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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE. TELÉGRAFO Y TELÉFONO t W DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO jg Y TELEFONÓ ESPAÑA EN MARRUECOS LA CAMPAÑA DE MELILLA UNA CARTA INTERESANTE MELILLA, AGOSTO, 1 9 0 9 Usleído lo que me dices respecto á Ja l operación del 27, y me extraña mucho que haya quien comente los hechos sin tener conocimiento de ellos y de sus antecedentes, aunque ésta es costumbre muy española y propia especialmente de los que se pasan la vida ejerciendo de críticos en los cafés, círculos y tertulias. SI combate del citado día era inevitable y nosotros no podíamos rehuirlo; por el contrario, teníamos que plantearlo. La noche anterior estuve de servicio de avanzada, y pude convencerme de que los moros intentaban una agresión. Se habían reunido grandes contingentes de cabileños detrás del Gurugú, y, para aumentarlos, á media noche brilló en lo alto de la enorme montaña una hoguera inmensa. Los rífenos liacen hogueras tan grandes, que noches pasadas veíamos una encendida á 16 kilómetros de distancia en dirección de Tres Forcas. La hoguera encendida en lo alto del Gurugú la madrugada del 27 era, como digo, inmensa, y en ella quemaban los rífenos los Cadáveres de los moros que habían perdido la vida en los combates de los días anteriores, y que por su extraordinario número no podían enterrar. Esa hoguera era además el av so á las cabilas inmediatas para que se preparasen á engrosar la harca con objeto de agredirnos. Al mismo tiempo que la hoguera, brillaban en el Gurugú centenares de luces que corrían de uno á otro lado. Eran antorchas que abitaban los nfeños convocando á las cabilas. Las señales eran todas de que preparaban un gran combate, y así lo entendimos cuantos nos hallábamos prestando el servicio de avanzada. El día 27 era de absoluta necesidad conducir- un convoy al Atalayón para llevar agua, vivares y municiones á las tropas que se encuentran acampadas allí, y se dieron las; órdenes oara que lo protegiera la brigada, ijy wssRP res llegada de Madrid. Coincidía, pues, la necesidad de llevar el convoy, necesidad absoluta, con el llamamiento hecho la noche anterior por los rífenos acampados en el Gurugú para agredir á nuestras tropas. Formáronse los batallones de Las Navas, Arapiles, Barbastro, Madrid y Figueras en el campamento del Lavadero, y poco después llegó el general Marina. El general Pintos, que mandaba la brigada de Cazadores, se acercó al general Marina, y ambos, á caballo, estuvieron hablando unos ¿He ¿minutos, separados de los individuos ¿Jel Estado Mayor y ayudantes. Tei minada la conferencia, marcharon á vanguardia los batallones de Las Navas y Arapiles, desplegados en guerrilla, mariliando detrás los de Madrid, Barbastro y Figueras, en orden conveniente para hacer el despliegue en tiempo oportuo y. Los raoios, como teníamos descontado los que liafoia. nos observado durante la noche ante- rior sus llamadas, salían de las piedras en número verdaderamente extraordinario. No. debe olvidarse que la única fuerza de que se disponía el 27 para proteger el convoy era la brigada de Cazadores de Madrid, pues la llegada de Barcelona tenía que defender los campamentos. En aquella fecha sólo estaban en Melilla las dos brigadas de Cazadores y las fuerzas de guarnición en la plaza. El combate fue duro, terrible, como lo prueba el número de- bajas. Los soldados luchaban con tal ardimiento, que en poco tiempo consumieron los 200 cartuchos maü sser que llevaba cada uno. Más bien había que contenerlos en el avance que excitarlos. Así llegamos hasta la mitad de la montaña del Gurugú, en el momento en que cayó muerto el general Pintos. A pesar de esta desgracia y del gran número de jefes, oficiales y soldados que habían quedado fuera de combate, seguimos avanzando por el Gurugú, llevando los soldados de Las Navas á su frente al capellán, que había tomado el mando de las fuerzas y ques con el revólver en la mano, gritaba: ¡Adelante, hijos míos! ¡Cazadores, por Dios y por la patria, arriba! Otro capellán, el de Arapiles, mandaba también fuerzas, y subido en un peñasco de la montaña, gritaba: ¡Cazadores viva