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A B C VIERNES 3 JDH SEPTIEMBRE DE igog. EDICIÓN PAG. 7. CRONSCA DE LA CAMPAÑA DE NUESTRO COMPAÑERO SEÑOR SÁNCHEZ OCAÑA ¿TELILLA, 3 Súsica bélica. Entre impaciencias y baldíos esfueraoa por saber cosas futuras, transcurren los días. I as noticias de convoy, de ligeros titoteos en las posiciones de la línea, carecen Casi por completo de interés. Cuando asomáis á un campamento y os demandan noticias y habíais de tales minucias, casi os vuelven la espalda; á lo sumo os escuchan indiferentes para ahogar vuestras últimas palabras con la interrogación de marras: l Bueno; pero ¿cuándo avanzamos? Porque aunque el avance, en realidad, está iniciado con los primeros y seguros pasos que se han dado hasta el Zoco y los que ya parecen reson ir del zoco de El- Arba hacia adelante, aquí lo que interesa á los militares es el momento decisivo de la opetaoióa. En verdad sea dicho, todos vivimos obsesionados poi la misma curiosidad. Ya no r j modo de pasar el rato hablando de otra te sa. Por fortuna, á mi lado está muchos ¡patos López Chavarri, el notabilísimo coléfea valenciano, que sofere su condición de periodista y sus habilidades de dibujante ostenta preferentemente su reputada personalidad de músico compositor. Y charlamos del divino arte. Charlamos, y yo le tiento para que, sobre las mismas cuartillas destinadas á la información, trace el peatágraina y ponga notas. -Hay que hacer- -le digo- -cosas de aquí. ¿ISfo opina usted que una descripción musical uice mucho y puede ser incluso elocuente, racaso más que la palabra cuando la paiab d escrita tiene una severa y permanentfc limit ción? (s ¿u íUda cabe! ¡PIK- S e- ntonces, ¡manos á la obra! Ven gue usted, Chavarri músico, de la censura á Chavara cronista y á todos los compañeros de crónica y de información! ¡Componga usted una suite que tenga toda la belleza melódica de cuanto usted compone, y su poquito de descripción para los aficionados á música... bélica. Queda aceptada la idea. Pero Chavarri reclama nuestro auxilio para que demos pie á su inspiración. Y he aquí que yo, olvidando por un moaiento mi verdadero papel en esta campaña, me convierto nada menos que en sugeridor de asuntos para un músico, y le propongo el siguiente plan: í, a composición será una suite dividida en cuatro partes y un final. Hay una orquesta numerosa, con todas las aminas bien representadas. Primera parte. -Una mitad de la cuerda, ó sea de la masa de la izquierda, dice la introducción, en un andante reposado que se apoya en un motivo rítmico, el cual recuerda los rumores del mar sobre la playa. El momento musical anuncia cómo desde la orilla del Mediterráneo hacia tierra adentro emprende la marcha una falange de guerreros. Como la nidsa de la izquierda está bien re orzada, ai primer núcleo de la cuerda van uniéndose los demás instrumentos de dicho lado, y el sonido se robustece, y se desen jjjsuelve ei primer, motivo con firmes resoluciones, aunque si v Izravio de andante. Termina esta primera parte con una ani malla retreta, de clásico sabor, que quiere- sigmilicar ia unión de los guerreros en un punto dado al caer de la tarde, y su apercibimiento para el reposo. Parto sexuada. -Las primeras notas re- cogen ios últimos sones de la retreta, inmediatamente enlazados con una gran marcha, ds tenia ¿laño y abierto, sobre el cual aislados toques de trompeta marcan corno un arabesco. El tema principal va acompañado de sonidos imitativos que figuran mezclar coa los rumores del gentío guerrero las descargas de la fusilería. Al final, los timbales dan con bajos acentos la sensacióu de la voz de los cañones, y la marcha; acelerando el compás, termina en un tiempo vivísimo, que cierran unas notas alegres y brillantes. Tercera parte. -Su interpretación corre á cargo del metal, de las voces agudas, de la masa derecha- y desde luego es una interpretación dificultosa, para la que se requieren músicos de agilidad; tropa ligera, como diríamos con símil propio de las circunstancias; algo así como los cazadores de la orquesta. El tema es breve y marcial; suena limpio en los primeros compases. Luego se deriva una melodía sostenida y más paulada, que va difutninándose y casi se pierde en la sordina; tal como si las voces de los guerreros, fatigados por una áspera ascensión, fuéranse perdiendo luego al través de los montes. Kn algunos momentos el tema resurge entero y limpio, aunque lejano, como si el aire lo trajere de cumbre á cumbre. Por último, en xxn. forte de todo el metalj suena bélico y chillón entre un estruendo de clamores y de disparos. Las cajas redoblan insistentemente, y cierra los compase s el toque de las cornetillas maridando al ataque. Parte cuarta. -En las anteriores, el director de orquesta ha podido aliviar su tarea fiado en el concertino y en las primeras partes; apenas si ha hecho otra cosa que marcar las entradas y los cambios de aire. Ai comenzar ahora, el director se firma en su sitial, y- mira á