 1.200 bajas á nuestras tropas. En vista del avance del batallón, el capitán Sanjurjo, que no quería exponer á éste á que sufriera bajas por su culpa y que oía el insistente toque de retirada que se le dirigía, dio orden á su fuerza de retirarse, lo que eiectuó con las mismas precauciones y serenidad que observó para el avance. Se puede asegurar que ha sido verdaderamente milagroso que no costase la vida al capitán Samurjo e ta arriesgada operación. Todos me lo han referido. Todos se esforzaban en hacer resaltar su serenidad y arrojo, los reiterados peligros que. arrostró buseando sitios que pudieran resguardar mejor á sus soldados, mientras él permanecía de pie siendo blanco de los proyectiles enemigos. Así soldados como oficiales le decían insistentemente: -Mi capitán, ocúltese usted aquí, que le van á matar. Sarjjurjo contestaba: -Ahora, ahora; no se preocupen de mí. El sitso donde llegaron estas intrépidas fuerzas distará unos dos mil metros de las avanzadas. De la distancia á que les tiraban los moros puede form- arse idea por el hecho de que las balas de éotos llegaban hasta el campamento de Barbastro. Los jefes y oficiales de este batallón, así como los de los otros Cuerpos acampados en el zoco, salieron á las avanzadas á contemplar la arriesgada é inverosímil operación del capitán Sanjurjo y de los veinucinco hombres á sus órdenes. Realizada la retirada, las citadas fuerzas so reunieron al batallón, sin que ningún soldado hubiera sufrido ni la más leve herida, iil lauread teniente coronel Burguete felicitó calurosamente alcapitan Sanjurjo y y nte j or Sil heroico comportamiento. Hablé coa varios soldados de los que acompañaron al capitán Sanjurjo, y todos me refirieron con admiración los detalles que cejo transcriptos. Al saber el bravo capitán que había logrado averiguar detalladamente cuanto hizo por la mañana, me rogó con insistencia no lo enviara al periódico. Para él carece de importancia este hecho, que califica de descubierta ofensiva No obstante, creo que no sería cumplir con mi deber privar á mis lectores del conocimiento de un hecho heipico que es del dominio público, pues poco después de realizado era conocido en todo Mehlla. do les convíene (sin que, por otra parte, pudiera yo obligarles á lo contrario) el origen y procedimientos empleados en sus informaciones. Si ese origen y procedimientos son de los que una Prensa culta, como lo es la de Bayona, puede lícitamente valerse, á ella, no á mí, corresponde desvanecer cualquier sospecha en este punto, pues que en ello le va el crédito de que mefecidame nte goza. ¿Debo, en justicia, añadir que los mismos, telegramas, redactados en términos idénticos, aparecieron simultáneamente en La Idberle du Sud Ouest, de Burdeos, en Fans Journaí y en algún otro periódico que no recuerdo, lo que aleja toda sospecha respecto á la invención de tales noticias en Bcyona. Pne do, en cambio, asegurar que lo telegramas fueron expedidos de París. De todas suertes, creo que se ha iecho demasiado ruido para una mfomación disparatada, cuya extrema exageración salta á la vista y de cuyo éxito exegético han quedado sorprendidos sus mismos propaladores, pareciéndome oportuno citar para el caso el ne quid mrnis clásico. Perdóneme se lo ruego, la libertad ue me tomo molestándole con estas leales explicaciones, y anticipándole las más expresivas gracias por su benevolencia, queda de usted con la mayor consideración muy atento seguro servidor, q. 1. e. 1. m. José GAcuña. SEIS HERMANOS VOLUNTARIOS a llegado hasta nosotros una noticia que por el interés que envueLve merece ser conocida del público. El pundonoroso y difunto general de división D Narciso de Fuentes, fallecido á los cuarenta y un años de edad, mandando la plaza de Ceuta, dejó al morir seis hijos, en la actualidad los seis oficiales de nuestro valiente Ejercito. No bien comenzada la actual campaña de Mehlla, los seis pidieron pasar