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AbC. JUEVES 1 9 DE AGOSTO DE rgog. EDICIÓN i. PAG. 18. En vano te esfuerzas por animarme; pero yo le contaré á Dios tus bondadosas mentiras (tráeme mis sales... y eso te hará ganar el cielo. Cuan iiello estás, y cuánto te amo, pobre oficial mío! Acércate, yo quiero abrazarte... Más cerca de tus labios me muero... -Tormento adorado- -exclama el conde, ¡mira mis ojos! ¡escucha mi voz 1, ¡no sientes renacer la vida! Tú me haces sangrar el corazón; ¿qué necesitas que te diga... De pronto se llevó la mano á la frente. -Pues bien, sí, levántate, pero con prudencia. Esta vez vas á convencerte de que no estás enferma, y que lo que necesitas desde ahora es pensar en próximas venideras alegrías. Este testamento... Se continuará. 6 000 reales creyó que la cosa no tenía maSECCIÓN LITERARIA licia y vivió tan tranquilo. Pero un día se despierta, agarra un periódico y lee los despachos. Entonces su conciencia comienza á gritar: ¡Ah, eres un inCUENTO, PORGEORGES D ESPARBES fame, un egoísta, un cobarde! ¡Antonio Bandrés Azcue, eres un injustol ¡Para que tú viII vieses tranquilo, tus hermanos, los pobres Ik Iousieur de Saffrenages entró al palco del montón, cogían las armas y se sacrifiTv y- se miró en el espejo. caban! ¡Mientras tú prosperabas en tu ca- rrera, mientras te enriquecías, otros mucha- -Poco acostumbrado como estaba al sufrichos sufrían calor, frío, cansancio, en los miento, había enflaquecido y envejecido. cuarteles! ¡Y ahora, mira allá abajo, en las Este no es el mismo de antes. ¿Esos son, montaneras africanas, cómo están sufriendo amigo mío, los consuelos que tú ofreces á la y muriendo tus hermanos en defensa déla condesa? ¿os enfermos necesitan distracbandera, de la tradición nacional! ¡Gres un ción; esos ojos encapotados (y limpió sus párpados) esa cabellera srx desorden como egoísta, un gran cobarde, un injusto! Antonio Bandrés Azcue coge la pluma y la de un amerieano y que te da el aspecto escribe una instancia al gobernador militar, de un salvaje... (tomó un cepillo) ¿Y esas en la que solicita una plaza de oleado n uñas? ¿Qué riña entre republicanos ha podido darle tan sucio aspecto? África. Dice así la instancia: Pero como continuaba viéndose atenta El suscripto, de treinta y- cinco años de edad, aspira al honor de luclfar en África. mente en el espejo, pañuelo, peine, cepillo y I a propia persuasión de mi valer podría cortaplumas se escaparon de sus manos. ¡Cuánta ruina! -exclamó el conde; -alentarme en el anhelo de lograr un puesto entre nuestros valientes soldados, si no fue- y era esta, esposa amada, la fisonomía quera al mismo tiempo el estimulo poderoso rida que tú besabas... Viendo sus arrugas de alcanzar como úntco mérito de mi vida el comparó sus asaltos, las heridas de sus ocho dar á la patria un tributo personal que mi batallas y su destierro á los estragos que posición social estfuwó en la edad reglamen- había producido en él la enfermedad de su mujer, reconociendo así la inmensidad de taria... He aquí un héroe cívico, un héroe de la su amor. I os rasgos de su fisonomía se habían bojusticia. Su conciencia le ha gritado imperiosamente, acusándole de esquivar un de- rrado, el sufrimiento los había ido gastanber cuando el deber llamó á su puerta. do; sobre su espalda el vestido se llenaba de Ahora quiere rectificar su conducta. Y quie- pliegues y arrugas; su cabaza, tan graciosa re, además, pagar ampliamente su delito, antes, endurecida ahora por ángulos y reccastigándose á sí propio: deja su posición, tas, parecía haber insultado á Dios... Atesu riqueza, su familia, sus comodidades; rrorizado alfinpor esta imagen, le volvió la todo lo deja por obedecer al