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A B C JUEVES 2 DE AGOSTO DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 7. iaaipainento francés, que está á más de 30 silómetros del español Nuestra llegada no fue (ni podía serlo) pretexto para que se alterase en lo más mínimo la vida del campamento. Pero sí fue motivo para que Roseta hiciese un soparot, au día de fiesta culinaria capaz de asombrar á toda la comarca. Efectivamente. Nos sentamos á la rnesa del teniente coronel, y nos dio una magnífica cena de campamento, á la valenciana, en olí de Valencia, y para postres, ¡oh prodigio! allí, al lado de aquel río Muluya. se sirvieron las clásicas nesgues en ou, rasgo de sibaritismo increíble. Roseta es la institución del campamento, y el teniente coronel Gavilá tiene en ella como una prolongación de la familia. Para más detalle pintoresco, diré que la valenciana ha aprendido á hacer los guisos de los moros, y á su vez les ha enseñado á guisar muchas cosas al estilo valenciano, entre otras, la célebre paella. ¡Quién lo diría! Motos y valencianos, en esto de guisar, encuentran grandes analogías. Platos hay en que los huertanos de Ruzafa ó de Burjasot nada pueden aprender de nuevo de los moros, y viceversa. ¡Quién sabe si los sabios podrían encontrar relaciones históricas y antropológicas en estos estudios de la cocina comparada! JM uestro paisano el teniente coronel Clavija lá es bien conocido. Sus condiciones de mando, su habilidad y golpe de vista le hacen preciso, á mi entender, en este punto de compromiso. En efecto, no sólo era necesario aquí un militar entendido, sino un diplomático sutil. Y esta doble cualidad la posee el ilustre teniente coronel valenciano en gran manera Con rapidez asomorosa, en pocos días ha levantado este campamento, modelo en su género por lo bien dispuesto que está todo en él y por la seguridad que ofrece. Allí donde no había más que unas dunas de arena y piedra seca se han hecho obras de excavación de manipostería, ¡quá sé yo! De noche, cuando el silencio todo lo in. vade y la naturaleza duerme, aquella región parece aún más inmensa, más grande, más imponente. El desierto se s. ente allí, y precisa todo cuidado, toda vigilancia, para ievitar cualquier sorpresa, por imposible que esto sea hoy. Como el tiempo es bueno, la tropa de servicio duerme junto á la trinchera, con fusil, con armamento, cual si el enemigo estuviese á la vista. Y esta vida la hacen contentos aquellos bravos del valiente regimiento de África, á quien tanto temen los moros. Para que se vea la disciplina y serenidad de estas tropas, seame permitido, aun á riesgo de cometer una indiscreción, contar un detalle que me refirió un soldado de Jos muchos valencianos que hay en el campamento. Hace pocas noches, cuando estaban puestas las alambradas, se notó que un bulto avanza ba en la obscuridad por la parte más aseI qu ble. El centinela despertó al cabo en voz ¡paja y se pusieron á mirar: efectivamente, un bulto blancuzco adelantaba en la obscuridad Quién vive? dijo el cantinela; nada se escuchó. I, a sombra se detuvo unos instantes 1 y luego avanzó. Nuevo ¿quién vive? á cuya 1 fvoz todos los soldados de aquel puesto, que I ya estaban sobre aviso, se colocaron sin deTcirse nada en sus puestos, apuntando. ELofi cial había acudido á observar, y dijo: ¡Quietos, atención! En aquel instante, el bulto sospechoso dio un salto para rebasar el alambrado: el centinela disparó su fusil... y 1 (no salió ni un solo tiro más. Ni la menor impresión, ni alarma, ni precipitaciones. Podía haberse abierto un fuego graneado, con tropas poco avezadas ó bisoñas. Pues nada ccurrió; todo el mundo estuvo serenamente en su puesto, sin que la menor vacilación diese margen á trabajo inútil Esta nairación me fue mas tarde confirmada por el jefe del destacamento, No creyó en sorpresa, cosa improbable; debió ser alguno de los perros del aduar, que salió de cazar nocturna y, al encontrarse con el alambrado, no supo hacer sino querer saltar. De todos modos, fuere lo que fuere, ello no quita para que el hecho sea significativo y laudable en favor de nuestros soldados. lUSe dicho de improbable agresión. Por a ahora sí lo es en este punto. El Sr. Gavilá, como dije, es un paisanet tan buen militar como sutil diplomático, Ha sabido hacer que los intereses que allí tienen los moros estén ligados á España. Ha sabido hacerse querer y respetar, y todos aquellos aduares están fieles y seguros. El peligro no está allí; está en la harca del interior, la cual puede correrse al rechazarla del Gurugú. El Sr. Gayílá no por esto se descuida. Hace de los días noches (duerme por 1 maE ñana) y pasa toda la noche, hasta que sale el sol, recorriendo el campamento ó trabajando en su caseta. Allí va por la mañana Roseta á llevarle el chocolate ó el café (pues lo primero no siempre hay) y unas yeces con pan tostado, otras con galletas, varia el menú. Como que á veces hay extraordinario, y prueba de ello es que al siguiente día, cuando oímos la diana, entró el teniente coronel á despertarnos, y á poco estábamos en una mesa de la barraca (del comedor, como le llaman todos) y Roseta nos servía un magífico café