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A B C MARTES 3 DE AGOSTO DE 1909. EDICIÓN i. PAG. 6. íisí dedicado en nombre de todos los que fueron sus eompañeros de colegio. En el hospital de sangre establecido en el cuartel de San Fernando hemos sido testigos de un hecho digno de ser conocido. Se trata de un cabo del batallón de Werena, que, á pesar de tener ambas piernas atravesadas por un proyectil maüsser, sobreponiéndose á sus sufrimientos, auxilia á los restantes heridos, conduciéndolos hasta la mesa de operaciones, en donde permanece prodigándoles sus consuelos. os facultativos le han requerido varias veces para que permanezca en el lecho, y siempre han obtenido la misma contestación: Por mi no pasen ustedes cuidado. Herido y todo, no tendría inconveniente en salir al campo otra vez para combatir á los enemigos de España. Esta elocuente muestra de la entereza de nuestros soldados habla muy alto de lo quede ellos podemos esperar. Uno de los bravos que sucumbieron en Melilla en la jomada del 27 de Julio es el capitán ayudante del batallón Cazadores de Arapiles, D. Ángel Melgar, quien por sus excepcionales cualidades y servieios y por las dotes de que estaba adornado desempeñaba también, el honroso y distinguido cargo de ayudante honorario de S. M. el Rey. El mencionado día 27 de Julio, tres compañías del indicado batallón, al mando directo de su teniente coronel, fueron encargadas de escoltar el convoy á la segunda caseta; cumplida tal misión, y al regreso de ella, quedaron tales compañías como reserva de la línea. de protección que en las estribaciones próximas al Gurugú estaba constituida por los restantes batallones de la primera brigada de Cazadores. Esta brigada, y una vez de vuelta el convoy, inició el movimiento de avance hacia la codiciada posición del Gurugú, viéndose en los primeros momentos que era indispensable el refuerzo inmediato de la línea de fuego, por lo que el batallón de Arapiles, á las órdenes de su capitán ayudante, Sr. Melgar- -que asumió el mando como más antiguo y por haber sido muerto el teniente coronel y haber quedado el comandante con una compañía como guarnición del campamento y custodia de la impedimenta, -avanzó para situarse en la línea de fuego. El embarque de los heridos se ha hecho con gran orden. El general Arizón, que en la orilla del muelle recomendaba hasta la forma en que debíamos coger k los heridos para lastimarlos menos, volvióse al grupo de soldados y les dijo: -Vamos, muchachos, traed puñados de paja á los botes para que vayan los heridos bien. Y luego, volviendo á su sitio, añadió: -Poniendo todos, paisanos y soldados, un poco de buena voluntad, todo tiene que salir bien. Y así ha salido, por fortuna. Ivos heridos embarcaron y llegaron al Puerto Rico venciendo con éxite el oleaje, un poco violento. Después ha dicho á uno de los patrones paisanos que mandaba un lanchón: -Este lanehón déjelo cerca del Puerto Rico para que cargue material. Y advertido de que á su lado estaba el comandante de Marina del puerto, le dijo: ¡Ay, perdone! No crea- usted que quiero arrogarme facultades suyas. Y el comandante le ha contestado como correspondía á tan cortés aclaración. Ha habido un momento en que el general Aiizón se ha enternecido. En brazos míos y de otro soldado pasaba ante él un herido que llevaba la pierna atravesada, y el herido ha dicho: -I o que yo quiero es curarme pronto para volver en seguida, Se relata un he ho de armas, rayano en lo heroico, realizado por el capitán de Cazadores de Estella D. Serafín del Nido y Torres, hijo de D. Rafael del Nido, senador del reino. La proeza del joven capitán data del combate del día 23, y es ésta: En los momentos supremos de la lucha, una numerosa falange de rífenos acometió furiosamente á uno de los emplazamientos de nuestra artillería, con tan mala fortuna, por la violencia de la acometida y el considerable número de combatientes, que aquellos cafres consiguieron apoderarse de una de las piezas de moniaña Apercibido de e to, ei capitán de la Datería recurrió en auxilio de fuerza á las que estaban destacadas en el sitio conocido por Posada del Cabo Moreno, antiguo café moro. Mandaba las fuerzas de Infantería el capitán del batallón de Cazadores de Estella D. Serafín del Nido y Torres, con unos cuarenta ó cincuenta hombres, pues el resto de su compañía parece que estaba destacado en otros puntos. El referido capitán de Artillería requirió, como hemos dicho, ei auxilio del expresado capitán de Cazadores de Estella y éste se resistió ante la disyuntiva de que, estando destacado, no podía abandonar su puesto sin ser relevado ó sin recibir orden superior; pero tales fueron los momentos de angustia y los ruegos del jefe de Artillería, que el capitán Nido, con sus fuerzas, marchó inmediatamente en socorro de sus compañeros. Difíciles fueron en el primer momenxo los medios puestos para el rescate del cañón, pues los moros se habían parapetado y defendían ferozmente la presa. Ante estas difíciles circunstancias, el