Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A 8 X SABAPO 3 J DE JULtO P E 1909. EDICIÓN i. PAO. 6. era que los pocos oficiales queiquedabati en pie no pacían orgam fir e! fuego porque los soldados, si se detenían para apuntar y hacer fuego par- fila caínn en montones. Y, con todo, esas LO UTiñía- s lleg- aron á tocar la meseta. Cayeron en este avance muchos soldados, muchos oficiales y el teniente coronel señor Palacios. Se dijo que el batallón de las Navas quedó eu cuadro. No fue tanto, pero las pérdidas fueron muchas y sensibles: unas noventa. Hoy he hablado coa el sacerdote, que, como el médico de ia fuerza, estuvo á una altura digna de todo elogio, y me iiaj confirinado que no es cierto el que se perdieran dos compañías. Tuvo, sí, muchas bajas, las que indico; y otro lanío le su- edió i. Llerena. R l segundo ataque. Vino después el segundo ataque, más recio y, sobre todo, mas sostenido. Entró por ambos flancos y con gran refuerzo en el centro toda la restante fuerza de ¡a brigada Pintos. El batallón de Arapiles fue con alguna lentittfd hasta las lomas, y allí entró al ataque. El de Madrid efectuó un despliegue uauv oportuno. Y- Barbastro entró haciendo fuego desde la distancia máxima, empujando de verdad. Desde la restante retaguardia, que entou ees quedo reducida á un batallón, los Inge meros, fuerzas sueltas, oí son de músicas. Era que dentro del desfiladero, al pie de la loma, tas ctiarangas tocaron ataque. Poco después se empeñaba en la meseta una lucha denodada, heroica. Nuestros soldados, enardecidos, furiosos porque el moro se eseondía, esperaban la ocasión del combate á cuerpo, y las dos ó tres veces que se presentó dieron gusto de verdad á los brazos tenSiendo á fondo los fusiles. Hubo una de machetazos que, según fraÍ. V. de un capitán herido, ponía los pelos de punta Unos 80 moros mataron á distancia- -repitiendo los tiros y afinando la puntería- -á unos acemileros, y se apoderaron de una ó dos muías con restos de municiones. Esto, y el haber logrado herir con la gumía á un oficial á quien sólo ie quedaba inedia sección, y que se replegó sobre la izquierda buscando apoyo, envalentonó á los rífenos, y esos ochenta ó cien, cuando la retirada comenzó, al ver correrse los escalones, se lanzaron dando gritos salvajes de júbilo, como diciendo: ¡Ya onnuestros! Pero la compañía de África les salió al encuentro, y apenas sin disparar un tiro dejóles llegar, y cuando estaban á 20 ó 30 metros la emprendieron al machete y los llevaron tan adelante, que el capitán, prudente, tuvo que contener á los soldados. Esta tropa de África y Melilla s aray aguerrida, conoce biea á los atoros, les toma las mismas ventajas que usan ellos, gatea como ellos y se guarece como ellos, y es, en fin, la pesadilla de los nieños, como lo son todavía Jos cien hombres que quedan de los disciplinarios. sibien éstos son demasiadoteaneranos, y estando en fuego comprometen á quien los lleve, porque se enardecen demasiado. Los Cazadores dieron también dos cargas, y en una de ellas, depués de formar en cuadro, salieron á carrera losa tras los motos, acuchillándoles. En fin, para decirlo en dos palabras: el comienzo de la aeción fue muy duro para nosotros, singularmente porque la tropa de- avanzada, coiiio no veía al moro y caía á montones, no pudo hacer un frente decidído, bien resuelto y con fuego eficaz. Él segando tercio de la acción fue bnUanusirno para nosotros, y en éste y en el úitimo (retirada) como el moro tuvo que salir para pelear junto á ia meseta y en la. meseta, y para intentar el persas turno llevó lo sujo y fue bien servido. Ya aije que la artillería hizo ran papel Conversábamos cuando yo esperaba a! muy eficaz. Añadiré, para que se forme idea general Marina, y Morris, que es muy afidel fuego sostenido, que sólo la batería de- cionado á la fotografía iastatitátrea- -y ea montaña tuvo que reponer municiones dos los periódicos de Prensa Española hay bueveces, pues disparó más de 800 granadas. nas pruebas de ello, -me decía que estaba Añadan ustedes otras dos baterías con aná- pensando cómo poder llevarse á ¡as futuras loga cifra de disparos, y sumen. operaciones una maquimta, para mientras Tiros certeros hubo muchos, y entre ellos estuviera un minuto quieto ir tirando insá blanco invisible sobre guarida d rueños, tantáneas. tras de una loma en la que se incendió Yo le dije que se colocase frente á los readuares y pequeños depósitos que sin duda gimientos de Caballería que han de operar allí tenían. en Z- luán, y él seieía, pero no apreciaba la A las siete y media había terminado la cosa como iu: posible. operación. Los cañones dispararon hasta Me despedí de él. Poco después entraba mas tarde para acíbar de alejar al enemigo. en una camilla eon el vientre atravesado. Ki Numanna, como ya tengo üiclio, también Mornscayóal laiode Marina, Se obstine tiró a mucha distaneia é ¿izo algunos bl el general- -porque sin duda lo juzgó precicob, particularmente trefa junto a le so- -en permanecer muy cerca de 0l a avan 6 a, que ni dibujados. zada. Desde