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A B C MARTES 3i DE AGOSTO DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 6. INFORMACIONES OFICIALES MEL 1 H. 1, 3 o 10 N. T 7 n Alhucemas y el Peñón ha continuado fuego lento como en días anteriores, Sin más novedad que un artillero del Peñón contuso. Esta madrugada, á las tres, salió coronel Larrea Cano Agua con una pequeña columna á Sidi B ¡ahin, llegando á las siete y media, después de sostener ligero faroleo. Su misión era castigar á los. de cabila Beni Katón, que son hostiles, habiendo conseguido su objeto, é incendiando varias casas para castigarles. En zoco El Arba batería montaña hizo fuego casas de cabria Lehedara, donde se ocultaban moros tiroteaban campamento, destruyéndolas, sin que ocurra novedad. Tampoco la ha habido en convoy de hoy. Ha qu 4 ado restablecida comunicación telegráfica con Chafarmas, que se hallaba interrumpida por avería. DETALLAS Y CURIOSIDADES oplas de Arapiles. Con motivo de celebrar el día 25 su fiesta onomástica el teniente coronel de Arapiles, D. Luis Carniago, los soldados del batallón cantaron varias coplas, de entre las cuales copiamos las siguientes: El batallón de Arapilesse ha de llevar el laurel teniendo á D. Luis Carniago de teniente coronel. A un bizarro general le mataron á traición; pero quedará vengado mientras haya un cazador. ¡Qué dichoso es el que muere atacando una trinchera entre balas enemigas abrazado á su bandera! Aunque vengan diez mil moros mandados por Satanás, á un soldado de Arapiles le hacen falta muchos más. Se acabó la juerguecita, que hay que maiiru ir mañana, pero para terminarla hay que gritar: ¡Viva España! I as predicaciones de los moros. Chavarn, en Las Provincias, hablando del zoco del día 22 en B -uisicar, escribe: Imposible relatar aquí las mil historias inverosímiles, las imposibles aseveraciones que en aquellos corros van de boca en boca. Los viejos, los hombres que son tenidos por sabios, lan; zan con astuta marrullería las ideas. Apóyanlas los vivos ios que han ido á disparar en las gargantas del Gurugú, y ai apoyar aquellos duhjs los abuitan y transfiguran á fin de apaiecer héioes y obtener el respeto necesario á sua intereses (que la nota egoísta es el móvil y Lmdo de esias conciencias africanas) Luego, las imaginaciones se exaltan, las lenguas no encuentran ¿laaero, y aquello es el caos. Los españoles no tienen dinero para sostener tanta guerra; están cansados y arrepentidos; fueron á pedir perdón al Sultán, y éste lefe ha dicho que primero han ae pedirlo á la barca íifciia. Que ya estáu haciendo puentes en el mar os muelles provisionales) para emuaieatio todo y abandonarla plaza... Vero pagadas las primeras horas de exaltación, venia la reali ia 4 A iUohained Fulano los cañones le üabiai. destrozado la casa y niueito ei j anauo; a Zutano Mojatar y á sus amigos los mató una granada; de Beni- Mengano, ni rastro quedaba de él... Y luego, las compras y ventas, nulas ó poco menos. Encarecidos estaban de veras los fusnes y los cartuchos, precisamente ahora qae escasean las municiones. Cuarenta cartuchos maüs- ier dicen me que se han pagado á peseta cada uno. Puede q te sea fantasía africana. También se decía de exigir, cuando los españoles pidiesen la paz doce reses para cada jefe de tribu, amén le derechos territoriales, expulsión y otras cosilias por el estilo. Pero pronto volvía la realidad á hablar implacable, tíl que llevó cosas para vender, allí las tenía, sin qua se las comprasen. El que deseaba algo, veía que le pedían cantidades tres ó cuatro veces mayores que de ordinario, precisamente ahora, en que él las podía pagar en proporción tres ó cuatro veces menor. Y ya los corros eran corrillos, y los gritos guerreros eran murmuraciones, y se hablaba comerciai- ecoiiomico domésticamente. O como me decía mi relator: ahora hablar para casa Efectivamente; la guerra continúa con todos- sus gastos y sus molestias. Si los que á ella van tienen la esperanza de coger algún botín relativamente pequeño (pues armas y fusiles son cosas fantásticas para obtener) la generalidad tiene que contentarse con divertirse solamente matando la ociosidad á fuerza de disparar para hacer alguna baja problemática al enemigo. Los chumbos bastan para alimentar á tos moros ahora en el campo de combate. Un puco de harina de maíz como extraordinario, dormir en las chozas ó á la intemperie, la vida de salvaje, independencia... ese ideal se realiza á plenitud. Pero las privaciones ya van fatigando a la gente, especialmente á los que no son pobres. Los víveres hay que ir pensando en guardarlos para cuando se acaben los higos. El que tiene granos oculta los rendimientos de la cosecha, porque ve en perspectiva las exacciones próximas, la entrega gratuita. Las caballerías y ganado sufren también las consecuencias de las circunstancias. Cerdos y bueyes escasean. El caballo cuesta cada vez más caro el tenerle