Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DE TODO EL MUNpO, POR CORREO, JCABLE, TE LÉGRAFQ fr TELÉFONO 10 t ESPAÑA BN MARRUECOS DE TODO EL DO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO 10 m Y TELEFONO DE MARRUECOS Y MELILLA estos días por la Prensa la noticia de que Muley Hafid se propone enviar fin emisario, un tío, quizá, de su imperial persona con encargo de poner oaz ertfre españoles y rífenos. I a noticia sería verdaderamente grata si en estas circunstancias no resultase emiaentemente cómica. A nosotros, que de antiguo conocemos este país, nada nos altera, porque aquí es cosa corriente lo contrario de lo que por lógica se debe suponer. Así es que por esta yez tampoco nos sorprendería se confirnia ¡ge su anunciada decisión imperial. Espera mos, pues, que esa comisión regia se ponga pn breve en camino de Melilla, y aunque no dudamos del recibimiento que por mar ó ¿tierra se le dispensará, nos parece convel i e n t e suspender en este artículo la exposijfción comentada de los hechos que venimos jrelatando para añadir unas cuantas reflexiones á esa noticia. Marruecos es un país por demás delicioso. Justábamos conformes, incluyendo en este Acuerdo al mismo Sultán, en que su soberanía no alcanzaba á muchas regiones de este Vacilante í nperio, entre las q e el Rif escafsamente conoció la autoriUcui, más ó menos nominal, nunca efectiva, de dos ó tres de los principas más poderosos de Marruecos, de tesa época que la Historia nos refiere como el apogeo de este pueblo, por cierto muy relativo. Quedábamos, y de ello estaba bien convencido este Sultán, en que el Rif se había Jsacudido hace ya tiempo de la soberanía del destronado Abd- el- Aziz, el cual, en los días aiiás venturosos y tranquilos de su dominación, no pudo conseguir en aquella abrupta omarca otra representación más efectiva Je su autoridad que sostener, mejor dicho, ue nosotros tolerásemos dentro de la pla ¿a de Melilla un barracón y unos cuantos t toros encargados de imponer y cobrar para él Maghzen el impuesto de su aduana. H Esta debilidad nuestra, bondad ó tonte- fifía, cosas todas Mnónimas en estos picaros Siempos, permitían por entonces al Sultán percibir una contribución que nunca hubieta cobrado si aquel barracón, que hacía las ¡freces de oficina, hubiera estado establecido fa. donde era razón se instalase, fuera de la ¿laza y de nuestro campo de MelilJa. VDe aquella graciosísima concesión ha ¡tíüedado lo mismo que de otros muchos f a ores dispensados á estas gentes: ni el reerdo. Pero es el caso que como los moros traban y salían de Melilla por la puerta donde estaba emplazado el famoso ba acón, quieras que no, allí dejaban los rife os su dinero. V. Cuando por un acuerdo plausible cesaron ¿aquellas irritantes tolerancias, quizá concepidas por sorpresa, y los administradores fx asladaron á su campóla famosa instalación oficinesca, nuestros cariñosos y buenos nrecínos, los que estar amigos, se declararon jen franca rebeldía, acabándose la aduana, jíos administradores y el fisco. t ¿Por estonces tenía el Sultán una pequeña fuerza en una alcazaba próxima á Melilla, al- -abrigo de la plaza, sirviendo, más que para vigilar é imponer el respeto á nuestros límites, para que nosotros redoblásemos la vigilancia. Qué tal sería la representación del M aghzen, que ni antes pudieron evitar la agresión del 93, ni después imponer en el campo la tributación regular de las aduanas. Más tarde, cuando el Roghi apareció frente á Melilla, los de la Alcazaba, tras de oponer e alguna resistencia, corrieron precipitadamente á refugiarse en nuestra plaza, en donde, ¿cómo no? se les atendió cuidadosamente, curando á sus heridos y repartiendo á todos pan en abundancia. -Desde aquella época, ¡el caos! y además del caos, una serie de perjuicios gravísimos para aquella plaza, cuyo comercio empezó notablemente á padecer. Marruecos es bastante original. Aquí no hay más autoridad que la del fuerte; al Sultán le acata quien no tiene más re- nedio, ó le con viene; la unidad nacional y el patriotismo son nn mito. No hay más cohesión entre estas gentes, ni otros intereses nacionales, que los que impone el deseo de sumar las fuerzas para luchar por la idea religiosa contra el rumí Si los bárbaros subditos de este Sultán cometen alguna felonía, si asesm- in á obreros indefensos ó ejecutan cual d aiir atrocidad, el príncipe de estos creyentes