a! H animó á las fuerza que salían y dio ak %io s vivas, que los soldados f etalles diversos. De cómo se ha luchado en estos com- contestaban A comenzaron á llover las balas. yía bates pueden dar idea aigunos datos que die pococuartel general pestañeó, porque del voy recogiendo en mi carnet. El capitán Gil tiene, además de un bala- Marina tiene dicho: mi lado, estando en- fuego, no se saluzo en el costado derecho, una extensa quemadura en la frente por el fogonazo del tiro da mas que á la bandera. Permanecieron, pues, todos inmó- viles. que le hirió. un caballo que cae, y ¿Qué cómo recibiendo el fogonazo en la De reoente, Y que ia todo el Estado otro, y otro y otro. Mayor freute la bala descendió tanto? Porque el desmontado J s decir, todo, no; quedaron S disparo le íecibió a qiu- airir uKa tanoo iba tres jinetes: un oficial de Estado Mayor, el á descargar un iii U u couua el rueño La Sr. Viilabnüe, que salió levemente herido; bala dio en el puño del sacie, e desvio- y Morris, con el balazo en el vientre, y Maripenetró por el costado. E 1 teniente Abad sufrió una henda de na, á quien alcanzó un ba. la. zo en el coda gumía. El rifeño era manco de la mano iz- derecbo, rompiéndole la manga y rozándola piel. quierda. Apoyaba su rifle- -pue rifle era le ¡Pobre eapitán Morris! Acabo de verle. su arma- -en el muñó y hacia certeras dis- ¡Está gravísimo! (1) paros guarecido detrás de una peüa. Cuando salía del hospital, se iba á realiAba l se acercó á él y le disparó un tiro el entierro de Alberto de revólver que hizo blanco, no sin que el zar el conlóate del día 33. Molina, muerto cabiieño asertase todavía á herirle en la en cara con la gumía que tenía sobre la piedra. Qtros rasgos. El maestro armero del escuadrón Ca zadores de Melilla, D. Manuel Suárez Cima 1 a medalla de San Antonio. Caso curiosísimo es el del sargento devilla, para auxiliar y transportar á los Ureña. Su salvación parece verdaderamen- heridos des ie la línea de fuego, organizó un grupo de- sanitarios, qu le componían Vite providencial. Rodeado por un grupo de rífenos que le cente Itnbroda, Justo Douoso, Francisco Suárez, José Cortés, Francisco Oh ver, Enrihacen fuego, le alcanzan cuatro disparos. Mjreno, Joaquín Dos le agujerean la chaquetilla. Otros dos que Burgos, Antonio Antonio Periana. Radan en la cartuchera, cuyas cápsulas es- nea, José González- y A título de auxiliar se tes incorporó un tallan. -Yo no sé lo que me pasó- -refiere el muchacho de catorce años, llamado Alberto propio Ufeña, valisoletano por más señas; -Rico Bolea. Este rapaz desertó de las fHas sanitarias mi cuerpo pareeía un triquitraque... Caí al suelo atontado. Uno de aqaellos bárbaros, para convenirse en ayudante de las guerriyo no sé i para cazarme ó para iiacertue llas, llevándolas agua y municiones. Había que verle trepar por los riscos, desvolve en mí, me dio ana tremenda paliza de culatazos. Deb ó ser para que recobrase lizarse por entre las matas, alentar á los solel sentido, porque le recobré, y como tenía dados que le pedían agua, diciendo álos á mano el machete, se le hundí en la gar- soldados á quienes uo alcanzaba la ración. -Al otro viaje será para vosotros, No iiav ganta y cayó despatarrado, hacienda etcéterasen que apurarse. e ¿aire con tos pies. ¿Ltos otros valientes huyeron; peno los ver- Cuentan algunos de estos esforzados vo- daderos valientes, mis compañeros, vinie- luntarios episodios verdaderamente conmovedores. ron eo- mi a xiho. En el combate de ayer recogieron á un J VIVO de milagro- -termina diciendo. -No sé silo debo á esta medallita de Saa Anto- soldado de las Navasa quien un balazo hamo, que me puso una señora cuando embar- bía destrozado el brazo izquierdo. No hubo medio humano de amanearle el qué en Barcelona. Y mostraba, en efecto, una medalla col- fusil de la mano derecha. Fue preciso cologada de una cinta que llevaba entre el pe- carle en la camilla con su fusil, que apretaba contra su cuerpo con el brazo sano. cho y la guerrera. Otro soldado estaba atravesado de ua balazo. La fiebre le hacía delirar. Empañeta p l capitán Morris. Bntre los heridos graves está el bravo su machete, tinto en sangre, y decía á los y simpático capitán Morris, ayudante del camilleros mostrándoles el arma con la que había matado á uu moro: general Marina. -Si vive mi capitán, enseñadle ei macheHoras antes de la acción estaba yo üa blando coa él. Es un hombre muy simpáti- te para que- pea que no he sido cobarde. co, muy sereno, muy afable, medio inglés, I as bajas- del enemigo. medio español. Ha desempeñado misiones de- suma confianza, como faé la de ir a re- Hoy, coma ayer, se afirma que como correr Mador y sacar croquis del Atalayen consecuencia de los grandes- estragos que ha sufrido la harca en el último cotubj. Ce, poco ames de los sucesos. Pasó- entre los moros por comerciante; parte de ella se aa disuelto, diseminan o v pero aun así, cuando le vieron lápiz en ris (1) 131 capitán Morris fallesió horas m s t e 3 tre, a poco lo maian. cribir estaí nylds nuestro compeliera. (N da la ti)