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A B C MARTES 17 PE AGOSTO DE 9o g. EDICIÓN i. PAG. 6. Asi se presencia á menudo esta escena, á pesar de las descargas, á pesar del avance de la Infantería. Cae an moro muerto, y dos, tres ó cuatro se lanzan sobre él, y á su vez pelean y se matan entre sí para conseguir aquel botín incomparable. Despreciando la muerte, sólo ven el arma y loa pañetes áe cartuchos. Con ceguedad de codicia soberana han sido exterminados por nuestras tiradores algunos de estos feroces grupos de moros, que, ante el enemigo, sólo estaban atentos á disputarse las armas del camarada herido. Muchos- -yo dina casi todos- -de los cadáveres que han sido recogidos y enterrados por nuestras tropas, es indudable qae lo fueron por el afán morboso que acabo de transcribir. De lo contrario, el cadáver moro, Sabido es que lo retiran con urgentísima diligencia, á fin de que no sea profanado por el cristiano. Efectivamente; ha sido muy raro encontrar enemigos muertos, aislados, con armas ymumqiones. Los maüssers, con su paco... paco... seco y ligero, contrastan en gran manera con los disparos de los rífenos. La conversación de nuestros soldados tiene por eso una vivacidad peculiar que intranquiliza al enemigo ea grnn manera. Pero es la saivaguardia de: nuestras tropas, que, con su buen humor habitual ante el pehgro, ao desmayan nuaca y bautizan del modo más inesperado ias cosas y los hechos. panase por si ocurría algo en el camino; pregunte el camino que habíamos de seguir, y me dijeron que, atravesando un collado que en lo alto del poblado se abría, traspa sariamas fácilmente el Gurugií y en diez harás estaríamos en Melilla. Ante tal programa, me decidí á acompañarlos. Por una áspera garganta tuvimos que transitar más de un kilómetro y llegamos á la primera meseta del Gurugú, cercana al poblado de Imasapten, á 540 metros sobre el nivel del mar. La región es más árida que la planicie; grandes moles de piedra, picachos rocosas elévanse sobre nosotros. Seguimos ascendiendo, siempre en terreno rocoso, y alcanzamos una altura de 600 metros. La aguja delj Gurugú dista de nosotros mas de tres horas de camino. Las nubes llenan de niebla de- nsa nuestros alrededores. El terreno pierde su aridez rocosa y toma aspecto de monte: tomiilares, retamas, matojos con ilorecillas blancas parecidas á los lirios, para mí desconocidas. Junto aun manantial hacemos un alto; el agad es ferruginosa, coa un sabor saiobre fortísimo. Seguímos el avance, y conforme nos acercamos á las grandes altaras se hace más agreste el paisaje. Houdas, hondísimas simas nos amenazan á cada instante; eí camiso es propio sólo de cabras, y yo, el útaco jinete, desciendo de mi caballo por miedo á rodar por ¡os barrancas. Me dicen sis acompañantes que ei Garugá está en su corazón sembrado áe puebleciüos, cuyos habitantes se dedican al pastoreo y á recoger leña para venderla en Menlía, convertida en carbón. Cuentan que existen en algunas regiones grandes azúfrales y piedras raras que eilos creen de gran vaior. Que al lado de la aguja del Gurugú existen ias ruinas de ua enorme castillo, de piedra todo é cuyas Defiere en ua curiosísimo artículo el joven murallas eiévanse más de veinte metros, y y simpático doctor S. uiz Aíbémz, nues- que aun conservan sus paredes trozos de tro querido amigo, que por shora hace un argollas y cadenas roías y enmohecidas. año recibió en la mina española del monte La dislocación del terreno cre e; ao se ve Uicssán la visita de cuatro moros que soli- niaguna meseta: todo son cuestas, barrancitaban sus auxilios como tebib (médico) cos, picachos, quebradaras del terreno propara un su jefe prestigioso entre los cabiie- fundísimas, y tu una gota de agua por parSos de Bem- Faqueián, fracción la más im- te aíguua. portante de la cabila de Bení- Sidel. Yo recuerdo haber visitado algunas monCuando preguntó dónde se encentraba el tañas, y ninguna como ésta de abrupta. Eu poblado adonde los visitantes ie querían ua fiaal de cuesta vemos el mar, Melilla, llevar, y escuchó de labios ¿el interprete los montes de Tres ForcdS, el Uicssán... que en la falda oriental (leí Guragú. á más Nos faltan seis horas de camino y llevade 15 kilómetros del Uicssán, tuvo ua mo- mos ias ocho de que hablaron mis acompamento de reparo: pero ai fin, era tentador ñantes; llega la noche y nos acogemos á aa este proyecto de atravesar ías planicies de poblado que me áicea se llama Tiz- BenAdlaten y llegar al Gurugú por camino vir- Benuis. El caminar hasta Meiüía por la nogen de toda huella europea! che sería imposible, segúa mis guías; falta Me decidí- -dice, -escoítado por los que lo peor del camino; aun tenemos qae ascenen mi busca vinieron, y con mi practicante der más de ao J metros y descender por inintérprete emprendí la marcha desde el verosímiles Cdoiinos hasta ilegal al Río de Uicssán al Guragú. Oro. Tan difíciles son estos caminos, me Apenas traspuesta la altura de Sidi- Bus- dice eí intérprete, que ninguno de los moros bad, poblado que se extiende por una cbiiaa del Alto Gurugú tiene caballo borrico ó cacolocada al pie de la que nuestra casa ocu- ballería de ningún- género. paba, y que los moros, en mi honor, llamaPor la noche fallece el pobre eaid. Mis ban del Misiana- Tebib (amigo médico) guías, hoscos, no