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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO Y TELÉFONO m Ifl ESPAÑA EN MARRUECOS DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO m m Y TELEFONO LA CAMPAÑA DE MBLILLA POR CORREO Y POR TELÉGRAFO CRÓNSCA DE LA CAMPAÑA QE NUESTRO COMPAÑERO SEÑOR SÁNCHEZ OCAÑA) MEL 1 LLA, 9 1 1 ti término medio. Tres días de completa, de absomta tranquilidad; apenas anteayer algunos ti 2o s; spenas unos cuantos disparos desde Camellos, colaborando el Extremadura; disparos aprovechados con la guía del globo, pues el general no quiere derrochar municiones y estruendo. Ayer oí al vuelo una orden en tal sentido que un jefe transmitía á los oficiales de batería: Si no hay blanco decente, no tirar. Sigúese hablando de la situación del harca. Supónela todo el mundo dividida y merttiada. Hay también quien opina que apenas quedan dos centenares de combatientes; pero este optimismo es, en verdad, harto exagerado. Queda aún, por desgracia, núcleo, y núcleo bien enterado de nuestros propósitos, que procura hacerse fuerte en JSTador. L, o que hay es que aquí, en cuanto á juicios y á rumores, no existe término tneíio: 6 negro corrido, ó de color de rosa. Muchas veces me acuerdo estos días del Zoco chico de Tánger, que era hace dos años, cuando fuimos los periodistas españoles, y creo que sigue siendo, el centro más original y más confuso de información que puede imaginarse, y en el cual, á las veces, se oponen á la misma hora dos noticias absolutamente antitéticas: un moro que dice venir del interior os cuenta que al Sultán lo kan hecho polvo; y doa metros más allá, otro moro, que también viene del interior, jura que el Sultán se ha comido á los rebeldes con huevos y menta. También por acá, por Melilla, la gente es aficionada á saltar de polo á polo: diez días ka teníamos tras las agujas del Gurugú 14.000 rífenos, ni uno más; ahora son únicamente 374, 60 mujeres y 20 chiquillos con Ja trenza recogida. Otro tanto acontece con las suposiciones üe hostilidad y paz: el día 24, por la noche, todo el mundo se guareció en el repinto y en el mantelete; hoy, la paz es cuestión de üias, de horas juizá. Me atengo, por mi parte, á las impresiones que reiteradamente he transmitido; hay, 1 i Sin duda, muchos menos combatientes que ila semana anterior; muchos grupos de caiMlas del centro y del Oeste se retiran ó se Ulan retirado ya; hay probabilidades de que, en general, se sometan algunas tribus que Jlian combatido; pero el núcleo restante, fanático, furioso, que por estar más en contacto con nosotros y por temer nuestra revancha nos odia más, ése continúa en pie y se apresta á no dejarnos en paz aquí y á no permitirnos el paso franco hacia Zeluán. Esta creo yo- -no por mi solo juicio, sino también por el de persones autorizadas- -que es la verdadera situación, ¿Conjetura de lo que ocurrirá? Esa téngola harto repetida: que iremos adonde queramos ir, con más ó menos resistencia pero con rotunda, completa victoria. Y no digo estopor alharaca de exaltación patriótica, sino porque repaso y sumo los elementos acumulados y porque veo que las tropas están cada día más animosas y con ganas de pegar donde vean al enemigo. Y en las operaciones próximas ha de haber momentos en que el enemigo, si quiere oponerse, por fuerza habrá de dar la cara. f n padre espartano. Esta tarde se sienta á la mesa en esta fonda, que parece una torre de Babel, un caballero alto, recio, de ancho busto, de noble expresión, de blanco bigote y breve luchana, con la reposada y arrogante traza de un castizo hidalgo español. Ueva luto riguroso; se mueve con aire de pesadumbre y de fatiga, y orlan sus ojos claros, de un mirar abierto y leal, surcos profundos y violáceos. Iyector, este viejo üidalgo, cuya presencia pone á todos los comensales un nudo en la garganta que nos veda comer con sosiego, es el coronel retirado D. Isidoro Sánchez Crespo (el padre del capitán Sánchez Gómez) que ayer hizo llorar de compadecimiento