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A B C. MARTES 3 DE AGOSTO DE 1909. EDICIÓN j PAG. 7. yocar en el Norte de Marruecos. La acción fle Francia y ie España tiende cabalmente á defender ¡os derechos de Europa, y la fisión que desempeñan ambas naciones es necesaria. Los indígenas luchan ahora á consecueneia de las predicaciones de la guerra santa, y esa guerra santa no va dirigida únicamente contra! os españoles, sino también contra todo lo que no es musulmán, contra los franceses, los alemanes, los austríacos, contra todos los europeos que viven ó trafican en Marruecos. Conviene observar que los indígenas se sublevan siempre después de las cosechas. Hasta entonces trabajan y desean la paz. Cuando han recogido el trigo y el maíz, la paz les pesa y empuñan el fusil. Nos conviene á todos que esto no se convierta en una costumbre y que no estemos expuestos, cuando llega el mes de Julio, á que las tribus marroquíes asalten los territorios donde los europeos se establecieron. E 1 patriotismo europeo exige que los rífenos sean castigados duramente por, los excesos que üan cometido en la región de Melilla. Fra ncja no se sustrae á las obligaciones que le impone ese patriotismo. Reconoce, y siempre ha reconocido, las obligaciones que ha contraído con España. En las circuns- 1 tandas presentes proclama esos deberes más que nunca. No obstante, algunos periódicos alemanes y austríacos nos atacan, ran parte de la Prensa alemana aprovecha los actuales momentos, segiin la Agencia Havas, para manifestar que el Tratado franco- español de 1904 ha sido para España una humillación, pues entrega al arbitrio de Francia su porvenir en Marruecos. 1 ¿Qué motivo existe para afirmar semejante absurdo? El Tratado de 1904 y los Convenios posteriores tuvieron por objeto fijar la esfera dé acción de ambos países. Lejos de perjudicar á España, han facilita do y precisado su misión. Hacer responsable á Francia de las dificultades con que España tropieza es una locura ó un cálculo despreciable. No es necesario defenderse contra semejantes acu saciones. PAHÍSJ 23 8 N. Sspaña- -dijo al terminar e! Sr. León y Castillo- -cuenta con el apoyo de Europa, y confía en que Francia permanecerá fiel á la solidaridad que en Marruecos une sus intereses con los de España. DE MARRUECOS Y DE MEL 1 LLA C é que nadie me ha llamado al concierto de opiniones tan oportunamente pedi das por este periódico con el sano propósito de encauzar la opinión popular por el camino verdadero que debe tomar en los acontecimientos actuales de Melilla. Sin embargo, nácese preciso en nuestro país, que parece el don de las reservas inen tales por excelencia, é inconsciente muchas veces, hablar un lenguaje al que ciertamente no estamos acostumbrados, y aquí, donde con frecuencia se hace de cada interés particular una nueva bandera que arrastra á muchos incautos ciudadanos, orientándolos á menudo por caminos contrarios á sus mismos intereses, hay que decir á toda cos: ta la verdad, cueste lo que cueste, de la misma manera que en Melilla hace falta ahora afirmar el prestigio español, sean los que quieran los sacrificios necesarios para llegar á conseguirlo. Pues bien. De Marruecos en general, y de Melilla en particular, se ha venido hablando con un desconocimiento lamentable por gran número de gentes que no consiguieron otra cosa que apartar y torcer la opinión de su verdadero cauce, dando ocasión á bien tristes conflictos, cuyos resultados ahora nos toca lamentar. Verdaderamente es mucha la inconsciencia de una gran parte de los que pretenden someter la opinión de otros muchos á la suya propia, y, efectivamente, suelen á veces conseguirlo con grave riesgo para todos. ¿Quiere esto decir que cuantos escriben con más ó menos tino de cuanto concierne á Marruecos lo hagan con otro fin que no sea darnos la fórmula más conveniente para resolver el problema en la parte que nos toque realizar? No. Pero es que la opinión particular, cuando no se funda sobre una base racionad y lógica, segura y acertada, es de suyo tan ensura Le Temps en su número de esta perjudicial como el error y conduce á extra noche a los periódicos que han exage- víos fatales á las gentes. rado las noticias sobre los combates en MeLa imaginación por sí sola nada vale si no lilla y los disturbios en Cataluña. se complementa con la observancia de los Dice que el Gobierno merece todo género hechos y la meditación. de apoyo de la Prensa y de la opinión franEspaña está pasando por una nueva fase, cesa, porque defiende la causa del orden y á que inexcusablemente tenía que llegar de la patria española. más tarde ó más temprano, ante la esfinge El mismo periódico publica unas declara- de Marruecos; pero es bien sensible que se ciones del embajador de España, Sr. León haya sembrado la discordia y desunióla y Castito. cuando precisamente estábamos más nece- Dice el ilustre diplomático que los suce- sitados de la suma total de voluntades, mossos