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DE TODO EL DO, POR CORREO, CABLE, TELEGRAFO Y TELEFONO g g ESPAÑA EN MARRUECOS DE TODO EL MUNDO, POR CORRBO, CABL TELEGRA O W Y TELF ONO LA CAMPAÑA DE MELILLA POR CORREO Y POR TELÉGRAFO CRÓNSCA DE LA CAMPANA DE NUESTRO COMPAÑERO SEÑOR SÁNCHEZ OCAÑA) MELILO, 5 n héroe sargentok Intenté ayer mismo hablar con el heroico sargento del fortín y coa sus compa ñeros. Todo Mehlla arae en entusiasmo por este grupo de valientes. Yo ansiaba abrazarles, oír de sus labios la relación de sus proezas, completar con sus nombres la noticia para A B u Pero los héroes estaban descansando, sumidos en un sueño profundo, que tenía algo de sopor. Habían llegado al campamento rendidos, deshechos, y se les procuró reposo. El teniente coronel Serra ordenó que se guardase silencio alrededor de la tiendas en que se guarecieron los recién llegados. Hoy, muy de mañana, volví á las lomas de Triana, sorprendiendo á los jefes y ofifiiales en los primeros preparativos del vivaqueo. Pronto satisfice tni curiosidad. El sargento Isidro Martínez Cañadas, que éste es su nombre, compareció con aire uio desto, la guerrera desabotonada todavía, el gorrillo ladeado. Es soltero, hijo de oficial del Ejército y nacido en Figueras (Gerona) Insistí mucho para que hablase; no quena referir nada. Ya lo saben -decía; -y con persistente modestia agregaba: Yo sólo tace lo que pude por salvarnos y por que no llegasen hasta el fuerte Confirmó después los detalles de mi información. Bijorae que cuando salieron hasta la alambrada, los motos estaban encuna parapetados en la trinchera de la vía férrea, y que luego un grupo se aproximó aullando, tirando piedras y aguando palos. ¿Y el oficial? -interrogue. -fil teniente había municionado, y había Ido mirando donde estaoa cada cual. Le pareció todo bien; nos recomendó que no se malgastase un tiro A poco salió al reducto y empezó mas espeso el fuego. Repentinamente, mi teniente se llevo las manos al costado y cayó. Fue hacia él su asisteute, y Sólo le oyó decir: (Ay, padres míos! ¡A. y, mi. (el nombre de u novia) A mí me eníro una cosa que añora no sé explicar, así como ganas de poder disparar muchos tiros á la vez y de morder; le dije al asistente: en el reduelo, y exclame. -El teniente, inaiüendo. Conque, vamos á ver los hombres. Hay que sanr a la alam brada y hacerlos polvo. tCuidado al apuntar... Y nada más; que nos pusimos, pim, pim y nadie volvió ia cabeza ni oara ínirai al que caía... De este modo, con tono natural, sin arec tadón, el sargento terminó u breve relato. Sus jefes esurecüarome nuevamente la mano. -Baja á tu amo y chiton. Luego me puse 11 n cabo admirable. -Ha de estrechársela usted también- me dijeron al cabo Batlester. ¿Otro héroe? Ya lo creo! Un cabo- -añadió el capitán Useletu- -a quien en la Península he tenido que arrestar alguna vez por desordenado (no por nada feo Estaba enfermo en Vich, y se empeñó en veair a la campaña. Vino. Apenas llegó púsole peor; pero el 23, cuando advirtió que salíamos al fuego, se incorporo quieras que no. batiéndose como BU hombre Siguió enfermo. Presentóse el combate del 27, y de nuevo se unió a la compañía. Anteayer también estaba malucho, febril, pero no quiso dejar ásus compañeros... Allá viene. Acercóse, quedando cuadrado, un cabo alto, moreno, de ojos brillantes. -Di tu nombre, muchacho. Y ei, con aeeato que desde luego denotó su procedencia: -Jo- e Ballester Carmen, natural del Cañ. iuib r (Valencia) (ac oyó un ¡bravo, che! y varias manos estrecharon las suy is. -Sargento- -dije yo, -con la venia de su jef- dígame quienes fueron sus compañeros mas distinguíaos. -Ante toao, este cabo y el corneta Luis Barrcua Baviera, de Milata (Valencia) De! pue he de decir que todos; todos se han portado muy bien. Rugúele algunos no ubres; trájome los de heridos, que yo me abatengo de copiar, siguiendo mi proposito y estos otios de los soldados ue la joruaaa, que en aquel ms tan te se hallaban en el