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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE. TELEGRAFO Y TI ESPAÑA EN MARRUECOS PE TODO EL DO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFO m m Y TELEFONO y otros, con regularidad. Era que se protegía la llegada del convoy. Efectivamente, esta tarde regresaba un poco más tarde que los demás días, y se temía que ello pudiese favorecer el ataque de los moros (DE VARIOS CORRESPONSALES) Como ei sol cae detrás de la montaña, desde sa falda, la sombra de ésta favorece a Posada del Cabo Moreno. Este ediñcio es la aduana mora que la estancia en ella de los enemigos. Estos ante habia. En ella depositaban las aimas ven al ejército nuestro, que junto al raar los molos que venían a Melilia. También viene recibiendo los últimos rayos del asSejaban allí los caballos y las mercancías. tro del día. Pero la ArtL eria contuvo al enemigo, y El scherif cobraba los derechos de cuantos por allí pasaban, derechos caprichosos, de- algún disparo oldinos desde la cañada; disfendientes de su oluncad y sujetos á las paro que no al canzc ba á nuestras posiciogiuipatías que tuviesen coa él ios caminan- nes y que no valía la pena de ser contestates, ó á la habilidad para sobornar á ios en- do, puesto que ya los cañones enviaban sus atronadores proyectiles á la montaña. cargados déla cobranza. Por los lados de la via y hacia la monta Porque esta admirable tierra marroquí, en punto á usos y costumbres cvieas, tiene no ña fueron colocándose en admirable orden sé qué misteriosa afinidad psicológica con las tropas de la Posada, todos apuntando al nuestras costumbres y usos peninsulares. monte. Pronto divisamos las siluetas d. e íes ex Aquí el bello caciquismo impera en todo su. esplendor. Nuestros gatuperios hispanos de ploradores que volvían. IyUego vino el fuerelecciones con pucherazo, nuestras espeeia- te de la columna: secciones áe Infantería, iísimas contabilidades administrativas nues- Caballería y Artillería, las acémilas con su tro modo de administrar la cosa pública... carga y después la tropa que cierra la retajtodo es inoro, completamente moro! Y al ¡guardia, numerosa y alerta. Parecían soldados de terra- cotta. Bl sol y ver la notable Posada del Cabo Moreno no puedo menos de recordar que los moros es- el polvo en aquella jornada calurosa les ñoles fueron los que acá trajeron su pecu- daba á todos ellos un aspecto de... horno de liar manera de ser, y que al ser expulsados Manises. ¡Y qué animosos y contentos volylan! nejaron un sedimento espiritual complicado, astuto, refinadísimo, que hace de nuestro Qin ser hostilizados, cosa que no espera- país un hermoso y bdlísimo ejemplo de su- batnos, llegamos á las onc y media al pervivencia caciquera. reducto de Sidi- Musa, llamado así por estar f enclavado en dicha cabila. Antes de llegar, Pronto las fantasías de la posada mora cruzaron por encima de nosotros buen núdesaparecieron ante la realidad. mero de granadas de las que desde el HiEstábamos en pleno campamento militar, pódromo y el Extremadura lanzaban al camy dio la casualidad (es la segunda vez que po enemigo. En nuestra ruta veíamos el ine ocurre) qae la hora del crepúsculo me punto de la explosión, pero ignorábamos pilla en pleno campamento, y en campa- sus efectos, que algunos de ellos han sido mento donde hay valencianos en mayoría. -sensibles para los musulmanes, según desLo cual quiere decir que nuestra tropa pués he sabido. (valenciana vive contenta, aguerrida, sabienUna de las granadas dispersó á un grupo oo sacar partido de las circunstancias, y ha- rebelde y al ganado vacuno que en aquel ciéndose unas paellas que son envidia de punto apacentaba, dándose el caso de que propios y extraños, sin que jamás pueda de- una de las reses desmandadas se vino á cirse que ni por casutalldad haya salido pa- nuestro campo y la cogieron los cazadores, gada ó agarm una sola de las muchas que quienes tendrán mañana un rancho extra á diario se hacen. ordinario y su cacho de carne asada. ¡Que El comandante del fuerte nos invitó á les aproveche, que bien se lo merecen! probarla. Exquisita, deliciosa. I os mismos Por fortuna se ha encontrado agua, si no oficiales me decían; Cuando hacen paella potable, en buenas condiciones. Hay