España! Puedo asegurarte que la brigada de Cazadores de Madrid se cubrió de gloria en aquella lucha tan heroica y desigual y que el eura de Las Navas tiene bien ganada la cruz laureada de San Fernando, cuyo expediente ha incoado el Cuartel general. No solamente conservábamos la posición. ganada en el Gurugú, sino que continuábamos avanzando, cuando se recibió orden del general Marina para que se suspendiera el avance y se organizase la retirada al campamento. El objeto de la operación, que era conducción del convoy, estaba conseguido. Los que creen en Madrid, según me dices en la tuya, que íbamos á quedarnos en el Gurugú aquella tarde olyidan que la montaña tiene un frente de diez ú once kilómetros y que la brigada de Cazadores de Madrid, única de que se disponía para operar, no podía mantenerse en aquella posición, aunque se hubiese atrincherado en ella. La finalidad de la operación era llevar agua, víveres y municiones á las fuerzas del Atalayón, y creo que no podía ser otra, teniendo en cuenta las escasas tropas que había en el campo de Melilla el 27. El objeto se logró, aunque con sensibles pérdidas, por, el número extraordinario de combatientes moros. Calculo que las bajas nuestras fueron unas quinientas; pero las de los moros debieron ser muchas más. Los nfeños han debido tener muchísimos muertos, no solamente en esta acción, sino en las de los días anteriores. Cuantos pisamos la tierra del Gurugú percibimos un olor nauseabundo de cadáveres en putrefacción. Del castigo que llevaron los moros el dia 27 es buena prueba la tranquilidad de los sucesivos y el hecho de que han indicado peticiones de paz en diferentes ocasiones. El general Marina, que conoce bien el carácter de los rífenos, no se tía de esas solicitudes. Creo que ningún general está en las condiciones que Marina para dirigir esta campaña. El caudillo del Ejército de operaciones ha visitado todos los sitios inmediatos á la plaza; conoce Nador, el Gurugú, Zeluán... los caminos, y ha tratado á los rifeños. Esto es de una importancia extraordinaria para dirigir la campaña. Después de lo que dejo expuesto, comprenderás fácilmente la necesidad de la operación del día 27, no tan sólo por la protección ineludible al convoy, sino también por la fuerza moral que da el buscar al enemigo en vez de esperarlo. Desde luego hay que tener en cuenta que no podíamos esperarlo, porque el convoy era inaplazable. Combatimos sólo los Cazadores de la brigada de Madrid porque no había aquí otras fuerzas para realizar la operación. Ahora se han normalizado los servicios perfectamente. Las tropas comen todos jos días el rancho caliente; la Administración Militar hace un pan riquísimo y facilita á los soldados todos los días la ración llamada de capona que es, como sabes, carne conservada en latas. Se cuida que haya higiene en los campamentos y se vigila todo. De otras cosas relativas á planes para el porvenir no sé nada, y aunque hubiese vislumbrado algo no te 4o diría. El Ejército tiene fe en su caudillo y espera sus órdenes Las tropas que van llegando acampan en seguida en buenas condiciones, y en estos días ds tranquilidad los cañones disparan frecuentemente hacia las lomas y barrancos del urugú. Según los confidentes, la harca se debilita por separación de algunas cabilas, pero todas las noches la luz de las hogueras brilla en los repliegues del Gurugú. p l martes llegó á Granada un convoy de heridos, entre los que se encontraban los siguientes: Cazadores de Arapiles. -Mariano Gil Ferreluela, de Zaragoza, enfermo. Mariano Losáñez Terrón, de Aldea del Eey (Segovia) herido en la mano derecha día 27. Ángel Herranz Laguna, de Chañez Segovia) herido en ambas piernas el día 27. Mariano Santos Santamaría, de Alesilla (Guadalajara) herido en la mano izquierda el día 23 Cazadores de Estella. -Florencio Beltrán Estévez, de Almanzora (Castellón de la Plana) enfermo. José arcía Nadal, de Gandía (Valencia) enfermo. Ricardo Estévez Ripoll, de Barcelona, He ndo en la mano izquierda el día 23. Juan Mas Escuder, de Villahermosa (Castellón de la Plana) herido en el hombro izquierdo el día 25. José María Puche Graciet, de Barcelona, herido en el ojo izquierdo el día 27. HERIDOS EN GRANADA