con leche... y fpanquemado! riquísimo, hecho allí mismo, en el horno de los moros, que ni del propio Alberique estaría tan bueno. mañana habíamos de partir, y confieso que lo hice de mala gana. I a cariñosa acogida del Sr. Gavilá, así como las atenciones de oficiales y soldados y las excelencias caseras de la valenciana Roseta, todo hacía que dejase con pena el campamento. Pero era forzoso partir. Eso sí, algo nos acompañó á Melilla: un moro que, según se decía, había estado en la harca contra Melilla, y había guerreado, por lo tanto, contra España. I o cogió Mohamed Chacha (así al menos se pronuncia este nombre) eaid de aquellas cabilas y grande amigo de España, que ha estado á comerciar en Valencia varias veces y es personaje instruido. Este moro presta grandes servicios á España; es sargento, creo, de la Policía, y mantiene n paz toda la comarca. El moro á quien se prendió había estado ausente unos días, y al ir á preguntarle la razón de esto quiso hacer armas contra el auxiliar de los españoles. Fue detenido, después de una resistencia desesperada. I o vi; era un tipo de moro absolutamente hermoso, como ejemplar. Sus facciones enérgicas y correctas tenían un tinte obscuro, del desierto. Su ceño era constante; su mirada, inquieta, de fiera acorralada. Cuando vio que yo le estaba dibujando se cubrió con su capucha, pero era tarde; en mi álbum le tengo. Al principio, tal vez por jactancia, tal vez por exaltación religiosa, confesó que había estado en la guerra, S como no había ido T ninguno de la contornada, le preguntaron si estaba descoatento, si le habían hecho algo malo, y contestó que no, que labia ido porque Dios lo había querido; fue su údica contestación: Dios querer, Dios permitir, Dios lo ha hecho. Y de ahí nadie le apeaba, lluego, cuando fue preso, y acaso pensó en su futura situación, negó terminantemente. Pero ya era tarde, y como no diera, satisfactoria explicación de su ausencia, fue remitido á Melilla. 1,0 confieso, me resultaba interesante aquel hombre, resignado, casi indiferente á cuanto le pasaba, á pesar de insultos y alguna vía de hecho que le alcanzaba de los chiquillos, y algunas yeces de los grandes Sólo alguna vez sus ojos lanzaban siniestro mirar que estremecía; pero después sólo quedaba la máscara triste, resignada, de una gran conformidad CQH las contrariedades de la vida. l- fl e aquí la letra de una malagueña que no 8 ches pasadas se oyó cantar en una tienda á un cabo de Chiclana de Málaga; Por defender á mi patria á mi madre abandoné: ¡qué penas pasa el que tiene dos madres que defender! reentro de poco contará Melilla con un caudal de aguas para el abastecimiento de la población, pues en cuanto se tome la primera cañada- caerá en nuestro poder un gran manantial que allí existe. pjn vista de los abusos que cometen algu nos aprovechados el Gobierno militar ha publicado una tarifa con el precio de los artículos de consumo. T ías pasados circuló por Melilla una no ticia que produjo gran sensación en toda la plaza y campamentos. Díjose que los moros de algunas caoilas se habian reunido en junta, acordando pedir la paz. Minutos después se aseguraba que los moros prometían ceder el Gurugú y Nador mediante una indemnización de doscientos millones de pesetas. Que la junta es cierta lo demuestran las hogueras que se divisaron, pues dos hogueras juntas indican guerra, y tres ó más, reunión p ra adopt r acuerdos importantes á 1 la salida del sol. Se hacen mil conjeturas, pero se dice que no se puede aceptar la paz en las condiciones actuales hasta tomar Zeluán y que las minas queden dentro de nuestro territorio, asegurando aquéllas de toda agresión. DETALLES Y CURIOSIDADES IMPRESIONEN OBRE LA CA VIPAÑA i a falta de hechos de armas en los últimos días, consecuencia del período de preparación del avance del Ejército de operaciones y de la pasividad de los moros, que, conociendo sin duda que las condiciones han cambiado, estarán lógicamente preparándose, por su parte, para esperarnos, ha dado lugar á que todos los periódicos nos dediquemos á la narración de episodios de los combates pasados, en los que la lucha individual, el combate cuerpo á cuerpo, lá proeza personal, en una palabra, juega el principal papel. No está mal- -mejor aicao, esta perfectamente bien, -dar publicidad y resonancia á los hechos distinguidos, ao sólo cual justo galardón de quienes lo realizan, sino porque la abundancia de tales hechos, la lectara de ellos y el comentario que el público les pone ha contribuida en no poca parte á que la opinión se rehaga y mire la campaña cara á cara, sin caer en pasadas debilidades y apasionamientos que conviene olvidar, ya que por dicha parece todo aquello pesadilla que para no volver pasó. Pero dicho esto, conviene tener muy en cuenta, no aquí, sino allí, en Melilla, que si bien no hay campaña donde no se ofrezcan ocasiones de realizar proezas, no son, sin embargo, éstas cosa usual (ni útil si se erige en sistema) en los modernos y más eficaces medios de combatir. Así como las anteriores Impresiones sobre la campaña en A B C publicadas se han escrito exclusivamente para el público de acá. lo eme hoy vamos á. dec se escrifa?