imperativo espalda y comenzó á caminar por el salón, esperando al médico. moral. -Señor. Con muchos heroísmos de esa especie, El médico, vestido de negro, estaba allí. con heroísmos morales, es con lo que pros- -Como me habéis suplicado... peran los pueblos, se hacen fuertes, gran- ¡Ah! -exclamó el conde, -y bien, ¿que? des, buenos, intensos. Heroísmos morales y- -Como me habéis suplicado q ie os lo no palabrería hueca; patriotismo estoico, íntimo, de sacrificio, y no patriotería de ad- diga todo... ¡Sí; hablad, hablad pronto! jetivos; esto es lo que necesita España. Y- -Esta es cuestión de horas; esta tarde un culto de la conciencia, de esa conciencia trascendental á la que nadie puede sus- quizá... la enferma morirá lánguidamente. -Usted no ha dejado traslucir nada. traerse. Porque la conciencia es como la- -No. muerte: tarde ó temprano llega su hora. El- -Pues bien, dejadme. caso es ser bastante fuerte y sincero para X, a fisonomía de monsieur de Saffrenages escuchar su voz y obedecerla, en lugar de evadirla, en lugar de vivir en el oprobio de se había crispado; sus ojos heroicos contuvieron las lágrimas y sus labios dibujaron la mentira. una sonrisa. Esta expresión, que reflejaba JOSÉ M. SALAVERRIA. el espejo, duró sólo un instante, porque inmediatamente se puso rígido, hizo girar las mangas de su paleto, empujó la puerta y el lecho. A LOS ANUNCIANTES corrió hacía te dije. Nada! Acabo de ver al- -I o que on la tirada de los periódicos ocurre lo médico; ¡no tienes ninguna enfermedad! contrario que con la edad de las seño- ¡absolutamente ninguna! I a enferma, enrojecida por la fiebre, se ras. Cuando una Empresa dice quetiratantos ó cuantos millares, piensa la gente: cya levantó. serán muchos menos Y he aquí por qué- -Mi amigo. no queremos nosotros decir nada de nuesEste despertar de un sueño, el salto de tras tiradas, pues, ó no seríamos creídos al esta vida que se apagaba y que, sin embardecir la verdad, ó tendríamos que faltar á go, se erguía, martirizó al conde. ésta, cosa que tampoco queremos. ¡Sí, mil veces sí, tesoro mío! Tú no tiePero como á los anunciantes les interesa nes nada- -y alegre, dispuesto, jugando con saber á qué atenerse sobre la circulación de los pliegues del encaje, trataba de buscar los periódicos en que se propongan anun- una explicación. ciar, vamos á darles una sencilla receta para- -Debilidad de estómago, quebrantos que por sí mismos puedan hacerse cargo muy comunes en las mujeres: cosquilieos de cuál es el periódico que, por más leído, en lá garganta, un poco de palidez y decaiofrece mayor ventaja al anunciante. miento, producido quizá por la permanenCuando en el tranvía suba, cuando por la cia en el lecho... Dentro de tres días camicalle pase, fíjese y observe qué periódico es narás; dentro de ocho iremos de paseo á el que se ve en nías manos; tómese la mo- Saint- Cloud, y dentro de quince, al baile de lestia de preguntar en los quioscos y pues- Goutat. tos di; v, entajiy, s vendedores ambulan- -Ilusiones, ¡cuánta alegría rae traéis! yo tes, cuál eS el qúe más se vende, cuál es el renazco y revivo para ti; si hasta me parece que puedo levantarme. q u e m a r e 1 público. Y cuando unos cuantos días haya hecho Y si no, vedló. ¡Imprudente! -gritó el conde, poniendo ssto, ningún anunciante necesitará preguntar á nadie den- 3- le conviene anunciar con tal expresión de terror en ese grito, que la agonizante cayó de nuevo. referencia. EL TESTAMENTO El mejor café: El priniiti vo, El único, es el verdadero torrefacto LA ESTRELLA MONTERA, 32, Teléfono 1.555 ¿ílIRTINfK Pídase en ultramarinos este flUUOlUWO acreditado C H O C O L A T E Compañía Nacional. 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