Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DE TODO EL MUNDO, POR CABLE. TELEGRAFO Y TELEFONO m JL ESPAÑA EN MARRUECOS DE TODO EL HUNDO, POR CORREO, CABLE. TELEGRAFO g If Y TELEFONO POR CORREO Y POR TELÉGRAFO fRÓNiCA DE LA CAMPAÑA DE NUESTRO COMPANERO SEÑOR SÁNCHEZ OCAÑA MEL 1 L 1. A, l í a división Orozco. Para ir á los campamentos de Rostrogordo se ha de dedicar medio día; el coche sirve para llegar hasta la enorme altura del iuerte; luego, á pie, atravesando un ambient e ígneo, se ha de atravesar vanas lomas y ¡una amplísima meseta que, como las- penas del zeñó Joaquín de los tientos, no tiene L Rostrogordo está al Oeste de la plaza, sobre la cima más procer del sector, dominando el mar, que cuelga encajes blancos sobre los múltiples relieves del acantilado. Desde el fuerte se divisa los días de calma, por la derecha, toda la Mar Chica y el avance del Cabo de Agua. A la mano izquierda, tan cerca que no parece sino que ha de llegar un tiro de fusil, avanza entre la bruma el Cabo Tres Forcas, que es uno de los cabos más chatos que yo ne visto. Cérea del fuerte se alza un edificio blando, enano y rectangular, y ante él se abre esa gríiia meseta de que antes hablo y que en tiempo de paz empléase para campo de i a cantinera. tiro. Bn tal terreno se han emplazado los cam- Llevamos ya bastantes días de vida de campaña y aun no ha salido á luz la figura pamentos de la división reforzada. Wad- Rás, León, el Rey, Saboya, agrupan tradicional y airosa de la cantinera. ¿Es sus tiendas de lona. que semejan lejanamen- porque no han venido cantineras con e tas te, no el consabido golpe de vista de un tropas? No. Es porque, en realidad, el cropuñado de palomas, sino más bien algo así nista ha cometido una fa ta de galantería, dejando casi relegada la nota. como un poblado de casitas minúsculas. Hay aquí vanas de esas animosas mujeLa tropa de Orozco paréeenos muy buefia tropa. De extremo á extremo de los cam- res, y hay especialmente una, la de Cazapamentos se advierte una sostenida y álgi- dores de Alfonso XII (esposa de un músico) da animacióu. De sol á sol duran las ma- que ademas de ser una e- b ¿lta y hermosa niobras y los ejercicios; las compañías se mujer, con licencia del referido músico sea mueven con soltura, con orden; nótase des- dicho, viene á ser como una hermana de la de luego ua experto mando, y los soldados Candad para los soldados. Ella hace diariaBe adiestran en la carrera, en los desplie- mente caldo substancioso, ella socorre á los gues rápidos, en la posición de guerrillas. enfermos, el a guisa comida sana y sencilla, Cuando llegué á Rostrogordo salían las que sabe á la inolvidable y ¡ay! lejana cofuerzas de avanzada; iban á paso vivo, for- mida casera. La cantinera de Alfonso XII tiene, claro ínadas como en parada, y tan alegres que está, la estimación y gratitud de todos los nadie dijera que se disponían á pasar la no ¿he en vigilia, arma al brazo sobre las trin- jefes y oficiales y soldados del batallón. Tiene además, porque se trata de una digna cheras, sin pegar un ojo. Ya casi anochecido, me detuve en la tien- mujer, el respeto de toaos. Respeto que no es obstáculo para que se da del general. LHS músicas, tocando pasodobles, aniem ¿aban el raucho, y los jeíes y proclame que üulorés Llopar, jue la Lohlla, oficiales, 01 ruados en semicírculo aute los es, ademas de buena, guapa y llena de simpatía y de án el y de sentimientos caritacoroneles, recibían la orden. tivos. Como que, reformando un poqaítíu la leR l salto de la rana. Pero he liaWado ya varias veces de tra, los soldados cantan con la música de la 1 iejercicios, y por olvido dejé de consignar poDular zarzuelita: una nota muy curiosa. Me reñeio á ¡o que Es una cantinera. se llama por aquí el salto de la rana El de primera, móvilmente y el nombre son invención áe los soidasáes 4 e África. de primera. un Los mozos de este regimiento, tan aguerrido y disciplinado, y cuya