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A B C. JUEVES 12 P E AGOSTO DE 1909. EDICIÓN i.8 PAG. ó. es están encargados un oficial y diez y nueve individuos de tropa con un sargento y dos cabos. I a plaza dista 800 metros de la playa y está dominada por dos cerros pertenecientes al poblado de Ajdir. En el más alto de estos cerros, y en un fuerte que está á 300 metros de la playa, tienen los moros emplazados tres cañones de bronce antiguos. A partir del día 9 de Julio, en que un grupo de obreros españoles fue asesinado por los moros, regando con su sangre generosa los campos de Melilla, se venía observando la falta á esta plaza de muchos moros conocidos, lo que hacía presumir al señor comandante Cumplido, que la manda, que de las cabilas fronterizas salían refuerzos para el campo de Melilla; mandó llamar á los conñdentes oficiales de Beni Uriaguel y de Bocoya, que son los moros llamados Malagañares y el I, avi, y les interrogó repetidas veces acerca de este extremo; pero ellos negaban en absoluto que de sus cabilas marchara nadie á Melilla. El comandante Cumplido conocía que no le decían la verdad, pues demasiado sabe él que estos confidentes que paga España son más confidentes del campo que de la plaza, porque á ésta sólo traen las noticias que conviene á los moros, sancionadas ya por los jefes naturales de ellos. Pagando confidencias de su peculio particular á otros moros, pudo el Sr. Cumplido llegar á conocer la verdad de todo cuanto sucedía en el campo, hasta el extremo no sólo de saber los moros que cada cabila mandaba de refuerzos á Melilla, sino que los tres últimos combates que allí se dieron tuvo conocimiento de Jque se darían con más de veinticuatro horas de anticipación á cada uno de ellos. Todo lo cual hace suponer que, sin duda, comunicaría al general para su gobierno; y digo esto porque El Telegrama del Rif habla en sus crónicas de confidencias de Alhucemas, confirmadas todas ellas; lo cual demuestra los valiosos- trabajos llevados á cabo por este digno comandante militar, que tanto aprecia, con rarón, el bizarro general Marina. Así las cosas, llega el día 27, y al Sr. Cumplido le dan una confidencia de que al día siguiente, miércoles, se reunía en el zoco de Arbaa, situado entre los poblados de Ajdir y Benituren, á 3.500 metros de la plaza, ana harca compuesta de 6 000 hombres, jinetes é infantes, cuyas fuerzas partirían aquel mismo día para Melilla. El día 28, A las siete de la mañana, se veían grandes grupos de moros armados que cruzaban de la parte de Bocoya con dirección al zoco. A las once y media había reunidos ya, efectivamente, más de cinco ó seis mil hombres en la feria. A esta hora todas las casas reciben aviso de no asomarse á las ventanas ni azoteas y que no se alarmen al sentir el fuego. El oficial celador D. Fernando Valiente, con la fuerza franca de servicio, desenfila las calles y sitios de más peligro con traveses y parapetos heehos con sacos llenos de arena y piedras; los oficiales médicos Sres. González Rico y Villa preparan una sala provisional de operaciones; el capitán Acedo, con sus oficiales D. José de Jines, D. Valeriano Gallego y D. Francisco Romero, comunican órdenes á su tropa y colocan á los soldados tiradores en los sitios más convenientes y estratégicos de la plaza; el oficial de Artillería D. Eustaquio Ayená, con su sargento y artilleros, prepara las piezas y coloca una en la batería de San Agustín (llamada de los Chalaos) el oficial de Administración Militar Sr. Vicendo, con sus auxiliares D. I isardo Vega y D. Gonzalo Rafael, se pone á las órdenes inmediatas del comandante, como igualmente el tasnmcéutico, Sr. Perac y el intérprete Sr. I s IC ras; todos los paisanos del comercio, excej to los hebreos, que están asustados, ofrecen sus servicios al señor comandante, que les da las gracias por su patriotismo y les promete utilizarlos, pero sólo en caso de necesidad imprescindible; las mujeres, emocionadas, tiemblan; los pequeños muchachos, alegres y contentos, ajenos á todo peligro, esperan impacientes el momento del trueno. ¡Hermoso espectáculo, digno de ser descripto por un Hornero! Con las dos menos diez; en este momento, y estando yo en el despacho del señor comandante, se anuncia el moro Bel Cristo, muy conocido en Málaga. ¿Qué hay? -le pregunta el Sr. Cumplido. -Poca cosa, no haber nada- ¿Cuánta gente marcha á Melilla? -Nada; no va nada, un diez ó un quince gente que va por gusto allí, ¿Y los grupos que han pasado esta mañana para el zoco? ¿Y aqueila gente armada que hay allí reunida? Bel Cristo titubea y no sabe qué ¡eontestar. Una sonrisa hipócrita asoma á sus labios. -Mira, si te quieres ir al campo, márchate, y si te quieres quedar, quédate; ahora mismo voy á hacer fuego á la harca. El comaudante se asoma al mirador del despacho, y mirando á la batería grita: ¡Ayerra, fuego! Saena un cañonazo, después otro y otro, hasta cinco. Un grito de ¡viva España! sale de lo más profundo de todos los corazones. El moro Bel- Cristo ha perdido el color; está visiblemente oálido; ya no sonríe BelCristc I, a harca fue inmediatamente dispersada, y los moros corrían en distintas direcciones, yendo á refugiarse en el poblado de Zafrac, adonde se les continuó hacienda ego á distancia de 4.500 metros. JA las