y de admiración á los hombres más aguerridos. En telegrama dije en clara síntesis lo que aconteció; no creo que la censura haya mutilado este párrafo, de un sentimiento patrio tan abnegado, tan excelso, que iguala al de los héroes de Esparta y de Sagunto, Don Isidoro Sánchez Crespo fue al sepelio, estuvo en el- camposanto, besó el cadáver de su hijo y aplicó su labios y su mejilla durante largo espacio al rostro helado del capitán, como si pretendiera con el calor y con los besos de los labios vivos resucitar al bravo muchacho; habló con el capitán sucesor, con los soldados que rodearon al muerto; besó á dos de ellos, que recogieron al herido, y se mantuvo con tal fortaleza de ánimo, que á todos dejó suspensos de admiración. Cuando junto á los restos amados permaneció unos minutos, no profirió exclamación alguna, no dijo sino esto: ¡Hijo de mi alma, como un valiente! ¡El primer disgusto que me has dado! El esfuerzo de voluntad de D. Isidoro fue tremendo. Apenas se le advirtió una súbita contracción en los músculos faciales. lluego, cuando fue llevado en un carruaje y dio rienda suelta á su pena, vióse que el paraguas que llevaba entre las manos, con varilla de acero, estaba doblado, enroscado como una viruta y que de sus labios manaban unas gotitas de sangre... ¡Hay que descubrirse llenos de respeto ante el dolor solemne y mudo de este padre, patriota y militar antes que padre! guasón. Será un se hablaba en el muelle militar de Hoy exageraciones y errores de algunos informes periodísticos acaso precipitados. Y spersona muy calificada se dolía de que se hubiera excedido, no aé si ñor el eable ó cor correo, noticia que seguramente no ha de llegar á publicarse. Párese que se ha dicho. ¡pero si no es creíble! que el globo había divisado en las gargantas del Gurugú pequeftos aduares, á los que no llegaban nuestros cañones, y en los cuales los moros aventaban la cebada en tanto que las mujeres, á la puerta de las casuchas, hacían calceta... Debe de ser, indudablemente, una broma. Cuanto á los artilleros, es sabido que están haciendo magníficos blancos. Respecto á la cebada... figúrese el lector la siembra que hay en loa peñascales del Gurugú, y la parva que habrá en pleno Agosto, cuando aquí, en la lia- nura, se recolecta en Mayo. Por lo que toca á las calcetas, ¿qué se ha de decir? ¡Figúrense ustedes á los cabileños y á las cabileñas con medias... Decididamente, hasta en plena guerra surgen los espíritus chanceros y alegres. Sí, también aquí La viuda alegre; no en persona, claro está, porque Dios sabe lo que sobrevendría; ni en zarzuela representada: pero, á lo menos, en retazo. Hoy, al cruzar por entre los batallones de Cazadores, oigo á los cornetines unos compases que desde luego reconozco. ¡Cielos, también aquí! Es que la división tiene una contraseña, y la contraseña que se ha dado es ésta, es este comienzo del pasodoblej a viuda alegre! Esátas notas se repiten de campamento i. campamento, y los Cazadores van corean 1 dolas con su letra. Conque, -ya lo saben ustedes, la mujer, hasta en la guerra. ¡Siempre, siempre ella La mujer, la mujer, la mujer... p l corresponsal de El Popular en Alhuce mas escribe lo siguiente: j Un comandante, un capitán, cuatro oficiales de Infantería, uno de Artillería, do? médicos, un farmacéutico, un oficial de Administración Militar, un celador de fortifi caciones, un capellán castrense, dos auxi ¿liar es de Administración y 192 individuo? de tropa forman su guarnición; además hay dos oficiales de Telégrafos con un ordenanza, un funcionario de Hacienda de interventor de Aduanas, un torrero encargadc del faro, un intérprete de árabe y un cura vicario; el demás personal, entre paisanos dedicados al comercio, que son diez ó doce, mujeres y niños, ascienda á 233 almas; to taJ de habitantes que tiene la plaza, 447. Mantienen sus defensas, además de la fusilería de la tropa, cuatro piezas de artillería sistema Krupp, -de 9 centímetros, de las cua- NOTICIAS DE LO DE ALHUCEMAS