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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE. TELEGRAFO Y TELEFONO ESPAÑA EN MARRUECOS PENTODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO Y TELEFONO LA CAMPANA DB MELILLA POR CORREO Y POR TELÉGRAFO CRÓNSCA DE LA CAMPAÑA DE NUESTRO COMPAÑERO SEÑOR SÁNCHEZ OCAÑA) MELILLA, 3 I s correos. Pocas líneas hoy. Hemos pasado la uoclie en nuevo y agwdo sobresalto, sin noticias concretas, yendo y viniendo hasta los primeros campamentos del Zoco, dende insistentemente se nos daba el alto, sin dejarnos pasar. Luego, de día ya, el deseo y el deber de recoger y comprobar noticias me ha lleva to de aquí para allá, entre nubes de polvo, laajo este sol irresistible, que duplica las jornadas; la censura nos detiene desptaés mu Cho más de ¡o que permiten los nervios y la paciencia, y ai cabo, cuando respiro, depositadas ya las hojas con el texto que el lápiz rojo ha tenido a bien dejar ileso, y comienzo estas notas, se echa enoima la hora de Zarpar el Menorquín. tes dicho, llena de entusiasmo, briosa. Les dimos vivas que eran, juntamente, un loor, un aliento y un voto del alma para que llegasen pronto. Todos levantamos la vista ál cielo. ¡Dios mío, que lleguen pronto... (TVperación brillante. La operación fue rápida, arriesgada y eficacísima, y el general Tovar, que personalmente la dirigió, dio muestras de una serenidad completa y de un cálculo muy certera, pues sin más guía que los disparos detarminó perfectamente el tiempo, las distancias y la situación de los moros, logrando la confluencia puntual de las dos columnas y la acción pronta y amplia que se pretendía. La morisma, bien batida, retiróse al famoso barranco al romper el día- -un poco antes, mejor dicho, -retirando sus baj- as. En esta operación aun les alcanzaron las ametralladoras. Hasta media mañana han e. stado amagando á los campamentos del Hipódromo y Zoco, por lo cual Tovar ordenó el cañoneo combinado, á base de las guías que iba dando el globo. I os servicios del globo. Ocupó primeramente el aeróstato el capitán Gordejuela, que dio vanos avisos muy precisos, tan precisos, jue al disparar las piezas, desde el globo señalaron que habían hecho blancos. Así fue, en efecto. Apenas bajó Gordejuela habié con él. Díjome que á los 400 metros ya descubrió á los moros, y que á 600 metros los vio en todo detalle de grupos y abrigos. Añadió Gordejuela que al tercer disparo que se hizo con su guía cayó una granada en una garganta cercana al barranco en la que había muchos moros, casi todos sentados, con el fusil entre las piernas, y que el estrago fue tal, que apenas pudieron escapar 15 ó 20, y probablemente heridos. Hipódromo. Llevaban tendidas líneas de tiradores y fuerza á retaguardia. Y lo llevaban... ¿cómo diré yo... vistos de lejos, como un grupo de niños que llevase un globo de gas, sólo que el globo éste, el Rema Victoria, tiene la forma de un puro achatado. p l fortín. Antes de presenciar la segunda ascensión llegué con- las patrullas, por orilla al mar, hasta junto al fortín, en el cual claro es que no 3 e permitía hoy la entrada. Es muy pequeño, más de lo que yo creí, y aun no está terminado, si bien la conclusión es cosa de horas, y, por tanto, lo esta- rá cuando salga esta carta. Su elevación quizá no llega á los tres metros, tiene dos pisos, y en el segundo están las aspilleras para tirar al frente y para tirar hacia abajo. Eí pequeño reducto tenía muchas manchas de sangre. Aun visto de día, con el terreno despejado y limpio de enemigos, y con la animación de las tropas que le rodeaban, pues las dos columnas de auxilio estuvieron allí al lado acampadas hasta las nueve, daba escalofríos la sola idea de meterse en él para esperar una acometida. ¡Imaginemos, pues, lo que habrá sufrido con su destacamento, hasta caer sin vida, el teniente Velarde, que no baldíamente llevaba un glorioso apellido! ¡Imaginemos el valor de ese sargento que tan valerosamente se ha portado, v de los soldados eme salieron coi p l teniente Velarde. Por telégrafo