fervorosos proearará que aparezca ante los cristianos más di- smmuída su siempre discutida autoridad, tratando de eximirse de los compromisos y evitar con ello la responsabilidad consiguiente á los actos criminosos de esas cabúas. Hablará de sus insurgentes subditos, de que no le obedecen; finalmente, de que el Tesoro se halla exhausto para organizar una mehalla que imponga el castigo justo con su autoridad. Si los cristianos, hartos de tantas evasivas y de la desmoralización de este pueblo, se deciden á tomar la justicia por su mano, entonces, ¡oh! entonces no faltará algú a celoso musulmán que, valiéndose del nombre de este paradisíaco príncipe, ordene á los asesinos defender á sangre y íuago el territorio y persistir en la pelea. Cuando la campaña deXamá, anduvo por aquellos campos una mehalla imperial que auxilió moral y materialmente a las cabilas. Después, cuando todos se- conveno eron de su impotencia ante el formidable cañoneo de los franceses, surgió inopinadamente un emisario que al fin consiguió la paz, después que nuestros aliados cumplieron su misión á maravilla. Hay en todo e to una fina política que es preciso dar á conocer. Ocurre un conflicto con una tribu bárbara cualquiera; el Sultán nada puede ni nada hará. Se decide el cristiano á intervenir; no faltará qiaien en su nombre excite á esas gentes á pelear contra el rumú. Cuando vea que los cristianos realizaron sus propósitos, mandará u- n emisario á las cubilas para actuar de mediador, aun contando que jamás haya tenido autoridad sobre ellas. Bu el fondo de este complicado juego hay una explicación natural y se esconde una política bien definida. Si el Sultán se decidiese á castigar una cabilapor ordennexpresadel ramí seharíá impopular, atrayendo hacia su persona la desafección de estos buenos musulmanes. Si ya iniciado el conflicto hay alguien que en su nombre les aliente á pelear, correrá la noticia por Marruecos con la estimación y el respeto hacia el Sultán guardador de las tradiciones de su pueblo. Si al final se impone el papel de mediador, quedará siempre bien con moros y cristianos. ¡Oh! la psicología marroquí. Ciertamente no es tan complicada como muchos la suponen; pero desgraciado el pueblo que por exceso de bondad ó inatención no la llegue á descubrir. Nosotros hablaremos de todo, de tocio cuanto pudimos aprender; por ahora séanos permitido terminar este artículo eo una penosa reflexión. ¡Quién sabe si esos colores nacionalefi puestos como distintivos en las mangas de algunas chilabas no serán profanados cok algún golpe traicionero y desleal! LOS MAÜSSER Y LAS BALAS PACO, g l corresponsal de Las Provincia de Va lenoia. Sr. Chavarri, dice en una eró- nica: Paco. Así llaman los soldados á los disparos de Maüsser. El sonido seco, repercu tido por el eco del monte (sobre todo escu chado no muy lejos) da la sensación de la palabra paco, pronunciada de prisa y con gran claridad. En los tiroteos que se sostienen trente á la cañada del Gurugú, he podido distinguir al momento la diferencia de los disparos, y se oye á la perfección el paco. iaco... de los maüsser. I,o s disparos moros hacen una sonata es x pecial, sin ritmo (no tiran descargas cerradas) parecida en gran manera alas másele taes ó disparo de morteretes- -especialmed- s te cuando se acerca el ensraéllat final- ue en los pueblos de Valencia se hacen el día de la fiesta del Santo, durante la misa mayor. Además, los disparos estos oírecen una rara diversidad de timbres. Ello se explica fácilmente, pues sabido es que cada rifeño dispone del arma que puede, según sus medios. Así, pues, se juntan aquí detonaciones de espingarda, de fusil de pistón (de estas dos clases pocas, á decir verdad) de fe- tnington, de leoel, de maüsser, je te, etc. I os fusiles maüsser, como es natural, son apreoiadísimod por el enemigo, que los codicia con frenesí loco. Estos rifeños tan pri 1 tuitivos, tan avariciosos dentro de. su vida seminó aiada, es natural ue eonsideren el fusil como el complemento indispensable de su vida. Es la razón suprema de su- valer, dé su superioridad dentro de la tribu. Ddl fusil depende vida y hacienda... Por- conseguir un fusil fonenoj 3 a vida exponen sin escrúpulo, Y es de ver en las trmeaeras, en medio del- combate, cómo se arroja loca- esa gente so bre un cadáver de compañero para apoderarse 4 el fusil y de ÜMS municiones. ¡I ari gueza más preciada!