Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO Y TELÉFONO 4 ESPAÑA EN MARRUECOS DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO y? W Y TELEFONO LA CAMPAÑA DE MBLILLA POR CORREO Y POR TELÉGRAFO CRONSCA DE LA CAMPANA DE NUESTRO COMPAÑERO SEÑOR SÁNCHEZ OCAÑA) 1 os confidentes. Hay que reconocer en nuestro enemigo del Rif dos servicios excelentes: el de tiradores, cuya pericia no puede desconocerse, y el de confidencias. El plan de operaciones del general Marina lo conocen él y su Estado Mayor. Pero! o que todo el mundo deduce, sin otro fundamento que la lógica, ellos, los moros, lo creen como cosa segura. Prueba de ello es que aquí sabemos, confirmado ya por las ascensiones aerostáticas, que los moros se están fortificando en Nador y ea Zeluán. Ya lo telegrafié. ¿Es que van á empezar las operaciones p r ahí? Yo no lo sé. 1,0 úaico que sé es que algunos corresponsales extranjeros así lo han comunicado á sus periódicos. Alguno, como el de L Miustratíon Militaire Fmncatse, con monos y todo. Si así fuese, hay que reconocer que los moros tienen excelentes confidencias y eme creen en ellas á ojos ciegas. De la fe que ponen en esas confidencias tío puede dudarse. Hace dos noches que no se acercan ya á la vía férrea. Antes, como es sabido, llegaban á la línea ferrocarrilera durante la noche, arrancaban los rieles y los doblaban y se los llevaban. Un dob e objeto tenía esa operación: dificultar la expedición del convoy y tirotearle á la mañana siguiente y robar; el acero de los rieles es materia utilizable. Además, el rifeño es capaz de robar la sombra á cualquiera. ¿Por qué no levantan la vía desde hace dos noches? Porque... yo no puedo ni debo decirlo. El hecho es ése: que no levantan (los rieles. Hay que atribuir su actitud á una confidencia. No á su vista ni á su olfato, porque d- 1 ate el día están lejos y escond 1 avance? l, a indignación contra el tifeño y la ansiedad de vengar á tantos héroes, por un lado, y la impaciencia por otro, hace que la gente se pregunte cuándo se inicia el avance. Es positivo el aplazamiento; acabo de telegrafiar que, según todos los indicios, es cuestión de. tres ó cuatro días, previa la terminación de los preparativos y previa consulta con el Gobierno Esta frase acaso llame la atención ahí; aquí no la llama. Aquí es frase corriente, v Pero aquí, lejos de Madrid, lejos de las cancillerías, tenemos que guiarnos de impresiones. Cabe en ellas la fantasía; pero la distancia nos absuelve. Eso, ustedes, que están en Madrid, pueden saberlo mejor que los que en Mejilla y exj sus campamentos nos agitamos, 7 apuntar, tirando en movimiento rápido; en seguida se esconden. Si se tienen que levantar derechos, aun parece más rápido el modo como apuntan, disparan y se vuelven á esconder. Tiran danto, sin apresurarse, y en esto parecen nuestros cazadores del tir del colorir, por eso aprovechan bien sus tiros. Además los aprovechan porque les cuesta á cada cuai el dinero; es decir, que van á la guerra como si fueran de caza. Así, cuando nos vea cerca, se van retirando. Pero nada de táctica. Van pasando de piedra en piedra, de mata en mata, dando saltos ó arrastrándose. ¡Los pillos saben aprovechar á maravilla el terreno! Cuando nos íbamos acercando á los caseríos, veíamos que mientras los moros nos hostilizaban, las mujeres y los niños recogían apresuradamente enseres de las casas, los ponían en mulos, ó borriquillos, ó á hombros, y se los llevaban. El primer detalle que me impresionó fue ver una baja nuestra. Habíase adelantado mucho y á descubierto; llovieron sobre él las balas y estaba acribillado. I, e tapé con su propia manta y seguí adelante A las ocho y media próximamente llegábamos á la segunda caseta. Desde allí hasta el punto que llaman Sidi Musa nos tirotea- ron casi siempre, pero de lejos. Como estaban por allí en una barrancada sin dejarnos en paz, estorbándonos el paso, hubo que echarles. Se habían colocado cerca del fondo, enfilando nuestro paso; la artillería protegió nuestro movimiento. Y nosotros, que nos moríamos de gana por habérnoslas con ellos, allá fuinos llenos de entusiasmo. Bajamos