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DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE TELÉGRAFO V TELÉFONO I m BSPAÑA EN MARRUECOS DE TODO EL MUNDO, POR CORREO, CABLE, TELÉGRAFO m m Y TELEFONO MELILLA POR CORREO Y POR TELÉGRAFO DE LA CAMPAMA DE NUESTRO ENVI ADO ESPECIAL SR. SÁNCHEZ OCAÑA de un judío. A cazamandado á los lectores de A B C las He 9 notas que lie podido recoger en tni carnet acerca del último combates Notas eran éstas que se referían á nuestras tropas. Todo mi empeño era adquirir noticias del otro lampo: del rifeño. Saber los efectos producidos por nuestras balas, por nuestras ainetralladoias en las cabilas, constituía para mí, no sólo una cuestión de curiosidad, sino de interés nacional. I os moros, ya se sabs, arrastran sus ínuarlos y sus heridos. Para esa gente, fanática hasta lo indecible, es el mayor de los crímenes, ante los ojos de su dios, que un cristiano ponga las manos sobre el cuerpo de Un musulmán que muere ó cae harido- en defensa de la causa santa. Si cae prisionero un rifeño, contaría, si Scas. 0, mentiras, fruto de su rica fantasía. I, a verdad, jamás. Peí D junto á ese fanatismo, todo abnegación, hay que reconocerlo, existe otro fanatismo, todo codicia y todo doblez: el del judío. Ante una moneda, canta el hebreo lo que Sabe... y lo que no sabe. El peligro está en que pueda contar con estímulo mayor, si al precio de la verdad dice una mentira para vender después la verdadera verdad Apenas llegué á Melilla tomé un criado hebreo, joven él, sucio, porque esto de querer aseo en esta gente es buscar cotufas en golfo. Chapurreaba el español y nos entendíamos en todo... menos cuando oía tiroteo cerca. El estampido del cañón, sobre todo, le hada temblar como un azogado. El martes, cuando me disponía á ir al cainpatnento por saber que estaba entablado un combate, y cuando por orden superior tue embargaion el coche para transportar heridos, mandé á mi hebreo al hotel para que me trajese los gemelos, la cantimplora ael agua, un arma, cuanto es necesario llevar encima si se sale de la plaza. Arreciaba el fuego en los alrededores del Hipódromo. Espeté diez, veinte minutos. Tuve que ir al hotel. El hebreo no había parecido. Sin duda fue á esconderse bajo siete estados de tierra. Ayer pareció. No había cobrado la soldada del día anterior. Esto, indudablemente, y el reinar calma en el campo, le había atraído. I, a disculpa que ine dió de su desaparición no pudo ser más verosímil. Al ir á cumplir mi encargo sufrió un síncope- -porque padece de ataques epilépticos, ¡pobrecito! -le recogieron unos compañeros y le retuvieron todj el día y toda la noche. Hube de aceptar el embuste, porque melé encontré con un judío viejo y haraposo, cubierto de palyo, señal evidente de haber llegado de camino. En efecto, me dijo que aquel su correligionario era un honrado comerciante que habia estado el martes vendiendo pieles ea el zoco de Mussamer. Indudablemente debía tener noticias del campo rifeño. Hago gracia al lector del trabajo diplomático que tuve que desplegar para convencerle de que podía confesarse conmigo. Fue una verdadera cacería. Condición indispensable: la de que no habia de revelar jamás. de los jamases su nombre, porque si los rífenos se enteraban le asesiniaban- -así me dijo en un castellano con mezcla de francés y de árabe. Todo lo que quiso le prometí, incluso que los moros de Quebdana, ülad Settud y Beni Buifrur se quedaran sin recibir A B C el día que publicase sus conferencias Además, puede considerarse seguro. Esta noche le han detenido, le han encerrado, porque está acusado de ejercer contrabando, y mañana saldrá deportado para Chafarinas, donde veraneará. Mussamer bajó hasta la plaza, siguiendo casi todo el curso del río Meduar y el del Dardor, hasta Frajana. Según él, las cabilas iniciadoras del movimiento han sido las de Beni- Sicar, Mazuza y Beni- Buifrur. De esta, última, principalmente las fracciones de Guezula y de Vicsan. De la primera, las de Abduna, Bayxigua y