termi valenciana los soldados, no parecemos acor- nados eres pozos y se están terminando dos darnos d. e nuestros desdichados guisotes de más. Su profundidad fluctúa entre 10 y 15 fonda Sé positivamente que muchos ofi- metros. Ha costado algunas bajas, pero se fciales se han unido en habitación y han han parapetado y están guarecidos del fue, buscado buenos paelle- ros valencianos para go enemigo. Era muy penoso el traer agua Ique les sirvan de asistentes. Han resuelto de Melilia, y cuando este líquido escasea, la íel problema. sed resulta más insufrible é inaguantable. En esto estábamos, cuando empezaron á Recuerdo una vez que en la campaña del! funcionar los heliógrafos, y oímos los dis- Norte bebí agaa de un charco lleno de guparos de los fuertes. Sobre nuestro campa- saniilos. Preferí morir envenenado á se- mento pasó con gran estruendo silbador un diento. Afortunadamente, los microbios no broyectil. No lo veíamos; sólo oíamos su pudieron conmigo. Sin duda me reservaron bramido de huracán, increíblemente rápido. para muerte más gloriosa. Cayó en la falda de la cañada, levantó una Así sea. hube de piedras y de tierras, y luego una Se me olvidaba un detalle interesante. El liiumarada intensa se formó en aquel sitio, agua de los pozos ha sido analizada, y la desvaneciéndose poco á poco. Entonces oí- mejor se destina á los enfermos, Estos son 3 í ps la explosión. A este disDaro sisruió otro, muy pocos. Otro detalle digno de mención es el de que, á fin de que el ganado esté defendido, se han hecho grandes zanjas, muy des- ahogadas, y los mulos y los caballos están 1 en los fosos. j g n la sangrienta jornada del 23 de Julio, fi- formando parte de la columna del bizarro coronal Cabrera, muerto gloriosamente, iba el joven y culto sargento del batallón Cazadores de Alfonso XII Bernardino Sánchez Domínguez, sobrino de D. Baldomero Domínguez, profesor del Instituto de Salamanca. Había precedido á aquel encarnizado combate una marcha larga y penosa durante toda la noche del 22 hasta llegar á los montes de Mazuza, estribaciones de los ya famosos del Gurugú, cuando al hacer alto para esperar órdenes faeron sorprendidas las valientes tropas por nutridas é incesantes descargas de fusilería. El sargento Sánchez Domínguez, sin perder un momento la serenidad, exhortaba á los soldados de su sección, y poseído de verdadero ardor bélico, al ver morir á su digno jefe, acometió denodadamente á las salvajes hordas nfeñas hasta ser herido en el muslo izquierdo. Ya en tan deplorable situación y faltándole las fuerzas, cambió su maüsser por una tercerola que le facilitó un artillero, con la que siguió haciendo fuego este bravo defensor del honor nacional. Conducido al hospital de Chafannas primero y al de Málaga después, donde actualmente se encuentra, transmite á su tío algunas impresiones de tan terrible lucha, y, entre otros entusiastas párrafos, transcribimos, por la importancia que encierra, el siguiente: Ahora, desde el día 2, parece que la cosa se ha puesto mejor de nuestra parte. Estas fieras, altamente traidoras y astutas, nunca dan frente, luchan sin vérseles, favorecidos por las escabrosidades de un terreno que sólo ellos conocen y resisten. Y para que se vea el alto espíritu militar de que está poseído, el ex redactor de El Correo de Zamora, en el sobre de una de sus misivas, consigna: Ya cerrada, recibo dos cartas suyas. Estoy muy bien. No asustarse. ¡Viva España! n fuesen colocados los A 1 tes de que moros, cuando bajabanexpíosivos, los á cor- tar el ferrocarril, hacían operaciones combinadas. Unos cortaban la vía, otros atacaban débilmente las defensas, otros llenaban en el pozo las cubas del convoy y otros recorrían las inmediaciones de la vía con unos farolillos especiales buscando los cartuchos abandonados por nuestros soldados en las defensas de los convoyes. I, as luces de estos farolillos servían á veces de blanco á nuestras ametralladoras. Las noches siguientes á la colocación de los explosivos los rieles permanecieron intactos; no hubo convoy rifeño ni tiroteo moro; pero por las inmediaciones de la vía surgían múltiples y errabundas lucecillas: los moros, los moros que buscaban cartuchos. I os nuestros enviaron á los farolillos algunos cientos de balas, á cuyo estampido