presencia huelen los níeños, han aprendido de éstos, como ya tengo dicho, todas las ventajas, y una de ellas consiste en el avance de guerrillas abrigándose Eu efecto, los soldados de África, con una elasticidad y 1 un esfuerzo ágil propio sólo de gimnasta según están tendidos en tierra, saitan ladeando un poco el cuerpo) y caen algunos metros más allá, en la tnibrua postura. Asi. en pocos minutos, ganan 60, 80 metros. Con rápida mirada eligen el punto para saltar y caer junto a alguna piedra gruesa, que les sirve como de fuerte escudo. Ha de dar la precisa casualidad de que una bala les hiera al dar el salto para que no avancen, Y cuando ya han avanzado, en vez de llevar hasta la primera linea de fuego las acémilas con municiones, son dos ó tres de esos tiradores los que reparten los cartuchos, merced al salto de la rana Cuando estos repartidores están ya en la línea, para ahorrar señas y voces, dan un silbido muy agudo, y como quien lanza á ras de tierra un teio, una plancha metálica, un disco para derribar boullos, ellos lanzan, blandamente las municiones. Este práctico y arriesgado salto de la rana (con este ó con otro nombre, según las fuerzas y según el habla de los soldados) se ejercita ahora en todos los campamentos. DE MARRUECOS Y Dfl MEL 1 LLA M o s propusimos describir en otro artículo J la orografía de la región habitada por los Beni- Snasen, y creímos haber dicho lo bastante para, con la representación mental de aquellos datos, dar una idea aproximada del camino seguido por las columnas francesas en aquel terreno. Decididos á decir la verdad en estos artículos, y sin reparo á confesar ingenuamente que creemos, poseerla en estas circunstancias, con más razón que los que escnbenobedeciendo á las indicaciones de su fantasía, no tenemos inconveniente en advertir que llamaremos al orden á cuantos 3 e separen del camino por nosotros emprendido. r Como todavía se sigue diciendo no pocas inexactitudes, será preciso corregirlas inmediatamente para evitar que la opinión siga extraviándose como en los primeros días é impedir que de ésos informes se hagan juicios comparativos, cuyo resultado ha de ser siempre funesto para nuestras operaciones en Mehlla. También confesaremos lealmente que tras de esas equivocaciones se esconde, sin duda, un deseo sincero de servir á la nación, aunque el efecto, por ser contraproducente, nos haga sospechar un estado, siquiera sea pasajero, de inconsciencia. ¿Por qué llegaron los franceses á Uxda sin tirar ni un solo tiro? ¿Por qué han logrado recorrer todo Beni- Snasen, donde hay cien Gurugús... se dice. Estas preguntas implican el desconocimiento de núestro Gurugú y de la región de los BeniSnasen Dos artículos que llevamos escritos antea de éste han tenido por objeto describir d terreno donde habitan esas cabilas para indicar el camino seguido por las columnas francesas y hacer después un estudio comparativo entre esas operaciones y las seguidas por nosotros en viehlla. No es exacto, ni m icho menos, que en los Beoi- Snasen hay esos cien u rugúa de que nos habla la fantasía popular. Tenemos los datos con- ervados perfectamente en la memoria (por haber sido tomados sobre el mi mo terreno de aquellas cabilas) y vamos á i petir en este artículo, aun á nesgo de ser algo pesadas, la descripción que de S 3 a comarca ni mies en otros trabajos arjuiriores, y aue. en resumen, es como sigue: Si desde ias islas Chafarinas miramos S la costa de Mar- liceos, tendremos en primer término la extensa llanura de Tnfa, ea el fondo surge un mae zo montañoso, la regi ¿n de los, Beai- Snasen. supongámonos dest mbarcados ea la playa Si en JÍnauios siempre hacia el Sur por es ilurTaosa llanura 4 c. Trifa hasta llegar á 1 (55 montes de Bcai- Saase nos encontrarerays con uua pequeña ordi. lera, casi laia la per eaadicajarinüjte, esiabrosi y de inuy d i suoi ta. íleiuo ntcaioslo. subamos tr s de no pequeño T. rat 7 njo y esfuerzo á la cinií,