quieren seguir adelante, orillando varios cerros, embocamos en una vuelven á Bcni- Faqueián para enterrar á su nueva explanada, ya conocida por mí, por jefe. Forzosamente üe de segainos yo, y con estar ea ella los obreros de la Compañía tra- harto dolor de mi parte me quedo con la cubajando en la explotación del ferrocarril. riosidad de atravesar la cresta del Guragú Describe luego su visita como médico al y observar su vertiente oriental, que cae soCaid Mohatned Ben Muxá, cuyo estado era bre Melilla en más suave inclinación que de tanta gravedad, por efecto de un balazo por su parte occidental. que había recibido en el vientre, que estimó Dícenme que esta vertiente que mira á necesario su traslado á Meüha, donde úai- nuestra plaza es menos abrupta y más rica, camente podía practicársele la operación por la proximidad del Río de Oro pero qu quirúrgica que requería. los grandes barrancos san constantes en sa Hice ver á los suyos cómo aquel hombre, presencia, y el camino, tan difícil como el por de no ser operado, se moriría en breve, y mí recorrido. Y pienso en lo inexpugnable ae esta moaque entre dos males, preferible era intentar el traslado, por si llegaba con vida á Meli- taña, que parece en sa arquitectura geolólia, cosa que tuve buen cuidado en no ase- gica hecha ad- iioc para mdo de la incivihzagurar. Decidiéronse; armaron coa palos- y ctón de- ios hombres, defendidos contra el teiasuna angarilla, y doce de aquellos ro- avance europeo por la fortaleza de unas bustotes hombres se dispusieron á llevar al rocas, de unas piedras inconmovibles, -hurañas, propias sólo para ser holladas por p e moribundo. Instáronme no poco para que los acam- bárbaro. IMPRESIONES SOBRE LA CAMPAÑA, r pocos días después del combate del 27 dt Julio, cuando ya se advertía que los moros habían desistido de intentar nuevos ataques enérgicos, limitándose á molestarnos con ligeros tiroteos, expusimos en estas impresiones el tem n de que tan pronto como en Melilla hubieran desembarcado los refuerzos no se pasaría mucho tiempo sin que por acá comenzáramos a pregan taraos: ¿por qué no se avanza? ¿qué hace Marina? ¿eit qué piensa el Gobierno? ¿qué pasa, qué ocurre? y á buscar caprichosas y alarmantes respuestas á tales preguntas. Los hechos nos han dado la razón; coma habíamos previsto, la impaciencia se manifiesta ya en coaversactones, comentarios, y aun llega á traslucirle en parte de la Prensa. No hemos de repetir lo ya dicho sobre las forzosas lentitudes de ta preparación administrativa del avaace, qae ea el ter- eno dou- 1 de se va á operar, de todo desprovisto, constituye problema mucho más difícil que todos los de índole estratégica y táctica q e en la campaña puedan presentarse, de nataraleza é importancia taíe q ie es muy ¡erobable pesen en la adojcióa del pian, en la elección de direcciones y dispositivos da marcha mucho más que las consideraciones de carácter puramente militar, geográfico y político, paes lo primero qae na ejército necesita para ser útil es vivir, y para elio tener asegurada la subsistencia v manicionamieuto. Recopilar y ordenar la enorme masa da abastecimientos jara ei avance niisptn; a- bie no es faena fácil m breve. Avanzar por el solo deseo de satisfacer inconscientes impaciencias antes de tejner cuidaaosamenta previsto cuanto á tan importante asunto sa refiera, fuera exponerse á teaer que retroceder, por deficiencias ó irregularidades da los abastecimientos antes de haber lograd la finalidad dei avance esperada Rátroces que seguramente no atribuiría el enemigo, ni ei extranjero, ni aun la pública opirriós en Es- paña, á su verdadera causa, sino á debilidad. Paro aun sin atender á consideraciones de tan alta importancia como las apuntadas, existe hoy otra, transitoria, pero de bastaste peso, que acaso infiuya, y COK razóo, en e! ánimo del general en jefe para retrasar algunos días el movimiento, Llevamos unos cuantos de padecer caior excepcional, abrasador; ei aire quema, el sol abrasa. Si eso ocurre ea Madrid, imagínese I que seráa estos días ea las arideces africanas, sin sombra, sin árboles, sin agua; imagínese á un hombre marchando bajo aquel sol, cargado con mochila, fusil, cartuchos; imagínesete no marchando á sus anchas eseotero y suelto, sino formando parte de usa colusiina de mulares de hombres que se estorban, se pisan los talones, se empujan; que levantan oubes de polvo, en las que los caminantes van envueltos desde el principio ai fin de la jornada, coa ios ojos cegados y la garganta seca; imagíneseles trepand montes pelados, en que las rocas queman, avanzando sin encontrar uu arroyo, sin llevar para apagar la sed sino unas cuantas gotas de agua ealdeada en la bota individual... Y cuanto en todo esto se haya pensa do se comprenderá que en una marcha realizada en tales condiciones es seguro que el núaiero de accidentes, por insoiacióu y asfixia tiene que ser muy grande, y alarmante la proporción de soldados aspeados. ¿Qué no dirían lo- s misaus impacientes de aquí de ¡a impericia dei general en jefe, si como consecuencia desuna nrareha sia coinbd. ee tuviéramos más bajas que ¡as ocasionadas por todos los combates sosteníaos? Pues ese sería probablemente el resultada de iniciar el avance en estos- dias. excepcioK mrmimirminniuTCiTr itpin nrnrnl