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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELEGRAFO Y TELEFONO g ESPAÑA EN MARRUECOS DE TODO EL MlfN. DO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAPO m 0 Y TELEFONO LA CAMPAÑA DE MELILLA POR CORREO Y POR TELÉGRAFO CRONiCA DE LA CAMPANA DE NUESTRO COMPAÑERO SEÑOR OCAÑA) MtULLS, 3 o S i n novedad Llevamos dos días sin sangre, sin combate; feliz paréntesis que nos permite respirar y darnos cuenta de que vivimos. Alguüos ratos ha retumbado el cañón, conmoviendo á laplaza y haciéndonos suponer la posible perspectiva de otra jornada dura; temos tenido horas de ansiedad, cuando veíamos partir del campamento el largo convoy de víveres, y de la playa las provisiones de agua y de cartuchos. Por dicha, la tranquilidad renacía pronto: el teléfono, desde los varios puestos instalado, iba repitiendo la fórmula lacónica y consoladora: y el fuerte primero, á poco de cesar el breve fuego de la artillería, se transmitían las mismas gratas palabras, como eco de un toque de corneta á la vez alegre y marcial: Camellos dice á S. E. que cesa el fuego porque las alturas están limpias, no observándose movimiento alguno. Sin novedad. Noches de paz y de sosiego han sido también estas dos últimas, aunque el sosiego no alcance huelga el aclararlo- -á las fuerzas deposiciones y avanzadas, en las cuales la vi gilancia se ha de mantener escrupulosa, exquisita, para evitar las aproximaciones arteras del enemigo. Meiilla ha dormido al amparo de la tranquilidad matenai; snos hemos rendido al cansancio físico, y hemos dormido ese sueño pesado, hondo, del que se asciende con el recuerdo confuso de la hora en que cerramos los párpados y de las últimas personas que conversaron con nosotros. Hemos logrado una ligera reparación de fuerzas; pero la calma del espíritu no nos acompaña, y bien pionto los nervios vuelven á su tensión. Es que sigue rodeándonos el espectáculo de la guerra, y el recuerdo de Morris, el pobre Morris, el inolvidable Morris, que ayer tarde fue inhumado, y el del Soldadito que deliraba con la toma del Gurugú. Con la victoria deliró hasta última hora. Ai capellán de Artillería é Ingenieros de la plaza, que le prestaba los postreros auxilios, le interrogó momentos antes de quedar sin vida. ¡Un mozo valiente, un buen soldado, un soldado digno de España y de honrosa memoria, que no se acordaba m de sus heridas ni de sus dolores, sino de que se clavase la bandera en los picachos del Gurugú! ¡Gloria á este soldado y á cuantos han dejado su vida avanzando de frente, pecho al aire, contra los rífenos emboscados! os. heridos. No quiero yo dar cifra; oficialmente se ha de dar, y se comprenderá que es una paparrucha la especie de que se oculten bajas, Sin novedad- -Sin novedad... Y del Hipódromo porque los partes oficiales de esa índole po drán ser retrasados, pero son rigurosamente veraces. I que sí hay que consignar es. esto: que por efecto de caídas, de golpes, de insolaciones, hubo muchas bajas que pronto han de ser altas. Que hubo bajas lo dicen los partes ofi ciaíes. No he de repetirlo yo ahora. Yo vi la re producción de aquellos ataques que Pedro Antonio de Alarcón nos narra en su Diario 1 os nuevos refuerzos. Hoy comienza á llegar la nueva expedición de Cazadores, en brigada mixta. Véolos desembarcar, y hago votos por que su arrojo y su disciplina brillen muy alto. Vendrá detrás la división Orozco. Ya Marina se encuentra expansivo; ya tiene medios para emprender su acción; ya puede consagrarse al desarrollo de su plan, con avance combinado, sin vivir con la preocupación que indudablemente le emde la euerra de Afrit- u. bargaba estos días, cuando la línea de onc Podríanse reproducir, con exacta adapta- ó doce kilómetros la resguardaba poco nución, muchas líneas del cronista del ejército merosa fuerza y los convoyes cruzaban de O Doanell. Por una asociación de ideas, comprometidos. ea el fondo congruente, en medio del es- Pronto vendrá el final, aunque nadie se truendo del campamento, entre ia confusión forme la ilusión de que luego no puedan, de