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ABC. SABAHO 28 DE AGOSTO DE 1909. EDICIÓN i. PAG, ÍO ao volveré á utilizar más mientras esté ea Mehlla. dos moros que demostraron no ser nada El cochecito que ayer empleamos temía mentecatos salló de la plaza, y procurando un movimiento exactamente igual al del ocultarse y aprovechando horas y sitios favapor Sevilla cuando, cargado de agua, vievorables fue acompañado oor aquéllos has- ne á ésta con temporal de Levante. ta un lugar oculto. Cerca de una hora tardamos en llegar al Allí, según sus guías, esperábale uno de referido fuerte, pues el camino es pésimo los caudillos de la harca en nombre del con barransos á ambos lados y una espe ie Chaldy, para él facilitarle cuantos detalles de esi al nss que hacían sonar los muelles del vehi ulo sobre la caja, como si hubienecesitara, ya que no podía concurrir. Al llegar los expedicionarios al sitio de la sen sido cañonazos. cita, penetraron en una miserable choza, t A unos diez metros del fuerte veo que donde ya se hallaba el que se hacía pasar Alba abre la mochila saca la maquina, y por jefe temible de un grupo de la harca n- la prepara. Era que venía un general. Este feña, y á juzgar por las armas que apare- jefe paró el caballo; igual hizo la escolta, y cían diseminada! por el estrecho recinto, y mientras yo le saludaba y hablaba luego por las que llevaba encima, asi lo demos- con el ayadante, Alba tiró una placa. s traban. Se trataba del general San Martín, que Hechas por el viajero cuantas preguntas manda la brigada primera de Orozco, com creyó oportunas, y contestadas por el moro, puesta de los regimientos de Wad- Ras y á quien servían de interpretes los acampa- Saboya. nantes del primero, diose la entrevista por D- -pedínionos del general y nos dirigiterminada, no sin entregarle al americano mos al fuerte. como regalo de su señor una magnífica Ea la fortaleza hay destacada una comgumía. pañía del regimiento de Mehlla, que manda Abandonó el delegado de Chaldy aque el valiente capitán Ortegui, del cual ya nos líos lugares montado en un soberbio alazán, ocupados al dar cuenU del combate del 23, seguido de otros dos rífenos de pésimo y p s fue la fuerza que liego á internarse en poco tranquilizador aspecto, y regresaron el barranco del Lobo. los expedicionarios a la plaza con tantas ó Los oficiales rodeaban á su capitán, y c n mas precauciones que á la salida. ellos sa encontraba el teniente de Artillería Noticioso ó temeroso el corresponsal alu- jefe de la batería defensora del fuerte. dido de que la censura nada dejaría pasar Por si habíamos andado poco, se le ocude sus informaciones, pasándose de listo, en- rre al imponderable Alba hacer una fotovió sus ímpreáiones á Gibraitar, desde don- grafía aa los límites, y para darle gusto nos de habían de ser cursadas a Norte Améri- ponemos todos en marcha y llegamos al baca, satisfechísimo así de burlar dicha cen- rraHCO qua divide los campos español y sura y de quedar a mejor altara que ningu- moro; éste de la cabila de Bemsicar. no de sus compañeros, que no podían publiAllí, en la hondonada, nos vuelve á foto car tan interesantes declaraciones. graf íar, y emprendemos el regreso á RostroPero es el easo, y aquí entra ya la parte gordo cómica del suceso, que el aludido y dihgen De esta fortaleza tira dos placas, y enton: te corresponsal fue objeto de lo que bien ces el capitán Ortegui nos invita á que papudiera llamarse un verdadero timo marro quí, puesto que, como comprenderán nues- semos. No dejaré de hacer constar que durante tros lectores, sólo sirvió de víctima del in genio de los que le acompañaron, quienes mi estancia en el barranco me consideraba en peligro, porque á 15 metros de nosotros, Simularon, de acuerdo con otros moros, la y á la espalda, estaba un blanco sobre el parodia de entrevista, por la que percibieron en legítima moneda española la friolera cual tiraba una ametralladora. Pero por no darle un disgusto á Alba no hice caso del de 40 duros. En cuanto al falso caudillo del, Chaldy, troqueteo. En la sala de oficiales del fuerte el capiaun no se ha podido saber nada de él ni es fácil que vuelva á aparecer por aquellos tán nos dio coñac, puros y un agua exquisita. contornos hasta... que se presente otro coRecorrimos después las baterías y depen rresponsal demasiado crédulo. dencias y pudimos apreciar qu Rostrogordo era lo mas limpio que había ea Mehlla. e La Unión Mercantil: El suelo, de pie Iras, paresia fregado, y ni Alba (de A B C) es el fotógrafo más siquiera por cabuahdad se veía ni un panel activo que he conocido en esta campaña. Cuando le veo venir por el Muro Xcon la ni una punta de cigarro. mochtla colgada y el salacof pintado de color Al llegar á las baterías subimos á un to rreoncito desde donde un ceatiaela vigila íe ladrillo, me echo a temblar. Alba comprendió desde los primeros días el campo, y allí divisamos un hermoso que yo iba y venía á todas partes, que me paisaje. Se ven los caseríos de Fraiana y