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A B MIÉRCOLES 4 DE AGOSTO DE 1909. EDICIÓN 1. PAG. i. í- US COMBATES DHL MARTES EL CONVOY TIROTEADO MELILL 2, I O N (URGENTE) (RECIBIDO ENJSSTA H L D C C Ó M FL 3 Á LAS 1 i DE LA MAÑANA. ás detalles. El convoy da agua y víveres á que me refería en mis anteriores despachos faé hostilizado al ir y al regresar; pero la columna de Infantería encargada de protegerlo desplegóse en guerrilla y lo defendió valientemente mientras batían las k mas de modo simultáneo dos cañones de montaña que iban á la vanguardia y dos que marcüaban á retaguardia de la columna. Desde observase que muchos moros vigilan desde las alturas, inquietos, sin duda, por la construcción de los fortines que nuestras tropas han comenzado. Entre la primera y la seguuda caseta se oyeron esta mañana algunos tiros, y desde las tres de la tarde presentáronse algunos grupos bastante compactos de rífenos, que íuerou descendiendo por las estribaciones próximas, parapetándose en las piedras para colocarse en sitios más inmediatos á nuestras tropas y afirmar la puntería. Los soldados que protegían los trabajos de los fortines sostuvieron con los moros vivísimo fuego, al mismo tiempo que algunos cañones, en combinación con la artillería del Hipódromo, disparaban sobre el enemigo. Cuando más vivo era el fuego, fingióse que se retiraba la compañía que apoyaba el cañón más avanzado, con el fin de engañar á los moros, y éstos, en efecto, cayeron e ¡el lazo, saliendo de las piedras y las chumberas, aullando como lobos é intentando arrojarse sobre los soldados. De pronto reapareció la Infantería, evolucionando rápidamente y formando cuatro líneas de tiradores, que hicieron descargas cerradas y causaron muchas bajas á la morisma, pues cuando á unos 400 metros de los nuestros se dieron cuenta de su situación, habían caído ya bastantes moros baio el plomo de los españoles. Al mismo tiempo una pieza de montaña hizo vanos disparos sobre un numeroso grupo de moros que se encontraba en un peñasco sobre nuestra posición de SidiMusa, acertando á la tercera granada. Con los prismáticos vimos que casi todos los enemigos caían destrozados por el proyectil, que debió hacer horrible estrago. Hemos visto más de 60 moros entre muertos y heridos. Nosotros tenemos un soldado de Ingenieros muerto. ATAQUE A LOS BLOCAOS MELILLA, 3 6 T. (URGENTE, (HECÍBIDO EL 4 Á LAS 3 JVU. Confidencias confirmadas. Decía en mis telegramas de ayer que 1 general Marina había ordenado á las fuerzas que cubren la línea desde el Hipódromo hasta las posiciones avanzadas que extremasen la vigilancia, especialmente por la noche, porque había confidencias de que los rífenos se proponían descender para cortar de nuevo la vía férrea y dificultar los trabajos de construcción de los blocaos. Confidencias y temores han tenido, por desgracia, confirmación. Los moros habían estado durante todo el día hostilizando á los ingenieros que construían el blocao entre la primera y segunda caseta con disparos sueltos v sin aproximarse mucho. i atardecer, al advertir que la obra esta 6 a terminada, redoblaron el ataque coa algo más de empuje; pero obligados por vivo cañoneo, desaparecieron. Dos horas después, á las ocho de la noche, empezaron á bajar grande grupos desde las vertientes del Gurugú por las estribaciones de los barrancos que existen entre el río Lobo y el arroyo de Buixa, con su táctica de costumbre y el decidido propósito de atacar el blocao. En él había un destacameito de cíncuenta Cazadores de Alfonso XII al mando de un segundo teniente de la última promoción, recién salido de la Academia de Toledo. Los moros comenzaron por levantar la vía férrea con el propósito de dejar aislado el fortín. Cuando llevaban levantados unos cincuenta rieles, veinticinco por cada lado, ó sea una extensión de unos ciento cincuenta metros de vía, fueron sorprendidos en la operación por los defensores del fortín. El oficial que mandaba el destacamento colocó un tirador en cada aspillera y salió con otros á un pequeño reducto, diciendo á los soldados: Dejadme á mí el primero. Allí estuvo dirigiendo el fuego h sta las once, en que los grupos de moros que descendían dei Gurugú engrosaban de manera alarmante. Con un movimiento envolvente rodearon el blocao, atacándole furiosamente por los cuatro costados. 