campamento: Nicabio Juoes Bonaza de Ateca (Zaragoza) bantiago A ouso Hernández, de Ariza (Z iragoza) Aíarco Mateo Aparicio, de Torra! va ae Ribota (Zarago a) Camilo Melendo Pérez, üe Ca atayud (Zai aguza) Manuel Trasovares lienedi, de Vinaella (Zaragoza) Antonio Lahneus Miranda, de Huesca; Raimundo Bi- rcibai García, de Moros (Zaragoza) Pedro Franco Abad, de CiinbaÜa (Zaia. ¿o ¿a) Mariano Jirneuo Bueaafe, de Sauta Cruz de Rio (Zaragoza) jooe Valcaroel Beaiveut, del Caoanai (Valencia) José Surian ban Feux, de Va e icia; Cristóbal Peris B. anco, de Valencia, Miguel v. ervera, de Vt 1 uiiarchante (Valencia) Francisco Zarzo Viilt, de Bcnaguaci (Valencia) Juan Estopiña Tcrreies, de M. jrella (Castellón) Jlanu 1 Fabre ¿at Sales, de Morella (CasU- Uon) Peifet. 10 Tomas Capdevila, de Vi. lafames (Castellón) Mauuel B lcnguer Casanova, de Viliafaiues (Castellón) deutí no poder completar hoy 1 a lista. Creo que figurara m tegra eu alguua pi opuesta do Teco npensas. Cuanto al sargento, seguramente será objeto de alguna muy preciada. Personalmente le hau teiicitado el general de su división y los jefes de columna. Y esto quiere decir algo. Dije adiós á estos valientes, á sus dignísimos jefes y oficiales y ai capellán B ¿rinú dt que sallo anteanoche, como ha salido a todos los combates cou la fuerza, y que es uu padre para ios soldados, que cuentan de el v no acaban. l a segunda corbata. Antes de despedirnos dijo alguien que el teniente José Velarde había traído un retrato en la maleta. Solicité el honor de reproducirlo en A B C. -Se está haciendo el inventarlo- -me contestaron, -pero autorizaremos la reproduc ción poniéndole una orla de laurell- ¡Se pondrá! Y sobre ese laurel, aeseo muchos al batallón, y la corbata para la bandera. ¡Será otra- -exclamaron a coro jetes y oficiales, -porque conste que nuestra bandera ya tiene una. -Pues, otra, y diez. Estreché fuertemente la a mano á Useletti, el bravo capitán de la 3 compañía, que luego me ha honrado acompañándome al almuerzo. Este capitán se ha quedado con la compañía en cuadro. Ei 23 perdió tres oficiales, y el 27 todos Habíanle puesto entre los nuevos oficiales á Pepe Velarde. Ya tiene otra vez que reponer- -No importa- -dice. -La tercera siempre ira, como todo el batallón, adelante, y adelante Sólo pedimos, sólo deseamos, una cosa: que esos den la cara, que los pillemos á gusto, para hartarnos de verdad ppisodio trágico- cómico. Do Alfonso XII pueden contarse muchos episodios. Se uno cou sus ribetes cómicos, dentro de lo trágico, que no quiero dejar en al carnet. Hay en el batallón un soldadito que está á matar con un cabo de Arapiles. Entre los dos trincaron á tres moros que iban destrozando cadáveres. A tiro por barba, tumbaron á dos. El cabo, más rápido, volvió á disparar, hiriendo al tercero, y se echó encima para rematarlo, antes de que se revolviese El de Alfonso XII comenzó á voces: ¡No, no, déjalo para bajárnoslo á la playa! j ¡Que lo dejes, digo, que vamos á llevárselo ai general! Pero el cabo iba ciego; advirtió que el rifeño se incorporaba, y le dio fin con el machete. Y el soldado, viendo defraudadas sus esperanzas de llevar el prisionero, se hó con el cabo, y á poco si ellos mismos se pegan allí... sin cuidarse de que las balas cruzaban y de que á diestro y siniestro seguían cayendo los suyos. Al fin se separaron. Pero el soldado se la guarda. No se le pasa el enojo Y en cuanto le nombran al cabo de Arapiles reniega hasta de su sombra. ¡El, que tenía ya seguro bajarse con un moro vivo á cuestas! ¿No eran tres pa dos? -dice muy convencido, como quien hace un reparto de manzanas. ¿No matamos ya dos? Pues el tercero ni era pa él m pa mí; y el me lo quitó Temamos que haberlo bajao vivo los dos. Eso era lo justo. Y no hay quien le convenza de lo contrario C l capellán de Arapiles. Ai pasar por el campamento de Arapiles nos acercamos al medico Picó, á los jefes y oficiales y al bravo capellán. No se por que se lian obstinado algunos apreciabi. es