cinco y media de la tarde marchó al campo el moro Bel- Cristo, habiéndole dicho el comandante que les notificara á los fronterizos de Ajdir que no había querido hacer fuego á su poblado, pero que tuvieran cuidado de no disparar á la plaza, porque entonees rompería el fuego sobre ellos Sin embargo, al obscurecer, una Uu vía de proyectiles caía en la plaza, disparados desde el castillo y trincheras. í, a plaza no contestó. El 29, á las ocho de la mañana, íondeó en esta rada el crucero Numancia. Poco después entran en la plaza dos moros: Marlen y Chifa. El comandante les dice que se marchen al campo y digan que retiren de los poblado las mujeres y niños, porque á las dos rompería el fuego en vista de hatoer hostilizado la plaza; pero después de llegar los moros al campo nos hacían fuego desde las trincheras. A la hora prefijada rompe el fuego la plaza, disparando el cañón y la fusilería sobre el poblado de Ajdir. A las seis sale un bote de la compañía de mar tripulado por el cabo Pedro Uceda Arévalo y cuatro marineros, á llevar un despacho al comandante del crucero. El espectáculo era emocionante; una lluvia de plomo dibujaba el bote, que impertérritos en sus puestos conducían aquellos cinco valientes al Numancia. Al llegar á bordo, el jefe del barco felicitó á los bravos marineros y les prometió defenderles la retirada si les volvían á hostilizar. No habían navegado cien metros á u regreso, cuando las balas vuelven á silbar de nuevo sobre sus cabezas. Al momento el buque rompe el fuego sobre el campo; los proyectiles, lanzados con marcada precisión á distintas casas y grupos, hacen ver á los moros un espeetáculo que les llena de asombro: la mezquita y cementerio quedan destruidos antes de diez ininutos. Aprovechando el pavor que les ebió causar este caso, el bote arriba á la plaza coa sus cinao valientes tripulantes sa, nos y salvos. Me eonsta que el jefe del mancia y el comandante militar de la plaza han propuesto para una recompensa, mereeidísima, á estos bravos marineros, que todos son casados y con familia y que con tanto heroísmo desempeñaron su cometida, A las diez de la noche, estando el Numancia para marchar, volvieron á ir á bordo y entregaron otros dos despachos; en esta salida no fueron vistos ni hostilizados por los moros Desde el sábado, los moros nos Hostilizan con los fusiles casi de continuo y de vez en cuando nos disparan con; los cañones de que antes he hecho meniión. Hasta ahora no hemos tenido que lamen- tor ninguna baja, teniendo la seguridad de que ellos, los moros, lascan tenido numerosas y se les ha causado muchos daños en los poblados. I o que sí hemos sufrido nosotros son grandes desperfectos en las paredes y ventanas; las del Gobierno militar están todas claveteadas de balazos. En muchas casas han entrado los proyectiles en las habitaciones; es un verdadero milagro que no haya ocurrido ningún incidente desgraciado; siendo verdad que tanto el comandante como los demás oficiales están constantemente vigilando para evitarlo. También es milagroso que la tropa de Artillería no haya sufrido una baja, pues en justicia hay que reconocer que son los héroes de la jornada, pues cada, vez que disparan les cae encima una lluvia de balas, habiendo dado muchas en las mismas piezas que disparan. No quiero terminar sin emitir mi opinión, que, aunque modesta por ser inía, pudiera también tenerse en cuenta para de aquí ea adelante. Yo creo que á esta pzaza se le avecinan días muy duros de fuego, pues seguramente que muchos de los moros que fueron á Melilla regresarán en seguida para este campo. I,o s moros, dados su ignorancia y fanatismo, son de suyo muy osados, y han de procurar seguramente dar uu disgusto serio á la plaza; por lo pronto, no sólo los víveres y municiones, sino que hasta el agua, nos tiene que ser traída por un barco, y, aunque el espíritu de las autoridades y de la. -plaza, etí general es levantadísimo, no estaría de más que á nuestra vista no faltara nunca un buque de guerra dispuesto siempre á prestar nos auxilio en un momento dado. O l cronista de Las Provincias, de Valencia, escribe los siguientes interesantes detalles, después de visitar Cabo de Agua. Era ésta una espléndida barraca de paja y troncos, en donde ha establecido el jefe su comedor. I, a sorpresa, casi el susto nuestro, fue cuando oímos decir al coronel: Roseta, prepara el sopar, y ver salir una mujer de edad, diciendo: ¿Yaixol, ¿tenimforasters? ¡En Cabo de Agua! ¡En el desierto! ¡Allí hay Roseta, y valenciano y sopar! Pero cuando Roseta vio á mi compañero Salvador se quedó tan parada como nosotros, y gritó: ¿Asó es Paterna? Verdaderamente, hay que hacerse cargo de la situación, del lugar, del desierto aquel, para comprender la alegría de todos. El campamento de Cabo de Agua es modelo en su género. El teniente coronel Gavilá, con todos los oficiales y tropa á sus órdenes, ha hecho de aquella altura un admirable punto estratégico. Doble foso, doble alambrado, se ven por todas partes, y se trabaja sin parar, á fin de que nada quede sin precaver. Allá á lo lejos, en la caima ae m noche, veíamos uaa lucecita en la, montaña; era el NOTICIAS DE CABO DE AGUA Erro 1 iii HininriiTrMi TM 3i irTííiirTi B nimTiM iii3 ií! Trai niimn m lililí Mmrnsnirir l m 7 mirmnrair rer n