Beni- Buigamart. Y de la de Mazuza, las de Benln- Sar, Nador y Barraca. Emisarios de estas cabilas con pequeños despojos cogidos á nuestros soldados en los primeros combates, algún mulo, algún atalaje, algún fusil, fueron á las yemaas de otras cabilas pregonando un triunfo fantástico y excitando á engrosar el harca para atacar el campamento y hasta la plaza. Con estas excitaciones al botín y con las predicaciones de los santones en las zauías, muchos cabileños abandonaron sus aduares armados y pertrechados. Era éste un punto que el hebreo podía esclarecer: ¿cómo y por quién estaban armados y pertrechados los moros de esas cabilas? ¡Por el Beni- Snasen, por el Beni- Snasen! -me decía precipitadamente, queriendo huir de más explicaciones; -en la parte de Oran se hace mucho comercio de armas. Es muy posible que él también haya hecho comercio de tal género, y por eso quería pasar sobre el asunto como sobre ascuas. -Todo el mundo sabía en la sierra de Quebdana- -agregó- -que en las casetas del ferrocarril minero había muchas municiones, y los moros querían cogerlas. -En el zoco de Mussamer hubo ppca gsnte, ¡poco negocio! eknattes- -continuó: -algunas hortalizas, algún ganado lanar, alguna pólvora. ¿Quién llevaba ésta? -Se fabrica en el caserío, señor. Además, los que pelean llevan detrás mucha gente hebreo. Lo que diceelelmercado de Desde para recoger á los heridos y para enterrar á los muertos. 1 as bajas de los moros. Sobre este punto ya no guardó tantaí reserva el hebreo. Pudo exagerar, por halagar algo mi espíritu español; pero afirmo que fue en la parte de nuestro diálogo en que me pareció más sincero. En el collado de At- laten ha visto los cadáveres á montones, y no es el sitio donde los combatientes de las cabilas retiraron más bajas ¿e la acción del día 23. De la acción del 27, sólo sabe, por referencias de unos correligionarios suyos que encontró en Tasuda, que en los primeros momentos del combate los moros daban grandes gritos de contento que se transmitían de unos grupos á otros hasta llegar á los últimos, que, sin armas, llevaban municiones, agua y pan. Después todo cambió, porque tuvieron que renovar los primeros grupos casi en su totalidad, á fin de que los que quedaban eoá vida pudiesen recoger á los muertos y herí- dos y arrastrarlos á la retaguardia. Los gritos de jubilo de por la mañana sff cambiaron por la tarde en alaridos de rabia. I OS fuegos de la artillería fueron mortíferos entre los combatientes y entre los grupos de auxiliares que iban en las últimas filas. Lu metralla es la obcecación terrorífica de los moros. I,o s contingentes del interior que llegad ban atraídos por el estruendo vacilaban al ver los estragos de las granadas, y algunos se volvían á sus aduares. En los últimos momentos de la tarde escaseaban las municiones, y cuando un grupo llegó con un cajón que contenía algunos centenares de cartuchos cogidos á las tropas, se los disputaron los rífenos gumía en mano, cayendo no pocos de ellos muertos y heridos. -Mis amigos dicen que en esa tarde y en la mañana de ayer los moros han enterrado más de mila cadáveres- -terminó diciendo el viejo comerciante. tros detalles. El hombre juraba, no sé si por Jehová, ó por Alá, que no sabía ni media palabra más. ¿No ha oído usted si los rífenos tienen prisioneros nuestros? -le pregunté. -Seguramente que no- -me contestó; -si los tuvieran, los hubieran llevado como tro feo de victoria paia excitar el entusiasmo dé las gentes de dentro. Para ellos, como le dije antes, poseer un objeto cualquiera de los cristianos es como contar con el mejor resorte para levantar á los apáticos. Si cogen un herido, le matarán, le atormentarán antes, harán toda clase de horrores con él, pero sobre todo le despojarán de sus armaSj si las tiene, y de las prendas que lleve, para exhibirlas luego de aduar en aduar. Cada reliquia de ésas levanta un guerrero, créelo. Nada les entusiasma como eso. Hasta las mujeres se entusiasman y tra bajan para la guerra... ¿En qué trabajan 7