derecha é izquierda, y mira á su espalda, cual si á su espalda hubieran de seguir á la batuta voces de refuerzo. Es, en aquel instante, como un ge- neral en jefe que torna el mando de todas las fuerzas. La orquesta entera rompe en un fortísimo inopinado; los timbales golpean furiosamente; sobre su ritmo va creciendo hasta una sonoridad ensordecedora todo el instrumental. Es que las falanges guerreras se unen en. un ataque decisivo. El director de orquesta lleva pendientes de la batuta todos los sonidos, que se funden en un sonido solo; sobre todos ellos gritan los cornetines llamando á una loca carrera, y trina la trompetería anunciando el golpe decisivo de la carga. Unos valientes acordes señalan un amplio majestuoso giro; decrece el estrépito sonoro; van callando las voces, y sobre el murmullo de la cuerda y aisladas y débiles percusiones de los parches surge, llamando al vítor y al aplauso, la Marcha Real. ¿Qué tal mi plan, amigo Chavarri? -Un plan que acepto y que por de coatado estimo hacedero- -Pues manos á ello, amado colega. -Con un poquito de calma, amigo Ocaña; que en estas composiciones musicales parece que no y lo primero importa mucho. Haremos la introducción y la primera parte. Luego vendrá lo demás con toda lá rapidez posible. ¿Y qué nombre usa el galán? ¿Cómo se llamará la sutte? -Parece cosa obligada que cualquier trabajillo que yo intente se lo dedique... -Ni una palabra más. Hay un nombre obligado. Se llamará la Suite Marina. Y nos daremos el gusto de aplaudirla con entusiasmo. F. SÁNCHEZ OCAÑA. EL CAPITÁN 3 SANJURJO losé Dato, el simpático corresponsal en á este colega el siguiente interesantísimo relato: No se hablaba ayer de otra cosa en Me lilla. Cafés, tertulias, campamentos, en todos los sitios en que reúnen militares, el tema obligado de conversación era la operación militar llevada ávcabo aquella maña na por parte de una compañía del batallón de Cazadores de Figueras, la que manda el bizarro capitán D. José Sanjurjo Sacanell. Como las referencias que circulaban del hecho eran diversas, decidí trasladarme al cuartel, del Zoco, donde se aloja el citado ba tallón. Eran las primeras horas de la mañana y no sabía otra cosa que el hecho escueto. Desconocía la forma en que había sido realizado; el nombre de quiénes lo realizaron. Vi al capitán Sanjurjo, que se hallaba con los oficiales de su compañía; les conté las noticias que habían llegado hasta mí y les rogué me facilitaran detalles délo ocurrido, Los oficiales se miraban unos á otros, deseosos de complacei ine; pero se comprendía que algo les vedaba hacerlo. Una consideración de respeto á la extremada delicadeza de su capitán, que contestaba con atnbigüidades á mis preguntas, les impedía satisfacer rm curiosidad, obligándoles á permanecer en silencio. Por fin pude quedarme unos momentos solo con los oficiales, y en el acto depusieron su reserva y me contaron con toda clase de detalles lo ocurrido. Aquella mañana, al amanecer, el teniente coronel Burguete, que, como es sabido, manda Cazadores de Figueras, ordenó al capitán Sanjurjo que parle de su compañía realizase el servicio de descubierta por enfrente de las avanzadas del campamento. Ordinariamente tal reconocimiento no alcanza sino á unos 400 jmetros. El capitán Sanjurjo, puesto al frente de dos secciones de eu compañía, emprendió la operación que se le había encomendado. Bien pronto se vio á aquella pequeña fuerza avanzar más que de costumbre. Una de las secciones haoía sido colocada de reserva por el capitán Sanjurjo para que le protegiera en caso de apuro, y él, al frente de la otra, se dirigió decidido hacia la cumbre de la loma inmediata á los Lavaderos. La fuerza avanzaba perfectamente oculta por los accidentes del terreno. De ella solase veía un punco que reposadamente iba de un lado para otro buscando nuevos resguardos, que sus soldados ocupaban rápidamente á una indicación de su capitán. En los reconocimientos que éste iba ha ciendo encontró una trinchera natural, una especie de parapetó formado por una vertiente de aguas, que, bordeando el barranco del Lobo, parecía conducir hasta la parte posterior de Mezquita. Es de advertir que la loma en ciiya cumbre se encontraba la fuerza es la misma que tanta sangre costó el día 27. El barranco del Lobo es la guarida de los moros que hostilizan constantemente á nuestras tropas. Por mucho que se ocultaran nuestros sol dados para efectuar tal avance, no tardaron los moros en percatarse de la maniobra é iniciar nutrido fuego sobre aquellos valientes; mas como las naturales trincheras por que caminaban les ocultaban por completo, continuaban su marcha, viendo estrellarse las balas en las piedras que les defendían. Así llegaron á la cima de la loma. El capitán Sanjurjo continuaba reconociendo el terreno delante de las tropas, y su silueta puede decirse fue dibujada por las balas rifeñas. El teniente de la- jección, D. Nicanor viendo el peligro á que be ii v Melilla M Eierato Español, transmite