capitán Nido mandó calar bayoneta, y á la voz de ¡Vamos por ella! y con el auxilio del teniente Sr. I, acerda y del Sr. Aymart, arremetieron éstos y sus soldados con tal fiereza, que recuperaron el cañón y lo llevaron al campamento, arrastrado por ellos mismos. El dignísimo jefe del batallón de Cazadores de Estella, al tener conocimiento de tal hecho de armas, premió al bizarro capitán y á sus compañeros soldados con cariñosos abrazos y frases de entusiasta felicitación. I as fuerzas del capitán Nido volvieron á SU puesto, después de realizar aquel acto de valor glorioso para sus timbres militares. de Melilla. Y aun cuando está á la vista que las cabilas han padecido mucho, no es probable que sus pérdidas las imposibiliten de hacer ninguna demostración. A alguien sorprenderá lo de la permanencia de nuestras tropas en Melilla, y por ello vamos á procurar justificarlo claramente. En primer lugar, no ha de avanzar el general Marina en tanto no haya recibido la totalidad de las fuerzas á África destinadas, y aquí ya hay una causa de demora en el avance; pero aun cuando las recibiese mañana, no ha de pensarse que al siguiente día. pudiera comenzar un movimiento ofensivo. Si en Madrid tuviéramos reunidos 25.000 ó 39.000 hombres y quisiéramos llevarlos ü Alcalá, no habría sino ordenar la salida para mañana, y á la tarde siguiente habrían llegado á aquella población, en la cual encontrarían víveres para la tropa, pienso para el ganado, agua para una y otro, los resp estos de municiones que pudiera necesitar, cómoda y rápidamente transportados por ferrocarril. Pero para iniciar un movimiento ofensL vo, aun cuando sea poco profundo, en ei Rif, varían mucho las cosas. No hay que contar con llegar á poblaciones con vecinos donde no hay ni unas ni otros, máxime después de haber estado alimentando durante varios días, no sólo á sus ordinarios pobladores, sino á los contingentes de, las cabilas lejanas que han concurrido á ios ataques de ¡os pasados días. Además, ea la presente época, los campos se hal an agostados ó en rastrojo, por lo cual no sólo tea dría el cuerpo de ejército que avance que transportar consigo víveres para los hombres, sino hasta pienso para el ganado. Agregúese á esto el aprovisionamiento de municiones para dos días de combate, cuando menos, y á poco que se piense en el volumen y en el peso que todo ello representa, comprenderá el más indocto que n! puede ponerse en Melilla ea cuatro días la cantidad de abastecimientos indispensa bles, ni los elementos necesarios para transportarlos, ni es posible suponer que una vez llegados no exija algunos días el ordenar ydistribuir todo ello. Es muy verosímil que dentro de poco co mience aquí la gente á preguntarse; ¿Pero qué hacen ea Melilla? ¿por qué no avarfzan? ¿no están allí todas las tropas? Para ese probable caso, para prevenir juicios temerarios y críticas inmotivadas, que de aatemano prevemos, hemos creído prudente hacer notar que no sólo con hombres se hace la guerra. de Melilla se comienza ya á hablar del avance de las tropas españolas. A reserva de dedicar otro ú otros días á tratar en estas impresiones de lo que tal avance podrá proponerse y límites probables de él, conviene decir hoy algunas palabras acerca del momento de iniciarlo, con el fin de vulgarizar puntos en que seguramente no pararán mientes las personas no técnicas, y en los cuales es, sin embargo, indispensable se fije la opinión para no formar equivocados juicios sobre las venideras operaciones. En primer lugar, conviene llamar la atención sobre el heeho de que antes que tal avance se realice es muy probable, casi seguro, que se libre algún ó algunos otros combates semejantes á los pasados, y á ello debe estar el público preparado, pues parece muy general la idea de que ya los primeros hechos de armas han de surgir tan sólo provocados por nosotros, lo cual no es verosímil, pues aun permanecerán forzosamente nuestras tropas algún tiempo en los alrededores IMPRESIONES LO QUE DICE SOBRE LA CAMPAÑA LE TEMPS n conversaciones y en correspondencias E e l periódico Le Temps, de París, llegada ayer á Madrid, publica un interesante artículo sobre la acción de España en Marruecos, del que nos dio cuenta oportunamente el telégrafo. Contiene dicho artículo apreciaciones que los telegramas no transmitieron, y que re produciremos. Ninguna nación tiene interés en que los españoles sean vencidos por los rífenos. En estos casos es cuando debe despertarse el patriotismo europeo, del que hablaba recientemente Mr. Pichón. I, a agitación que se producejüace alga nos años entre los musulmanes de todas las partes del mundo es ua movimiento que los hombres de Estado sagaces deben tener en cuenta. En África del Norte principalmente, ¡a cuestión musulmana reviste para Francia caracteres graves. Argelia se halla directamente amenazada por ia efervescencia que los éxitos de las tribaS del Bit pueden proDice Le lemps: EHII 11 n i mi uMuiMairMíniTinniíiaBiiTtinlífl ininiiBTilffi iaíiiftirnímíirii