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A P C. VIERNES? -7 DE POSTO DE 3909, EDICIÓN PAG. Decía y ea tino de mis anteriores artícuLO QUE ES los que, ea el orden de afectos, los moros atflan sobre todas las cosas su fusil; después, UiM CAMPAMENTO el caballo, siguiendo luego los hijos, las bijas y la mujer. Nada más cierto. pjl campamento es la itmgen de esas fabu losas uda 4 es yanquis que cuentan Hombres de guerra, viviendo de la guerra y pealando drrante los cortos periodos de las crónicas; sui eu en un día, impulsadas paz en lo que liarán cuando la guerra lle- por el motor de varios milloncejos. gue, el fusil es toda su vida; cu dan su arma Para sentir sus bellezas hay que vivirlos más que su propio cuerpo, y pFefleren ver en la vida de soldados, ayuiar á construirtria úlcera en sus carnes á una picadura en los y avecindare en ellos. el cañón de su fusil. El fusil es su herraAl desembarcar en el muelle de Mélilla, mienta, su miembro complementario. El un oficial de listado Mayor indica al jefe ¿aballo es su otro yo su idolatría, emblema del Cuerpo la loma que se le destina; ya el de todos los instintos de la raza: orgullo, ma- regimiento en marctn, le siguen varios cajestad, poder y gallardía. rros de Administración con las tiendas de Un moro á pie es un ser incompleto; ellos campaña, y al llegar al sitio designado hamismos, en su andar á grandes zancad is, cen alto. Va estamos en casa; es una loma pedreSuelto, desbarbado, se consideran ridículos, vejados, inferiores. Pero cuando sus piernas gosa, sin un árbol, sin una casa ni cualquier de bronce opntnen el ijar de un potro, ya es otro vestigio de urbanización. Ojea ei jefe tro hombre, ya se sieute grande, invenci- el terreuo; ordena á los ayudantes que, papel y lápiz en ristre, toman nota, y minutos ble, tuio de Di. s El aballo moruno, con sus contoneos ele- después las tiendas van surgiendo ringla gantes, su finura de remos y cabeza pique- das, por compañías; todos trabajan en este ña, coquetona, nerviosa, cabeza bélica, llena importante asunto de la vivienda; coleado de furores, de vida, es el úaico apropiado el fusil, los soldados sujetan los vientos de las tiendas; los oficiales in ncan los centros; para el jinete rifeño. Yo be visto moros montados sobre caba- parece que se prepárala elevación de mullos de nuestro tv) ército, sobre yegm s imr e- chos globos; luego se escuena el golpeteo sas, y la gallardía habitual de este jinete lia- de machos mazos sobre las estacas, y teu mos la ciudad. foía de ap ireoido por completo. Los inquihnos van entrando en sus Holis preciso la silla roja, coa los altos borrenes; lo estribos de plata labrada, ceñi- gares con el equipaje á las espaldas, y modos, cortos, dejauao al jinete en hbsrtii mentos después salen, ágiles y desarmado vamos a urbanizar esta ruó iernísima villa. para ponerse en pie sobre ellos y al ¿t s cerca de medio me- tro sobre la stlla; con aaá Con palas y picos sa desbroza el terreno, se bridan de ancho cuero, forrado de paño rojo, construyen las eociuas, se abren a alguna verde ó blanco; es preciso las crine hirsu- distancia las letrinas. Un par de horas más tarde el corneta toca tas, la cola q. ue arrastre por el sue o, los belfos san ¿rautes, eacendido. 3, anae antes faiuia; alegre y dicharachera forma la trode aire; es preciso ese troiecillo coreo, baile pa, con el plato en la mano y el pan debajo de bayadera, en e ¡que el caballo ao avanza, del brazo; por ei bolsillo de la guerrera asopero jamas e. stá quieto, dando lugar á las ma la fe de soltería entre uoiotro- s la fe elegantes faniessías, de a ue tan amigos bon de soltería es la cuchara, y hay que couservarla y mim irla, porque qtn n pierde la los moros jinetes. Así es como se comprende la Caballería íc de soltería no se casa. Hay u. i mo ue. ito da seriedad militar: es moruna, y asi es en efecto. Caballo y jinete forman un todo indiso- la lista; los sargentos van nombrándolos uno por uno; la voz de ¡presente! resuena como luble. un estribillo. Terminada, se distribuye el La crin borfea al viento, y chasca el jai que sus f ecos en el aire, azoado como ex- rancho; es un rancho ex juisito, que sabe ágioria, que se esp- ra con asegría, porque el tremo de gallardete. El cue po del jinete se dobla sobre el cue que mas y el q ie menos, al pasar cerca de lio del caballo, abaldonan las manos las de las cocinas, na percibido un agradable riendas, y lanzase el animal en vertiginoso tufillo, y le ha dicho al compañero: ¡Chico, galope, ea el que la panza llega á roz r el hay carne con patatas, y huela a gloria! Se come en corrillos, cerca de las tiendas, mismo suelo. búbico, yerguese el rifeño sobre ios estri- agrupados por aficiones, por pueblos ó simbos, lanza bu estridente grito de gaerra, patías, y mientras se come este primer ranpata, como malabarista habilísimo, su fusil 0.10 de campaña las miradas van al Gurualreü dor de todo su cuerpo, arróialo al aire, gú; la aitillería Hace música cuando en lo recoge y dispara, haciendo b ancos in- tre los abruptos picachos se ve el humo y la creíbles; todo sin detener su vertiginoso ga- explosión, se corea con bravos; los improvisadores cantan alusiones eu cantares donlope. Para atacar en