bien dispuesto... Y lodos estos pensamientos. tom. aoan cuerpo en las murmuraciones del zoco; la tarde iba transcurriendo, y... era preciso terminar, pues la casa estaba lejos y el camino es pesado. ¡Pero y la pelea! Los santones decían que se aproximaba la luna dei 23. y excitaban á los concurrentes en su última tentativa predicatoria, mientras que, todos graves, se notaba ya el movimiento precursor de la marcha. Las familias ae reunían, las cabalieiías eran aparejadas por muj- -res y niños, á los pequeños se los colocaoa ea lo alto, sobre seguro... la desbandada 10 a á ser general. ¡Una conmemoración de la famosa tentativa! Eso pedíau muchos, especialmente ios cabileños del Gurugú y los habitantes de los aduares de Nador, los cuales mostrábanse propicios á guerrear, sobre todo si les da ban armas y municiones uiaii ser. (Raerían guerrear hasta entrar en Asi llegaban los exaltados a decirlo, y ¡quién saDe si hasta irían a ponerlo en práctica en el acto! Llevados de su acometividad estos exaltados, hasta se decidieron á pagar á úluuia hora (cuando ya el tiempo apieaiiaba y los precios eran más bajos) municiones de cartuchería y algún fusil. Serían entonces las tres de la tarde. Entre tanto, los que no se mostraron propicios para guerrear habíau ido desfilando solapadamente, sm advertirlo, siu mostrar la compra que pudiesen haber hecho, para que- no se les creyese can dinero. Por las sendas del monte, los rayos dei sol de la tarae miraban Jos gmpos de marroquíes que iban a bu casas. Los mñes eran suoidos eu las caballerías- -cuando las había- -ó los lle- vaban lastnujeves al euetlo, ellas también cargadas á más no poder. Los hombres, con sus usi as, iban delante hablando de lo mismo: la guerra Hacia las vertientes orientales del Gurugú caminaban los guerreros, los exaltados, los que no querían dejar perder su ardos bélico y su religiosa sed de venganza. Aquel combate del día 23 era preciso que se repitiese. O ganarla plaza, ó ganar el cielo. Y el viejo rico, y el sabio moro, y el santón, aun aumentaban el celo ardiente de los rífenos Si os reducís á los españoles, ó seréis martirizados eo represalia, ó seréis esclavos Así dicea los santones, y, de este modo mantienen todavía despierto el afán de lujha y de resistencia. Pfn una posición. DdG ircla Cárdenas, en La Unión Mercantil, de Málaga: Vengo de la posición intermedia avanzada, entre el c mp- meuto de Yebal- Sidi- Ha ned- el- Hacht y la segunda caseta. Aquí hay destacada una compañía del batallón de Cazad res de Alfonso XII, y estuve un rato de charla con el teniente señor Navarro. Esta fuerza hace días que presta servicio en dicha posición, ia cu se ocupa por la 1 mañana y se deja por la noche, montándose siempre el servicio de seguridad bajo ei fuego del enemigo. La retirada s hace de una manera ordenada, sin más apoyo que la mismi fuerza. Ayer por la mañana el teniente Estrueh. con cuatro soldados voluntarios y el cabo Ballester, salió y. recorrió las casas y chumberas que existen en la cañada situada á alguna distancia de la vanguardia de esta posición, y se trajo vanas vasijas, enseres de labranza y de caballerías pertenecientes á los moros que se hari fugado. El espíritu de los soldados es excelente. Hoy ha ocurrido un iucidente muy cario so, que aunque ha pasado desapercibido, tratándose de ia persona que se trata, uierece que ahí se conozca. Amaro D ciarte marchada guiando su aia tomóvil por el camino dal Polígono para ir á buscar á Roberto Cano, cuando eu el camino un teniente coronel de Infantería q e iba con un paisano- le hizo señas que parase. Así lo hizo Duarte, y ei jefe se le acercó y le dijo: Mira, llévanos á la Marina, ingeniero. Auaro bajó del coche, se cuadró, abrió la portezuela, y cuando hubieron pasado los desconocidos la cerró y montó en so. asiento de thauíieur. El mencionado jefe le preguntó. -Oye ¿y el duqueí Se refería al de Medina de Rioseco. -Mo tengo el gusto de conocerlo- -respondió Amaro. -Bueno. A la Marina, y de prisa. Ei distinguido soldado abrió el motor y condujo á ios dos señores adonde le mdicarou. Una vez parado el coche, Amato bajó, volvió á abar la puerta y militarmente saludó al jete. Este le dio las gracias, y sacando la peta ca le dio un cigarro. Daarte se negaba á tomarlo, y el teniente coronel insistía eu que io tomase, diciéndole: -Anda, hombre, tom y fuma. Eu vista de Ja negativa, aquél le puso el cigarro tras la oreja y se marchó, creyendo, sin duda, que trataba coa un soldado de los del uiutiton que no tuviese ni para fumar. Amaro, muy satisfecuo del obsequio, me decía momentos d Sjuév. -Ya ves. Dos días üe soldado y ya he tenido uu premio. Esnmu m s ese cigarro que si nuoiese sido un habano, pues se conoce que ei jefe me io daba por estar muy salisfecuo dei se ¡vicio que le preste y porque era la manera mas seuci. la de demostrarme sss, agradecimiento. B m r 1l mut ffm 3i iTinrm mí 1 nm mmunntniíir m