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A B C VIERNESjg DE AGOSTO DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 6. ré in mente tma oche horrible. Pero no esperaba que hoy, al ir yo á recoger noticias, había de encontrarme, como la primera y la más fanesta, el cadáver de Velarde, á cuyo lado el asisten fiel permanecía como atontado, coa los ojos enrojecidos y la voz afónica por la emoción. p l castigo. ¡Vengan pronto los refuerzos últimos; caiga sobre los rífenos un castigo duro, implacable; corra por las vertientes del Gurugú cien veces más sangre mora que la que han vertido nuestros soldados! laba, y en compañía de otros moros ayudó? á recoger los muertos y heridos que los soídados españoles ocasionaron al enemigo. Más tarde fue presentado al ca d de la tribu, cuyo nombre desconoce, quien le prometió conservarle la vida á cambio de lachar en las fiias de la harca contra las tropas de España. En los primeros días, el trato de que era objeto Mateo dejaba bastante que desear; más tarde, los indígenas cambiaron de conducta, y nuestro compatriota era atendido con no poca solicitud. Los alimentos que le ofrecían eran sólo miel y uvas, de las euales hizo bastante consumo Cierto día propusiéronle que se casara con una mora, bastante fea, perteneciente á la tribu. Mateo prometió corresponder á los deseos de sus aprehensores en cuanto las circunstancias lo consintiesen. Provisto de un fusil que. por la noche le entregaban, prestó el servicio de centinela en jas trincheras que la harca tiene construidas en las estribaciones del Gurugú. Durante el día colaboraba en las faenas agrícolas, dándose tal ardid, que los rífenos llegaron á mirarle con simpatía. Para no excitar los enojos de sus nuevos amigos, vióse precisado á tomar parte en el combate del 27. Mateo hace la advertencia de que sas disparos iban dirigidos á lugar, distinto de donde se hallaban los espa- ñoles. i En la madrugada de anteayer, cuando los demás centinelas dormían, Mateo abandonó apresuradamente su puesto, dirigiéndose á nuestras posiciones avanzadas. Poco antes de llegar, arrojó la chilaba con que se cubría, temeroso de que nuestros centinelas le tomaran por un rifeño auténtico. Mateo Terrón es natural de Zarza la Mayor (Cáceres) y su conducta durante el tiempo que lleva en filas es muy elogiada por sus superiores. Esto se cuenta en la plaza entre jetes, oficiales y soldados; pero nos parece una bonita novela, u emos hecho una detenida visita al aduar moro que hay á la espalda de Camellos. Hemos permanecido en él más de una hora, viendo las costumbres de aquella morisma, que se asusta al ver á los cristianos. Cuando llegó el coche que nos conducía salieron muchos moros 3 las puertas de sus casuchas, todos con la imprescindible escopeta Al principio se mostraron extrañados; pero al ver que dábamos perras á los morillos que nos rodeaban cambiaron de gesto. Un moro conocido por el Quinto nos dijo que casi todos los que allí habitan son refugiados de la cabila de Mezquita y tienen por jefe al célebre Gato I os que antes allí se refugiaron pertenecen á la mehalla imperial que fue derrotada por el Roghi; pero casi todos se han marchado, unos, al campo, á pelear contra nosotros, y los demás, á Tetuán Hemos visto á las moras labrar latierra, cargar caballerías y hacer las faenas de los hombres; en cambio, ellos permanecen sentados, con el fusil entre las piernas. Dos moritos de unos diez y seis años estaban asomados á una tapia y al acercarnos á ellos se escondieron. Fuerzas de Infantería hacen guardias ea las trincheras y prohiben á los soldados que entren en el campo aquél, que se le ha cedido á los moros. Muchas de las mujeres que allí habitan andan en un traje muy parecido al de Eva; excepción hecha de dos ó tres ó de las jovencitas, el resto asustan de feas y sucias. Tienen allí ganados que pastan en nuestros campos, y cualquiera que vea el aduar se pregunta que cómo es posible que se tolere á estos moros que tráftíten tan eerese, del fuerte por ej solo hecho de que diga que están amigos de cristianos españoles, I no de los soldados que se quedaron ma dos de espanto al creerse prisionera de los rífenos pertenece al batallón de Arapiles y se llama Cándido Morato Vadme, natural de la Granja, reservista, casado V con dos hijos. I os médicos creen que recobrará el habla LOS RÍFENOS EN TETUAN T e Tetuáu escriben á El Eco, de Ceuta, con fecha i. de Agosto: Anteayer llegaron unos trescientos rifefios procedentes de Tánger, habiendo h echo el viaje por tierra, y asimismo se disponen á marchar al Rif. Entre ellos llegaron un yerno del Roghi, un caid y el célebre Mqjatar, confidente de Melilla, con un criado. El gobernador, al tener conocimiento de la llegada de los. últimos, los mandó prender, y el cónsul de España, al saberlo, reclamó le fuera entregado el confidente, por ser prote gido español; el gobernador dio varias escusas; pero el cónsul insistió en tales términos, que el confidente fue entregado, quedando preso en la casa de España. Mientras esto acontecía, el gobernador envió un recado á nuestro representante de que marchaba seguidamante á visitarle, y, efectivamente, á los pocos momentos entraba en el Consulado, seguido del califa. La conferencia duró dos horas, y en ella insistió el gobernador en que se le entregara el confidente, á lo que se negó siemore el cónsul. Bsa levantada acutud de la autoridad muestra en esta plaza ha causado gran imp. pión en toda la colonia, porque al entreg a s e el preso el prestigio de Esoaña quedaiía por los suelos. x E 1 preso es gran amigo del Roghi, y por eso el odio del gobernador. 