231 fue o fue verdaderamente terrible. A los primeros disparos cayó muerto el oficial que mandaba el destacamento; el sargento tomó el mando de la fuerza y el combate siguió firme y seguro por parte de los nuestros, desesperado y tenaz por parte de los asaltantes, que en su tremenda acometida llegaron á 50 metros del bloeao. Los soldados, parapetados dentro de él, respondían con descargas cerradas. Inmediatamente se dio cuenta á la plaza de lo que ocurría por medio del heliógrafo. Por cierto que en el momento en que se acababa de comunicar, una bala de fusil rompió el aparato. La noticia llegó á tiempo á la primera y á la segunda caseta; pero ni una ni otra podían hacer una salida, ni intentar protección alguna, porque el enemigo estaba oculto en las sinuosidades del terreno, y era peligroso aventurarse á levantar alambradas y á abrir las puertas de las trincheras sin exponerse á una sorpresa peligrosa. Tampoco, por el mismo motivo, se podía arriesgar, ea medio de ia ñocha, fuerzan que dejaran desguarnecidos los campamentos. Limitáronse, pues, á disparar conjas ametralladoras sobre los asaltantes, que se vierou cogidos entre dos fuegos. A pesar de eso no cejaron en su empeño, limitándose á correrse hacia la parte exterior de la línea férrea, con objeto de atacarle de frente. Eatonces rompieron el fuego las baterías del Lavadero y del Hipódromo, bombardeándolos por la espalda con disparos por elevación. Los moros seguían atacando furiosamente. El sargento que mandaba el destacamento, al ver la gravedad de la situación, decidió jugarse el todo por e ¡todo. Después de recoger á varios soldados que habían caído heridos y colocarlos en la planta baja del blocao, que consta de dos pisos y tiene una altura total de unos tres, metros, reunió á los soldados y les dijo: ¿Hay veinte hombres de verdá que se atrevan á salir conmigo? El destacamento eu masa se ofreció íncondicionalmente al bravo sargento. Este escogió veinte soldados, y haciendo una vaHentísima salida rechazó al enemigo, alejándole momentáneamente. Volvieron los moros á aproximarse emboscados, y nuevamente se repittójajSjUida, lod t á Entre tanto, el general Tovar, que se hallaba acampado en el fuerte de Cabrerizas Bajas, al tener noticia de lo que ocurría, había montado á caballo y orn eiaba la formación de dos columnas auxiliares, con instrucciones concretas para que. operasen combinadas. La primera, que salió á la una y media, formada por seis compañías de los batallones de Alfonso XII, L ¡ereua, Barbastro y Talavera. y íuer as de Ingenieros al mando del coronel D. Fernando Primo de Rivera, tenía orden de dirigirse por la izquierda de la playa bordeando el Jiar. -t La segunda, al mando del coronel Axó, y formada por dos compañías de Cazadores de Barbastro y Talavera, una del regimiento de África, el escuadrón de Lusitania y la primera batería del segundo regimiento de montaña, debía apoyar el movimiento por la línea férrea. Estas fuerzas, que se hallaban en su mayoría descansando en los campamentos, formaron rápidamente y siieron enardecidas, cantando los himnos de los respectivos batallones y dando entusiastas gritos de ¡Viva España! Junto al campamento del Zoco, de donde no nos dejaban pasar, presencié la airosa 1 salida, y juro que fue un momento verdade- A ramente emocionante. Las dos columnas confluyeron puntual mente en el sitio indicado, operando con admirable precisión y maravillosa serenidad, como si estuviesen en pleno día y en medio del campamento. Desplegáronse en ángulo abierto, batiéudose impetuosamente con un fuego vivísimo de fusilería. Los moros, que, fuertemente castigados, empezaban ya a ceder en el ataque, al ver los nuevos refuerzos que llegaban huyeron preeipitamente, diseminándose á todo correr por las sinuosidades del barranco de Ahfer, Luego, poco á poco, volvieron á aparecei sobre las lomas, tiroteando parapetado detrás de los peñascos. Fue preciso batirlos de nuevo, empujándolos impetuosamente, para desalojarlos uno á uno de estas improvisadas posiciones, v A! amanecer, rastreando, bajaron á recoger los muertos y uendos. Se los batió de nuevo, y entonces desapa recieroa completamente, replegándose unos hacia las estribaciones del barranco de Ahfer y otros por la parte alta del Gurugú, amagando los campamentos del Zoco y del Hipódromo. El general Tovar dispuso que se los cañoneara á 1.600 metros. La operación, apoyada por los batallones de Cazadores de Arapiles y Madrid, formados en dos alas sobreseí Lavadero, fue eficacísima Los defensores del fortín tuvieron, además del oficial muerto, treee cazadores y un ingeniero telegráfica heridos, de ellos só cuatro graves. Las pérdidas del enemigo deben de se. t muy graudes. EL DÍA DE AYER DETALLES NUEVOS MEL 1 LLA, 3 8 N. URQENTE. (RECIBIDO Á LAS 3 DE LA MAD UGAD DEL 4) T 3 elevo de la fuerza. A En cuanto fue de día se verifíeó el relevo de los bravos defensores del blocao; entrando á substituirlos una sección de Cazadores de Reus En seguida los ingenieros militares co menzaron los trabajos para la recomposi: ción de los desperfectos causados en el fuerte y en la vía férrea. Los poneros cad i j f í l blocao ha resisii