la loma, y ellos, como las perdices, pasaron al otro lado huyendo á lo alto. Iyes perseguimos por la ladera, y allí empezaron las fatigas. Aquello parecía las montañas de Serra, de abruptas que son. Nos tuvimos que poner en fila, y al decir en RELATO fila no se entienda que íbamos pegados unos á otros como fichas de dominó, sino DE UN SOLDADO separados. Así presentábamos menos blanI r n soldado valenciano llamado José Si- co y podíamos aprovechar las desigualda gnes ha hecho á Eduardo I Chava- des del terreno para nuestro avance. Bh rrij corresponsal de Las Provincias, de Valen- ¿adres -decían mis compañeros- ¡saben cia, en Melilla, el siguiente relato de un tirar de veres! Desde lo alto nos disparaban, y veíamos cómo á lo mejor algún compañecombate en el cual tomó parte. Antes de la segunda caseta ya empeza- ro vacilaba y se quedaba sentado ó se caía ron á dispararnos. Todos nos quedamos mi- arrodillado... pero no queríamos sino llegar rando, los nuevos, á ver de dónde nos tira- arriba. ¡Y qué ánimos nos daban nuestros ban. Pero á nadie veíamos; disparaban poco. jefes! O ie, sí que son valents. Adelante, muÑos mandaron desplegar en guerrillas, y la chachos, que todo se hace por España Así artillería empezó también á hacer disparos nos decía nuestro capitán... y esto parecía hacia donde se veía las nubecitas de humo. electricidad en nuestras venas, y corríamos A Jo mejor escuchábamos silbar las balas. llenos de entusiasmo. Yo le aseguro que Creí que nos harían más impresión; pero allá en Valencia no saben lo que es esta preocupados con los movimientos que ha- emoción, este deseo de avanzar y de vencer, bíamos de hacer, y teniendo nosotros tam- que resulta nuestra mejor compensación á bién fusiles para disparar, no nos daban las fatigas y euidados de la vida de campaña. Cuando nos faltaba poco para llegar cuidado sus tiros Así fuimos avanzando hacia ellos y vimos arriba, ¡á la bayoneta! gritaron nuestros que retrocedían. ¡Qué gusto nos daba verles jefes. Como si esta palabra tuviese pólvora, correr y qué ánimos teníamos! Si los jefes todos nos arrojamos arriba, y al llegar á la nos dejan, allá hubiéramos ido para tirarles cumbre, los moros habían huido; ¡els cock ¿wos! decía mi compañero de Alacuás, si mal más de cerca. Pude ver cómo tiran, y á fe que en esto íno recuerdo, el cual gritaba á los enemigos: no son tontos. Si están (como casi siempre) Che, ¿per que no se agualden una miqtieta? Cuando allí nos vimos, y que algúa cadádetrás de las higueras de palazo de piedras d moro había quedado, sentirnos, lina altas, sólo asomania cabeza y él fHsü. pará Si ese aplazamiento tiene por motivo evacuar algunas consultas, contestar á alguna nota, puntualizar alguna observación... ¡lo que sea! es punto á dilucidar por la diplomacia. Aquí no habla más que la pólvora. Ciempre adelante. Yo sólo puedo deair que he hablado con el general Marina, quien con la amabilidad de siempre, pero también con su laconismo de siempre, me contestó á la pregunta concreta de cómo iba el plan de operaciones: -Bien; va bien. Sigo dando órdenes... En efecto, esas órdenes múltiples se circulan y se cumplimentan. Acabo jde presenciar la preparación de abundante aparato telegráfico para montar el servicio en los puntos que ocupen las tropas en su avance. También debo afirmar que la nota optimista sobre el éxito de las operaciones es la dominante en la plaza y sus alrededores. I a impaciencia está justificada por el entusiasmo. Además, yo quiero reproducir una frase del general Marina, que, aunque yo no he oído, me consta positivamente que es cierta. Hace pocos días, después del combate del 27, hablaba el general en jefe con un confidente. Algo debía decirle éste de paz, sobre la base de que nuestras tropas abandonasen las posiciones ocupadas, retornando aquéllas á nuestra línea. No escucho nada, absolutamente nada- -dijo el general -si no es con la condición precisa y terminante de desarme y sumisión incondicional. No relevo ni un soldado. No dejo una posición, y, además, tomaré las que crea necesarias, y alguna otra de sobra si me parece conveniente.