3 El cónsul lo enviará libremente á Metilla. 1 J Aquí continúa la calma; la colonia aplaude la conducta de nuestro valiente Ejercito en Melilla, esperando con ansias noticias de! j S operaciones. IMPRESIONES SOBRE LA CAMPAÑA ontinúa en Melilía la situación en el mis- mo estado de calma de los últimos días, tan sólo interrumpida por escaramuzas más; ó menos vivas, pero en las cuales no se ve, como en los pasados combates, propósito en los moros de atacar á fondo y con resolución. Aun cuando con gentes tan impetuosas como ellos no puede asegurarse que no vuelvan en grandes núcleos á la carga el día menos pensado, es elio p riaeba de una de estas dos cosas, ó, probablemente, de las dos: primera, que el daño que les hemos, causado es g- rande y que el íeínor á nueva? pérdidas de importaucia les retrae; segua- da, que viendo cómo van llegando nuevas! tropas españolas cada día, acaso reflexionan en la necesidad de organizarse para una defensiva en previsión del que üos deben mirar ya como seguro el avance de los es- pañoles. Otro día tocará hablar de cuál pueae ser el límite de tal avaace, dentro de las más verosímiles probabilidades; de cómo hemos de castigar á los que nos han hostilizada haciéndoles pagar muy cara ÓU enemiga, y esforzándose en que resalte el contraste áe nuestro proceder con ellos y con las cabilas ó tribus que á lo menos se hayan manteal- do neutrales. Hoy sólo vamos á hablar de, los primeros pasos de aquel avance. Y claro es que con sólo indicar esto basta para que todos los lectores digan inmedía- ¡tamente; ¡El Gurugú... Sí, el Gurngú, ése ha de ser el primer paso, pues ése es el padrastro que más molesta; pero el Gurugú no tomado como la mayor parte de la geaíe supondrá, al paso de ataque y á la bayone- ta, trepando de risco en co frente á los rífenos emboscados. I,o más probable es que el Gurugú caiga en nuestro poder por el hecho de verse los moros que en él se íia- Han desbordados y en nesgo de ser envueltos por nuestros soldados. No quiere decir esto que ni haya combate ai cueste sangre la operación; pero sí que el ataque no se ve- (rificará, dentro délo probable, por las lade- ras violentas y agrias que caen á la cosía j á la vía férrea. Necesitamos el Gurugú, no porque su po- sesión resuelva en definitiva, ni mucho- Menos, el problema por la campaña planteada, sino como primera etapa para preparar el avance decisivo. Es casi seguro que la organización de ¡a ofensiva, realizada con el número de combatientes que ha de tomar parte en ella, exigirá disponer de terreno más amplio que el ocupado hoy, donde á estas horas tropas y parques estarán ya estrechas, y á cubierto de escaramuzas ea el interior del campo, que, si no de importancia, bastan para per. turbar y dificultar la reposada organización de los elementos áa la impedimenta. Así, pues, es verosímil que la primer operación tenga porobjeto asegurar ía posesión de las altaras que dominan el campo actual, para que los tiroteos que nuestras tropas sostengan en ellas no euioaraeen la preparación administrativa del avaace. Y es probable tambiéa que á la toma de dichas alturas siga otro período de caláis salvo incidentes aislados cíe avanzadas DETALLES Y CURIOSIDADES v En la mañana del 29 llegó al campamento de la segunda caseta el cabo del batallón de Figueras, núm. 14, Mateo Terrón Presumido. v El aspecto del recién llegado llamó la atención del jefe de aquellas fuerzas, quien 86 apresuró á interrogarle. Oe las manifestaciones de Presumido se vSao en conocimiento de que se trataba de ana víctima más del proceder inhumáife de auestros vecinos. Escoltado convenientemente, fue reintegrado á su batallón, que acampa en el Hipódromo, adonde llegó en las últimas horas de la tarde del jueves. Una persona que habló largo rato con Presumido refiere los siguientes detalles: El ex cautivo tomó parte con SH. batallón en et combate del día 23. Poco antes de iniciar ia retirada nuestros soldados, Terrón vióse aprisionado por las férreas manos de cuatro cabüeños, que á viva tuerza le trasladaron á un lugar bastante distanciado de donde luchaba. Aquella nocüe obligáronle á vestir la chiun diario malagueño en El corresponsal delo iguiente: Mehlla refiere i ¡Bii w ¡i 111 11