Benisigustaba no estar nunca quieto en un sitio y car y el monte al pie del cual esta cabila que en cuanto había rumores de algo ya estaba yo en marcha para confirmarlos, y se celebraba el zoco del domingo. dijo. Ya que Ocaña no puede venir conmiCon la ayuda de los gemelos pudimos ver go á todas las partes donde yo qusero, éste todavía algunos grupos de moros que cares tni hombre Y así lo hizo gaban varias caballerías. Desde las ocho de la mañana, ó antes, hasEl capitán Ortegui nos explica la situata que la luz del sol no tiene fuerzas para ción y nombre de los aduares, haciendo que las placas salgan bien impresionadas, constar que como a mil quinientos metros, no oigo mas que esto. y en uaa garganta que temamos al frente, -Cárdenas, vamos al zoco, Cárdenas, va- estaba el eate moro de Man G- uary, al cual mos a Camellos; Cárdenas, acompáñeme al era muy lacil llegar. Lavadero ¿Viene usted al blocao? No sea Oír e to Alba y emprender una w ioz caUsted pelma, hombre, vengase a ia primera rrera fue casi instantáneo. caseta, lléveme a la playa, venga a CabreriCorro, le alcanzo, y sujetándolo por la zas vamos a Chiclana. chaqueta le pregando adonde va. Y esto todos los días ha venido a ser para- -A tomar cate de Man Guary y á Frajamí una pesadilla. na, que son moros amigos. Cuando ayer me encontraba terminando Tanto el capitán O i. egui como yo nos vimi crónica, cae Alba sobre mi, me coge de mos y deseamos para convencerle de que á la chaqueta y me mete en un coche á ia aquella hora era una imprudencia hacer esa fuerza L, e grita al cochero que a Rostroexcursión. gordo, y no tuve tiempo mas jjue para darle Convencido al fin, nos despedimos del car IQ aniro la cartp, y éste me hizo elfavoi pitán y oficiales y le iesacus a p T ¿a r Í v -i -en s i correo. b i o s cVceruecue x sí cume, el cukí LA GUERRA Y LA PRENSA C s un cronista militar quien habla desde un periódico portugués, A Monarchia, de Lisboa, en su número del as del actual. Las consideraciones que hace á proposito de las noticias de Sa guerra que la Prensa pubhea están inspiradas en un sensato espíritu de prudencia y merecen ser recosidas en sus principales puntos. Después de notar el cronista cómo en los eriódicos españoles, y generalmente en Jos e todos los países latinos han causado extrañeza y disgusto las medidas que el Gobierno de Madrid ha adoptado respecto de la publisacion de noticias acerca de nuestra campaña en el Rif, no oculta su estupefac ción por que esto lo juzguen como un atentado a la libertad de la Prensa algunos día nos y agencias telegráficas. La verdad es -dica -que la ambición de batir el ¡ecord lleva a los periodistas á fan tasear combates que nunca se libraron, ó, por lo meno a narrar detalles de aspectos de la guena que la realidad no hubo dfi brindarles. Los errores técnicos que soDre el paiticu lar se advierten pueden despertar la duda sobre la verdad del hecho narrado. Concretando mas, añade: Por lo que nos transmiten ios telegramas de Havas y Fabra y los informes partí culares que de Madrid se reciben en los periódicos de Lisboa por diversos conductos se tiene la impresión de que solo sangrientos reveses han experimentado hasta ho? las tropas españolas. Para la parte del publico menos versada en asuntos militares, singularmente para el menos culto, tales despachos o sueltos, en que se dejan entrever pérdidas sensibles, 6 en que las noticias no son proporcionadas al resaltado obtenido y á los esfuerzos rea hzados, pueden producir una enorme depresión mora) de la cual no pueden sustraerse ni los mismos combatientes de la lase de tropa. Es ya un luga común, aesae ei panto de vista militar, volver los ojos á las consecuencias funestas que para el resultado de las campañas pasadas acarrearon las indiscreciones y extralimitaciones de los periódicos al publicar antecedentes v detalles d las operaciones. A este propósito bastaran dos recuerdos, Un día- -cuenta el principe de Hohen lohe en sus Memorias- -estaba yo en la terraza de Meudon, cuando se acercó á mí el Kronprinz. Traía en la mano un periódico de París, en el cual se consignaba qzte el pri mer proyectil lanzado sobre la ciudad había caído en el jardín de Luxeinourgo. -tís un triunfo paia el general- e dij o luego el Kronprinz. -Vuestra señoría re cordará como acogí yo su pretensión de disparar una granada a una milla de distancia. Paes bien! Medid la que separa el Luxemburgo de nuestra batería numero ¡8 exactamente 7500 metros (una milla ale mana) De este rnouu, con una aepioiabJe ligere za, regulaban nuestro tiro los periódico franceses. Q t r o ejemplo. Por un simple ceiegrama que el lemps. publico supo el üstado ¡Mayar aie- nan que el ejercito de Mac- Malion abandonaría Reíais y partiría para el Noite, a fin de au xiliar a Baia ne. Y asi Moltke, movilizando sobre seguro la eaae i de las columnas de 1 tercero y cuaito eie cito, avanzando á mar- ufo AOC CI CSS, pu o a o ro -Sedan P D i imi l IJ EI 1 n 1 TI vinrrUTrnífirmrmrtTfnrn naií Tniirnitin ¡TT W