he dicho algo del teniente Velarde. Era muy jovencito y recién ingresado en el Ejército. Salió de la Academia de Toledo, disfrutó una licencia, y hace un par de semanas se incorporó á su batallón. Cuando fui la primera vez á Cabrerizas Ala última noche. tas, Alba, que se me unió en el campo, obComo antes digo, la noche ha sido antuvo dos instantáneas de los jefes y oficiagustiosa. Aunque previsto el ataque, aun les de Alfonso XII. Entre esos oficiales esque esperado, dada la actitud de los moros taba él. ayer tarde, no por eso produio ráenos emoEra un muchacho animoso, de mucho esl terror en los moros. ción. Respecto al efecto moral que causó el píritu, entusiasta, ardoroso. Cuando el fuego se hizo vivo y advirtióse Recuerdo que hablábamos de las bajas- desde el muelle la importancia de la cosa, globo, ha sido tremendo. Cuando los moros mucha gente que ya se había retirado á sus lo divisaron corrían como locos, tirándose que el 23 había tenido el batallón, y yo, que alojamientos lanzóse a la calle. Adivinamos por las peñas hacia las hondonadas inte- miro cada día más alarmado el uso de ios roses con cogotera y de los sables con brila defensa heroica que se estaba haciendo; riores. llo, dije que los oficiales se debían despojar A poco, asomaban por el barranco pequeadivinamos el cuadro tal y como nos lo han ños grupos, atraídos por la curiosidad; pero del ros y entrar al fuego con gorro, y oxitefendo esta mañana. ¡Si la segunda caseta puede sacar fuer- se asomaban tras de las piedras, sin sacar dar ó enfundar los sables. Y Velarde no pudo contenerse y me dijo que eso no lo más que la cabeza. zas! -exclamábamos. f Puede juzgarse de su impresión con decir podían admitir ellos, los oficiales. Pero los militares conocedores del terre -Pues losjpaisanos- -insistí yo- -harían que no hicieron ni un soto disparo, lo que no movían la cabeza con aire de duda. -Lo que es sacar fuerza de la segunda hubiera sido muy natural á no sobrecoger- muy bien en arrebatarles á ustedes esos arse de terror; primero, por impulso instinti- matostes de ros, que sobre la cabeza y con caseta mientras sea noche, no podrá ser. Cuando, á la una, salieron del Zoco hacia vo, y después, porque, desconocedores de la la cogotera ondeando al aire piesentan un el Hipódromo los primeros refuerzos, al aerostación, no podían ellos calcular si lle- blanco de 40 centímetros en cuadro. -Y yo haría muy bien en soltarle un samando de Primo de Rivera, se nos ensan- garían ó no los proyectiles. A las diez voivió á subir el globo con el blazo al que me lo propusiera- -exclamó chó el pecho. 4 A poco bajaba de Cabrerizas el coronel teniente Mulero, quien siguió dando los muy serio el tenientes ¡Pobre muchacho! Ayer mismo había yo 4. xó (el de África) arrogante y ceñudo, se- avisos muy eficazmente. Todas las maniobras efectuáronse con de enviar á su campamento un puñado de guido del teniente coronel Reina y de los absoluta precisión, sin el menor entorpeci- A B y de Actualidades que les tenía probatallones de Talavera y Chiclana. metido. Allí me enteré de que su compañí aJ Toda esta co umna, que momentos antes miento. Era de ver la facilidad con que los inge- había ido á la segunda caseta y d. e que él reposaba, en su mayoría, biea ajena al su ceso, formó en un instante y salió del cam- nieros llevaron el aeróstato desde el punto inauguraba la guarnición del fortín. Desde jo temí por él y por los suyos; les. augu pamento, situado en la falda del. fuerte an- departida- á 200 meteos. yJasffo, hasta Porque hoy es este barco el que nos ha visitado, barco de correo oficial... sólo que no trae correo. Deliciosa incomunicación la nuestra! Cursamos telegramas urgentes, k iíe no sabemos cuándo llegan ni cómo llega; recibimos los particulares con treinta jy seis horas de retraso; por milagro atrapamos medios de enviar cuartillas (en Correos se sabe si un barco particular admite sacas poco antes de partir) recibimos la Prensa de cuatro días, juntos, y ayer abrí Una carta escrita en provincias el 26 del pasado... L E