regla de combate, tortna ía de consuenan Gurugú con regimiento; el caballería uua herradura; á un grito del verso es malo, pero el cantar es baeuo, y jete contestan todos, y arrancan de la para- como bueno se aplaude ó se corea con un da al galope, y fañosos arremeten, procu- repiqueteo de cucharas en el plato. rando los que Cabalgan en los costados os Terminada la cena es llegada la hora de mejores caballo- conservar la delantera, íilosüf r; el soldado filosofa al ob icurecer, pues su tácuea escriba en envolver al ene- se- utaJo ante su Ueuda, fumando un cigarrimigo y llegar a transformar la herradura en llo; é- a es su hora; un perfume de paz y círculo, cerrando dentro á los combatientes amor satura el campamento; se charla de adversarios. las novias, de los padres, del pueblo; y así, Dicen que de llegar nuestras tropas á Ze- fumando y charlando, van germinando las luán reuuiriause mas de 3.000 jinetes mo- frases de amor que mañana saldrán dentro runos, que aun no han veuido á la harca, de unos sobres en busca de los hogares queporque sóio son verdaderos amat iirs del ridos. I a música toca retreta y todos se retirat comb ite á caballo. Algunos de estos jilotes llevan, á mas del fusil, que es el arma tan á sus tiendas, y cuando el toque de silencio usada á caballo como á pie, latgos machetes, anuncia que el reposo es absoiuto las luces de los q ae no saben sacar tanto provecho se apagan y cierran los cantineros sus puescomo de las armas de fuego, que, repetimos, tos; sólo se oye en el campamento el alerta de los centinelas, y sólo se divisa de. trecho manejan a caballo aun mejor que á pie. Si estos rállennos llegan á cumplirle, el e i trecho, recortándose sobre la línea del aonzonte, una línea de siluetas, que son ios! espcel iculu será digno de ser presenciado y de i- oTipiabar esa legendaria furia iuduui entínelas, y las patrullas que jllenci 0 S 4 mente ios recorre. J! C tic Ja Caá- Artería moruna. Un cornetín toca diana; á continuación las músicas nos alegran c n sus notas, y salimos de las tiendas ávidos de curiosear dónde nos hallamos; el día anterior no hubo tiempo; ante nosotros está el Gurugú; ae tras, Melí 11, y, en último término, el mar, q- ue esta vez, complaciente y coqu- tón para dejarse admirar de tantos hombree tierra adestró, está terso como una. pizarra bruaida. Ahora el campamento nos parece verdañeramente la ciuJad fabulosa; no falta utt ietalle; la calle principal, limpia de piedras, taoados los baches, parece un bulevar; preguntad por lo que os h. iga falta. ¿Dónde está el correo? Alia, en aquella tienda próxima á la de la gu- irdia de prevención; es una Casa- correos hasta elegaute, de las llamadas cañoneras, con su amplio buzón, (jue ÍS la ventanilla dentro, el cartero ordena, paquetes y sella ¿D nde esta el botiquín? V, entre los dos bitalljneb, os indican ana tienda donde ondea la Cruz Roja; en las tiendas de oficiales están los banderines que indican las compañías; es eJ nombre de la calle. Bu la plaz- a del pueblo hay granies cubis de agua; el coronel vive cerca de slla, y Fulano, eu tal tienda, y Mengano, ea ssa otra, y así á la media hora de pasear oreéis bailaros en un pueblo, y pueblo es, porque en estas casitas blancas y ec estas calles alineadas esi. an nuestras afecciones y nuestros amigo- los uue nos mandan y los que ñus obedecen. Son bellos y poéticos estos campamentos 4 doude anidan tanta juventud, tanta vida y t luto entusiasmo; pero para sentir su belleza es preciso habitarlos; desde lejos, la impresión es otra: parece una bandada da blancas palo -ias que hdceu un alto en su marcha. TOTAEI GIBERT Cal rerizas, 17 de Agosto áe K 509 EL PEÑÓN DE LA GOMERV r omo decía en mi anterior, esperábamos el 13 al vapor correo Seudla, escoltado por el Pinzón, y, efectivamente, llegaron á situarse co no á itiidi dos indias de la pl ¿za, eu dirección NO. destacándole el -imán, qua se aproximo ala Pauta del B iba, cañoneando los picacho- que se hallan por bajo del antiquísimo castillo del Morabito y reconociendo después un falucho que. apareció en el uoruonte. A las seis de la tarde próximamente se retiraron, el ÍJ, con ru nao á Málaga, y hacia Levante, dejándonos sin el correo que esperábamos. Al pronto crei. aos que sena una manió bta para regresar a uiídia noche y efectuaí las operacioae- á favor de la obscuridad; pero grande fuá nuestro desencanto cuando vimos traa- sourrir üora tras Hora, hasta llegar ei nuevo día, sin que se divisara ao de los dos buquss. Aquella n che se deslizó tranquila, p sin duda nuestros vecinos esperaban tatn bien el regreso de los barcos. Le indicaba en mis telegramas algunas de las circunstancias que concurrieron ea la muerte de D. Leopoldo Méndez, herido gravemente la mañana del 13; echóse las manos al cuello, lugar de la herida, sosteniéndose con entereza sin querer caer, íiasta que, faito do conocimiento, lo redag! ron brazos cariñosos; provisiouaioiente hizosele la cura, que más tarde hicieron definitiva en su casa, situada en Ja misma barbeta de Sau Miguel, tonde cayó heriáo. Desde luego aprecióse la gravedad de su situación; pero sieaapre se conservaba alguna e- perauza. Si i conocimiento transcurrió l j ü üa ta la. tarde, ea que se desoe-