como voluntarios á aquel ejército de operaciones. Entre ellos, el mayor, que acaba de peider tres hijos en el corto espacio de seis meses, y que en la actualidad disfrutaba de una licencia por enfermo, después de hab r permanecido tres meses en ei Hospital Militar de Madrid, donde sufrió cruentísima operación su señora, fue ei primero en solicitar tan honroso puesto, renunciando á su licencia y al restablecimiento de su salud. Les seis sirvan en distintos puntos de la Península, y sus nombres, aun a trueque de herir su modestia sin límites, son: D. Arsenio de Puentes, D. Eduardo de Fuentes, D. Antonio de Fuentes, D. José de Fuentes, D. Narciso de Fuentes y D. Manuel de Fuentes. ¡Hermoso proceder el de estos seis brillanteb oficiales. Por nuestra parte sólo tenemos que agregar: que hicimos bien en no dudar del celo y de la actividad del cónsul de España ea Bayona, y que la aclaración que hace en su c irta, y que, naturalmente, ignorábamos, calma nuestros deseos, puesto que el señor Acuña investigó sobre el origen de esos telegramas. Nosotros, que conocemos la Prensa da Bayona y de cuya nobleza y afecto á Bsj a- ña tenemos pruebas, no pensamos nunca que fueran invento suyo semejantes patrañas. Nos basta saber que fueron expedidas ea París, donde L Assiette de Beurre ha publica- do unos dibujos indignos y ofensivos para el fin que nos proponemos LA PRENSA A yer recibimos la siguiente carta del con sul de Ebpaña en Bayona. Con gusto la reproducimos; Bayona, 31 de Agosto de 1909. -3 eñor Director de A B C. -Madrid. Muy señor mío y de mi mayor consideración; No á gu sa. de rectificación, y sin invocar titulo ni derecho alguno á ello, sino como observación hgerísinia á cieitas indicaciones (para mi enseñanzas) coatenidas en el suelto que bajo el epígrafe La Prensa francesa pubaca A B C en su núm. 1- 545, de fecha de ayer, me permito manifestarle que si agradezco vivamente el aplauso que le merece mi gestión en lo que atañe a la rectificación obtenida de ciertas noticias estupendas que aparecieron en Le Courrier de Bayonne y el Echo des Bassís- Pyi etzees, p o r lo que tiene de estimulante y satisfactorio, me duele en lo que tiene de reticente y condicional, suponiendo que áicha gestión ha podida ser más completa ofetemenda de ios citados periódicos áe Bayona el nombre de esa agencia que tales falsedades ha co municado cerne telegramas de Mehlla. y ¡Precisamente ese punto ha siáo tocado en mi modesta gestión cerca de los directores de uno y otro periódico, sm o tener más que una cortés y amabilísima negativa de darme á c n cer el nombre áe la- agencia que de tal manera les sirve; lo que no me parece extraño en los usos periodísticos, puesjuzgo muy lógico jue reser- ven, cuan- Hioseco. Ayer mañana estuvo en el ministerio de la Guerra el citado aristócrata, quien será ascendído. á segundo teniente de la reserva gratuita Claro está que con ese empleo no puede ir á Melilla sino como particular. e n t r e los jóvenes disting- uidos que, -cum. pliendo su deber para con la patria, han ingresado en los cuarteles figura ttn hijo del ministro de Fomento, tír. Sánchez Guerra. Rapado, vistiendo la ropa de rayadillo del soldado, cumple, como todos, sus oblíga oaes de cuartel. A él, como a. cuantos tienen casa y familia en Madrid, se les permite salir á comer fuera del cuartel; pero están obligados, naturalmente, á- presentarse en filas al toque de corneta. Hace dos días se ha dado el caso de ir ú esperar el ministro á su ¿y o en el coche, oficial. No era ia llora. El ministro descendió üel coche, entró en el cuarto de oficíales y allí esperó á jue la corneta diese e ¡toque n virtud del cual podían salir del cuartel los reclutas que tienen autorización para ello, y recogiendo á su hijo marchó en el vehículo del ministerio á su. casa. Península, dado de H a regresado ála el duque de Medinabaja por enfermo, de iriTrntiliínninrmn! Hrliiai 1 1 mi 11 mniln