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A B C JUEVES PE SEPTIEMBRE DE esta mañana, á las ocho, se aproximó la harca por la parte de Zebuch- el- Mahrun para atacar poblado Fahadara, á la- que había ofrecido protección por ser amigos y habérmela pedido. Cuando comenzó tiroteo salieron de nuevo campamento dos colanillas, compuestas cada una de un batallón, batería y escuadrón, á fin de impedir objeto de la harca; se cañoneó á enemigo, que tam bien llevaba caballería, entrando en fuego toda la Infantería que desplegó, pues enemigo era muy extensa, obligando por sus movimientos á nuestras fuerzas á un cambio de frente hasta quedar en dirección SO. Se les atacó con fuego nutrido, haciendo poca resistencia, y en vista de actitud fuerza y certeros disparos se retiraron precipitadamente, arrojándose algunos al agua en IVIar Chica para escapar. A la una y media r- gresaron columnas al campamento, habiendo tenido herido leve un soldado Artillería montaña, un caballo muerto y otro herido de María Cristina y un mulo de León herido. Resto del día, tranquilidad, habiéndose conseguido en absoluto plan propuesto. En el campamento se han abierto 22 pozos y están terminando obras abrigo para ganado. En el convoy de hoy á posiciones avanzadas no ha ocurrido novedad, aunque ha sido hostilizado como de ordinario. En segunda caseta, enemigo ha estado haciendo fuego todo el día sobre campamento, res ultando muertos un mulo Aitillepa, otro Administración y herido uno de Mérida. En Sidi- Musa ha sido herido levemente un soldado. MELILLA, 1, i 1 JW. J 9O9. EDICIÓN i. PAG, ción, algunos soldados que se encontraban dentro de ella intentaron salir, muriendo atravesados por las gumías de los moros, mientras que la mayor parte se quedaron en el interior, temerosos y vacilantes, y murieron abrasados por las llamas. ¿Y no salieron auxilios de la plaza? 3- -Sí, señor, salieron pero al llegar al blocao sólo encontramos un montón enorme de cenizas y leños humeantes aún, y los cadáveres de los soldados, á los que se había despojado de su armamento y municiones. Hicimos muchos disparos; practicamos detenidos trabajos de exploración, v no llegamos á descubrir un solo moro. A los cuatro días del incendio del blo cao, el regimiento de Murcia fue trasladado y abandonamos á Melilla, regresando á la Península. i os días de paz, Don Ramón Viraüe es un viejeeiío sim pático, de ojos expresivos y alegres. Posee una memoria felicísima, y recuerda día por día su vida de soldado. ¿Estuvo usted en África? -Sí, señor; fui á Alhucemas terminada ya la guerra, formando parte de la seguida compañía, primer batallón, del regí mu o del Rey. ¿Intervino usted en alguna acción? -Residimos allí durante sie 2 meses, et los cuales no disparamos un solo tiro. Cuando llegamos nosotros, unos moros habían dado muerte á siete carabineros españoles cuyos fusiles, iguales á los nuestros, 110 tenían tanto alcance como los que usaban los enemigos. Y recuerdo que nos vengamos de los mo ros, que fueron conducidos á la cárcel, haciéndoles beber vino y comer carne de cer do- -de jalú -cosas prohibidas por Mahoma, como ellos dicen. ¿Vivían ustedes en paz con los rífenos- -En completa paz y rodeados de ellos. Los moros venían diariamente á surtirse en la plaza, haciendo á nado el viaje de ida y vuelta. Para llevar las provisiones, después de haberse desnudado se ataban á la cintura una bolsa impermeable, y se lanzaban al mar, dispuestos á vender los artículos que habían comprado en Alhucemas, y que llevaban en la bolsa, Recuerdo muy bien á un moro, gran amigo de España, condecorado con dos cruces de Isabel II por los servicios que había prestado. Parecía ej jefe de los que compraban ett Alhucemas, y él era quien dirigía las operaciones, mandando tirar á los comerciantes al grito de ¡arjua, arjua! El moro se llamaba Hamet, y era tan buen tirador, que á cien metros de distancia hacía blanco ea un huevo qae colocaba en la cabeza- de un hijo suyo. Un día nos invitó á ir á su casa, enseñándonos las cinco mujeres que las leyes le permitían tener y convidándonos á comer miel y fruta. Hamet era un buen amigo nuestro que nos surtía abundantemente cuando se retrasaban los vapores procedentes de Málaga conduciendo víveres; hablaba correctamente el castellano, y observó siempre con los soldados españoles una conducta irrepro- chable que servía de ejemplo á los demá moros A los siete meses de estar en Alhucemas fue relevada mi compañía y pasamos á unirnos al resto iel regimiento, que se ha, liaba en Málaga. Esto nos dijo el veterano cuyos ojos Sfe animaban al recordar su vida de cuartel y su juventud, y que contristado nos manifestó su pena por no tener ya fuerzas físicas para ir á combatir en Melilla al lado de nuestros valientes soldados. C ROMÁN, man sas ojos al recordar aquellos tiempos de mocedad, rudos y penosos, en que, lachando por la honra de la patria, supieron lograr para ella laureles y victorias. Algunos de los veteranos coruñeses