de Cataluña constitiryen una sedición trando á Europa nuestra capacidad y orienmarcadamente anarquista, y más especial- tación común en el problema complicado de mente antimilitarista, pero aislada, y en la Marruecos. que no tienen parte alguna las aspiraciones ¿De quién es la culpa de esta divergencia y nacionalistas. de opiniones y de los funestos extravíos que; No hay, por ¡o mismo- -añadió el mar- originói 1 Digamos que la responsabilidad es qués del Muni, -peligro alguno de que esta nacional, para venir á estar todos conformes, agitación se convierta en guerra civil. y así será común el proposito de ennfiendan Hablando de la campaña de Melilla, de- para la reparación. clara que los derechos adquiridos por Es- Afortunadamente, y como no podía menos paña y las heridas inferidas á su dignidad de suceder, la Prensa en general está hanacional reclamaban un duro castigo á los ciendo ahora grandes excitaciones al amor rueños. patrio, sin tener para nada en cuenta sus Se ha hablado de fracaso por parte de opiniones anteriores; pero es muy lamentalas tropas que allí combaten, y esto es in- ble que aun se sigan recogiendo ciertas vercierto, pues merced áj su heroísmo nuestro siones con las cuales ha de producir, sin Ejército ha logrado conservar la ventaja. duda, un efecto contrario del que se pro En cuanto á las bajas sufridas por los pone. nuestros, han sido muy exageradas, yen Hemos leído un resumen de la campaña realidad no lian pasado de 300. en la Chauía, y, á juzgar por lo que en él se Con las f uerzas que hay ahora en Melilla dice, resulta que los franceses rio tuvieron tiene España suficiente para cumplir con su en todas las operaciones sino siete muertos cometido, ó sea castigar á los rifeños. y 2i fieados Eso es, primero, absolutamente falso, y segundo, produce un efecto desastroso en quien lo lea, porque de la comparación con lo que á nosotros nos sucede habría que confesar que, por muchas que fueran las dificultades con que luchan nuestros heroicos jefes y soldados en Melilla, resultaría inexplicable lo pasado si nuestro bravo Ejército- no diera pruebas evidentes de su valor incomparable á cada paso. Se afirma en aquel resumen que los franceses tuvieron en Chauía 6.500 hombres; tampoco eso es verdad. Tuvieron, y aun conservan, más del doble. Para dejar las cosas en su justo lugar, conviene también advertir que el número de muertos y heridos fue mucho mayor. Hay que conocer las noticias de los hospitales de ambulancias que allí llevaron 5 de los muchos heridos mandados á la Argelia en sus transportes. Es cierto que los muertos y heridos de sus tropas no guardaron relación con las bajas de los cabiieños; pero aquí conviene señalai dos consideraciones importantes: Una, que las operaciones se realizaron en terreno llano, y otra, que llevaron un número no pe queño de excelentes ametralladoras y cañones que barrían literalmente á las gentes de Chama. Ahí, con esas ametralladoras y cañones cuyos efectos favorecía aquel terreno, estuvo su fuerza, y ahí continuará en tanto que los franceses tengan que sujetar las hordas cabileñas, porque son hombres prácticos, y después, con un buen sentido, dan gran valor á sus vidas para brindarlas generosamente á estos bárbaros. Me evito con lo dicho hacer más comen. tarios, sobre los cuales volvería á, ser precí so; pero bastan por ahora para que la ver dad quede en su punto, impedk que los eá pañoles sigan extraviándose y dar una 5 sa. tisfacción muy necesaria á los heroicos jefes, oficiales y soldados que están muriendo en los campos de Melilla. TEB 1 B EL- HADYRA EL DÍA DE AYER SIGUE EL TJROTEO MELILLA, 3, i M. (lIKClENTE. (RECIBIDO Á LAB 7 EN ESTA REDACCIOXj Ciempre hostilizando. La noche transcurre hasta ahora tranquila. A última hora de la tarde se escuchó á lo lejos, entre la segunda caseta y el Atalayen, ligero tiroteo, hecho por los grupos rífenos rechazados algunas horas antes por núes tros soldados en la línea del ferrocarril y en, la posición de Sidi Musa. Se retiraron sin causarnos bajas. Sin embargo, se han dado órdenes par que se extreme la vigilancia, porque hay confidencias de que se proponen descender de nuevo para dificultar los trabajos de continuación de la línea férrea y las obras do construcción de los blokausLa mayoría de éstos están yá concluido y tienen emplazados cañones) y ametralladoras. Por ahora no parece que los moros quiei ran intentar ningún otro ataque serio fi nuestras posiciones. Todo hace creer qufe han abandonado el propósito de aislarlas, que con tanta terquedad perseguían. Sin embargo, firmes en su táctica de tener eá alarma constante á nuestras tropas, no pasa una hora sin que se aeerquen á hostilizarlas y á molestar nuestros convoyes. Ya relaté ayer lo que ocurrió con el enviado á la segunda caseta. Por. eierto que después del incidente se vio que la máquina tenía cuatro balazos. Ihaí conducida por un teniente de Ingenieros, que resultó ileso