heridos y de muertos, yo enlazaba el otro saltar chispazos, últimos de la hoguera. día acordes patéticos, estridentes, de la gran marcha de El ocaso y exclamaciones jMotas finales. doloridas de Alarcón. Obstinadamente, en- 1 Hago punto para alcanzar el barco. Bs tre los lamentos y estampidos, resonaban media tarde, y desde hace dos horas suena en mi cerebro retazos de la gran página de otra vez er cañón. Recuerdo que hoy es vier Wagner, que yo no sabía tararear, y que nes, el día sagrado de esos salvajes, y que surgieron amargos y lúgubres, como si hu- ayer anduvieron de zocos, de jontas, como biesen ido encerrados en mi cráneo para es- ellos dicen, tal vez tramando algún ataque tallar precisamente en aquella escena de traidor. Acaso lo acordaron para emprenmuerte y de horror; y las palabras de Alar- derlo de noche; pero estos días brilla la cón, al comenzar la descripción de la bata- luna. Acaso hayan visto nuevos desembarlla de Tetuán, me hablaban con sollozos de cos y sepan que aun han de venir, y pretenrabia, de admiración, de pena: dan una última y desesperada intentona ¡Treinta mil espingardas nos apuntan al. para cortarnos la comunicación. corazón! ¡Y ¡cómo caen nuestros jefes, nuesLlevo á bordo estas cuartillas. Mi bote tros oficiales, nuestros soldados! ¡Cuántos, cruza con un barco francés, L Aude, y me cuántos, Dios mío... dicen... Pero, ¿es siquiera creíble? ¿Es veroNo son ahora treinta mil, pero son más en símil que el Gobierno francés envíe este bueficacia, en daño, en destrucción, pues que que para recoger á sus subditos que quieran pelean casi siempre emboscados. Y no es de de Meiilla salir? ¿No estamos en una plaza espingardas su armamento, sino deíeming- á Mediodía de España, con correo alterno, tons, rifles, mamer... ¿De dónde y cómo ha con barcos constantes? ¿O es que estados sacado esta gente taato ínnüjer? Es un mis- en Casablanca, de donde uo se podía salir terio y no lo es. El contrabando ha sido en una semana como no se tomase el torpemenudo, ais ado, pero constante, constante, dero? El Gobierno francés, ¿ha hecho antes ¿Pódenlos estar seguros de que á orillas del alguna pregunta al de España? Muluya y remontando la costa ai Este, y Y el Gobierno de España, dicho sea tan por el Oeste y Tánger, ha sido buena auxi- sólo coa el propósito de procurar un buen liar nuestra la vigilancia de los franceses? servicio púbíico, ¿no puede poner fijamente Debemos creer que sí, aun haciendo caso el servicio marítimo diario para evitar seomiso de las insinuaciones del viejo judío, mejantes previsiones, que están dentro del cuyas manifestaciones recoció mi crónica derecho, no lo discato, pero que nos produde ayer. cen una gran pena moral? j as balas explosivas. ¿Cómo, de dónde, se han procurado balas explosivas? Sobre cartuchos de remington han procurado hacerlas ellos; pero estas vainas recargadas con segundo proyectil están mal hechas, apenas si alguna, estalla; lo prueba el que se han recogido muchas sin estallar. Tienen, pr. es, balas dun- dun bien hechas, hechas en Europa seguramente. Bueno. Tengan lo que quieran, ellos han de caer, ellos han de ser vencidos, ellos han de pagar bien cara su conducta. El Cüauly ha de llorar con. lágrimas de sangre su felonía. Dicen que está herido, aunque el judío de ayer lo negaba; dicen que también lo está un hijo suyo. De ser cierto, poco es; deberían estar ya enterrados. Porque toda la campaña, toda la insistencia y tenacidad, débese á él y al santón de Meziaa r- D efieren los soldados que los moros haa combatido en los pasados encuentros en guerrillas, llevando su jefe que les mandaba y un moro tocando un flautín. Un oficial decía: Puedo asegurar que no üe logrado vei un moro, y en cambio sentía silbar las balas sobre mi cabeza. E 1 enemigo con quien luchamos es conocedor del terreno á la par que de nosotros mismos; en su mayoría son moros que no han salido de la plaza, en donde han tenido sus comercios y en dónde han logrado oo morirse de hambre gracias á la caridad de este vecindario. Gente mora que viene ea son de paz, apa- VARIAS NOTICIAS SUELTAS