ostentan grandes cicatrices 5 de heridas, que recuerdan con orgullo, porque fueron patente de su valor, ya que las conquistaron en acciones militares llenas de peligros. Los viejos soldados de la primera guerra de África que quedan en La Coruña. se ven entre sí pocas veces, y algunos no se conocen siquiera, porque sirvieron en regimientos distintos y porque el tiempo transcurrido desde la caaipaña ha borrado de su imaginación muchos recuerdos. Es muy difícil la enumeración completa de los veteranos residentes en La Coruña que ostentan la medalla de África; entre los que nosotros hemos conocido figuran Don Ramón Faginas y D. Ramón Virallé, que formaron parte del ejército de ocupación; D. Manuel Boudón, soidado que fue del regimiento de Murcia; D. José Várela, del de Cantabria; D. Juan Yzu Ruíz, hoy comandante retirado del Ejército; D. Manuel Souzas; D. Pedro Caiviño, y el viejo sacristán de San Jorge. El actual párroco de Soñeiro, D. Cesáreo Otero, estuvo también en África, siendo cura de uno de los regimientos que formaron un ejército de ocupación. recuerdo. U n tristede los veteranos coruñeses que se Uno halló en Melilla nos relató, emocionado por el recuerdo, una acción que demuestra bien guerra ADiplío mi telegrama ayer, dando á V E elaro la táctica de los moros en laen que más detalles operación fuerzas en zoco pasada; táctica baja é innoble, ahora. nada diferencia de la que EI- Arba; columna de la derecha, que lleva- se El viejo soldado, siguen es dueño de hoy ba batería Schneider, rompió sobre Mayor una tienda de tejidas quela calle de San Anen Ben- Dik de Lhaadara, causando gran efecto drés, nos rogó, por modestia, que no diéra ¡sobre enemigo que ocupaba triacheras, y poco después artillería de columna de la iz- mos á conocer su nombre. tiempo en Me- ¿Estuvo usted mucho quierda lo hizo sobre Dar El- Choa, destro- lilla? zando casas desde donde tiraba enemigo, -No, obligándole retirarse sobre desfiladeros deí mana, y señor; en Melilla estuvimos uaa se en Ceuta veintiocho meses. M o c h a r r e n desde alturas Beni Buifrur- anunciaban con hogueras envío de refuer- -Habíamos ido destinados á Ceuta; ilezos á la harca, y á la vez la extrema izquieramos á Málaga, y nos fue imposible queda avanzó sobre Caranit- bar- Choá, camarnos allí, pues todos los las cabiando de frente, pues refuerzos Caballería sas y los cuarteles estabanhospitales, heridos llenos enemiga llegados á alturas Lhaadara se des- y enfermos llegados de África. de plegaron en guerrilla casi hasta Mar Chica, Tuvimos dirigirnos á Mijar, haciéndoles retroceder fuego cañón Schaei- ocho leguasque Málaga, y como nos distante de retrasáder; posiciones del enemigo ocupaban ex- ramos al regresar no pudimos incorporartensión aproximada de cinco kilómetros; se nos á las fuerzas que marchaban á Ceuta, y le causaron bastantes bajas, y varias casas nos del poblado de Lbaadara, entre ellas las de se Era destinó á Melilla. Nada ocurrió en de los jefes Choa y Mayen Bou Dik, fueron los tresen Enero días 1859. primeros de destruidas por artillería, después de apode- en la plaza; pero durantenuestra residencia la tercera noche, rarse de unos pajares en Cteranit. hallándonos durmiendo traaquilamente, un oficial se presentó para comunicarnos una WEULLA, 1, 9 N. n Peñón ao ocurre novedad, y en Alhu- orden, transmitida por el gobernador milicemas, aunque enemigo ha hostiliza- tar, en que se nos ordenaba salir en seguida do más que de ordinario, tampoco la hay. á operaciones. En vano exploramos los alrededores, sin En zoco El- Arba ha transcurrido el día con tranquilidad. Se han hecho nuevos pozos, advertir la presencia del enemigo; pero se siendo ya treinta y dos el número de los habían recibido confidencias sobre la proabiertos. Convoy de hoy han sido heridos ximidad de los moros, y rápidamente se dos soldados, y entre segunda caseta y se- procedió á la construcción de un sencillo gundo blocao un cabo y un artillero y un blocao, hecho con maderos. En previsión de posibles acontecimientos, caballo de Alfonso XII. quedaron muchos soldados en la fortificación, y los demás nos retiramos. Transcurrió sin novedad todo el día y RECUERDOS parte de la noche: pero á la una de la maaprovechando la completa obscuDE LA OTRA GUERRA drugada, avanzando silenciosos, se dirigieridad, y ron arrastras hacia el blocao numerosos (D E L A VOZ DE GALICIA grupos de moros, que prendieron fuego á la os viejos soldados. L Queáau en La Corufia algunos, muy fortificación. que se hallaban en el bloLos soldados pocos, soldados de los que estuvieron en la cao disparaban mútilmente sus fusiles, y un primera guerra de África. Son ya muy viejos: encanecieron sus ca- corneta del regimiento de Murcia tocaba bezas, y grandes arrugas surcan sus frentes. paso de ataque pidiendo auxilio á la plaza, Sus cuerpos, cansados por el peso de los en tanto que avanzaban las llamas. Propagado el incendio á toda la fortificaaños, se doblegan hacia la tierra, y se ani- f E TSEM